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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 14/3/21
Pareja: Kenyako
Tiempo: 18m y 5s
—Amor—
Tras un traspiés que, como el anterior, a punto estuvo de derribarla, Miyako alcanzó el aseo.
—No quiero —gimió Ken.
—No me importa, lo harás —dijo autoritariamente Miyako.
No le costó demasiado esfuerzo que Ken cayera de rodillas frente al inodoro, quizá de una manera un poco brusca. Lo sintió ella por él, que en su estado no era capaz de sentir nada.
—No, no, no, no quiero vomitar —se resistía Ken, moviendo la cabeza.
Miyako se la detuvo sosteniéndole la frente con la mano que pasó por encima de su cuerpo, mientras la otra se dirigía a su boca.
—Debes hacerlo, si te deshaces de todo el alcohol que está en tu estómago antes de que llegue al hígado mañana estarás un poco mejor. —Miró su aspecto demacrado y suspiró—. Solo un poco.
Ken, que parecía haberse calmado mientras la escuchaba, volvió a revolverse al sentir esos intrusos dedos colándose por sus labios.
—¡No!, ¡Daisuke no me dijo nada de eso!
La mujer apretó los dientes furiosa como si hubiera mentado al mismísimo demonio. Obvio era el responsable del estado de su novio: «Será una tranquila salida de amigos. Yo cuidaré de él», habían sido sus palabras antes de secuestrarlo aquella noche.
—Daisuke es hombre muerto cuando lo vea. Y tú también lo serás si no dejas que te meta los dedos.
Y Ken quedó sin capacidad de reacción cuando violentamente Miyako se introdujo en su boca y las arcadas vinieron, y le siguieron el alcohol y hasta el ramen.
—El amor es un asco —gimió Miyako, viendo el espectáculo.
Estiró la mano sin soltar a Ken —que de lo contrario habría acaba dentro del inodoro— y tomó la toalla que estaba junto al lavabo. Se limpió los dedos en ella y esperó el último espasmo de su novio. Todavía con la mano en su frente, le ayudó a dirigir el rostro hacia ella.
—Siento ser un asco —dijo, entrecerrando los ojos.
—No he dicho que tú seas un asco —respondió Miyako, limpiándole cuidadosamente.
—Pero has dicho que el amor es un asco y yo soy tu amor —susurró, apoyado ya en el pecho de Miyako.
Pese a todo, la mujer sonrió enternecida por sus palabras y besó dulcemente su sien.
—Vamos a la cama —dijo, removiéndolo. Pero él tan solo gimió, acomodándose más—. Ken, ni se te ocurra dormirte aquí. —Lo zarandeó, pero él ni se inmutó—. ¡Ken, no puedo cargarte hasta la cama! ¡Ken, está frío el suelo! ¡Ken, hueles a vómito! ¡Ken! ¡Ken! ¡Ken!… —Un ronquidito y suspiró derrotada—. Esto es un asco.
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