De nuevo, vamos con estos nenes que se pasan más tiempo en el hospital que en las clases y eso que es un fic escolar *risas*


ºRoturas cap 14º

Oscuros secretos del pasado


He caminado mi vida con terror.

He sido utilizada sin misericordia.

Pero yo no tengo la culpa, soy una víctima más.

De este amor, para ti, para mí.


Empezaba a preguntarse si esas personas tendrían algún tipo de fetiche con terminar en los hospitales. Sabía que no debía de ser así, pero cuando el rubio al que le habían dado el alta el día anterior volvió a entrar en urgencias pensó que de nuevo tendrían mucho trabajo. Sin embargo, no era él quien recurría de su atención y si el chico que estaba a su lado.

Podía reconocer esos síntomas fácilmente. No era el primero que acudía en ese estado.

Tras llamar al doctor de guardia lo invitó a seguirla hasta la camilla, depositándolo y amarrándolo. Cuando vio sus ojos, suspiró.

—Se va a poner mucho peor que esos manotazos que te han marcado la cara, chico. Tenemos que hacerlo por su bien —explicó. Él pareció entenderlo pese a que su ceño no se borró—. ¿Algún familiar?

—Está en camino —respondió.

—Bien, cuando lleguen avísenos. Ahora nos lo llevaremos dentro. No puedes entrar. ¿De acuerdo?

El chico asintió y la enfermera suspiró para seguir a los demás. Un rato después, alguien la llamó.

—Ha llegado el familiar del chico que han traído, está fuera —explicó su compañera.

Salió con cierta curiosidad. ¿Qué tipo de padre sería tan irresponsable? Sin embargo, vio a una mujer pálida acudir a ella, arañar el mostrador y suplicar por el chico.

Qué tiempos tan locos estaban teniendo.

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Sasori se detuvo al llegar a la puerta. Los vio sentados en fila en las sillas junto a la puerta y el nombre de su primo en la puerta en una placa escrita a rotulador. Cuando el mensaje de Temari le había llegado no lo dudó dos veces para acudir, aunque ahora empezaba a pensar que no necesitaba tanto de él como había pensado.

La muchacha que habían encontrado en la casa de sus primos aquella vez y que su primo había cobijado en su dormitorio estaba allí también, apoyando su cabeza contra el hombro del rubio escandaloso al que Deidara y Pain provocaron. Naruto Uzumaki.

Temari estaba sentada entre la chica y, a su lado, aquel condenado Nara. Ambos levantaron la vista hacia él cuando se acercó más y se percató de que se soltaron de las manos demasiado lento para su gusto antes de que Temari caminase hasta él. La bofetada era algo que no esperaba. Los siguientes golpes sí.

Temari parecía haber descubierto la oscuridad de su hermano y a la que él siempre le acompañaba.

La asió de los codos, reteniéndola.

—Intenté detenerle —juró—. Pero no soy tu hermano. Gaara no me hace caso. Y me respeta sólo por el recuerdo de que trabajara con él. Temari.

La soltó lentamente para ponerle una mano sobre su mejilla. Las tenía algo húmedas y se maldijo. El pensar que su prima que siempre era fuerte llorase le partía el alma. Pero eran sus ojos los que más daño le estaban haciendo, porque Temari continuaba mirándole furiosa.

—¿Y qué me dices de lo que has hecho, Sasori? ¿Esa era la clases de cosas en la que mi hermano te apoyaba? ¿Secuestro, intento de violación y casi asesinato? ¿¡Has llevado a Gaara por ese lado!?

Sasori buscó con la mirada a los otros dos. Naruto estaba apoyado contra la pared, de brazos cruzados mientras la chica se acurrucaba casi detrás de él, a su costado, mirándolo con miedo. Cuando la sintió, el rubio extendió su brazo para acariciarle la cabeza, como si fuera su padre. No había nada sexual entre ellos.

El Nara estaba echado hacia delante, con los brazos apoyados sobre sus piernas y les miraba fijamente.

Esperar que hubieran mantenido la boca cerrada era demasiado.

—No he apoyado todo eso y Gaara jamás ha participado en ello —explicó lo más pausadamente que pudo.

—Pero tampoco te negaste. ¿En serio?

—Era el único modo de excluirte a ti —recalcó.

Temari soltó una risita irónica. Se llevó las manos a las caderas.

—¿Crees de verdad que me hace feliz eso? ¡Secuestraste a mis amigos y por poco violan a Ino! ¿Y qué me dices de Sai? Porque está dos plantas más arriba conectado a una máquina intentando vivir. ¿Eso llamas salvarme?

Retrocedió cuando intentó tocarla. Ambos chicos sentados se tensaron y levantaron el trasero de la silla unos centímetros.

—No quiero esa mierda de salvación. No, sabes mejor qué, Sasori: aléjate de nosotros. De Gaara y de mí.

Sasori suspiró.

—Bien. Volveremos a hablar cuando estés más calmada.

Temari retrocedió súbitamente. Atrapó la papelera más cercana y si Naruto no se hubiera levantado para sostenerla, se la habría tirado a la cabeza. Con los labios apretados y los ojos llenos de furia y lágrimas.

—Será mejor que te vayas —propuso Uzumaki.

Temari se volvió para cubrir su rostro en su hombro y Sasori asintió.

Eso no había terminado. No con Temari.

—¿Vienes de visita?

Levantó la mirada al escuchar la pregunta. Sakura Haruno caminaba junto a Hinata Hyuga. Ambas chicas mantuvieron una distancia prudencial con él. Al menos no querían tirarle la papelera a la cabeza. Hyûga parecía sorprendida con que Sakura le hablase, incluso se aferró a su chaqueta.

—Mi primo —respondió rascándose la nuca—. Mi prima está furiosa.

—¿Y te extraña? —cuestionó Sakura cruzándose de brazos—. No sé los detalles por Gaara, pero sí lo que sucedió con la clase. Temari es mucho más noble de lo que puede parecer a simple vista.

—A ustedes les cayó mal cuando la conocisteis. ¿Verdad?

Sakura enrojeció culpablemente.

—Pensamos que era nuestra enemiga, sí —reconoció—. Su fama. Y sin embargo, aprendimos a amarla a nuestro modo. Y ella a nosotros.

Tuvo que darle la razón.

—Lo he notado.

Especialmente con ese Nara de por medio.

—Y ahora lo de Gaara —añadió Sakura—. Intenta comprenderla un poco. Ponerte en sus zapatos.

—Tampoco quiero que mi primo muera. Ni siquiera sé cómo terminó en ese estado. La última vez que lo vi…

En aquel callejón jadeando mientras miraba a Shikamaru Nara como si acabara de ver el cielo abierto. Sasori noqueó a Shikamaru y se centró tanto en él que simplemente alcanzó a advertir a su primo y marcharse. No se habría esperado que Gaara estuviera pidiendo ayuda o que fuera a terminar drogado hasta los topes en un callejón.

—Mierda —masculló sintiéndose mareado.

Si Kankuro levantara la cabeza…

Sintió una mano sobre su muñeca, algo suave y delicado. Cuando consiguió enfocar, Sakura estaba tocándole.

—¿Te encuentras bien?

Eso le sorprendió tanto que retrocedió, como si algo le alertara de algún tipo de peligro inesperado. Ella pareció comprender erróneamente y retiró la mano.

—Si. Sí —confirmó dos veces—. Es la impresión de todo. Volveré al taller.

Iba a marcharse, recordando y deteniéndose para mirar sus espaldas.

—Oye, pelo rosa —llamó. Ella se detuvo enarcando una ceja con una cara gruñona que le divirtió—. ¿Conseguiste escapar al final?

Su gesto cambió a uno más triste. Una sonrisa forzada.

—Sí, fue redondo. Gracias.

Sasori levantó una mano para finalmente despedirse. Eran curiosos los juegos del destino.

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Hinata cerró con cuidado la puerta nada más entrar.

Ino estaba sentada junto a la cama dejando un vaso del que había tomado una gasa húmeda. Al verlas, formó algo parecido a una sonrisa. Tenía ojeras y se notaba que, de nuevo, había vuelto a llorar hacía poco. Aceptó la bolsa que Sakura había cargado con ellas con muda. La dejó a un lado y después volvió a sentarse, cansada.

—Siento haceros venir después de lo que pasó ayer —se excusó—. Pero no puedo estar más tiempo con el uniforme y sin cambiarme. ¿Qué ha dicho mi padre?

Sakura se encogió de hombros.

—Que tuvieras cuidado, que regresaras, que estaban preocupados. Lo de siempre.

Ino bajó la mirada.

—Entiendo. Imagino que le faltan manos con la tienda —supuso.

—No, Ino —negó Sakura acercándose para acariciarle los brazos—. Están preocupados de verdad. Saben lo que ocurrió y es lógico que les preocupes. Ellos no son mis padres o los de Sasuke.

—Lo siento, es que…

Se frotó el cejo y miró hacia Sai. Sakura lo comprendió y Hinata también. Podía comprender el dolor que sentía y la culpabilidad en especial.

—No importa —descartó Ino—. Imagino que si ambas habéis venido es a contarme qué tal fue todo. ¿Qué ha ocurrido? ¿Deidara…?

—¿No te lo ha dicho Naruto o Shikamaru? —cuestionó Sakura intercambiando una mirada con ella. Hinata se encogió de hombros al desconocer eso.

—No —negó Ino—. ¿Qué ocurre?

Entre Sakura y ella la pusieron al corriente. La pelea, cómo terminó y lo poco que sabían a cuenta de Gaara y Temari.

—No sabía nada de eso… Dios mío. ¿Está bien?

—Naruto se llevó mi móvil y todavía lo tiene, así que no he podido hablar con él. Si no le hubieras mandado el mensaje a Hinata esta mañana por lo de la ropa no habríamos podido traértela —explicó—. Después iremos a ver qué pasa.

Ino asintió y clavó la mirada en ella, estudiándola. Probablemente percatándose de su labio cortado. Se cubrió la zona, desviando la mirada avergonzada.

—¿No tienes nada que contarnos, Hinata-chan? —canturreó.

Hinata sabía que cuando Ino colocaba el "chan" detrás de su nombre era porque quería información y de la buena. En ese momento más bien la necesitaba, para distraerse, para no volver a llorar durante un rato.

Hinata también pensó que sería un buen momento. Hizo aplomo de su mejor capacidad y habló.

—Yo he decidido —tartamudeó—, no rendirme con Naruto-kun. Finalmente, soy libre de amar a quien quiera y es a él a quien quiero hacerlo —confesó—. Puede que él no llegue a sentir lo mismo que yo, pero creo que mis sentimientos no son malos.

—Pues claro que no lo son —aseguró Sakura rodeándole los hombros—. Me declaro completamente fan del… ¿Cómo lo llamamos, Ino?

Ino se lamió los labios, sopesándolo.

—Pro-naruhina —inventó rápidamente.

Hinata enrojeció al ver su nombre tan unido al de Naruto, extendiendo las manos y negándolo. ¡Era demasiado vergonzoso para ella! Aunque no podía negar que le parecía muy tierno ver sus nombres así. Quizás lo escribiera más tarde en su diario. Y algún que otro corazón, sí.

—Me alegra que no te rindas, Hinata —interrumpió Ino sus pensamientos. Miró hacia la cama con tristeza—. Yo me fijé en el hombre equivocado y mira cómo terminó todo. Naruto es un buen chico. Muy impulsivo y siempre metido en peleas, pero bueno. Y estoy segura de que te notará tarde o temprano.

—Yo diría que ya la ha notado —canturreó esa vez Sakura sacándole los colores—. Lo que ya sabemos lo denso que es nuestro chico rubio favorito. Sólo necesita empujones y algún que otro golpe para darse cuenta.

—¡Ah, eso me recordó algo! —exclamó repentinamente—. Sasuke me dijo algo ayer cuando íbamos hacia el parque, antes de la pelea.

—¿Sasuke? —Notó que Sakura se tensaba.

—Sí. Una frase que me dejó muy confundida, pero ahora que has dicho eso… creo que lo entiendo.

—¿Qué palabras dijo? —se interesó Ino. Casi se había puesto de pie de la intriga.

—"Puede que sea un idiota, pero ten paciencia" —citó.

Ino y Sakura dieron una palmada.

—¡Sasuke lo sabe! —exclamaron a la par.

Hinata enrojeció, asustada.

—¿Qué es lo que sabe? —cuestionó sin poder evitar que su voz temblara.

Sakura le sonrió.

—Que te gusta Naruto —respondió acariciándole con cuidado la mejilla para meter un mechón tras su oreja—. Te dio un consejo para eso. Él mejor que nosotros conoce a Naruto. No, Shikamaru seguro que lo conoce más en cuanto a temas de hombre. Así que toma su consejo como paño en oro.

No estaba muy segura de estar conforme con ese detalle. Sasuke había cambiado, desde luego, pero le incomodaba que conociera sus sentimientos tan claramente. Aunque agradecía su consejo, tampoco podía saber a fe ciega lo que Naruto pensaba y, si era sincera, quería escucharlo más de su boca, aunque le diera miedo, que de la de otros. Eso último sólo hacía que su corazón albergara más y más esperanza.

El que podía hacerlo volar sólo era él.

—¿Qué hay de ti, Sakura? —cuestionó Ino.

Sakura se puso seria repentinamente, apoyándose contra la pared.

—Las cosas no van mejor.

—Pero Sasuke es libre ahora —recalcó avergonzada—. Siento no habértelo contado, por cierto. A ninguna.

Ambas muchachas lo descartaron.

—No es por eso —añadió Sakura frotándose los brazos—. Me encontré con Sasuke cuando estaba pasando lo de su hermano o antes, no sabría decir el momento exacto. Y nuestra conversación fue muy dolorosa. Aterradora más bien.

—¿De qué hablas?

Hinata se acercó a ella cuando Ino hizo esa pregunta. Sentía que Sakura necesitaba más apoyo del que demostraba y la abrazó.

Sakura se lo agradeció con la mirada y su voz se crispó cuando les contó la conversación. Ino se llevó las manos a la boca y Hinata, que había visto el lado más oscuro y despreciativo de Sasuke podía creérselo.

—Y ahora le tienes miedo —susurró.

Sakura asintió, luego negó.

—¿En qué quedamos, frentona? —bramó Ino—. Mándalo a volar de un puñetazo.

Sakura sonrió por su ocurrencia.

—¿Realmente crees que cuando te enamoras es tan sencillo? Mira Hinata cómo se puso cuando decidió rechazar a Naruto. Es imposible. Cuando nos enamoramos de verdad no podemos dejarlo tan fácilmente.

—Te dijo que iba a violarte, Sakura —recalcó Ino poniéndose en pie. Hinata estaba segura que iba a zarandearla—. ¿Eso lo ves normal?

—Claro que no —aceptó Sakura—. Pero también es algo que sé que no haría y aún así, me da miedo. Estoy segura de que fue su oscuridad la que habló y no él, Ino. Él no es así. Su lado bueno no es así.

Ino bufó y se dejó caer en el sillón.

—Ya, yo también creía que Deidara era todo un souvenir del momento y mira dónde estamos. O lo que estuvo a punto de hacerme también…

Se abrazó a sí misma con pánico. Hinata empezaba a sentirse dividida sobre a quién acudir.

—Sasuke fue quien lo detuvo —recalcó Sakura—. Ino, una persona que creyera que eso está bien o que lo aceptara mirando a otra parte, jamás lo habría retenido. Es más, se expuso para salvarte.

Ino abrió la boca y Hinata supo que era verdad.

—Ni la chica que estaba ahí se impuso, ni otros de los chicos que estuvo en contra —recordó Ino estremeciéndose. Hinata abandonó a Sakura para abrazarla a ella esa vez—. Sasuke, sí. Nunca olvidaré sus palabras para retener a Deidara. Tengo que darle las gracias cuando pueda. Pero eso no lo justifica.

—Tengo una teoría —puntualizó Sakura por encima de su voz antes de que continuara hablando mal de Sasuke—. Quiero saber si es cierta, pero… me da pánico volver a ser rechazada. Por eso, decidí esta vez ser yo quien se rinda con él. Incluso acepté salir con Lee. Es un buen chico y seguro que consigue quitarme a Sasuke de la cabeza.

—Estarías contradiciéndote a ti misma, Sakura —puntualizó Hinata—. Lo has dicho: una vez nos enamoramos, es para siempre. Al menos en nuestro caso.

—Pero eso no significa que la vida no pueda continuar —asintió Sakura cruzándose de brazos—. Tu ibas a aceptar casarte con Sasuke, estabas preparada para vivir una vida con él incluso. Mirar hacia delante. Encontraré un hombre con el que pueda caminar al futuro. No tiene por qué ser él. ¿No? Además, ya me rechazó una vez.

Hizo una pausa, como si necesitara algo de tiempo para continuar.

—Y como no puedo quedarme a solas con él, porque mi cuerpo grita por correr de él, no me queda otra. No quiero escuchar de nuevo sus palabras. No quiero más daño. ¿Podréis apoyarme en eso?

Hinata asintió. Compartía empatía con Sakura en saber cómo era estar ahí. Ino se encogió de hombros, rindiéndose.

—Mira que eres estúpida cuando quieres, frentona.

—Cállate, Ino-cerda —protestó avergonzada.

Hinata sonrió al verlas discutir como siempre. Aunque cada una llevaba una marca en su propio corazón hecho trizas. En pequeñas roturas que deberían de sanar tarde o temprano.

Rezaba que, para bien, desde luego.

—Yo… iré a ver qué tal está todo con Temari —se ofreció.

Las otras asintieron.

—Tú ves a asearte, Ino, haré guardia mientras con Sai.

—Gracias, chicas —agradeció tomando su maleta—. Iré a eso que creo que ya huelo a todo menos perfume.

Hinata salió sonriendo y caminó en dirección a los ascensores. Le había enviado un mensaje a Temari preguntándole la zona.

Cuando llegó, Matsuri estaba dormida contra el hombro de Shikamaru, quien también dormía, con la cabeza apoyada contra la pared. Naruto y Temari estaban de pie, mirando hacia la puerta con la placa del nombre de Gaara.

—¿Temari? —cuestionó.

Esta se volvió para verla y Naruto también. Como costumbre, su corazón dio un respingo.

—Buenos días —les saludó—. ¿Cómo va todo?

Temari suspiró y agradeció su presencia.

—El médico acaba de entrar. Lo están tratando. Ha tenido un… ataque.

—¿Al corazón? —exclamó sorprendida.

—No —negó Naruto tenso. Se frotó el cuello y la miró—. Oye, Hinata. ¿Estás bien para caminar?

Ella asintió, preguntándose si terminaría usándola como la chica de los recados. Naruto se volvió hacia Temari.

—Iré a por café y algo de comer —explicó—. Me llevo a Hinata conmigo.

Temari la miró y luego a Naruto, asintiendo.

—Gracias, Naruto —dijo aferrándole de la camiseta—. Por todo. Por tantas cosas.

Naruto sonrió con esa mueca tan suya.

—En realidad, sólo seguí las indicaciones de Shikamaru. Es él quien movilizó a todo el mundo. Dáselas a él.

Temari desvió la mirada hacia el susodicho, quien soltó un ronquido y su cabeza cayó sobre la de Matsuri, que arrugó la nariz como reflejo del peso. Hinata no pudo evitar pensar que era algo entrañable, aunque su mente todavía estaba volando con las palabras de Naruto. ¿Por qué querría caminar con ella? Sí, iba a necesitar más manos para traer cuatro cafés, debía de ser.

Al final, ambos pusieron rumbo a la cafetería. En el ascensor, a solas, Naruto bufó y apoyó la espalda contra la pared.

—No fue un ataque al corazón —dijo entre dientes. Hinata le miró y se encontró con su mirada azulada—. Cuando le encontré estaba drogado hasta el tope, por decirlo de alguna forma. Así que durante un tiempo tendrá ataques de abstinencia entre otras cosas. Podría haber muerto por esto, sí.

Hinata se apretó las manos, comprendiendo. No podía ponerse en el lugar de Gaara, pero sí entender la preocupación de Temari por un hermano.

—Maldita sea. Si hubiera sabido lo que pasaba, habría hablado con él antes de que todo se fuera a la mierda…

Hinata negó y extendiendo una mano hacia él, aferrándose a su camiseta.

—Eso no podrías haberlo sabido. Gaara y Temari viven su propia vida. Y todos hemos estado muy nerviosos, sin tiempo a nada. Por favor, no te pidas más de lo que puedes dar.

Naruto suspiró como respuesta. Se quedó mirando su mano y luego subió hasta sus labios, frunciendo el ceño al ver el corte. Hinata se lo cubrió, azorada.

—Está bien. Sólo duele si sonrío o cuando como algo ácido.

A él no parecieron llegarle las palabras. Levantó su mano hasta posarla en su mejilla y Hinata sintió que el mundo se detenía. Estaba segura de que tendría que estar poniendo una cara muy estúpida en ese momento.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Naruto con apenas un susurro.

A Hinata le dio el corazón un vuelco.

—No estabas siendo tú mismo —tartamudeó—. Y sé que no habrías querido perder. Siento si herí tu orgullo o algo…

—No —interrumpió él.

Se había separado de la pared y tomado esa vez ambas mejillas con sus palmas. Hinata sentía calor en su rostro y el cuerpo temblarle. Naruto se lamió los labios, con sus ojos vislumbrando todo su extraño rostro. Porque debía de tener una cara muy rara con su rostro entre sus manos, el sonrojo y sus ojos casi brillantes.

—Hinata, soy muy denso con estas cosas así que me cuesta captarlas. Pero…

Hizo una pequeña pausa, cerrando los ojos y abriéndolos justo antes de hablar.

—Hinata. ¿Yo te gusto?

Sentir que el pánico crecía por su cuerpo fue aterrador. Nunca, en su vida había esperado esa pregunta. Sí, se había imaginado muchas veces las formas en que Naruto podía declararse, muchas sacadas de telenovelas para adolescentes debía de reconocer, pero jamás se imaginó que las cosas pudieran ser a la inversa. No es que pensara que no era correcto. Más bien admiraba a las chicas que eran capaces de hacerlo.

Y ella quería tener esa clase de valor. De suerte incluso.

Quería asentir con la cabeza, pero él continuaba aferrándole las mejillas. Sólo podía usar su boca, porque parecía que sus ojos tampoco podían expresarlo en claro para él. Sí que era Denso. La persona que le gustaba era incluso más torpe que ella en esos temas.

—Naruto-kun —farfulló—. Yo te quiero de hace mucho.

Bien, lo había dicho. Quizás sonó muy raro en sus labios apretados y el labio cortado. Pero sí llegó al destino. Naruto abrió muchos los ojos con sorpresa. Quizás estaba esperando otra reacción muy diferente. ¿Y si se había adelantado a los sucesos y había malinterpretado todo?

¿Y si él estaba jugando con eso?

De sólo pensarlo se le saltaron las lágrimas. Naruto dio un respingo y empezó a quitarla con los pulgares, confuso.

—¿Hinata? ¿Por qué? ¿Por qué lloras? —exclamó.

La puerta del ascensor se abrió y una carcajada conocida resaltó. Ambos se volvieron y Kiba les miró con la boca abierta.

—¿Qué diablos hacéis? Naruto. ¿Es que te crees que los cachetes de Hinata son nubes o qué? —acusó Kiba señalándoles—. Espera. ¿Está llorando?

Hinata hipó y echó a correr. No podía soportar más vergüenza ni tampoco dolor. Pero Naruto la detuvo antes de que escapase y la pegó contra él en un abrazo de espaldas. Kiba enarcó una ceja.

—¿Sabes que Neji va a matarte como te pille haciéndole bullying a su prima? Es más, puede que hasta yo te de una buena paliza.

Hinata estaba demasiado alterada y mareada. Hasta que el punto en que fue demasiado para ella.

Lo último que vio fue a Kiba abrir mucho los ojos antes de desmayarse.

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Temari no podía dejar de mirar por la ventanilla hacia su hermano. Gaara estaba maniatado como un animal, monitoreado y una enfermera estaba atento a él siempre. Justo cuando Kiba aparecía para saludar su hermano había vuelto a tener otro ataque.

Era tan doloroso verle en esa situación que le dolía hasta el alma. La impotencia que sentía por no poder hacer nada por ayudarle y las preguntas que bailaban en su cabeza sin respuesta eran insufribles. Se frotó el ceño con el pulgar y el índice.

¿Qué hacía en ese callejón? ¿Por qué tuvo que drogarse hasta ese punto? ¿Por qué no podía hablar con ella?

Sentía ganas hasta de recriminarle sus acciones, abofetearlo incluso. Pero el miedo de perderle le provocaba el deseo de abrazarle con tanta fuerza que no le iba a importar que se quejara en la vida.

Era su hermano pequeño. Él único que le quedaba. Lo único que le quedaba, mejor dicho.

Había llamado a su padre con pánico y éste simplemente le había gritado que ojalá se muriera antes de colgar. Temari había apretado el teléfono entre sus dedos y llorado. No podía comprender que su padre no los amase.

Ellos habían nacido en este mundo sólo dependiendo de él, aferrándose a sus manos que eran frías y vacías pese al dinero que siempre caían de ellas. Si se hubiera enfocado más en Gaara esas cosas no habrían pasado. Gaara habría tenido otro apoyo, otro hombre en el que apoyarse.

Ella era una mujer y Gaara no encontraba el apoyo que necesitaba. Temari no sabía ya cómo dárselo. El terror había ganado puestos y era irremediable asustarse.

Aún así, rezaba a quien fuera porque su hermano saliera de esa. Rezaba por tener luego el coraje que pensaba para poder sacarlo de ese mundo oscuro.

—Temari.

Desvió la mirada hacia Shikamaru. Bostezaba pese a que se había bebido ya dos cafés de los que Kiba, en lugar de Naruto, le había traído. Kiba no había dado explicaciones de dónde habían terminado la pareja, pero se reía como un idiota. Aunque eso tampoco era poco frecuente en él.

Por suerte, se marchó a ver a Sai y Ino. Matsuri había ido a su casa para buscar algunas de sus pertenencias y de Gaara y sólo Shikamaru se había quedado a su lado.

—¿Vas a irte? —cuestionó.

No quería sonar desesperada pero él la miró sorprendido.

—No. No es eso.

Tragó y se miró las manos, nerviosa.

—Lo siento, Shikamaru, yo… no quiero molestarte y te retengo injustamente aquí. Siento que me he aferrado sin pensarlo. Disculpa.

Porque era realmente extraño que entre tanta gente se aferrase a él. Que entre tanta gente se encontrara con él en medio de una calle transitada y que no cesase de echarse a sus brazos cada vez que la podía el llanto.

—No importa. Es problemático no dormir, pero el café está bueno.

Temari miró el café con una ceja alzada.

—A nadie le gusta el café del hospital.

Shikamaru se quedó mirando el vaso en su mano y chasqueó la lengua. Temari no pudo evitar una carcajada agotada. Extendió la mano.

—Anda, dame un poco —pidió.

Él pareció dudar por un instante más por sorpresa que otra cosa. Ella no le echó demasiado cuenta al motivo y cuando se lo dio, bebió un poco.

—¿Por qué no te sientas un poco? —ofreció—. De pie no vas a lograr que sane más rápido. Te desgastaras tú antes, que no es lo mismo.

Miró hacia las sillas como si fueran máquinas de morderle el trasero. Estaba por aceptar cuando escuchó los tacones por encima del silencio.

Tsunade Senju caminaba hacia ellos con la cabeza alta, sus largas coletas ondeando su paso y una mirada que le hizo tragar. Ahora ya no podía mentir más. La expulsión, imaginaba, debía de estar en la palma de su mano.

Tsunade se cruzó de brazos y enarcó una ceja, esperando. Temari apretó los dientes al comprender.

—Mentí —reconoció—. Pero no quería que expulsaran a mi hermano… Esta nueva oportunidad era lo que pensé que necesitaría y…

Tsunade detuvo sus palabras con un abrazo. Temari podría haber esperado muchas cosas menos eso. Buscó la mirada de Shikamaru, que estaba por igual de sorprendido. Cuando la mujer se separó, le dio unas palmaditas en los hombros.

—Te diré que desde el principio sabía que estabas mintiendo. Esperaba que decidieras acudir a mí para ayudarte, pero imagino que el encontraros a adultos incapaces no ayudó a que lo hicieras.

Temari agachó la mirada, avergonzada.

—Pensé que podría convencerle.

—Pues parece que no. Pero te diré una cosa: esto no fue culpa de tu hermano.

Temari la miró interrogativa, esperanzada más bien.

—¿A qué se refiere?

—Como médico puedo decirte que sé reconocer cuando uno se lo hace a sí mismo a cuando otros se lo hacen. Tu hermano forcejeó. Sus uñas lo demuestran. Y por lo que sabemos, no fue sólo eso lo que le hicieron.

Se llevó una mano a los labios, espantada.

—¿Lo drogaron…? ¿A la fuerza?

—Estoy segura —confirmó Tsunade.

—¿Por qué? —cuestionó Shikamaru—. ¿Por qué está segura de que no fue por voluntad propia?

—Las pruebas médicas. La cantidad de droga que ni uno mismo a menos que quisiera suicidarse se pondría. Y te aseguro que una persona que estaba dejando las drogas no iba a hacer esa bestialidad. No, al menos, con el temperamento de Gaara.

Shikamaru frunció los ojos antes de hablar.

—Estaban siguiéndole.

Tsunade no se inmutó.

—Sí. Le seguíamos. Lo considero uno de mis estudiantes que no viene a clases pero sigue bajo mi custodia. Si vuestros padres no van a cuidaros, lo haré yo. Puse un detective detrás de él, pero el día en que os secuestraron a vosotros tuve que dejar de lado a Gaara y centrarme en vuestros problemas.

—No han sido Pain y los suyos —recalcó Shikamaru—. Antes de desmayarme escuché que le decían a Gaara que ellos dos estaban exentos.

Temari se percató que ocultaba el hecho de que Sasori se lo dijera horas antes a ella misma.

Tsunade cruzó los brazos, estudiándole con la mirada. Luego a ella.

—¿Por qué sospecho que tenéis una pista?

No recayó en qué era hasta que echó la vista atrás. Miró a Shikamaru y comprendió que estaban pensando en la misma persona. Tsunade se llevó las manos a las caderas.

—Vale, imagino que no hablaréis porque forma parte de vuestro grupo, pero tengo ciertas pruebas que acusan a una de ellos.

Recordó la prueba médica que les hicieron por sorpresa. A Tayuya tirando los biombos y negándose a que le sacaran sangre.

—Al final consiguió un poco de su sangre. ¿Verdad? —cuestionó Shikamaru.

—Sí y dio positivo. No en gran cantidad, pero suficiente como para dudar.

Temari odiaba ser una chismosa. Con todas sus fuerzas. Miró hacia la puerta, fijando la vista en el cristal donde se veía a su hermano. Eso era algo que no iba a perdonar. Quizás mandarla a volar contra un coche no fue suficiente.

—Tayuya estaba intentado acostarse con mi hermano —explicó—. Después de que los pillé sin querer se enfocó en que no dijera nada. Pensé que sería por Shikamaru…

Miró hacia él, quien asintió pesaroso.

—Pero dijo algunas cosas extrañas. Necesitaba acostarse con mi hermano. Así que me imagino que tendrá que ver con la droga que tomaba.

—Sí —reaccionó Shikamaru—. A un camello no le sirve que su comprador deje de tomarla. Creo que Tayuya era el cebo y que había alguien más por detrás. Tu hermano estaba peleando en el callejón cuando lo vi. Podrían ser esos tipos.

—Buscaré si hay cámaras que nos ayuden —reflexionó Tsunade—. Por ahora, haré que capturen a Tayuya y la interroguen.

—Tsunade-sama —detuvo al ver que estaba por marcharse—. Mi hermano tenía una marca en la mejilla. Como si algo alargado le golpeara. Había marcas redondas, como si algo hubiera hecho chupón.

Tsunade sonrió y le acarició el mentón con ternura.

—Eres una mujer muy inteligente, Temari. Muy inteligente.

Miró hacia Shikamaru, que chasqueó la lengua y se rascó la nuca. Temari les miró a ambos sin comprender, pero la directora ya estaba marchándose.

—¿He dicho algo malo?

—No. Eso… creo que iba más para mí que para ti. Tsk, problemático.

Shikamaru suspiró y se acercó a la papelera con la que había intentado golpear antes a Sasori para tirar el vaso que en algún momento le había devuelto. Se fijó en su mano, preguntándose cuánto tiempo había estado aferrándola durante ese tiempo. Era más grande de lo que parecía, algo callosa y de dedos delgados.

Por un instante sintió algo de calor subirle al rostro y lo descartó.

No era momento para esas idioteces. Pero igualmente, alargó su mano y aferró su camiseta por la espalda, agachando su cabeza.

—Gracias, Shikamaru.

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Neji dejó el café sobre la mesa justo frente a ella mientras bostezaba. Aún con el llamativo vestido que se había ganado más miradas de las necesarias. Tenten clavó la mirada en la bebida y luego le miró.

—No vayas a empezar con que no aceptas limosnas. Estoy demasiado cansado tras correr por la ciudad toda la noche.

Ella esbozó una sonrisa pícara.

—Aficionado.

Pero tomó la taza entre sus dedos y empezó a abrir el saquito de azúcar de un mordisco. También se notaba que estaba cansada y que la carrera le había afectado. Imaginaba que su orgullo no le permitía expresarlo o que simplemente disfrutaba provocándole, cosa que le daba más en la nariz.

—Me sorprende que estés aquí sentado en vez de preocupado por tu prima y Naruto.

Neji arrugó la nariz mientras removía su propio café.

Se los habían encontrado al ir a entrar en el hospital. Naruto la llevaba cargada en su espalda y al verlos, inclinó la cabeza, prometiendo que la llevaría hasta su casa. Neji no entendió bien por qué, pero no sintió la misma ansiedad de siempre. Le recomendó hablar con Hanabi de poder y retomó el camino con Tenten para entrar en la cafetería del hospital.

Más tarde iría a investigar sobre Sai y ver cómo iban las cosas con el hermano de Temari. Ya que se habían pisoteado las calles y esquivado más rufianes quería respuestas.

—Al final fue Naruto quien lo encontró —dijo Tenten con algo de frustración—. Mi conocimiento de la ciudad no sirvió para nada.

—Que sepas callejear no quiere decir que puedas deducir dónde se encuentra una persona.

Tenten frunció el ceño y le sacó la lengua.

—Eres un sabolotodo —acusó.

—Sabelotodo —corrigió ganándose un trozo de papel contra la frente—. ¿Qué importa quién lo encontrara primero o después? La cuestión es que se hizo.

Tenten le dio la razón finalmente y se recostó contra la silla.

—¿Qué recuerdas de él, Neji?

—¿De Gaara? —cuestionó antes de dar un sorbo al café—. Poco. No traté demasiado con él.

—Yo hablé una vez con él y Temari. Ya sabes, antes nos llevábamos mejor hasta que nos peleamos y bueno, una cosa llevó a otra. Parecía un buen chico, no sé. Su hermano era muy divertido.

—Fue a raíz de su muerte que dejó de ser él mismo y Temari empezó a estar sola. ¿No?

—Sí —reconoció Tenten—. Se cerró bastante ella también y luego, todos nos dispersamos.

Dio un sorbo a su café y el labio superior se le llenó de espuma que no lamió. Neji se quedó mirándola un buen rato mientras ella hablaba del cambio de Temari en esos días y después. No podía prestar más atención que a esa condenada mancha de café.

Tanto, que sin ser consciente alargó su mano. Eso la calló y sorprendió por igual. Cuando su dedo pulgar pasó por encima de su labio no se movió. Ni siquiera cuando él se lo lamió después, quedándose perplejo y mirándose el dedo como si acabara de descubrir que lo tenía.

Al levantar la mirada hacia ella, Tenten estaba con la boca abierta y sus mejillas sonrojadas.

Aquella había sido una gran sorpresa.

—¿En serio que no están saliendo?

Lee les miraba desde el filo de la mesa, de cuclillas y con las cejas muy juntas en pregunta. Ambos dieron un respingo.

—¡Que no!

.

.

Se detuvo en la puerta de su habitación con el corazón encogido. No podía borrar su imagen de la cabeza, acostado sobre la cama del hospital y maniatado. Con todas esas máquinas rodeándole y las enfermeras sobre él.

El llanto subió a sus ojos sin poder remediarlo. Pensaba que ya no le quedaban más lágrimas o que podría contenerse especialmente por Temari. Pero no. Le dolía en el alma. No había podido hacer nada por él. No consiguió cumplir su promesa.

Sí, eran cosas de críos, pero ahí estaba, arraigado a ella.

La pequeña acercó el paraguas hasta cubrir su cuerpo lo más que podía. No podía apartar de sus cabellos su mirada. Tan rojos, tan intenso y hermoso. Sus ojos, tristes y dolidos la miraron una sola vez. No le importaba que sus zapatos estuvieran sucios o que el traje se estropeara.

Pensó que de todos aquellos adultos, entre tantos murmullos y descaradas miradas era el único ángel en pie. Seguramente si se hubiera fijado algo más habría podido ver que tenía alas. Empapadas por la lluvia y caídas por la tristeza.

Nadie le extendía una mano sincera. Nadie lo abrazaba. Ella quería hacerlo pero sus ojos le indicaron que no, no lo aceptaría. Aún así, se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla. Una lágrima resbaló por esta y dio con sus labios.

Ella sonrió con su dentadura mellada y luego, corrió. Bajo la lluvia, con las gotas danzando sobre su ropa. El paraguas se lo quedó él. Aquel rojo intenso como su cabello.

Intentó recomponerse y caminó hasta su armario para sacar algo de ropa interior y dos pijamas que Temari le había indicado. Colocó las prendas junto a las de Temari en la misma bolsa y salió de la habitación.

Por un instante se lo imaginó en la cama, mirándola desde la oscuridad y soltando alguna pulla hacia ella.

Rio por no llorar.

Y cerró.

.

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Estaba acomodando las almohadas de Sai cuando sintió que la puerta se abría. Primero pensó que sería alguno de los chicos que venía a visitarlo, pero cuando le vio, lo primero que pensó fue en cubrir a Sai con su propio cuerpo. No podía evitar la mirada furiosa y también alargó la mano hasta coger las tijeras que había sobre la mesa que le prestaran las enfermeras para abrir su comida.

Él se quedó a los pies de la cama, observando a Sai con el ceño fruncido y luego a ella, con cierta ironía.

—¿Has venido a ver tu obra de arte, Deidara? —acusó siseando entre dientes—. Largo. O te juro que gritaré.

—No necesitas ser tan dramática, mujer, hn.

Ino soltó una carcajada irónica.

—¿Que no necesito ser tan dramática? ¿¡Qué no!? ¡¿Estás viendo lo mismo que yo, Deidara?! ¡Por poco lo matas! Tuvieron que operarle. Y…

—¿Y? —cuestionó fríamente—. ¿Crees que es el único tipo del mundo herido?

Ino se percató de sus heridas. Tenía el rostro con diversas tiritas y gasas. Llevaba el brazo en cabestrillo y estaba enyesado. La otra mano tenía los dedos igual de vendados.

—También van a tener que operarme las manos. ¿Tienes idea de qué es eso para un artista como yo? —acusó—. Si tan sólo nunca te hubieras…

—No me eches las culpas a mí —aseveró—. Fue tú culpa todo. Desde el principio pensabas usarme. Jugar conmigo sólo para hacerle a él daño. ¡Eres un demonio!

Deidara chasqueó la lengua y se acercó, atrapándole el cabello con la única mano libre. Ino se preparó para gritar, pero el agarre se había detenido.

—Parece que no hice suficiente bien el trabajo. Siempre puedo terminarlo.

—¡Sasuke-kun! —exclamó al verle.

Aferraba la muñeca de Deidara con fuerza. El rubio hizo una mueca de dolor y forcejeó por soltarse. Sasuke lo empujó contra la pared, ganándole con su tamaño.

—Si vuelves a acercarte a ellos, aunque sea un centímetro, te lo terminaré de romper de tal forma que no podrían ni operarte.

Pese a que susurró, Ino captó sus palabras y si ella fuera Deidara, estaba segura de que se habría meado encima del miedo. Deidara los maldijo tras soltarse y echó a correr. Sasuke se quedó mirando la puerta un momento y después se volvió hacia ella. Ino sintió el llanto nuevamente en sus ojos y cuando intentó acercarse, él enarcó una ceja.

—Las tijeras.

Recayó en la cuenta y las dejó sobre la mesa, echándose a reír. En un acto de nervios.

—Lo siento, Sasuke-kun —se disculpó—. No eran para ti.

—Me imagino —dijo mirando hacia la puerta una vez más—. ¿Cómo está?

—Según el médico está evolucionando muy rápido y bien. Es cuestión de tiempo que despierte.

Sasuke miró a Sai y luego a ella.

—¿Y tú?

Eso fue sorprendente. Realmente Hinata tenía razón. Sasuke parecía haber cambiado. No es que fuera repentinamente amable, pero sí le recordaba al niño pequeño que era cuando los conocieron.

—Estoy mejor. Me asustó que viniera, pero… estoy bien. Además, ustedes siempre están por aquí y eso es bueno. Aunque a las enfermeras casi les den soponcios de ver a tantos chicos y chicas por aquí —bromeó.

Sasuke asintió y volvió a mirar por la ventana. Ino se lamió los labios, perceptiva.

—No va a venir.

—¿Qué? —exclamó mirándola.

—Sakura. Estuvo temprano con Hinata, pero se marchó. Se ofreció a suplirme en la floristería.

Sasuke asintió lentamente. Ino podía sentir la incomodidad en busca de alguna excusa para marcharse. Casi sonrió divertida.

—No va a querer verte, Sasuke.

Sasuke clavó la mirada en ella.

—¿Qué?

—Sakura está loca por ti. Durante muchos años ha estado enamorada, sufriendo en silencio y estoy segura de que también has provocado ese daño adrede, porque aquel día se declaró. No sé lo que pasó entre ustedes, pero está… aterrorizada de ti. Sea lo que sea, vas a tener que currártelo mucho, Sasuke. Ella planea hacer su vida de nuevo y encontrar un chico al que amar… que la ame.

Sasuke frunció los párpados y apretó los puños, dando un paso atrás.

—Si no eres ese hombre, entonces, déjala.

Suspiró y le dio la espalda.

—Aunque yo no soy quién para impedirte nada, claro.

Tal y como lo dijo, Sasuke aprovechó para marcharse. Ino sonrió y observó a Sai, con sus heridas.

—Tampoco soy la mejor para aconsejar nada.

.

.

Salía de su edificio justo cuando el coche de policía se detenía y dos policías salían de él. A su espalda, un hombre se movió. Podría reconocerlo fácilmente. Diablos, ambos tenían la misma ridícula cola de piña que caracterizaba su casta.

Chasqueó la lengua y extendió las manos. Entonces intentaron quitarle la flauta. Le dio una patada al policía que lo intentó y al siguiente lo golpeó con ella. El Nara la sostuvo de la nuca y con una rápida patada a sus tobillos la tiró al suelo, bloqueándola.

—De verdad esperaba tener que hacer esto de forma segura y no bruscamente, tsk. Es realmente problemático.

Tayuya volvió la mirada hacia él.

—Odio a tu familia. Maldito Nara.

El hombre sólo sonrió y le acarició la cabeza paternalmente.

—Ya, ya. Por ahora, la flauta nos la quedamos.

—¿Por qué? —exclamó.

—Porque es una prueba. La principal para saber si secuestraste a Gaara de industrias arena —explicó levantándola—. Pero tranquila, no es lo único que tenemos. Al fin y al cabo, tu adn también está en él.

Tayuya escupió en el suelo.

—Ahí también está. ¿Es pecado?

Nara suspiró tan igual a su hijo que deseó abofetearlo.

—Cuando has violado a una persona, sí. Escupir en el suelo no. Son conceptos diferentes que ya trataremos. Por ahora, tienes derecho a guardar silencio, cualquier cosa que digas…

Miró a su alrededor ignorándolo. Lo vio esconderse justo a tiempo, subiéndose las gafas. Un frío sudor le recorrió la espalda.

Estaba acabada.

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Karin estaba demasiado en las nubes como para percatarse de que ella estaba delante suya hasta que no se chocaron. Kushina abrió la boca con sorpresa, sosteniéndola antes de que su trasero diera con el suelo.

—¿Karin? ¿Eres tú? ¿Qué haces caminando por aquí sin mirar? —cuestionó repetidas veces.

Karin la miró como si acabara de aparecer un salvavidas. Sin pensarlo demasiado, se lanzó a sus brazos y lloró.

—Odio la familia Uzumaki. ¡La odio!

Kushina le rodeó los hombros y la cobijó.

—Bueno, me temo que ya somos dos. ¿Qué ha pasado?

Se mordió los labios. No podía responder a eso. Kushina pareció comprenderlo y asintió.

—Esta bien. Por ahora, tomemos algo caliente. ¿Un chocolate con fresas?

Karin asintió, encontrándolo delicioso.

Pero cuando entraron en la cafetería otro de sus problemas apareció. El hombre la vio enseguida y caminó hasta ella.

—¡No me estás contestando los mensajes! —acusó.

Karin se encogió de hombros y desvió la mirada.

—¿Es un acosador? —cuestionó Kushina. Parecía lista completamente para partirle la cara de ser necesario.

Por un lado, su vena más perversa estaba tentada a decirle que sí.

—Es mi profesor —respondió sin embargo—. De Natación.

A Kushina no pareció calmarle demasiado esa respuesta.

—¿Está acosando a su alumna? —exclamó.

—¿¡Qué!? ¡No! —negó sorprendido—. Mi nombre es Suigetsu y dio la casualidad de que voy a ser su profesor. Pero nos conocimos en una página de internet y hemos estado hablando. Pensé que estaba en problemas al no responder y estaba preocupado. Sólo eso.

Bien, su sexto sentido tenía razón. Estaba en problemas. No podía cesar de sentir su aliento en la nuca y el terror que la había recorrido el cuerpo desde que abriera la puerta de su casa. Y encima, tenía que aguantarlo.

—No quiero ir a casa —soltó.

Ambos la miraron con la sorpresa en la boca.

—¿No quieres? —cuestionó Kushina—. Pero… Si fuera por mí te ofrecería mi casa sin dudar —reaccionó—. Pero no creo que quieras llegar a eso y que Naruto se entere de la verdad. Aunque ahora estamos un poco apretados con Sakura ahí.

—Ven a mi casa —ofreció Suigetsu golpeándose el pecho—. Tengo más gente viviendo ahí, así que no estaremos solos —añadió al ver que Kushina fruncía el ceño.

—Ni hablar —negó ella misma cruzándose de brazos—. Prefiero irme con Tenten y todo.

—No es una mala idea —aceptó Kushina—. Llámala a ver que dice.

Tuvo que buscar el teléfono por internet para dar con el adecuado que la dirigiera a los dormitorios. Tenten afirmó casi con el llanto en los labios.

Karin no comprendía si acababa de meterse en otro lío o qué, pero era mucho mejor que ir con Kushina y con ese pervertido profesor de natación.

Y especialmente, su casa.

.

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Sasuke se detuvo cerca de la floristería. Podía verla atender a unos clientes como si estuviera acostumbrada a ello. La confianza con los padres de Ino se notaba, así que no era raro que les hablara sin problemas.

Podía haberse esperado de ella algo así. Sacarse de la cabeza los problemas trabajando y ayudando a Ino de ese modo.

Entendía las palabras de Ino, sabía qué es lo que había hecho mal. La cantidad de veces que la hirió y, sí, muchas a conciencia. La vio llorar por su causa. A Naruto estar ahí para socorrerla y que aun así no le viera. Le frustraba el hecho de que tuviera delante un hombre mejor que él y aún así, continuara esperándole. No, más bien había sido una suerte que ahora estaba por cambiar. Si Ino no lo había dicho claramente era porque Sakura estaba en la labor.

Es más, él mismo fue testigo del momento en que no rechazó a Lee para una cita doble. De sólo pensarlo volvía a dolerle el pecho como aquella extraña vez en el hospital o cada vez que pensaba en ella incluso con Naruto.

No sabía bien qué había pasado entre ella y Naruto. No fue muy claro cuando pelearon. Naruto le aseguraba que Sakura continuaba esperándole y que debía de regresar en parte por ella. No esperaba encontrarse los resultados, pero todo tenía una paciencia y Sakura no era ilimitada.

El problema es que no sabía cómo manejar algo así. No era tan sencillo como decir que lo sentía. Especialmente porque Sakura volvería a correr lejos de él. Se lo veía venir. Y era lo que esperaba. Quizás había perdido la oportunidad por su estúpida necedad.

Pero de nada servía quedarse simplemente mirando a la nada y esperar a que algo cambiara su destino. Aunque a veces, su destino no es que el será cambiado.

Lo vio caminar justo frente a la floristería, detenerse para mirar el móvil y entrar.

Sasori, aquel condenado empezaba a encontrárselo hasta en la sopa.

Por primera vez en mucho tiempo, Sasuke experimentó algo más profundo, que le nacía en el pecho, más molesto que las primeras veces con Naruto. Más intenso que le rasgaba.

Se miró las manos con incredulidad.

Celos. Estaba teniendo celos.

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Sakura se volvió para darle la bienvenida y su gesto cambió. Estaba segura de que tenía un rostro claramente desagradable pero él simplemente la miró con sorpresa, como si nada.

—Parece que el destino está jugando conmigo como para encontrarnos dos veces, pelirosa.

—Sakura —recordó irritada—. ¿Qué quieres?

Él hizo un gesto hacia las flores.

—Esto es una floristería y según la página de la universidad está enlazada a la escuela, así que hacen descuento a estudiantes de arte o eventos estudiantiles.

Le mostró el móvil para corroborar sus palabras. Sakura se cruzó de brazos.

—Da la casualidad de que es la floristería de la chica que está llorando en el hospital por cierto chico al que casi matáis. ¿Te suena? —ironizó.

Sasori miró a su alrededor con otros ojos.

—Curioso el destino —dijo—, que te manda a la mierda con solo abrir una puerta y entrar.

Sakura le observó. No comprendía bien del todo a ese chico pero parecía vivir a un ritmo diferente al de los demás. Incluso de los chicos de tercero con los que se relacionaba. Abandonó la pelea porque no coincidía con sus necesidades y no compartía la opinión de Deidara. Pero aún no detuvo sus actos y Sai y Ino pagaban las consecuencias.

—Entonces. ¿No puedo comprar aquí? —cuestionó.

Sakura dudó por un instante. No estaba en su deber negarse ni mucho menos. Y a los Yamanaka les iba muy bien desde que Ino regresó a estudiar y la universidad tomó la tienda como punto de apoyo. Las ventas habían aumentado incluso. Y era un tema escolar, así que poco podía hacer.

—Está bien —concedió volviendo hacia el mostrador—. Imagino que necesitarás una gran cantidad.

—Sí, de todas estas.

Sasori extendió una pequeña hoja arrugada con el nombre de las flores. Sakura las leyó todas y la cantidad. Las apuntó en un blog de facturas y después, abandonó el mostrador para ir colocando la cantidad que pedía.

—¿Por qué huyes de él?

Dio un respingo al escuchar la pregunta, mirándole.

—¿De quién?

—El hermano de Itachi —respondió cruzándose de brazos y apoyándose contra el mostrador—. Es curioso que huyas de él.

Sakura no quería pensar en Sasuke. No más. Había tomado una decisión. Estaba agotada y cansada de no hacer más que sufrir y sufrir. Les había dicho a las chicas que esperaba conseguir otro amor mejor, pero realmente era del tipo de mujer que Ino más odiaba y que le había recalcado muchas veces. Sin embargo, eso no quería decir que estuviera dispuesta a aguantar más. Menos, cuando él no tenía ningún problema en hacerle jurar bajo algo tan… asqueroso.

Probablemente estaba dramatizando.

Sabía que si hablaba con él,si volvía a dejarse llevar, volvería a caer fácilmente y su lucha no habría servido de nada.

—Sé que no debo de meterme —continuó Sasori ante su silencio—. En mi defensa te diré el por qué de mi odio hacia el Nara que tanto proteges.

Sakura continuó metiendo las flores dentro de las cajas correspondientes, esperando.

—Siento envidia de su libertad sanguínea.

Levantó la cabeza para mirarle.

—No comprendo a qué te refieres. ¿Quieres su grupo sanguíneo?

—No —negó frotándose el cabello con una mano—. Quisiera no ser el primo de quien soy. Desde que somos niños he estado interesado en mi prima. Puede que no sea amor exactamente, sino obsesión, lo reconozco, pero me frustra que lo que yo intenté durante años él lo consiga porque Temari es capaz de mirarle como hombre y no como un familiar. Aunque ahora me odie.

—¿Y te extraña que te odie? —cuestionó cerrando la caja y abriendo otra, cambiando de lugar.

—No —negó—. Reconozco el error.

Eso no se lo esperaba. Empezó a cortar los tallos y guardarlos.

—Al menos algo es algo —dijo encogiéndose de hombros—. Pero hasta donde yo sé, Shikamaru y Temari no están juntos.

Sasori soltó un gruñido que parecía una seca carcajada. Cuando le miró su boca estaba ladeada.

—Te apuesto lo que quieras que terminarán el año juntos.

Sakura se encogió de hombros una vez más.

—No hay nada de malo. En realidad, sería una sorpresa para todos, pero al menos serían más estables que muchos otros. Y no será Tayuya, queriendo violar a Shikamaru por todos lados.

Recordaba como Karin se había quejado de ello. No podía imaginarse a Temari asaltando así a ningún hombre de imprevisto. Más bien, creía que era demasiado madura para esas cosas. Una madurez que envidiaba.

—¿Tú espantaste todas sus posibles conquistas? —preguntó. Sasori enarcó una ceja.

—No. Mi prima no sentía más interés en los hombres de lo necesario, que yo sepa. No suspiraba por nadie. Aunque una vez dijo que un tal Sasuke era atractivo.

Sakura puso los ojos en blanco y cerró otras de la caja. Con más fuerza de la necesaria.

—Cómo no.

Sasori se encogió de hombros esa vez y la observó mientras llevaba la última caja hasta el mostrador.

—¿Y tú?

Sakura suspiró, sabiendo que después de su confesión no iba a poder eludir sus preguntas.

—Me he rendido.

—¿Te has rendido en qué? —cuestionó al notar que no añadía más.

—En agotarme mental y físicamente por él. Tengo más cosas que me rondan la cabeza y más cosas que debo de pagar como para seguir atormentándome por él cuando se ha pasado todo el tiempo esforzándose por apartarme. Bien. La última conversación lo consiguió. Sus deseos son órdenes.

Sasori arrugó la nariz mientras sacaba su cartera.

—Creía que las mujeres se enamoraban hasta el fin de sus días de algunos hombres.

—Sí, eso parece —confirmó entregándole la factura antes de empezar a empaquetar las cajas—. Pero eso no significa que no se pueda avanzar.

Sasori le entregó una tarjeta de crédito y esperó, mirándola curioso.

—¿Y si le das celos?

Sakura negó.

—Eso no funcionaría.

—¿Por qué?

—Porque él no siente más que asco por mí. Soy su molestia preferida a la que no le importa tirar un plato de espaguetis encima o atemorizarla con… —se mordió los labios antes de continuar—. No importa. No voy a luchar con algo que no tiene solución. Llevo luchando con ello desde que era una niña. Estoy agotada.

Sasori aceptó la tarjeta cuando se la devolvió. Tuvo que hacer un esfuerzo porque las lágrimas no regresaran.

—¿Cuándo empezó a tratarte así?

—Cuando me declaré.

Nunca olvidaría ese momento. El pánico, los nervios y su corazón destrozado.

—Además, siempre insiste en que otros son mejores que él. Bien, ahora buscaré a esos mejores.

Sasori tomó las bolsas lentamente que le fue entregando. Con un cuidado increíble.

—Seguramente, decir esto después de lo que ha pasado sea un poco tosco de mi parte, pero… ya sabes dónde encontrarme.

Sakura enarcó una ceja.

—¿Te estás ofreciendo como hombre cuando tienes a Temari en tu cabeza? —cuestionó.

—Es injusto que me juzgues cuando tú tendrías a otro en tu corazón —respondió sarcástico.

Sakura no pudo evitar echarse a reír y levantar el pulgar.

—Touché.

Sasori le devolvió el papel arrugado con su nombre y número. Sakura se lo guardó en el bolsillo.

.

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Tenten abrió la puerta y casi la arrastró dentro. Por regla general no solía ponerse tan nerviosa. Bueno, quizás el hecho de estar encerrada desde que había inventado una excusa para separarse de Neji y Lee en el hospital en el dormitorio la afectaba, cuando estaba acostumbrada a estar al aire libre.

Karin la miraba casi con espanto mientras dejaba su bolso sobre el único sofá de la habitación.

—¿Qué diablos pasa? —cuestionó al verla caminar de un lado a otro—. Estás en completo pánico.

—No, sí, bueno sí —contestó errática—. ¡Al cuerno! Lo estoy. Tengo pánico. Me sudan las manos, no consigo estarme quieta y te aseguro que no me he metido nada de droga.

Karin levantó las manos cuando la señaló.

—Vale, te creo. Pero qué dichosa hormona tienes por ahí que te está revolucionando entera. Cuando te pedí quedarme a dormir casi parecías desesperada por hablar con alguien.

Lo estaba. Realmente estaba desesperada. Porque las cosas estaban enloqueciendo y a ella la enloquecía a su vez.

Saltó sobre la cama y asintió. Karin parecía no saber dónde colocarse y Tenten tuvo un momento de lucidez al recordar que necesitaba dormir ahí.

—Espera, te daré un pijama —ofreció.

Karin asintió y se descalzó, dejando las gafas sobre la mesita mientras comenzaba a desnudarse. Tenten le entregó el pijama y le dio la espalda para darle intimidad. La última vez que compartió habitación fue con Tayuya. ¡Esa condenada! ¡Fue la que ocasionó todo desde el comienzo!

—¿Y bien? —cuestionó Karin—. ¿Tiene nombre y apellidos?

—¿Quién? —cuestionó algo perdida en sus pensamientos y recuerdos de conversaciones pasadas.

—El chico por el que estás así.

Tenten volvió a tumbarse en la cama y dar patadas a lo loco. Necesitaba gastar energía de más.

—¿Neji Hyûga? —puntualizó Karin asegurándose de que el terremoto en su cama había terminado antes de subirse.

Tenten la miró con la boca abierta.

—¿¡Tan obvio es!?

—Bueno, según los rumores estáis saliendo.

—¡Qué no! —exclamó. Empezaba a estar frustrada de la misma cosa—. No estamos saliendo. Fue una equivocación de Lee que todos se han terminado por creer.

Karin suspiró y tiró de una almohada para apoyarse contra la pared tras meterla tras su espalda.

—¿Entonces?

Tenten no sabía bien por dónde comenzar. Si empezara por el principio tendría que delatar la noche en la que Tayuya y ella entraran al edificio para robar los ordenadores. Y si le contaba su encuentro en el callejón delataría su falta monetaria y las cosas que había tenido que hacer para sobrevivir.

Bufó desesperada.

—Digamos que por ciertos azares de la vida, Neji y yo nos hemos visto envueltos en muchos más líos juntos de los que esperábamos, que en teoría debía de esforzarme por interesarle como mujer pero otras cosas se dieron y no terminé cediendo a eso. Porque… ¡Neji! —hizo un gesto de obviedad que Karin claramente no captó—. Que es Neji.

—Ya. Un tío que está completamente cañón, hijo de una empresa adinerada que ha recuperado, que posee unos ojos casi extintos y preciosos, que está guapísimo y encima es inteligente. Claro, es Neji —repitió Karin sarcástica.

—Agh, no me importa su dinero —descartó—. No negaré que sí, que es guapo y todo eso, pero tiene un carácter que… a veces me dan ganas de estrangularlo y otras hace que… se me derrita el corazón y luego queme como si quisiera morderle o algo. Disfruto cuando sufre o pone esa cara de tonto y luego se enfada sin poder explotar. Pero luego hace cosas que…

Se llevó los dedos hasta el labio. Recordó la sensación de su pulgar sobre su piel llevándose la espuma. Hasta ahí podría habérselo tomado como una broma, incluso soltar algo sarcástico. Pero él tuvo que lamerlo y eso la descolocó por completo.

—Tenten, me temo que no soy una persona muy experimentada con el amor. La única persona a la que amé me usó como una bolsa de basura para placer y luego ni me miró más. Pero puedo ver que, quieras o no, estás colgándote de Neji Hyûga.

Tenten apretó los labios. No quería escuchar eso. No quería comprender que era cierto.

Miró a Karin de reojo. La muchacha no era muy dada a tener cercanía con los demás. Más bien, desde que se separó del grupo de Sasuke un tiempo más atrás comenzó un periplo solitario.

—¿A qué te refieres con que te usó como una bolsa? —cuestionó lo más amable que pudo—. ¿Lo conozco?

Karin no respondió. Tenten pensaba que fue demasiado lejos con sus preguntas y era natural. No tenían esa confianza tan fuerte.

—Sasuke Uchiha —respondió sorprendiéndola—. Tuvimos sexo en un condenado hangar que olía a nectarina y después, me dejó tirada, como si fuera un simple fardo de piel.

Tenten abrió tanto la boca que le empezó a doler. La cerró, todavía incrédula.

—¿¡Estás de broma!? —cuestionó—. ¡La mitad de las chicas querían acostarse con él! Y no tenía una fama muy querida pese a eso.

—Ya, supongo que mi lado fangirl no entendió eso. Todas podemos estirar la mano hacia él que jamás la cogerá —ironizó—. Pero no importa. Es algo que me hizo comprender que lo mejor era dejar de mirar hacia el lado equivocado.

—¿Y por qué siento que hay otra cosa que te atormenta?

Karin le sonrió de una forma demasiado adulta.

—Lo hay. Dos personas. Una me aterra de solo pensar que está en mi casa y la otra… —Se frotó los rojos cabellos e hizo una mueca de hastío—. Lo conocí en una sala de chat, terminamos hablando y me di cuenta de que podía contarle muchas cosas. Y ahora resulta que es nuestro profesor de Natación.

—¿¡Ese tipo!? —exclamó sorprendida—. No estaba nada mal.

Karin hizo un gesto aprobatorio, pero la sonrisa no llegó a sus ojos.

—Y me creará muchos problemas si se enteran de que le conozco demasiado.

—No tiene por qué —sopesó Tenten pensativa—. Eres mayor de edad, aunque estés estudiando por una segunda oportunidad, tú bien podrías estar ya casada.

—Pero no con un profesor —recalcó.

—No le veo el problema, pero de acuerdo. Tú ganas.

Se estiró. Estaba más cansada de lo que pensaba. Entre correr toda la noche, no poder dormir nada a causa del secuestro y la pelea, no ayudaba.

Y encima, el no poder quitarse de la cabeza a Neji tampoco. Ese condenado y sus actos inesperados.

Recordó entonces lo que había comentado Karin de otra persona que la aterrorizaba. Pero cuando se volvió para preguntar, Karin estaba dormida. Probablemente, tan agotada como ella misma.

Tenten bostezó y pensó que sería bueno dormir. Pero cuando cerró los ojos la imagen de la cafetería se repitió.

Mordió el cojín entre sus brazos y volvió a maldecir a Neji Hyûga de por vida.

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Ver su cara casi fue un panorama divertido. Que el cigarrillo le resbalase de los labios el punto genial, aunque Kakashi llegó a aferrarlo antes de que quemase la madera a sus pies. Asuma Sarutobi era el hombre perfecto para el trabajo de campo, pero para disimular no era tanto. Al menos no con él.

—¿Es una broma? —cuestionó mirando a su alrededor y aceptando el cigarro que le devolvió Kakashi—. ¿Me he perdido algo?

—No es una broma —negó Shizune, la secretaria de Tsunade y quien le había llevado hasta el despacho de los profesores—. Tsunade-sama ha dado su consentimiento. Además, es inocente y lo sabes.

Asuma asintió.

—Sí, pero he metido más veces el trasero de este niño en el calabozo que dedos tengo en una mano.

—Y ninguna fueron causas mías realmente, Sarutobi —recalcó.

—Itachi, mocoso, que tengo una paciencia límite —advirtió—. ¿Se puede saber por qué ahora te quedas y te empeñas en estudiar?

—Quiero llevar las empresas de mi padre. Por el lado bueno. Trabajaré bajo el cuidado de Hyûga mientras estudio.

—Eso es genial.

Fue una mujer la que habló esa vez. Sentada detrás de ambos hombres se inclinó hacia delante. A Itachi le resultaba ligeramente familiar.

—¿No te acuerdas de mí? —cuestionó. Él negó intentando hacer memoria—. Supongo que no. Eras un niño cuando me marché con tu primo. Soy Rin.

—Obito —murmuró al recordar—. Lo siento, no estuve muy centrado en qué pasaba con otra gente que no fuera mi familia. Sé que murió, a lo sumo.

—Sí.

Ella torció el gesto en una mueca triste que intentó disimular con una sonrisa forzosa.

—Pero él siempre hablaba de ti. Solía decir que si había un genio en su familia, seguramente serías tú. Y yo creo en sus palabras, así que estoy feliz de que decidas sacarte esos estudios. Sé que podrás. Y no te preocupes por estos dos hombretones —añadió golpeando con sus manos los hombros de Kakashi y Asuma, que dieron un respingo—. Son muy buenos profesores y no hacen trampa. Y de hacerlas, me lo dices a mí o a Kurenai.

—¿Kurenai?

—Yo.

Una mujer apareció de detrás de él. Morena, apuesta y con unos ojos rojos carismáticos.

—También me encargaré de ayudarte, aunque no seré tu profesora en la rama que has escogido.

Extendió una mano hacia él que no logró interceptar. Asuma se entrometió y su mano dio de lleno contra su estómago, silbando, fingiendo que iba a coger algo. Kurenai le dio un codazo como protesta, pero Asuma simplemente se encogió de hombros y esperó a que ella se alejara.

—Asuma. No comprendo por qué dejaste la policía. Aunque la última vez te vi algo fofo —bromeó.

Asuma se levantó y Kakashi le hizo sentarse con un tirón. Incluso Rin le dio palmaditas en el hombro. Shizune suspiró.

—Vale, suficiente —ordenó entregándole los papeles necesarios—. Con esto está todo y es oficial. Mañana irás al edificio de enfrente y buscarás la puerta indicada ahí. No vayas al de los menores por más que tengas a tu hermano ahí, Itachi.

—Sería divertido verte castigado —gruñó Sarutobi.

Itachi levantó el dedo del centro como respuesta antes de salir.

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Shikamaru colgó el teléfono y la miró mientras comía. O más bien, empujaba la comida a un lado como si fuera algo quisquillosa en vez de distracción. Cuando vio el gesto que hacía levantó la mirada hacia él, interrogativa.

—Mi padre va a encargarse de su interrogatorio —explicó—. Pero tiene pruebas suficientes para culparla. Si habla, quizás sean más amables que si no.

Temari suspiró irritada. Intentó pinchar con fuerza un guisante que terminó resbalando y le dio a él de lleno en la frente.

—¡Oh, Dios, perdón! —exclamó levantándose.

Shikamaru cogió el trozo de verdura y lo miró desinteresado.

—Me han tirado muchas cosas a la cabeza, pero esto es nuevo.

Temari se quedó mirándole un momento antes de que su boca se curvase e intentara controlar una carcajada. Algo que era bueno pero que notaba que la hacía sentirse culpable.

Apoyó el codo en la mesa y la mejilla en la mano para observarla.

—Gaara no va a enfadarse porque te rías un poco —aseguró. Ella parpadeó con curiosidad—. Te estás reteniendo porque te sientes culpable. ¿O es más por el qué dirán?

—¿Qué? —Temari gesticuló sorprendida.

—Los he visto. Tres a nuestra espalda y dos a tu espalda. También han pasado algunos enfermeros sin placa. En el pasillo. Por eso le he pedido a Choûji que se quedara. ¿Quiénes son?

Temari se frotó las manos, nerviosa.

—Hombres de mi padre. Llevan aquí desde que llegamos —explicó—. Podría parecer que está preocupado pero imagino que sólo porque sus contactos no se enteren de que uno de sus hijos es drogadicto. Porque no creo que…

Su rostro se volvió pálido y Shikamaru se tensó.

—¿No crees qué?

Temari se puso en pie y bajó los ojos hacia él.

—Mi padre intentó matar a mi hermano cuando era un niño años atrás.

Shikamaru comenzó a ponerse en pie.

—¿Crees que…?

Temari no estaba segura. Por la forma en que sus ojos miraban hacia los hombres y su boca temblaba. Shikamaru no necesitó pensarlo más. La tomó de la mano y retomó el camino de regreso hasta el lugar donde mantenían a Gaara.

Había dejado a Choûji allí como respaldo, pero no era inamovible.

Sin embargo, cuando llegaron, Choûji estaba justo donde le dejaron y les miraba con total calma.

—Tsunade-sama está dentro —explicó—. Ha venido a ver su evolución.

Temari suspiró a su lado, llevándose la mano libre al rostro.

—Quizás estoy empezando a ver cosas donde no las hay. Si mi padre hubiera querido matar a mi hermano podría haberlo hecho de otra forma. Un accidente de tráfico, un secuestro… y nadie se enteraría.

—Eso es cierto —corroboró pensativo.

En realidad, ninguno había hecho por entrar fingiendo ser una enfermera para cuidarlo, cosa que le habría dado muchas oportunidades y nadie habría sospechado. Más bien, sólo se quedaban vigilando desde lejos.

—¿Podría estar tu padre preocupado?

—Quizás… —dudó.

Era claro que no las tenía todas consigo misma. Era normal. Si una vez había intentado tal barbarie no podía esperar que se quedara tranquila ante la idea de un nuevo intento.

Tsunade salió en ese momento y al verlos, enarcó una ceja.

—¿Qué ocurre?

Shikamaru la miró a ella antes de hablar. Temari asintió y él expuso los puntos. La directora escuchó atentamente.

—Comprendo. No necesitáis preocuparos. Gaara está monitoreado todo el tiempo. Tenemos cámaras dentro y enviaré un guardia para que se ponga en la puerta para que podáis ir a descansar. Y esto último es una orden. Ven después de dormir unas horas, Temari. Lo necesitas. Y Shikamaru también tiene que recargarse. El café no os mantendrá siempre y no es bueno para la salud.

—Tampoco lo es el alcohol y lo bebes como si fuera agua.

Los tres se volvieron hacia la persona que ni habían notado. Shikamaru lo conocía gracias a su padre. Jiraiya era uno de los detectives más famosos que continuaba trabajando para la policía, aunque a veces sus formas de conseguir información eran… inadecuadas.

—Cállate, idiota —espetó Tsunade llevándose una mano a la cintura—. ¿Qué haces aquí?

—Traigo información —respondió el hombre moviendo una carpeta delante de ellos—. Y también tengo algo que preguntarle al pequeño Nara.

Shikamaru gruñó por el apodo. Era ya lo suficientemente alto como para no ser llamado pequeño.

—Dime, chaval. ¿Sabes algo de los niños marcados?

Shikamaru intentó hacer memoria.

—Algo escuché cuando era niño, pero no presté mucha atención —respondió al final. Jiraiya asintió—. ¿Por qué?

—No, qué es —corrigió Temari—. ¿Qué tiene que ver con mi hermano?

—¿Tú los conoces?

Temari guardó silencio un instante.

—Cuando éramos pequeños mi padre intentó asesinar a mi hermano. Por supuesto, la policía no creyó las palabras de dos niños pequeños. Mi padre se enfadó muchísimo por haberle traicionado y nos dijo que quizás éramos más rentables como niños marcados. No sé qué es eso, pero al parecer era una opción para él.

Tsunade bufó entre dientes.

—Qué joya de padre.

Temari asintió, pero continuó mirándolos en espera. Jiraiya fue quien sonrió.

—Desde luego, la inteligencia femenina a veces da miedo —halagó—. Tu padre no se lo inventó como una mentira o un cuento aterrador para niños. Por esa etapa ocurrió un gran número de desapariciones de niños de vuestra edad más o menos. Muchos solían ser niños huérfanos de hospitales, de escuelas secuestraban a niños cuyos padres dejaban sin cuidado, incluso llegaron a robarlos de las cunas. Otros eran ofrecidos por padres como el que desgraciadamente, pequeña, tienes. A cambio de una buena suma de dinero.

—¿Para qué los querían? —cuestionó él. Algo le cosquilleaba en la mente, un recuerdo incómodo.

—Para venta y traslado de drogas.

Shikamaru lo comprendió. Sus pequeños cuerpos llenos de droga y su infantilidad les protegía de miradas de más de la policía. Y como nadie los reclamaba, eran libres de manejarlos a placer.

—Muy pocos sobrevivían —añadió Jiraiya.

—¿Creen que iban a usar a mi hermano para eso? —cuestionó Temari—. Ya no es tan niño.

—No, no es tu hermano. Es la mujer que han detenido. Esa chiquilla forma parte de esos niños.

Les ofreció la carpeta y ambos se inclinaron para mirar las distintas fotografías. Cuando encontraron la de Tayuya, aquel cosquilleo se repitió y esa vez, el recuerdo llegó más claro.

La niña de la máquina expendedora. La que le había mirado con ojos suplicantes.

Sintió que la comida se le subía a la garganta y si Tsunade no le hubiera ofrecido la papelera habría dado un hermoso espectáculo de fideos masticados en el suelo.

—Sí, lo que me temía —puntualizó Jiraiya—. La conocías.

Se limpió la boca con el dorso de la mano, sentándose y asintiendo.

—Shikamaru, sé que es una mierda ahora mismo, pero… ¿recuerdas al hombre que se la llevó? —inquirió Jiraiya—. Claramente, ella no nos dirá nada.

Intentó recordar. En ese momento estaba más molesto por perder su comida y por la niña que otra cosa. Sí, recordaba a un adulto y le sonaba muchísimo. Pero en ese momento no.

—Está bien, no te fuerces —recomendó Tsunade—. Seguramente ella no dirá nada pero tampoco podemos forzar a nadie.

Temari le puso una mano en el hombro, sentándose a su lado.

—¿Estás bien?

—Sí —respondió sintiendo su mano enlazarse con la suya. Llevaban haciéndolo de forma natural todo el tiempo y lejos de molestarle, le calmaba—. Recordaré —prometió mirando hacia los dos mayores.

Jiraiya asintió.

—Cuando lo tengas, díselo a tu padre —indicó Jiraiya—. Creemos que ese tipo sí es el que está detrás de todo el asunto de la droga, de lo que le ha ocurrido a Gaara, el robo de aquellos niños y también del frustrado robo de los ordenadores en la universidad.

Tsunade asintió y le hizo una señal para que se marchara, observándolo hasta que el hombre desapareció.

—Me encargaré de asegurar a tu hermano, Temari. La orden que os he dado sigue en pie. Largaos.

Ambos asintieron y se pusieron en pie, alejándose de la directora que se llevó el móvil al oído. Shikamaru seguía dándole vueltas al asunto mientras caminaban que no se enteró de dónde estaban hasta que llegó la hora de descalzarse.

—¿Qué? —masculló mirando a su alrededor.

—Ah. ¿Querías ir a tu casa? —cuestionó Temari arrodillada quitándose sus propios zapatos—. Como no me soltabas pensé que querías subir.

—¿Soltarte? —cuestionó sin comprender.

Ella extendió la mano con un ligero sonrojo que le contagió.

—Ah, sí, perdón —tartamudeó. ¡Joder, lo estaba haciendo de verdad! Ino se reiría completamente de él—. Me iré a casa entonces y…

Temari se levantó para retenerlo de la camiseta. Un acto tan inesperado que llevaba haciendo varias veces y que, por muy estúpido que sonara, parecía ser capaz de hacer saltar su corazón.

—Yo… no quiero estar sola. Por favor… Puedes usar la ducha y te prestaré ropa de Gaara… pero no te vayas.

Shikamaru miró por encima de su hombro, con el corazón bombeándole con demasiada fuerza. Su rostro estaba también sonrojado pero había pánico en sus ojos. Se volvió lentamente y asintió.

Ella se hizo a un lado para invitarlo.

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Shikaku suspiró por tercera vez mientras miraba a la chica a través del falso espejo. Se había tranquilizado un poco al estar sola, pero cuando alguien entraba lo primero que hacía era preguntar por su flauta. No podía devolvérsela ya que era una prueba y contenía ADN de Gaara que demostraba que fue usada contra él.

También tenían las pruebas médicas que confirmaban que Gaara fue violado por ella. O quizás no. Existía una posibilidad de que hubieran mantenido relaciones consentidas mientras lo drogaba. Sólo podían esperar a que Gaara despertase y estuviera lo suficientemente cuerdo como para confirmarlo.

Además, la mujer policía que la había cacheado había encontrado el interesante número que solían aparecer en los cuerpos de los niños marcados. Tayuya era uno de ellos. Una sobreviviente.

Y también leal al parecer. No había abierto la boca para delatar a nadie.

—¿Estás seguro de querer que yo lo haga?

Miró a Hibiki a su lado. El hombre era grande, con feas cicatrices marcando su rostro ganadas con años de tortura y experiencia. Era el mejor a la hora de sacar información.

—No nos queda otra. Y lo han pedido los superiores, no yo.

Le dio la espalda con las manos en los bolsillos. No iba a formar parte de eso y tampoco quería verlo.

—No estoy de acuerdo con abusar de los niños.

Hibiki suspiró.

—Lo comprendo, Shikaku. Pero esa mujer no es una niña ya. Ha violado y drogado a un muchacho de su misma edad. Es peligrosa. Sabes lo que ocurre con los niños que sobreviven.

Shikaku lo sabía y le repugnaba por igual.

—Si el jefe cae, entonces todo terminará. Para eso hemos de pasar por todo esto. Recuerda que tu hijo también está en estas calles.

No necesitaba recordárselo.

No, cuando había estado saliendo con ella. De pensar que Shikamaru podría haber sido Gaara, se le revolvía el estómago.

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Deidara golpeó la figura con el pie hasta hartarse. Jadeando y con dolor, maldijo a diestro y siniestro. Odiaba esa dichosa clase. Los odiaba a todos. Y odiaba a Ino Yamanaka.

Pero era débil comparado a ellos y lo sabía. Ahora tenía las manos destrozadas y sin manos, él no era nada.

—¿Vas a llorar?

Se volvió para mirar por encima del hombro. A quien menos deseaba ver estaba allí. En realidad, era ella la que siempre aparecía en sus malos momentos.

Aunque no quisiera, aunque le reventara, era la única mujer que realmente le aguantaba.

Kurotsuchi le sonrió cruzada de brazos.

Él se acercó y apoyó la cabeza en su hombro.

—Te odio a ti también.

—Lo sé. Lo sé.

Pero era la única.

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Rin le miró desde delante de su escritorio, inclinado mientras firmaba partes de ausencia para Tsunade. Estaba ayudándole para matar las horas muertas en las que nadie parecía necesitar de sus servicios.

—Ha sido increíble ver a Itachi.

Kakashi levantó una vez la mirada hacia ella y asintió, sonriendo.

—Pareciera que los Uchiha están partidos por un mismo patrón. ¿Verdad?

Sabía que Kakashi estaba bromeando pero ella no pudo evitar preguntarse si era cierto. Si recordaba a parte de la familia de Obito era muy parecida, con sus cabellos negros y ojos por igual junto a su piel pálida.

Obito bromeaba con que no le pusiera los cuernos con algún otro pero Rin siempre aseguraba ser capaz de diferenciarle a la perfección. En realidad, para ella, lo que sí que tenían en común todos los Uchiha era su atractivo. No recordaba ninguno que fuera feo.

—Bueno, Obito no necesitaba preocuparse demasiado —terminó diciendo—. Su patrón era diferente.

—Sí, a cabezón no le ganaba nadie.

—Mira quién fue a hablar —replicó dándole un pellizco en la mejilla—. El señor don perfecto que no paraba hasta sacar excelentes sólo por chinchar a su mejor amigo.

La mirada de Kakashi cambió a una que conocía bien. Esa que viajaba en el tiempo y recordaba el pasado con la misma angustia que ella.

Rin decidió que era suficiente con eso y se levantó, palmeándose el trasero para quitarse algo de tiza.

—En fin. ¿Por qué Itachi ha dicho eso acerca de Asuma? —indagó—. Lo de que dejó la policía. ¿Fue para dedicarse a esto?

Kakashi negó y se aseguró de que el nombrado no estuviera presente. Rin estaba bastante curiosa con ese tema. Conocía también a Asuma de cuando eran niños, al fin y al cabo, era amigo de Kakashi, Obito, el profesor de Gimnasia y Shikaku. Pero nunca hizo demasiadas migas con él.

—Ya sabes que su familia es muy importante y eso. Se esperaba que siguiera la costumbre y tomase un cargo importante. Lo hizo en la policía, escogiendo una rama que iba bien con él, pero… fue bastante puteado. En una redada contra un capo de la mafia recibió una herida que estuvo a punto de matarlo e impidió que retomara su trabajo. Dejó eso para ser docente y no le ha ido nada mal. Claro que esta historia nunca la cuenta.

—Pero tendrá marcas que demuestren su herida —sopesó.

Kakashi enarcó las cejas, divertido.

—Creo que sólo una mujer con la tenga sexo podrá verla.

Rin enrojeció y le dio un manotazo que él atrapó. Con sus dedos jugando con los suyos como si fuera un nuevo experimento recién encontrado.

—En realidad la historia es más simple. Creo que tiene una herida, pero es más aburrida. Sólo le puse algo de énfasis.

—¡Serás mentiroso! —exclamó echándose a reír.

—¿Te ha contado otra de sus mentiras? —cuestionó Asuma entrando en la habitación y obligándoles a separarse.

—Sí. No estoy segura —murmuró acercándose a Asuma tras guiñar un ojo a Kakashi—. Asuma. ¿Qué te parece si me enseñas alguna de tus heridas de guerra?

Asuma pareció perplejo y Kakashi se levantó de golpe, tal y como había esperado. Le sacó la lengua y se marchó.

Ella también sabía jugar y tenía años de experiencia.

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Kakashi maldijo entre dientes. Rin se la había jugado a base de bien. Se la había devuelto más bien. Olvidaba que era algo que siempre conseguía de algún modo y él solo había tenido que abrir las puertas a algo que no quería ni escuchar que pasara.

Asuma estaba frotándose el estómago con la duda en la mirada.

—Ni se te ocurra —le advirtió—. O contaré el verdadero secreto de por qué te fuiste de la policía.

Asuma chasqueó la lengua.

—Ni que fuera tan vergonzoso.

—¿No? —cuestionó—. Oye, Kurenai, ven que te cuento algo interesante.

—¡Vale, vale! No se lo cuentes a ella, joder —masculló pasándose una mano por los oscuros cabellos—. Eres un condenado demonio, Kakashi.

Kakashi sonrió amablemente y continuó con su tarea.

A veces era divertido saber más secretos de los que los demás querían que otros supieran.

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Naruto entró en su casa bostezando y cerró la puerta haciéndolo otra vez, sin embargo, eso no menguó la sonrisa que llevaba dibujada en su boca desde hacía horas y que más de uno había acusado de ser la cara de un tonto. Especialmente Kiba, a quien se volvió a encontrar al volver de dejar a Hinata en su casa.

—¡Estoy en casa! —se anunció.

Kushina le contestó desde la cocina. Ya llegaba un olor delicioso a comida que le recordó que no había ni desayunado ni comido. Lo único que se había llevado al estómago fue el vaso de agua que Hanabi le ofreciera al verlo todo sudado por cargar a Hinata y tampoco es que pudiera estar más tiempo, lo echó antes de que su padre le viera.

Entró en la cocina y se apoyó en el quicio de la puerta con el hombro, observando a su madre mientras servía platos.

—Sakura no tardará en llegar. Me llamó para decirme que iba a estar ayudando en la tienda de Ino.

—Vale —dijo desinteresado. Ella se volvió para mirarle.

—¿Sólo vale? No un: voy a buscarla aún a riesgo que me des con la espumadera. Increíble.

Él se encogió de hombros.

—La tienda de Ino no está lejos. Además, seguro que el padre la trae.

Kushina dejó la espumadera sobre el platillo en la encimera, girándose totalmente hacia él.

—Vale. ¿Quién eres y qué has hecho con mi hijo?

Naruto no pudo evitar reír.

—Sigo siendo yo. Solo que ahora tengo novia.

Su madre abrió la boca y los ojos a la par.

—¿¡Qué!? ¿Quién? No, espera. Si no es Sakura… —Frunció el ceño para mirarle—. Dime que es la niña mayor de los Hyûga, ttebane.

Fue su turno de sorprenderse.

—¿¡Cómo lo sabes!?

Kushina sonrió, emocionada y le tomó las manos entre las suyas.

—¿¡En serio!? ¡Oh, Dios! ¡Esa niña iba a rendirse contigo, Naruto! —regañó—. Le has roto el corazón tantas veces que es raro que te haya dicho que sí.

Naruto se perdió.

—¿Decirme que sí en qué? ¿Le he roto el corazón? ¿Cómo sabes estas cosas? —exclamó algo mareado.

Kushina frunció el ceño y olisqueó el aire. Ambos se volvieron hacia la comida con espanto.

—¡Mamá, se ha quemado! —acusó apagando el fuego.

—Oh, no —susurró perpleja—. Bueno, pediremos algo de Ramen del que te gusta.

Naruto entrecerró los ojos. Se alegraba de comer Ramen, sí, pero no de que estuviera esquivando sus preguntas. ¿A qué se estaba refiriendo? ¿Cuándo le había roto el corazón? ¿Hinata se había rendido con él? Imposible. Le había confesado gustar de él.

Además, su madre parecía ser conocedora de algunos secretos de más que estaban intrigándole más que nunca.

—Mamá —nombró deteniendo su escapada tras llamar por teléfono al restaurante—. Respóndeme.

Kushina suspiró, apretándose las manos.

—No debería. Después de que te has ido a pelear y todo eso —acusó maternalmente—. Pero… esa niña lleva enamorada de ti desde hace mucho tiempo y tú, como hombre idiota que eres y despistado, mirabas a otra persona. ¿Crees que las mujeres sufrimos con eso? Lo hacemos. Y ella estaba agotada de amarte. La vi llorar en este sofá, sufriendo por renunciar a ti.

Naruto desconocía esos detalles. Claro que las chicas no iban a contarle nada. Por aquel entonces había estado más centrado en Sakura. Pero Hinata se había ido metiendo en su cabeza en pequeños pasos. Cuando más se dio cuenta fue cuando se enteró de que iba a casarse con Sasuke. Aquello lo sintió como si fuera una patada en las pelotas directamente.

Y después, quizás algún tipo de chispa se encendió más cuando la vio interponerse. Que ella pensara que estaba enfadada con él no era correcto. Estaba enfadado consigo mismo. Por haberse dejado dominar por la rabia, por la impotencia…

Y luego, algo dentro de él había visto de nuevo a Hinata de una forma distinta. Sus palabras casi parecían querer decir otra cosa y no estaba seguro.

Cuando había aceptado gustarle en el ascensor, antes de que Kiba interrumpiera todo, Naruto se había sentido demasiado feliz y complacido. Dios, no podía dejar de sonreír. Y cuando dijo su última frase antes de que Hinata se desmayase… Jamás pensó que la diría.

Bueno, sí, pero con otra mujer. Y el significado era distinto, por supuesto.

Y se alegraba que Hinata no hubiera renunciado a él como temía, especialmente, como pensó con aquella nota que le dejó en su cuarto. Despidiéndose de él como si no fuera a volver jamás en la vida. Pero Hinata no sólo había vuelto para quedarse, sino que se había metido en su vida sin quererlo.

Y él había sido un idiota, por lo que entendía de las palabras de su madre.

Claro que, esperaba, tenía la intención de hablar más tiempo con ella. Algo largo y tendido, incluso disculparse de ser necesario.

—Ahora que lo pienso. ¿Lo sabe su padre? —cuestionó sentándose en el sofá y palmeando el asiento conjunto para que él hiciera lo mismo.

—No —negó—. Todavía no. Aunque ha cambiado mucho.

—Sí, con Hinata —reconoció Kushina—. Pero su odio hacia nosotros persistirá todavía más y no sé hasta qué punto esté de acuerdo con que salgas con su hija.

—¿Por qué nos odia tanto? ¿Es que pasó algo con papá? —sopesó cruzándose de brazos—. ¿Estaba enamorado de ti?

Kushina negó y suspiró, acariciándole un hombro.

—De mí no —recalcó.

Naruto pensó que captaba la ironía. Quizás no estuviera seguro.

—¿De… papá?

Su madre asintió lentamente.

—El padre de Hinata es Bisexual. No es nada malo —añadió—. Pero se enamoró del mismo hombre que yo.

—Pero… papá no…

—No —negó—. Supongo que Hyûga no puede perdonar que Minato escogiera a alguien menor que él y encima, mujer. Al poco de saber que estaba embarazada de ti, supimos que él se había casado con su mujer y poco después tuvieron a Hinata. Por eso me odia. ¿Su amor enamorado de una muchacha menor, problemática y que encima se embaraza? Creo que le explotó la cabeza y el corazón.

Podía notar que su madre no se sentía orgullosa del todo de eso. ¿Cómo podría uno sentirse feliz de romperle el corazón a alguien? Todavía recordaba la cara de dolor de Sakura cuando le rechazó. Pese que al rechazo ya no le molestaba, sabía que ella había sufrido el tener que romperle el corazón a su mejor amigo.

—Pero si por un casual se niega, te ayudaré en todo cuanto esté en mi mano, Naruto.

Le dio palmadas en las manos vendadas, suavemente, con una delicadeza maternal adorable.

—¿Hay algo que te preocupa? —cuestionó repentinamente.

Kushina arrugó las cejas y suspiró.

—Sí, pero no tienes que preocuparte.

El timbre les interrumpió. Kushina le soltó para buscar su cartera, saludando a Sakura y despidiendo a Yamanaka antes de pagar al repartidor.

—¿Ocurre algo? —preguntó Sakura acercándose a él—. ¿Cómo va Gaara?

Naruto levantó la mirada hacia ella. Sakura parecía agotada por el trabajo y algo más. Naruto extendió su mano hacia la de ella y le sonrió.

—Tengo muchas cosas que contarte, Sakura-chan.

Claro que, cuando le contó más tarde a Sakura lo de Hinata, la primera le echó una bronca de campeonato.

Naruto no entendía por qué, pero Sakura estaba enfadada no, lo siguiente. Y cuando le preguntó si es que estaba celosa, le golpeó tan fuerte que vio las estrellas.

—No entiendo a estas mujeres.

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Se sentía flotar sin estarlo. Notaba que su cuerpo no reaccionaba como quería y le dolían las muelas y la garganta. Había otras partes que eran más leves y sentía tirón en ciertas partes de su cuerpo, como si su carne estuviera pegándose de alguna forma.

Estaba oscuro en el exterior y sólo las luces a su alrededor le permitieron un leve escrutinio de dónde estaba. Una máquina pitaba levemente a su derecha, un sonido que llegaba aumentado a través de la puerta entornada.

Sentía peso a su izquierda y reconoció una rubia cabeza.

Por un instante se preguntó si aquello debía de ser el pecado para conseguir que algo así sucediera.

Ella levantó la cabeza con un bostezo y miró primero la máquina y después, a él. Sus ojos, tan característicos como hermosos, de ese color que tanto le gustaba, se abrieron en sorpresa y las lágrimas no tardaron en brotar.

—Sai…

¡Continuará!


¡Y Sai despertó al final!

Sé que algunas de usted me aconsejaron cuando pregunté en la página, ahora ya sabéis por qué era la duda. Sé que hay confusión detrás de eso, pero es que es necesario porque Naruto es deeeeeeeeeeeeensoooo.

Por si las dudas, sí, Deidara y la chica esta que nunca me sé el nombre y siempre lo pego porque soy así de olvidadiza y manca, se auto alivian (ya me entendéis).

Y sí, lo siento, Sasuke, pero te toca sufrir un poco más.

Y Tenten… la pobre va a explotar de tanta emoción xD

En fin, nos leemos en el siguiente =)