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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 7/3/21
Pareja: Sorato
Tiempo: 18m y 53s
—Ruido—
Detuvo el lapicero cuando estaba perfilando una de sus alas y suspiró molesta. El pájaro había emprendido el vuelo alejándose de la cercana rama desde donde había estado posando para ella. Con el ceño fruncido, miró al frente, haciendo responsables de esta acción a aquel pequeño grupo de jóvenes que, ajenos a todo, hacían rugir sus motocicletas.
—Molestos —masculló.
Buscó el apoyo a su lado, pero Yamato, que hasta entonces había permanecido tranquilamente acostado sobre su recién estrenada chaqueta azul, se había sentado para observarlos. De sobra conocía Sora la afición de su novio por las motocicletas, incluso su intención de adquirir una en breve, sin embargo, el brillo de sus ojos le pareció excesivo.
—¿No te parecen ruidosas? —preguntó, queriendo retomar su dibujo, aunque ahora lo tuviera que hacer de memoria.
—Sora, así es cómo debe sonar un motor de gran cilindrada.
Comprobó horrorizada que al brillo de su mirada se le había sumado una gran sonrisa.
—¿Llevarás una tan ruidosa?
—De momento no tengo presupuesto para nada más allá de una scooter —dijo, bajando el rostro apenado.
Sora apretó el lapicero entre sus dedos. Los jóvenes seguían haciendo rugir sus motores en el sitio, mientras Yamato alternaba su mirada entre la hierba que arrancaba inconscientemente y las motocicletas que tenía enfrente. Relajó su expresión al verlo, llegando incluso a sonreír, mientras retomaba su dibujo.
—Escuché algo sobre que el ruido de las motocicletas está relacionado con cierto complejo masculino —dijo como si nada.
Se dio cuenta de que había captado la atención de su novio al encontrarse con su intensa mirada.
—¿Complejo?
Ella no llevó más allá su explicación, ni falta que hizo porque su rubor, así como sus labios apretados desviando la mirada en busca de aquel pájaro fue más que revelador para Yamato. Las motocicletas volvieron a llamar su atención cuando el ruido se intensificó un instante, para después, al fin, alejarse del parque. Sora no pudo evitar una risa culpable.
—No digo que sea cierto, pero es gracioso pensarlo —musitó, queriendo disimular con su dibujo, pero mirando de reojo la reacción de Yamato.
Este, que había seguido con la mirada las motocicletas hasta que se perdieron, estiró los brazos y los llevó tras su cabeza, recostándose sobre su chaqueta celeste, bajo aquel árbol que escondía pájaros entre sus verdes hojas.
—En realidad, eso de quemar gas como un pandillero está pasado de moda. Prefiero ser más silencioso —dijo, como si siempre lo hubiera pensado, cerrando los ojos con tranquilidad.
Sora contuvo la risa, pero no la sonrisa que se agrandó cuando un pájaro, pio desde una rama.
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