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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 28/3/21

Pareja: Kenyako

Tiempo: 18m y 29s

Libro—

—¿Qué lees?

Miyako se sentó en el reposabrazos e inclinó la cabeza para leer el título. Hacía tiempo que no veía a Ken relajado con un libro. De hecho, era posible que jamás lo hubiera visto disfrutando de una lectura desde que convivían debido a que sus libros de estudio habían estado monopolizando todo su capacidad lectora en el último tiempo. Ken elevó el libro para facilitarle la visión y Miyako sonrió ilusionada.

—¡Harry Potter!, ¿lo estás releyendo?

—Leyendo —corrigió Ken, regresando el libro a su posición.

—¿Nunca lo leíste? —cuestionó sorprendida. De que así fuera y de que lo desconociera. Su novio tan solo encogió los hombros—. ¡Por qué no me los pediste!

A Ken se le escapó una risa por semejante indignación, mientras Miyako, ya de pie y con las manos en las caderas, repasaba mentalmente los últimos años de su vida y como se había relacionado con el que ahora era su novio y Harry Potter. Sí, era posible que nunca hubiera hablado de Harry Potter en profundidad con él, aunque juraría que por lo menos un par de películas sí habían visto juntos.

—Los tuve todos —empezó Miyako, entre sus memorias—, pero ahora que lo pienso tampoco te los podría haber dejado porque en mi familia era imposible que un libro sobreviviera. ¡A mí casi nunca me llegaban y si lo hacían estaban pegajosos o incluso les faltaban páginas!, y todo por culpa de Mantarou, que es un desastre y sus amigos más, ¡y claro!, tenía que prestar el libro a todas sus amistades primero antes que a sus hermanas, ¡por supuesto! —Apretó los puños furiosa, pero no tardó en cambiar su expresión por la de una sonrisa de triunfo—. Pero con Harry Potter me planté y conseguí que en la familia Inoue los libros se heredasen de menor a mayor, así que pude disfrutar de todos los libros nuevos... —Se llevó las manos a la nariz como si pudiera percibir ese olor a tinta recién impresa. Cerró los ojos y cuando los abrió resonó una estruendosa carcajada—. Y lo mejor de todo es que mis hermanas y yo decidimos vengarnos de Mantarou demorándonos un montón en leerlos (en realidad los leíamos rápido pero no se los pasábamos) —dijo esto como si fuera un secreto—, y recuerdo que le pegamos algunas páginas y el pobre se volvía loco porque no entendía que estaba sucediendo… —no pudo continuar debido al ataque de risa que se había provocado.

Inclinada y con la mano sujetándose la tripa, siguió riendo descontrolada ante la divertida mirada de Ken. Cuando se encontró con ella, Miyako hizo un esfuerzo por calmarse.

—Lo siento, ya dejo que sigas leyendo.

Pero en un rápido movimiento, Ken sujetó su mano y la atrajo hacia sí.

—Harry Potter puede esperar un poco más —dijo, cerrando el libro y dejándolo a un lado. Tomó la otra mano de su novia y la arrastró hasta su regazo—. Ahora prefiero seguir escuchándote.

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