Buenoo, ya salió =)
Éste capítulo será cortito (aunque no lo parezca xD) y es antes del viaje. Al releer el capítulo anterior me di cuenta de que hacía falta escribir unas cosas que necesitaban hacer antes del viaje.
Pero sin más, os dejo con él =)
Os recuerdo en imaginación Fanfiction tenéis algunas charlas de chat relacionadas a este capítulo xD.
ºCapítulo 17º
Preparación
La juventud puede sentirse a veces como un cohete.
Uno que sube hasta el cielo y estalla.
Otro que se estrella.
¿Cuál es el tuyo?
.
Cuando Kakashi entró el aula era un verdadero caos. El anuncio del nuevo viaje tenía a los chicos emocionados, enfadados, temerosos y como culos inquietos. No era de extrañar. Aunque les había advertido que tendrían que seguir estudiando y comportándose, era irremediable que pasara lo que estaba sucediendo.
Hinata y Shikamaru estaban siendo unos buenos delegados, en realidad. No tenían la culpa de que sus compañeros estuvieran cargados de hormonas y sus emociones estuvieran en un nivel muy alto que los atraía a ellos mismos. Pues no se podía olvidar que, igualmente, eran adolescentes.
—¿Qué tal si todos os levantáis y os colocáis al lado de las ventanas? —propuso nada más entrar y alzando la voz por encima de las suyas.
Los muchachos se detuvieron para mirarle.
—¿Es que nos van a cachear? —preguntó Kiba enarcando una ceja.
—No —respondió. Tuvo que hacer su mejor esfuerzo por no reírse de su creencia—. Voy a cambiaros de sitio.
—¿Eeeh? —protestaron algunos—. ¿No estamos bien?
—Se os sentó así el primer día para conoceros —explicó—. Y es época de cambio en toda la escuela, así que vosotros no vais a ser diferentes.
Eso era verdad. Cada cierto tiempo solían modificar las posiciones de los alumnos. Algunos les gustaba decir que era para fomentar la tolerancia y amistad entre ellos. Otros, para separar a los problemáticos y los cuchicheos. Kakashi sabía de sobras que esa clase estaba lo suficientemente unida como para no importar quién se sentara con quien.
Excepto por Menma Uzumaki. El cual no estaba presente. Quizás por eso había menos tensión en la clase en esos momentos.
—Hinata sostendrá una caja con números. Los mismos os guiarán para entender qué lugar os toca. Comenzará con el uno desde este pupitre —señaló el que estaba cerca de la ventana, frente a la mesa del profesor—. Y continuará hasta el que ocupaba Sasuke.
Mientras hablaba, Shikamaru iba dibujando en la pizarra el orden de numeración para ir tachándolos a medida que se iban sentando.
—¿Qué pasa si sale un número que no queremos? —preguntó Lee.
Kakashi sonrió amigablemente.
—Os fastidiáis.
Algunos se rieron por la respuesta, otros chasquearon la lengua.
—Chicos, seamos lógicos. Sois inteligentes y sabéis que la vida no es tan sencilla. A veces os va a tocar un trabajo que no os gusta hasta que os acepten en el que queréis, y vais a tener que mamaros mucha mierda mientras —aseguró—. Id fomentando la paciencia de esta forma.
—¿Y quién sacará el papel por los que están ausentes? —pregunto Sakura.
—Bueno —dijo pensativo—. ¿Voluntarios?
—Yo puedo sacar el de Ino —se apuntó enseguida ella misma. Kakashi asintió.
—Yo el de Sai —añadió Naruto.
—El de Gaara y Temari puedo hacerlo yo —indicó Shikamaru.
—Pues perfecto —aceptó. Luego que Shikamaru le indicara que ya estaba todo listo, Kakashi los miró—. A ver, Choûji, ya que estás el primero en la pared, saca tu número.
El muchacho avanzó emocionado. Metió la mano con tanta fuerza dentro de la caja, que casi tira a Hinata con ello.
—Con cuidado, anda —recomendó.
—Lo siento —se disculpó el joven. Hinata le sonrió en aceptación.
—El quince —anunció ella cuando vio el número en el papel.
Shikamaru tachó el número en la pizarra.
—Bien. Cuando estés en tu puesto, une tu asiento con el que esté más cerca de la ventana. Iréis colocando los pupitres de forma que queden dos y dos. ¿De acuerdo?
—¿No estaremos muy juntos? —sopesó Karin.
—No —negó Kakashi—. Estaréis bien. Venga, Karin. Por hablar, te toca.
La chica chasqueó la lengua. Avanzó hasta la caja y tras sacar un papel, se lo mostró a Hinata.
—El dos —informó Hinata.
Karin recogió sus cosas de un pupitre al otro, uniéndolo con el otro. Se acomodó. Kakashi le dio tiempo mientras estudiaba a los demás.
—Lee.
—¡Yosh! —aceptó este emocionado. Caminó a zancadas hasta Hinata, que le recibió con una risita amable y le ofreció la caja. Finalmente, cuando sacó su número lo mostró con orgullo, como si acabara de pescar el mejor pez de todo el mundo—. ¡El cuatro!
Shikamaru tachó el número y Lee avanzó hasta unir los pupitres y llevar sus cosas.
—Naruto.
El chico saltó como un ratón, esbozando una amplia sonrisa a medida que se acercaba a Hinata, como si fuera un depredador hacia su presa. Se percató de que la muchacha enrojecía y que la caja temblaba en sus manos. Todos, en silencio, observaron mientras él la aferraba con la mano de la chica bajo la suya y sacaba el número. Después, se lo mostró.
—Di… Diecisiete —tartamudeó Hinata.
Naruto se quedó ahí.
—¿Naruto? —preguntó Shikamaru.
Continuaba completamente ido, con la mirada clavada en Hinata, las cejas muy juntas y los labios tensos.
Kakashi suspiró.
Malditas hormonas.
Se levantó y lo golpeó con la carpeta para hacerlo reaccionar.
—A tu sitio —le ordenó antes de que armara un escándalo.
Escuchó a Hinata suspirar tras de él, aliviada. Había sido un momento tan intenso, que todos parecían agotados. Como si acabara de aparecer un volcán en medio de la habitación.
Carraspeó.
—Kiba.
El chico efectuó el mismo camino y paso que los anteriores y mostró el papel.
—Cinco —anunció Hinata.
Miró a los demás.
—Sakura.
La chica asintió y esquivó a Sasuke al pasar. Se detuvo frente a Hinata, sonriéndole. Metió la mano y la movió hasta sacar su papelito, que le mostró.
—Siete para Sakura —informó Hinata.
Justo junto a la ventana. La muchacha pasó sus cosas en silencio. Era curiosa la suerte. Naruto había quedado de nuevo atrás, pero donde anteriormente se había sentado Ino. Sakura en segunda fila, en el asiento de Shikamaru, al que le puso las cosas con cuidado en su bolsa para dejarlas a su lado.
—Tenten.
La susodicha avanzó arrastrando los pies. Pareciera que no hubiera dormido bien y que alguien le hubiera chupado la energía. Miraba nerviosa hacia la puerta y se mantenía algo alejada de las ventanas.
—El dieciocho —anunció la voz tímida de Hinata.
Tenten suspiró, tomando sus cosas y caminó hasta sentarse junto a Naruto.
—Tenten, une tu mesa mejor con las otras dos y deja que Naruto esté sentado en dos.
—Vale —aceptó empujando las mesas a su petición. Naruto chasqueó la lengua.
—No voy a comérmela —protestó.
—No —negó—. Pero así no se rompe la armonía que dan las mesas a la clase. Así que, chitón —recomendó.
Naruto no volvió a hablar.
—Shino.
El chico pasó a su lado en silencio y Hinata le ofreció la caja encantada. Podía notar sus preferencias emocionales en cada ofrecimiento.
—Doce —indicó.
Shino caminó en silencio hasta el final de la segunda fila, sentándose. Estaba en el mismo lugar que antes.
—Matsuri.
La muchacha asintió y avanzó. Se detuvo frente a la caja con el ceño fruncido y miró de soslayo hacia Shikamaru, luego la caja.
—¿Ocurre algo? —preguntó confundido.
La muchacha enrojeció, dando un respingo.
—Quiero… sacar el número de Gaara —expresó—. Si no es molestia… yo…
—Hazlo —aceptó Shikamaru.
Kakashi asintió.
—Entonces, saca dos números a la par. El primero será para ti y el segundo para Gaara —indicó.
Matsuri esbozó una emocionada sonrisa. Se animó tanto que estuvo a punto de tirar a Hinata en el proceso de sacar ambos papeles, que le entregó.
Hinata abrió el primero.
—Once —indicó—. Y el de Gaara… Diez.
Sakura dejó escapar una carcajada que cubrió rápidamente.
—Perdón —se excusó—. Es que, si hubiera querido que salieran juntos, no salen.
Matsuri, completamente emocionada, recogió sus pertenencias para sentarse junto a Shino. Aunque no era el chico lo que la hacía feliz de estar ahí, sino la persona que se sentaría a su lado.
Interesante.
—Neji.
El muchacho avanzó silenciosamente. Con ternura, Hinata le ofreció la caja y él sacó uno de los números que le mostró.
—Dieciséis.
Kakashi casi pudo escuchar el aliento de Naruto abandonarle. Seguramente, con la esperanza de que fuera otro Hyûga diferente el que ocupara su lugar. Neji no dijo nada, tomó sus cosas y se sentó junto a Naruto.
—Sasuke —indicó con cierta curiosidad.
Uchiha avanzó hasta detenerse frente a Hinata. Esta le ofreció la caja. Pareciera que la tensión que anteriormente los embargaba cuando estaban juntos había desaparecido. Incluso Hinata le sonreía.
Cuando sacó el papel, lo dejó firme frente a su rostro para que lo viera.
—Uno.
Sakura soltó un siseo entre dientes. Cambió de postura, incómoda, cruzándose de brazos y desviando la mirada a la ventana. Karin no parecía estar mejor. Pálida, se mantenía tensa. Cuando Sasuke terminó de recoger sus cosas y sentarse entre ellas, pareciera que aire se podía cortar con un cuchillo.
—Vaaale —musitó alargando la palabra adrede—. Karui, saca tu papel. Después sacaremos el resto y el de Tamaki.
Karui no parecía tan unida al resto. Tsunade tuvo que traerla de otro país. Apenas estuvo en conjunto a la clase y ahora, se notaba. Sin embargo, los chicos no le habían hecho ningún tipo de vacío.
—El seis.
Sin que tuviera que indicarle nada, la chica se movió hasta la mesa indicada. Kiba le sonrió, pero simplemente lo ignoró y se acomodó de forma que le diera la espalda y pudiera mirar hacia atrás. Kakashi se preguntó qué habría ahí de interesante para ella.
¿Neji? ¿Naruto? ¿Tenten? ¿Choûji?
—¿Tamaki? —cuestionó girándose hacia ella.
La chica de pulsera de gato avanzó hasta sacar su papelito. Se mantenía siempre callada y más observando a las personas que Kakashi muchas veces se olvidaba de ella (3).
—Catorce —anunció mostrando el papel a Hinata, quien se quedó con la boca abierta al quitarle su rol, incluso parpadeó algo perdida y azorada. Kakashi le indicó con un gesto que se sentara.
—Vale. Ahora, los que faltan.
Hinata asintió y se acercó hasta Sakura. Ésta metió la mano dentro para sacar un papel por Ino.
—Veinte—anunció Hinata.
Después, caminó hasta Naruto. Kakashi esperó que no sucediera lo mismo de antes. Por suerte, que Neji estuviera presente pareció incomodar a ambos y Naruto se concentró en sacar el papel para Sai.
—Diecinueve —informó Hinata volviendo sobre sus pasos.
—Sacaré el de Temari —indicó Shikamaru oscilando su mano dentro de la caja, luego, mostró el papel—. Tres.
Lo apunto en la pizarra y se volvió para sacar otro para él.
—Ocho —dijo marcando también. Sakura levantó sus cosas y la posicionó a su lado. No había viajado demasiado. Sólo cambiar de un pupitre, al de al lado.
Kakashi se acercó a ellos.
—Muy bien, saca el tuyo, Hinata.
La muchacha asintió y movió los tres últimos papeles que quedaban. Sacó uno.
—Nueve.
Shikamaru asintió y lo tachó.
—Dame, sacaré el de Menma —indicó Kakashi. Ella se acercó. Pronunciar su nombre fue como apagar la llama. Los dos asientos que quedaban libres era o al lado de Matsuri o junto a Choûji. —catorce.
Choûji no se cortó en soltar un taco antes de meterse una patata en la boca. Kakashi y muchos profesores ya se habían rendido con querer que dejara de masticar en clase, ya que los demás no parecían molestarse y la concentración de Choûji no menguaba.
Kakashi le restó importancia. No iba a comenzar un sondeo para obligarles a llevarse mejor entre ellos. Debían de limar sus propias asperezas. Aunque comprendía la tensión. Desconocía los motivos de todos, pero entendía de Menma.
Tsunade ya les había advertido.
—Bien. Como sabéis, las clases de hoy serán más que nada para prepararos para el viaje —explicó—. Rin, nuestra psicóloga, Azuma, al que ya conocéis, Shizune y yo, seremos vuestros tutores de este viaje. Espero que hayáis comprado las cosas que indicaban en la lista.
—Dice que vamos a una playa —intervino Kiba—. ¿No vamos a morirnos congelados?
—No —negó—. Si estuvieras un poco más puesto en geografía, sabrías que existe cierta playa a dos horas de vuelo cuyo clima entra dentro de la frontera de verano. Pero como tu nivel es de sobrevivir, me voy a pensar seriamente en meterte a clases de recuperación.
—¡Ahg, no! —protestó Kiba escurriéndose por el escritorio.
Los demás se rieron.
—¿Habéis entregado todas las peticiones firmadas? —preguntó.
Shikamaru negó con la cabeza. Sakura empezó a levantar la mano.
—Tú no necesitas hacerlo y tampoco Karin —añadió—. Ya tenemos las vuestras.
—Entonces, están todas —afirmó Shikamaru.
—Perfecto —aceptó suspirando—. No llevéis mucho dinero, sólo el que consideréis necesario. Si vais a llevar comida, recordar guardarla hasta encontrar una papelera. No tardéis. El avión no es un autobús que se pueda hacer esperar.
—Entonces, ya sabemos qué ha pasado si no vemos a Kakashi-sensei —bromeó Naruto.
La clase se echó a reír. Kakashi tuvo que hacer su mejor esfuerzo para no sonreír. Aquel muchacho era único.
—Si llegas tarde, Naruto, irás sentado en cuclillas todo el vuelo —advirtió.
Uzumaki maldijo y se golpeó la frente, aterrado.
—¡No me dormiré! —aseguró—. ¡Sakura-chan, cuento contigo!
Sakura le miró con la boca abierta.
—¿Y yo por qué? —protestó—. ¡No soy tu despertador!
—¡Pero vives conmigo! —gimoteó.
Sakura apretó el puño.
—¡No digas eso que puede confundir a la gente! —acusó.
Kakashi intervino antes de que Sakura se levantara para golpearlo.
—Como sea. En serio. No lleguéis tarde —indicó—. Nos encontraremos en la entrada de la escuela y de aquí nos iremos al aeropuerto. Así que no olvidéis nada, porque no vamos a esperar.
—¿Qué pasa si nos quedamos sin ir de viaje? —preguntó Matsuri.
—Tendréis que hacer clase con Gay-sensei, no iréis a casa a dormir —explicó.
Lee se puso en pie de un saltó.
—¡Eso es demasiado maravilloso!
—¿¡QUÉ PARTE!? —gritaron los demás.
Pero Lee parecía estar en otro mundo de imaginación adoradora del profesor de gimnasia.
—Bueno —continuó—. Nos hospedaremos en un hotel afiliado a la escuela. Habrá toque de queda —que, sabía, muchos intentarían saltarse—. También tendréis actividades que ayudarán a subir vuestras calificaciones. Hinata —nombró mirándola—. ¿Puedes repartir las libretas?
—Sí —asintió poniéndose en pie para ello. Mientras las fue repartiendo, él continuó.
—Habrá un último día libre —explicó—, pero no os subáis a la parra —advirtió.
El timbre interrumpió sus palabras.
—Shikamaru, Hinata, cuando terminéis con eso, id a la sala de profesores.
Ambos asintieron y él se marchó.
Organizar un viaje era incluso más agotador que dar clase. Los alumnos solían disfrutar de ello y los profesores viajaban tensos y preocupados. Y más, cuando de una clase problemática se trataba.
Aunque la que estaba más estresada en ese momento era Shizune. Debía de encargarse de los dos enfermos y no cesaba de pelearse con el hotel, con el hospital y con cualquiera que osara si quiera toserle al lado.
Asuma continuaba arrastrando el mar humor y la frustración que le causaba que Kurenai no fuera con ellos y Rin… Bueno, ella continuaba sin hablarle. Le esquivaba cuando se quedaban a solas y no le miraba a menos que fuera necesario.
Iba a ser un viaje muy largo.
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Tenten se sentía completamente molida. Como si le hubieran dado una paliza nada más despertarse. Estresarse con cada movimiento, cada ventana o cualquier oportunidad que se sintiera indefensa no ayudaba.
Pese a que realmente no había hecho nada malo, la angustia la carcomía.
Se había despertado asustada y mareada al no reconocer el lugar en el que se encontraba. Poco tardó en descubrir a Neji sentado de nuevo en la silla frente a su escritorio, observándola con una ceja levantada, precavido. El chico no preguntó los motivos de su miedo y le dio espacio para recuperarse y entender que estaba a salvo.
Ya amanecía, así que era inevitable que ambos tuvieran que regresar a clases y ella, recuperar su uniforme y sus cosas. Neji no abrió la boca ni siquiera cuando le entregó algo de ropa para ponerse. Primero pensó que se lo pediría a Hinata, pero no, abrió su armario y la dejó escoger libremente.
Tenten había doblado la ropa al terminar y ahora, descansaba a los pies de su cama en espera de que se la devolviera. Sin embargo, había descubierto que la ropa de hombre era sumamente cómoda. O quizás, fuera porque era de Neji. Normalmente, cuando robaba ropa se aseguraba que fuera cómoda para correr —y generalmente eso funcionaba con las pegadas al cuerpo—, y cálida paras las duras noches de invierno o frescas para las de verano.
Después de eso, estar junto a Neji estaba convirtiéndose en un remanso de paz que no le gustaba. No quería vivir con miedo toda la vida, desde luego, pero tampoco quería depender tanto de una persona y menos, de él. Si lo inmiscuía más de lo que hizo al correr hacia su casa, alterada por el pavor de morir, podrían terminar hiriéndole.
Aunque… nunca supo si Tayuya llegó a decir algo sobre Neji a sus compañeros. O al que la mató.
Lo peor, es que Hinata también se vio inmiscuida sin quererlo. La chica se había sorprendido al verla y parpadeado tanto mientras miraba a su primo que de haber tenido pestañas postizas podría haberlas mandado a volar. Neji no le dio una explicación clara y simplemente, ambos habían abandonado el lugar para desayunar de camino.
Tampoco en ese trascurso Neji le preguntó nada. Aunque pareció dudar cuando le entregó su tostada y café portable.
Tenten las esperaba. ¿Cómo no iba a tener preguntas? Le había contado cuanto sabía sobre Tayuya y los demás, por supuesto. Estaba segura de no haberse quedado nada. Aunque no le había dicho nada todavía de lo que hablase con Shikamaru, si es que pudo llamarle.
Tampoco ella había hecho por preguntarle. Le daba un poco de cosa mirarle a los ojos y no sabía bien cómo agradecerle o disculparse. Estaba dándole tantos problemas que debería de mandarla al cuerno.
Además, Neji siempre había disfrutado de ser el perro guardián de Hinata. ¿Por qué ahora estaba más pegado a ella que a su prima? Bueno, ella también se había acercado, vale. Pero jamás pensó que dejaría a Hinata con las preguntas en la boca y la arrastraría a ella fuera.
—Tenten.
Dio un respingo casi a punto de chillar al sentir la mano sobre su hombro. Estaba tan concentrada en sus problemas mentales que había bajado por completo la guardia.
Neji estaba a su lado, atónito. Alejó la mano que había usado para tocarla y la bajó hasta meterla dentro del bolsillo del pantalón.
—Si no te tranquilizas vas a explotar —le dijo pausadamente.
—Lo sé, lo sé —reconoció respirando acompasadamente para tranquilizarse—. Es sólo que… creo que en cualquier momento podría pasarme algo. O a ti.
—¿A mí?
—Sí —confirmó—. Te expuse al ir a tu casa. También a Hinata. No sé en qué estaba pensado.
Se llevó las manos al rostro. Estaba tan agotada que deseaba echarse a llorar. Nunca se había sentido tan encerrada. Siempre encontraba una salida. Para ella sola. Ahora arrastraba consigo la dependencia de tener que sostenerse de otra persona.
Sintió que la tomaba de la mano y al apartar las suyas para mirarle, Neji la sostuvo. Fue como si su manaza se la tragase. Era cálida.
—En que tenías miedo y eso está bien —le dijo—. ¿Por qué tienes que hacer todo sola?
—Puedo huir de forma más sencilla —respondió automáticamente—. Si dependo de las personas, estas no tardan en cansarse de mí y se marchan, o hacen algo malvado que me arrastren con ellos. Me ha pasado con Tayuya, por ejemplo.
—Y con tu padre.
Tenten notó que se enderezaba. Esbozó una sonrisa automática y aprendida por el paso del tiempo.
—Qué va. Mi padre es un buen hombre. Librero.
—Mientes.
—¿Cómo voy a…?
Él entrecerró los ojos. No acusadores, sino cansados.
—Lo sabes —farfulló soltándose de su agarre para abrazarse a sí misma, como si fuera capaz de desnudarla—. ¿Cómo?
Neji miró por encima de su hombro para asegurarse de que no había nadie más que ellos en esa parte del pasillo.
—Itachi Uchiha —explicó—. Está asociado ahora mismo con mi tío y con la parte que me corresponde como heredero de mi padre. Anoche cuando te quedaste dormida salí para llamar a Nara. Mi tío me interceptó para acudir a una reunión. Estábamos revisando antiguos contactos del señor Uchiha…
Notó la aspereza con la que pronunciaba el apellido, estremeciéndose. Comprendía también por dónde iban los tiros. Su padre tuvo muchos contactos. Demasiados. Y no todos eran buenos.
—Tu padre estaba en esa lista —terminó. O eso pensaba. Cuando continuó sin hacer preguntas, Tenten tembló. Resultaba que Neji sabía más que ella—. Está muerto.
Se llevó una mano a los labios para ahogar un gemido. Apoyándose contra la pared, cerró los ojos. Neji se posicionó frente a ella, cubriendo la visión de los demás con su cuerpo. Fue algo que agradeció.
—¿Qué quieres que te cuente? —le preguntó a media voz.
—La verdad.
Tenten se lamió los labios, pensativa.
—Mi padre era un contrabandista de armas, pero como sabía que era algo malo, siempre os mentía y os contaba que era un librero. Era más sencillo decir que vendía libros que algo que podría matar a alguien por la calle o una guerra. Cuando me marché de clases fue cuando le detuvieron. Tuve que huir. Mis tíos no podían conmigo, pensaba que yo era salvaje y bueno, creo que tenían razón. Pero entonces, llegó la carta, pensé que era mi oportunidad y aquí estoy. Huyendo de todo. Mezclándome en todo y en nada a la par.
Le sonrió, agotada.
—Al final, mi padre murió y me he quedado sola del todo. Sin nada.
—Eso no es correcto —negó él. Al ver que no lloraba, se hizo a un lado—. Mi padre y Itachi están arreglando todo el daño causado por el señor Uchiha. Tú eres su heredera.
Tenten se incorporó con un respingo, levantando las manos. Antes de que pudiera negarse, él se las tomó y las bajó.
—Ni se te ocurra pensar que vas a negarte a ello. Es dinero limpio que vas a tomar.
—¡No podría!
—Puedes y debes —corrigió él—. Es tuyo. ¿Sabes por qué pillaron a tu padre?
Tenten bajó la mirada.
—Un negocio que salió mal.
Neji asintió.
—Tu padre blanqueó dinero para ti y eso terminó exponiendo sus otros asuntos. El dinero limpio fue absorbido egoístamente por empresas Uchiha. Es tuyo desde hace mucho tiempo.
Tenten no sabía qué decir. De no tener nada pasaba a tener mucho y eso era… aterrador. Neji pareció comprenderlo, porque suspiró.
—Aprenderemos sobre la marcha —le dijo.
Ella parpadeó, curiosa.
—¿Vas a ayudarme con ello?
—Le dije a mi tío que lo haría y lo haré —confirmó—. Además, estas todavía asustada con lo ocurrido. ¿Verdad?
Asintió, mordiéndose el labio inferior.
—Hablaremos con Shikamaru ahora —indicó él incorporándose. Continuaba sujetándola de las manos. Soltó una y empezó a avanzar—. Aunque estará hasta arriba con lo del viaje.
—Cierto, el viaje…
Le había gustado la idea de alejarse del lugar por un tiempo. Incluso había acompañado a las chicas de compras pese a no tener dinero que gastar. Por supuesto, no se había comprado nada y ahora, podía hacerlo. Era irónico.
—¿No has comprado nada?
—No. Después volví y hui, así que tampoco tengo nada hecho.
Neji lo sopesó.
—Llamaré a mi tío para que preparé una cuenta para ti y podrás comprar lo que necesites para el viaje con tu propio dinero. Será poco por ahora. Itachi no tiene todo bajo control.
—¿Itachi es el hermano de Sasuke?
—Sí —respondió encogiéndose de hombros y apretando los labios, como si le costara llegar a darle un halago.
Neji batalla su propia historia de perdón.
—¿Qué vas a hacer? —le preguntó repentinamente.
—Hablar con Nara —respondió mirándola como si no fuera obvio.
Ella negó con la cabeza.
—Con Hinata —indicó. Él pareció aún confuso—. Bueno, a ella parece gustarle Naruto y ahora sí que no le importa mostrarlo.
—Ah… —carraspeó—. Hinata-sama es libre de amar a quien quiera.
Tenten se detuvo, casi arrastrándolo consigo al continuar enlazados de manos.
—¡No puedo creerme que te estés rindiendo! —acusó sorprendida.
—¿Qué? —preguntó algo osco.
El orgullo masculino interponiéndose al sentirse atacado. Interesante y tonto a su vez.
Tenten se soltó para cruzarse de brazos.
—Por Hinata. ¿En serio te vas a rendir? Vale, reconozco que es una pelea inútil dentro de lo que cabe, pero…
—¿De qué estás hablando? —interrumpió Neji imitando su gesto.
Tenten parpadeó.
—¿No estás enamorado de tu prima? —Neji palideció—. Ey, que lo entiendo —indicó palmeándole los brazos—. No hay nada de malo que seáis familia. El amor es…
—¡No estoy…!
Bajó la voz, apretando los labios y gruñendo para sus adentros. Tenten lo miró sorprendida e intrigada, hasta que la aferró una vez más de la mano para hacerla andar y la soltó.
—Olvídalo —gruñó.
—Pero…
Se volvió para lanzar una mirada amenazante que no logró asustarla. Diablos, Neji había tenido muchas oportunidades realmente de hacerle daño y jamás lo hizo. ¿Qué habría de diferente esa vez?
Se puso las manos tras la cabeza.
—Vale, vale. Cuando estés preparado para afrontarlo, siempre puedes venir a hablar conmigo.
Quizás si Shikamaru y Hinata no hubieran aparecido en ese momento, Neji la hubiera estrangulado.
—¿Qué hacéis? —preguntó Shikamaru al verles.
Neji se volvió hacia él, dándole a ella la espalda.
—Necesitamos hablar contigo un momento.
Nara los observó con suma atención. Después, tras parecer entender que era algo importante, asintió.
—¿Podrás con todo, Hinata? —preguntó.
—Sí, sí —asintió esta comprendiendo la situación—. Iré a clases.
Neji asintió, observándola mientras se alejaba. A continuación, se volvió hacia el otro muchacho y empezó a contarle. Shikamaru les escuchó en silencio, cada uno contando sus versiones, sus sospechas.
—También persiguieron a Matsuri —explicó Shikamaru—. Por eso, Sakura está con ella. Sin embargo, a ti no te siguieron ni nada parecido. ¿Verdad?
—No —negó—. De eso me habría dado cuenta.
No quiso darle explicaciones de lo duro que había sido vivir en la calle, el acecho y demás situaciones nada cómodas.
—Entonces, no creo que vayan a por ti de ninguna forma. De todas maneras, no hiciste más que estar con Tayuya por unas horas.
—Sí, pero… —dudó.
Shikamaru asintió, comprendiendo.
—Hablaré con mi padre a ver si puede averiguar algo —suspiró. Parecía molesto con todos los problemas—. Al menos, estaremos un tiempo fuera de este lugar. Esperemos que se haya calmado cuando regresemos.
Esperaba que así fuera. No podía vivir toda la vida del mismo modo.
No, ahora, que había conseguido un milagro.
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Se apoyó contra la pared mientras la observaba colocar las fotocopias en las mesas vacías. Sola en la clase, sin ningún tipo de escudo que le impidiera ir a por ella. Podría caminar un poco más, estirar la mano y atrapar sus cabellos. Podría cogerlos todos entre sus dedos y tirar de ellos para que echara la cabeza hacia atrás. Podría pegar sus caderas contra su trasero, meter su mano entre sus piernas y destrozar su mentalidad aprovechándose de ese lugar tan delicado y especial para las mujeres.
Ya lo había intentado una vez, cuando la dejó expuesta frente al resto de esos inútiles pandilleros. Joder, se las dejó completamente en bandeja. Le rajó el uniforme y el sujetador, le abrió la falda. Era todo carne para las mentes menos imaginativas.
Y no sirvió de nada. Los estúpidos no supieron aprovechar nada.
No entendía por qué a su hermano le atraía esa mojigata. ¿Quizás fuera cierto eso de que las tímidas eran fieras en la cama? Aunque su hermano no tenía cara de habérsela tirado ya.
Era nauseabundo verles actuar como idiotas.
—¡Hinata!
La muchacha dio un respingo al escuchar la voz. Menma sólo tuvo que girar la cabeza un poco a su derecha para reconocer a Karin. Pálida, temblaba a medida que tragaba y miraba ansiosa a Hinata, quien, finalmente, se percató de su presencia. Dejó caer las hojas al suelo.
Soltó una carcajada.
—Mira que sois aburridas —acusó.
Las ignoró para ir hasta su escritorio, deteniéndose al percatarse de que había cosas en él que no eran suyas.
—¿Estás bien? —Karin se había acercado a Hinata para ayudarla a recoger las cosas.
Menma maldijo entre dientes, golpeando de una patada el escritorio. Ambas chicas gritaron a la par, retrocediendo. Su grito, por supuesto, despertó la atención del resto. Los primeros en avanzar fueron Nara, Hyûga y Choûji. La chica de moños se unió a las otras chicas, colocándolas tras de sí.
—¿Quién se ha sentado en mi pupitre? —preguntó.
Por supuesto, Nara se adelantó.
—Esta mañana hubo un cambio de asientos —informó. Se detuvo cerca de él, confiado—. Es mi asiento ahora. El tuyo está atrás, junto al de…
Dios. Fue delicioso callarlo. Su puño directamente contra su cara. Era cómico ver cómo caía hacia atrás, llevándose consigo algunas mesas y terminando en una postura realmente incómoda.
—¡Shikamaru! —exclamó el gordito de la clase—. ¡Ey, no tenías que hacer eso!
—No me gusta que nadie toque mis cosas —indicó indiferente.
—¡Naruto, no!
Detrás de ellos, le vio. Sujeto por Neji, quien alcanzó a detenerle, y por Sasuke Uchiha. Incluso Sakura se mantenía aferrándolo. Estaba colorado y sus ojos destilaban furia.
—Hun.
Karui se arrodilló junto a Shikamaru para entregarle un pañuelo y retener así el sangrado.
—Dais náuseas —siseó.
Empujó algunas mesas y pasó entre ellos hacia la salida. Se detuvo justo frente a su hermano. Naruto siseó entre dientes su nombre.
—¿Qué? ¿Ya le has llorado a mamá?
De nuevo, los demás tuvieron que sujetarle.
—¡Naruto! —nombró Nara con voz gangosa por la sangre—. Olvídalo.
Naruto maldijo entre dientes. Podía notar su mirada de odio en su espalda.
—Espera.
Se detuvo al escuchar la voz. Era sorprendente que se atreviera. Se volvió, curioso.
—Hinata —masculló Naruto sorprendido.
Ella lo ignoró. Pese a que temblaba, se detuvo justo frente a él y extendió sus brazos. Llevaba un panfleto y un libreto.
—Es para… para la excursión. Debes hacer estas tareas, por favor.
Luego, se inclinó y se alejó, entrando de nuevo a la clase cuando Neji tiró de ella.
Menma apretó las cosas entre sus dedos y les dio la espalda.
Definitivamente, eran asquerosos.
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Sakura apenas podía respirar. Deseaba que la campana sonara finalmente para dar por finalizada las clases.
Calmar a Naruto fue una odisea. Estaba furioso. Por lo que había pasado con Shikamaru, por la prepotencia de Menma y porque Hinata se había atrevido a ser educada con él. Además, Choûji les había contado que ellos entraron en clase porque escucharon a Karin y Hinata gritar, para descubrir que Menma estaba asustándolas.
Era como encender la mecha en una bomba.
Sabía que Menma quería eso. Y no sólo con Naruto.
Shikamaru, a su lado, se quejó cuando intentó inclinarse para apoyar la cara y dormir. Le tocó el hombro, preocupada, pero él la descartó con un gesto cortés de su mano para disipar su preocupación.
Quizás ella también necesitara un respiro.
Era agobiante sentirse atrapada.
Primero, tenía a Sasuke delante de ella. Ligeramente echado hacia atrás. La silla estaba pegada a su escritorio y no se atrevía a echarse hacia atrás. No por él, sino por Menma, que era el segundo punto, que estaba a su espalda. Había regresado cuando fue interceptado por Asuma y no parecía estar de mejor humor. Además, su presencia alteraba más a Naruto.
Desde su posición podía captar el aroma de Sasuke. Algo masculino mezclado con colonia. Le cosquilleaba la nariz, como si jugase con ella. Días atrás bien podría haberse sentido feliz, con el corazón danzando en una nube mientras gritaba por dentro. Ahora, la revolvía por completo porque la hacía flaquear.
Sería tan fácil extender sus manos y atrapar uno de sus mechones entre sus dedos…
Cerró los ojos con fuerza e intentó pensar en Sasori. No había podido hablar con él desde la mañana y no pudo decirle mucho, ya que Matsuri estaba con ella. Se alegraba de haber aumentado su amistad con ella y de que la ayudara en una noche necesitada.
Durante la comida tampoco habían podido encontrarse. Él le había enviado un mensaje avisándola de que tenía que ir al evento a toda prisa, ya que Deidara estaba dando problemas. No la quería allí mientras Deidara estuviera presente y comprendía los motivos. Ella tampoco se sentiría segura con él en ese lugar.
Sasuke se movió hacia delante para escribir. Su cabello se abrió un poco por su cuello y, para su sorpresa, descubrió que había un lunar ahí, oculto.
Diablos, quería tocarlo.
No, no quería hacerlo.
Se echó hacia atrás. Menma se echó hacia delante.
Pudo sentir su aliento en su nuca.
—Dime, Sakura. ¿Cuánto crees que vas a poder ocultar la verdad a mi hermano?
Pegó un grito, poniéndose en pie.
Todos se volvieron para mirarla, hasta Menma puso su mejor cara de sorpresa. Pálida, casi empujó a Shikamaru para salir. Ansiosa, necesitando libertad.
Asuma no la detuvo, pero sí a los demás cuando intentaron seguirla. Cerró la puerta tras ella, caminando sin rumbo. Necesitaba… necesitaba…
—¿Sakura?
Se detuvo al escuchar la voz. Hipó. Él tiró de ella para apartarla en un rincón y, cuidadosamente, la estrechó entre sus brazos.
—Está bien…
—No… no está bien —protestó—. No está bien…
Intentó controlarse. Tomar aire, relajarse. Cuando la campana sonó, estaba algo más relajada. Levantó la cabeza para mirarle.
—Gracias, Itachi-san.
Él lo descartó con un gesto de la cabeza.
—Me gustaría quedarme más, pero sólo venía a entregar unos papeles. Si Asuma me ve por aquí, seguro que se aprovecha para castigarme. —La estudió con la mirada—. ¿Estarás bien sola?
Sakura dudó.
—¿Qué tal si me encargo yo?
Ambos miraron hacia su derecha. Sasori los miraba con la cabeza ligeramente ladeada. Itachi apartó las manos de ella. Sasori casi sonrió.
—No necesitas ser tan delicado, Itachi —le dijo—. Ah. Asuma-sensei.
Itachi echó a correr. Literalmente.
Sakura cubrió su boca con la mano. La misma que Sasori tomó con cuidado.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó.
No sabía bien cómo expresarlo, pero lo hizo con cautela. La gente ya empezaba a abandonar las aulas. Algunos, con la esperanza de librarse de más clases.
—Comprendo. Es una verdadera encerrona —puntualizó.
—Mi suerte hoy está de capa caída —protestó apoyándose contra la pared—. Me sentía apresada… como si no pudiera respirar y…
—Es normal —confirmó él acariciándole la mano—. Estabas entre dos personas que no querías estar. Aunque me intriga a qué han venido esas palabras de Menma.
Sakura sintió que le dolía al tragar.
Las palabras susurradas por Menma era un claro ejemplo de que sabía la verdad. Del pasado que le escondía a Naruto.
Un vago recuerdo la mareó. Sasori la sostuvo con cuidado.
—Ey, pelirosa —nombró para distraerla—. ¿Qué tal si vamos a sentarnos o algo?
Cabeceó afirmativamente, hasta que alguien la aferró del brazo, tirando hacia el otro lado. Pensó que se encontraría con Sasuke, pero fue Naruto quien estaba a su lado, mirándola preocupado.
—Sakura-chan. ¿Te encuentras bien? —preguntó sin tapujos—. Estás pálida.
—Lo sé, Naruto —comprendió—, pero estoy bien. Sasori cuidará de mí.
—Más le vale —gruñó Naruto frunciendo el ceño—. Por cierto. ¿No vais las chicas de nuevo a ir de compras? Al menos, eso ha dicho Hinata.
Sakura maldijo entre dientes. Lo había olvidado por completo.
—Sí —confirmó. Miró a Sasori, quien asintió—. Lo siento —se disculpó.
—No lo sientas. Iré contigo —descartó.
Naruto no pareció muy convencido con ello.
—Está bien, un chico nos vendrá bien para cagar las bolsas. Uno que no vaya a poner nerviosa a las otras chicas —recalcó al notar que estaba por ofrecerse—. Hinata necesita pensar bien las cosas, Naruto. Te aseguro que valdrá la pena la espera.
Eso pareció convencerlo. Se formó una de esas sonrisas suyas que te daban ganas de apretar hasta que se riera más y, tras volver a indicarle con la mirada a Sasori que contaba con él, se alejó.
Sakura se volvió hacia Sasori.
—¿De verdad quieres venir?
—¿Por qué no? Me interesan las telas.
Sakura se echó a reír.
—Ya, las telas.
—Además —añadió mientras la seguía hasta la clase para recuperar sus cosas—. Voy a estar sin verte una semana o más. ¿No es cierto? Me sorprende que sólo vuestra clase se vaya de vacaciones.
—En realidad, tenemos que seguir dando clases —corrigió. Vio a Shikamaru caminar con su mochila hacia ella. La mejilla se le había hinchado—. Ah, Shikamaru —nombró algo tensa.
Sasori tensó la espalda, pero no abrió la boca mientras que el nombrado le entregaba la mochila.
—Dile a Hinata que no se preocupe. Yo me encargaré de lo que queda. Ya se ha disculpado como veinte veces, tks —protestó rascándose la oscura cabeza—. ¿Estás bien?
—Si lo dices por mí, estará bien —intercedió Sasori.
—Lo decía por su ataque de pánico —censuró Shikamaru encogiendo los hombros—. Sé que Sakura es capaz de mandarle a la otra vida de un solo golpe si quiere. Y… que no querrás a los dos titanes detrás de ti.
Sakura bufó.
—Naruto puede ser todo lo que quieras, pero no es un titán.
—Entonces, Sasuke es un demonio —se corrigió Shikamaru dándoles la espalda.
Sasori lo ignoró, adelantándose un poco.
—¿Qué tal está mi prima?
Shikamaru se detuvo para mirarle, esa vez, frunció el ceño con un gesto más severo del que esperaba ver nunca en él. Incluso sus ojos parecían fríos y lejanos.
—Mejor pregunta por tu primo —objetó.
Sasori levantó las manos en son de paz y le dio la espalda. Shikamaru chasqueó la lengua y continuó con lo que fuera a hacer. Sakura se acercó a Sasori, preocupada.
—Está bien —le dijo tomándola de la mano—. Es algo que ya me esperaba que sucediera. Imagino que, si mi prima sufre, Nara reaccionará de ese modo.
—Es complicado —sopesó.
Caminaron en silencio hasta el lugar donde les esperaban ya las otras chicas. Incluso Tenten parecía más animada con la idea de comprar lo que les faltaba.
—¿Está bien que venga un chico? —preguntó Karui.
Todas se miraron entre sí. Matsuri levantó la mano.
—¡Por favor, sí!
Las demás, que fueron advertidas con la situación de Matsuri, enseguida cabecearon una afirmación.
—¿No se aburrirá? —preguntó Karin.
Sasori le acarició la mano en una señal íntima.
—Os aseguro que no —garantizó—. Y tampoco me meteré o me quejaré. Quiero ver telas, así que estaré bien con vosotras.
Karui se cruzó de brazos.
—¿Insinúas que por ser mujer sabemos más de estos temas?
—Karui —nombró encogiéndose de hombros—. ¿Te imaginas a Naruto probándose bikinis?
Las risas estuvieron aseguradas. Hasta Hinata se cubrió la boca tímidamente para ocultar lo gracioso de imaginar esa situación.
Sakura levantó un brazo. El aire fresco la ayudaba a disipar la molestia anterior.
—¡Como sea! ¡Vámonos de compras!
—¡Sí!
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Era agradable estar un rato con las chicas. Conocerlas mejor. Había pasado de sólo estar con Temari a descubrir que las demás no dudaban en protegerla y siempre tenían un ojo sobre ella pese a que estaban emocionadas con las compras. Se había relajado tanto por sentirse tan acogida, que empezó a olvidar sus problemas y miedo. Claro que, no era tan sencillo olvidar que un tipo estuvo siguiéndote de la nada. Pero la vida continuaba y es lo que ella pensaba hacer.
Se había prometido a sí misma estar algo más atenta y consciente de lo que ocurría a su alrededor, por supuesto.
Revisó la lista que Temari le había dado. Compras para ella y para Gaara. De tan sólo recordar su última petición, aunque fuera una broma, le causaba vergüenza. ¿Cómo podía ser ella tan inocente para picar tan fácilmente en sus preguntas trampa?
Aunque le sorprendía que Gaara fuera capaz de bromear de esa forma tras lo que le había ocurrido. ¿Acaso para los hombres era diferente? ¿Sentían de otra forma? Lo dudaba. Ellos también podían ser heridos.
—Con tu tez, busca colores claros.
Dio un respingo. Sasori se acercó a ella tan sigiloso que no fue capaz de escucharle. Sakura le sonrió desde lo lejos y movió la mano con tranquilidad en un saludo.
—No estoy buscando bañador. Tengo del año pasado y servirá —explicó—. Pero quiero algo ligero y fresco para cubrirlo.
—¿Por qué? —preguntó sorprendido.
—Porque soy muy delgada y no me quedan bien. No tengo curvas.
Sasori se llevó una mano al mentón, pensativo.
—Eso es lo que tú crees. ¿Por qué no le preguntas a mi primo si piensa lo mismo? —propuso.
Ella dudó.
—¿Por qué debería?
—Porque creo que él tiene ojos en la cara —respondió encogiéndose de hombros.
Deseó golpearle por la broma, pero se contuvo.
—¿Realmente los hombres vivís en otro mundo? —preguntó—. ¿Acaso no siente dolor y miedo por lo que le hicieron? Yo estoy muerta de miedo de pensar en lo que podría haberme pasado si no llegáis a venir.
—¿Eso crees? —preguntó a su vez, suspirando—. Si nos pinchan, también sangramos. Nos duele. Nos mortifica. La gente tiende a reírse si un hombre llora por una mujer. Les causa ternura si llora por la muerte de un ser querido. Y se mofan si lloramos porque nos peguen o nos violen. Si olvidas a la gente, nosotros sufrimos. Sólo que nos lo niegan. Y, sinceramente, empieza desde nuestras madres o padres. Ya conoces a mi tío. Estoy seguro de que si ha visto a mi primo le habrá soltado algo hiriente, como si fuera un despojo por su situación. Marcará la casilla inequívoca para él de que Gaara debería de sentirse con suerte.
—¡Eso no…!
—Exactamente —confirmó él—. Justamente porque hasta ahora a Gaara lo estuvieron presionando tanto con eso, es que se torció. No veía salida. Si lloraba no encontraba consuelo porque debía de hacerlo detrás de las personas y no delante de nadie. ¿Qué le ayudaba a salir? —preguntó y luego la miró inquisitivamente—. Creo que ambos lo sabemos.
Matsuri no sabía a qué se refería. Quizás era algo que se le escapaba, pero Sasori no presionó.
—Supongo que no te acuerdas del día de la camiseta mojada (1). Mejor, eso salvará tu vida. De todas maneras —añadió dándole palmadas en la cabeza—. Habla con mi primo. No va a ser sencillo lidiar con esa parte tormentosa suya. Puede hasta que nunca pueda satisfacerte en ciertos puntos, pero bríndale calor.
—¡No me importa! —exclamó, completamente segura—. No… no es como si sólo quisiera a Gaara por esas cosas. Quiero verle feliz, quiero que vuelva a clases, quiero que vea que también hay luz en este mundo. Y que el mundo le merece a él.
Sasori retrocedió, divertido.
—Creo que idolatras demasiado a mi primo.
—No lo hago —protestó inflando los mofletes—. Es que él es genial.
Sasori se encogió de hombros. Desvió la mirada por la tienda.
—Ojalá pudiera ser tan sincero como tú.
—Puedes —aseguró aferrándose de la chaqueta del uniforme—. Debes, más bien. Sakura-chan es una buena chica y necesita ser feliz.
Sasori volvió a mirarla.
—¿Y qué te hace creer que yo soy quien la puede hacer feliz? —preguntó—. Ella está enamorada de otro hombre.
—Lo sé, pero… —balbuceó, confundida—. Creo que te está dando una oportunidad muy grande y abriéndote su corazón.
Sasori se metió las manos en los bolsillos, mirando hacia Sakura, quien parecía entablar una conversación muy seria con Hinata a cuenta de un bañador y un bikini.
—Sin embargo, soy consciente de la realidad. En el momento en que Sasuke Uchiha chasquee los dedos, ella volverá a ser suya.
—¿Realmente crees que Sakura es tan fácil?
—No se trata de ser fácil o no —negó él—. Se trata de amor. Un amor tóxico o incomprensible para otras personas. Pero ella parece ser del tipo que se enamora una vez en la vida.
—No la subestimes.
—No lo hago —aseguró inclinándose—. ¿Por qué mi primo te llama topitos?
—¡No me cambies de tema, jo! —protestó cruzándose de brazos.
Sasori alargó la mano hasta una camisa de verano. Matsuri la miró con la boca abierta.
—¡Lleva topos!
—Ya que te llama así… ¿Qué tal si le das un motivo?
Matsuri se echó a reír. Claro que ella sí sabía por qué le llamaba así y se enfadaba y avergonzaba a la vez. Pero era algo que no quería compartir con los demás.
—Sasori —dijo—. Por favor, no me llames así.
Él la miró con sorpresa.
—Entiendo. Eres igual que Sakura —indicó—. Ojalá yo encontrará una mujer así.
Matsuri no dijo nada, pero esas palabras parecían ya ir dirigidas a una mujer. Quizás todos estuvieran ya lidiando con problemas amorosos. Más de lo que a ojos de otro parecía.
Se fijó que en una parte de la tienda había sombrillas. Caminó hasta ella y cogió una de ellas. Con los recuerdos bailando en su cabeza, se dirigió hasta el mostrador.
Ella también debía de luchar.
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Terminó de hacer la maleta y miró su cama con cierta ensoñación. Quería echarse a dormir. No pudo hacerlo durante las clases debido al trabajo como delegado. Aunque Hinata le ayudase, la pobre era algo torpe y a veces le atrasaba más que ayudarle. Además, después de lo que había pasado en clase prefería que estuviera con las otras chicas que pululando de un lado a otra sola.
Eso también mantendría a Naruto tranquilo.
Le agradecía que se exaltara por él, pero no necesitaba incrementar la violencia sin sentido. Aunque debía de reconocer que ganas de devolvérsela no le había faltado. Todavía le dolía y tenía la cara hinchada. Por suerte, su padre no había preguntado de más y su madre, aunque demostró la preocupación maternal, guardó silencio cuando su padre se lo negó.
—Shikamaru.
Se volvió hacia la puerta al escucharla.
—¿Llevas todo?
—Creo que sí —respondió chasqueando la lengua. No quería pensar más en una maleta. Quería dormir.
—Por cierto, mientras te duchabas antes tu móvil no paró de temblar.
—Vibrar —corrigió.
Su madre le sacó la lengua y después, cerró la puerta. No había mirado su móvil en un buen rato y la idea de que Naruto al final hubiera hecho una locura, le aterraba de cierta manera. Menma era más fuerte de lo que parecía. El odio le daba fuerzas. Neji se lo había contado mientras hablaban de camino al aula, que Naruto no fue capaz de hacer nada en su primer encuentro. No negaba en las capacidades adaptativas de Uzumaki, que eran a veces como un bicho raro, pero Menma era superior en ese momento.
También había advertido a su padre en cuanto al tema de Tenten, por supuesto. Su progenitor había suspirado, irritado más por el hecho de que continuaran los problemas hacia ellos que por molestia. Igualmente, eso le daba más trabajo, así que tendría menos tiempo para volver a casa y eso implicaba que su madre se molestara.
Al menos, él no estaría una semana abriendo puertas en momentos más inoportunos y podían tomarse un tiempo para ellos.
Desbloqueó el móvil y vislumbró los mensajes. Había algunos de Choûji comentándole lo incómodo que se sentía con Menma a su lado, preguntando por su golpe y disculpándose por no haber actuado. Shikamaru le respondió mientras avanzaba hasta la cama.
También había uno de Ino protestando porque no hubiera ido a verla ni a Sai. Igualmente, le enviaba una fotografía de ambos para informarle de que estaba bien. Se preguntaba cuánto tiempo pasaría Ino con Sai. Era clara la culpabilidad que ella sentía hacia él, pero no era como si Ino no hubiera estado en peligro.
El otro mensaje era de Naruto que preguntaba si debería de llevar algunas revistas, de las prohibidas, que le había regalado Jiraiya en una de sus visitas. Shikamaru se negó, aunque sabía que igualmente Naruto haría lo que le saliera de un lugar que prefería no verle jamás.
Y el cuarto, era de Temari.
Se acomodó en la cama, curioso. Había enviado un mensaje de voz. No había insistido. Volvió a pensar que escuchar su mensaje de esa forma era demasiado íntimo de alguna forma. Podía escuchar los de Ino, los de Sakura incluso, pero por algún motivo, los de Temari conseguían ponerle nervioso.
Y más, después de aquel inesperado beso.
Diablos, no había conseguido coordinar su sueño para nada después de eso. Temari definitivamente, era una chica problemática y más inesperada que Ino.
Decidió darle al botón y agudizó el oído.
—¿Qué tal, bebé llorón? —comenzaba—. He hablado con Matsuri antes y me ha contado lo que ha sucedido en clase. ¿Estás bien?
Maldita fuera Matsuri y su facilidad para contarle las cosas a Temari.
[Tú]: 18:22: ¡Ey! No ha sido nada. Menma no es un gran conversador.
No sabía bien qué decirle. Cualquier cosa podría ser contraproducente con ella.
Se acomodó mejor, gruñendo cuando la cola empezó a molestarle. Siempre era la misma historia con ella, pero le molestaba el cabello en la cara y le daba pereza ir a cortárselo, así que tiró de la gomilla y se apoyó justo en la almohada cuando el móvil comenzó a sonar.
Era una video llamada.
De Temari.
Bien. Si uno estaba listo para que el corazón se le saliera por la boca, era ahí.
Presionó el botón casi a tientas y esperó, enderezándose.
—Ey, cuando los hombres decís que no ha sido nada en realidad ha sido de… todo… wa…
Shikamaru enarcó una ceja, echándose el cabello hacia atrás. Temari se había quedado congelada. Su boca fue abriéndose lentamente.
—¿Qué ocurre? —preguntó.
Temari pareció estar en las nubes un momento antes de balbucear, carraspear y alejar la pantalla. No estaba seguro del todo, pero juraría haber percibido algo de rubor en sus mejillas.
—Sí, bueno —murmuró—. El golpe no es tanto como pensaba —indicó.
—Ya te lo dije —protestó.
Temari continuaba algo enrojecida, pero sonrió. Antes de que pudiera añadir algo más, giró la cabeza hacia otro lado.
—Tsunade está viniendo. He de dejarte. Ponte cosas frías o algo —recomendó. Después, colgó.
Shikamaru volvió a recostarse. Dejó el móvil a un lado y bostezó.
Esa vez, dormirse, no fue difícil.
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Temari se tomó un momento para calmarse tomando aire y expulsándolo poco a poco. No recordaba nunca haber visto a Shikamaru de esa forma y… diablos, a ese chico le quedaba de maravilla el cabello suelto. Si lo llevara más veces así, seguro que no le faltaban chicas.
—Temari —nombró Tsunade llegando a su altura—. Quiero hablar con vosotros antes del viaje.
Temari asintió y se adentró después de ella. Gaara estaba recostado en la cama, mirando hacia la ventana. Le había pedido muchas veces que la dejara abierta y eso parecía ayudarle a tranquilizarse.
Caminó hasta posicionarse a su lado. Junto a la silla de descanso estaban ya preparadas sus maletas. Matsuri y Sakura le habían traído las cosas tan deprisa que apenas tuvo de tiempo de preguntarles nada. Al menos, tras revisar, tenía todo lo necesario.
—Tus análisis van muy bien, Gaara —comenzó la mujer—. Seguirás teniendo ataques, eso, desgraciadamente, continuará hasta que estés más estable.
—Entonces… —dudó.
Tsunade cabeceó una afirmación.
—Podéis estar tranquilos. Os voy a enviar a mi mejor médico con ustedes. Se encargará de cuidaros mientras estáis fuera. Igualmente, el hotel al que iréis esta enlazado a la escuela, así que tengo muchos de mis estudiantes allí que ya se han diplomado. No tenéis que preocuparos. Saldréis de aquí directamente al aeropuerto. Irán con vosotros Yamanaka y Sai.
—De acuerdo —aceptó.
—Y otra cosa —añadió extendiendo unos documentos hacia él. Gaara los miró durante un instante hasta que, finalmente, los tomó—. Piénsate bien si mereces perder esta oportunidad o no, Gaara. Te he tomado como uno de mis chicos y quiero hacer de ti quien quieras ser, pero eres tú quien decide al final.
Temari le miró mientras dejaba los papeles sobre la mesa frente a él. Inclinó la cabeza con respeto hacia Tsunade.
—Lo pensaré.
Temari sonrió y Tsunade asintió antes de marcharse.
—¿Sabes? Si fueras a clases seguro que podrías meterte más con Matsuri y ella estaría encantada.
De alguna forma, la muchachita parecía como una luz a la que su hermano podía aferrarse de alguna manera. Seguía preocupada por ellos y no olvidaba el terror que había sentido por ella durante ese tiempo, pero de alguna forma, el cambio de Gaara estaba dando menos preocupaciones.
Y Matsuri no parecía de las que se rendirían tan fácilmente.
Gaara la miró. Luego los papeles y, una vez más, por la ventana.
—Me lo pensaré.
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—¿Ha pasado algo en clases con Sakura?
Itachi esperó la reacción y esta llegó antes de lo que imaginaba. Los calzoncillos resbalándose de la mochila para caer sobre su pie. Al agacharse a recogerlos, erró y, tuvo que volver a hacerlo. Al final, los tiró con cierta irritación dentro de la maleta, junto al bañador.
Si Sasuke pensaba que lanzándole una mirada irritada iba a detenerse, estaba muy equivocado. No es como que él adorase chincharle… No. Adoraba hacerlo. Más cuando era tan obvio acerca de Sakura.
—La vi antes. Volvía de entregar unos papeles cuando choqué con ella. Parecía muerta de miedo.
Sasuke gruñó algo incoherente entre dientes.
—¿Qué?
—Que no lo sé —espetó al final. Más irritado de lo que esperaba.
Itachi lo ignoró.
—Después apareció Sasori. — ¡Ay! Acababa de hincharse la vena de su cuello. Eso era duro—. Los dejé a solas.
—¿¡Por qué hicis…?! —Itachi enarcó una ceja, esperando—. Olvídalo —dijo al final—. ¿Dónde está la crema solar?
Itachi se la extendió, divertido.
—¿No debía dejarlos a solas?
Sasuke tiró el bote de mala forma dentro de la mochila.
—Me da igual —indicó—. Como si iban juntos de la manita y soltando arcoíris por la boca.
Bien. Eso era mucho más de lo que esperaba de él. Los celos eran tan malos. Aunque podía ser divertido chincharle, Itachi era consciente de que presionarlo de más podría ser fatal. Quería que su hermano actuase, pero no dramáticamente.
—Creo que Sasori simplemente no va en serio con ella —le dijo ayudándole a organizar mejor la mochila—. Simplemente, ten paciencia. Ella la tuvo para amarte hasta ahora. ¿No?
Sasuke tensó su espalda, volviéndose en redondo para que no le mirase la cara. No necesitaba vérsela para comprender que estaba enamorado.
Suspiró.
—Sakura es una mujer delicada, Sasuke. Tendrás que currártelo mucho.
—¿Y qué sabes tú? —acusó, indignado de que le dijeran la verdad—. ¿Acaso tengo un sobrino por ahí que no sepa?
—No —negó totalmente convencido de ello—. No hubo ninguna mujer de mi interés. Sasuke, el horno no estaba para estas cosas. La diferencia, es que yo no quise apartar con dolor a las personas que me rodeaban como tú. Me largué, no fue bueno, lo reconozco. Tu boca te perdió de alguna forma, arréglalo.
—Qué fácil es verlo desde fuera —protestó Sasuke.
Si el timbre no les hubiera interrumpido, podría haber dicho algo más, un consejo más pertinente al momento.
Sasuke se escabulló para abrir, mientras él terminaba por ordenar un poco mejor su maleta, hasta que escuchó que le llamaba.
—¿De verdad no tienes nada que decirme? —preguntó Sasuke haciéndose a un lado.
La misma mujer de la noche anterior, junto al pequeño niño al que salvó, estaban en la puerta de su casa.
—Izumi —saludó sorprendido.
—Lo siento si molesto —se disculpó ella—. ¿Es un mal momento?
—No, no —negó mirando a su hermano de reojo. Parecía mal interpretar la situación. —Es Rin Uchiha.
—¿Rin? —preguntó entonces él sorprendido.
Ella asintió, algo cohibida.
—Sí, cuanto tiempo, Sasuke.
—¿La conoces? —preguntó sorprendido.
—Sí —confirmó Sasuke, sorprendido por su desconocimiento—. Izumi vivía al lado nuestra cuando éramos niños. Luego, no sé qué pasó que dejó de juntarse con nosotros.
—Sí, mis padres fallecieron y tuve que salir de esta zona por las deudas —explicó ella. Aunque había algo que no parecía contar.
—Y él, es… —puntualizó Sasuke mirando al niño.
—Oh, es Daisuke-chan, cuido de él. Es hijo de mi vecina y va a la misma guardería donde trabajo.
Entonces, parpadeó, mirando a uno y otro.
—¡Ay, no! No pensarías que era hijo nuestro. ¿Verdad? —preguntó azorada. La verdad, es que la timidez en sus mejillas le quedaba muy bien.
Sasuke torció el gesto.
—Sí, lo pensaba —respondió él por su hermano—. Sasuke tiende a mal pensar algunas cosas demasiado pronto.
—No he… Bah —les dio la espalda y se marchó. Justo entonces, su móvil sonó—. Discúlpame un momento, Rin —demandó.
Tras mover un poco los dedos por encima del chat, lo cerró, con una sonrisa divertida (2), que borró al mirarla de nuevo.
—¿Y bien? ¿A qué se debe que vinieras?
Ella suspiró y le dio golpecitos en los hombros al niño, quien no había dejado de mirarle en todo el rato.
—Quería ver a su héroe.
Daisuke-chan le miró emocionado. Casi podía verle brillar.
—Al parecer, cuando volvió a su casa se lo contó a su madre y ésta le explicó que las personas así debían de admirarse y considerarlas héroes —susurró.
Itachi se agachó hasta quedar a su altura.
—Bueno, deberían de pensar que son buenas para imitar. Salvar a las personas, protegerlas, aunque tengas que sacrificarte. Hay héroes trágicos y héroes brillantes.
—¿Cuál serías tú? —preguntaron ambos a la par.
Itachi los estudió con la mirada.
—El trágico. Me gusta más el trágico.
.
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Karin miró la profundidad de la piscina con cierta cautela. Mientras que Suigetsu caminaba alrededor del borde sin preocuparle caerse.
—Le he pedido a Tsunade-sama una habitación para mí —le dijo—. Así que no voy a volver a tu casa.
Él se detuvo para mirarla. Odiaba esa mueca burlesca suya, ese colmillo sobresaliente. Su cabello que parecía desteñido. Podía odiarle todo cuanto quisiera, pero le había salvado el trasero, debía de reconocerlo.
—También voy a dejar de responder a tus mensajes en la aplicación —indicó mostrándole el móvil—. Así que no envíes más.
—Sólo me preocupo por ti. Pareces de las chicas desesperadas que puede tirarse a la piscina cuando no pueden más.
Karin suspiró, cruzándose de brazos.
—No sé por qué te haces esa idea de mí.
—Uno no camina solo por la calle a plena noche porque sí. Ni siquiera una rabieta con tu madre debería de hacerlo. Así que… ¿Quién es el chico?
—Dirás los —le corrigió y luego maldijo por delatarse.
Se agachó y tras dejar el móvil a un lado, suspiró.
—¿No estabas de compras con las demás chicas?
—Terminamos pronto —respondió—. Sólo faltaban cosas para Hinata, algunas para Temari y creo que Matsuri.
—Imagino que no te has comprado nada —sopesó agachándose junto a ella—. ¿No tienes dinero?
Ella le miró con cierta burla.
—¿Qué pasa? ¿Vas a dármelo de pedírtelo?
—Podría —asintió pensativo—. Aunque aquí solo permiten un bañador reglamentario, no deberías de perder la oportunidad del sol del viaje.
—Eso suena realmente pervertido.
Levantó el puño, golpeándolo en el hombro.
—Dime, Suigetsu.
—Sensei. Te falta el Sensei.
Ella lo ignoró.
—¿Cómo hace uno para despegarse de su familia?
Suigetsu pareció sopesarlo.
—Bueno, la familia no siempre tiene por qué llevar tu sangre. Hay familiares de sangre que no valen una mierda y los que no llevan tu sangre, sí. Tú misma me comentaste que Naruto os veía de esa forma a todos ustedes, por ejemplo.
—Sí… pero él es familiar de sangre —musitó—. Él es mi primo —explicó al ver su mueca de confusión.
—¿Es uno de los hombres que te hacen sentir así?
—No, en realidad no —descartó. Naruto podía ser alocado y un culo inquieto muchas veces, pero no era el que la aterraba. El que la hacía gritar asustada por Hinata—. Es su hermano. Menma ha… contaminado toda mi casa y por eso no puedo… —Suspiró, interrumpiéndose así—, además, estoy sentada al lado de quien menos quiero estar.
Suigetsu se rascó el mentón, pensativo.
—¿No puedes pedir que te cambien?
—No, Kakashi-sensei lo ha dejado bien claro.
—Ah —asintió—. Entonces, tendrás que demostrar que eres mucho más fuerte que ellos.
Le revolvió el cabello con su mano. Ella bufó, irritada, se levantó y antes de que él tuviera tiempo de alejarse, lo empujó hasta tirarlo en la piscina.
Si las cosas fueran tan fáciles no estaría muerta de miedo.
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Ino suspiró mientras pasaba las páginas de la revista que había comprado acerca del lugar al que iban de viaje. Le gustaba las vistas y en otro momento, podría haber disfrutado como siempre de la idea de ir.
Sai no parecía tan interesado y aunque se mostraba inquieto, se negaba a aceptar la carpeta de dibujos. Incluso cuando le había ofrecido un cuaderno y un lápiz, se había puesto pálido y lo había desechado como si le quemase.
Necesitaba ayudarle con ello. No sabía bien cómo hacerlo.
Hasta que, justo frente a sus ojos, en la revista, apareció su respuesta.
—Hay un taller de dibujo al lugar al que vamos —anunció.
Sai la miró por un momento con ojos brillantes. Un brillo que se apagó en el mismo instante en que lo señaló con el dedo.
—No me interesa —dijo, descartándolo.
Ino apretó los dientes y los labios y bajó la cabeza.
Estaba a punto de pasar la página, cuando alcanzó a leer la letra pequeña. Le miró y sonrió para sus adentros.
Oh, sí. Te interesará.
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Dejó el móvil sobre la mesa a su lado para ponerse de nuevo a tensar los hilos cuando lo sintió en su espalda. Deidara jadeaba, frustrado y dolorido. Se acomodó a un lado mientras le observaba trabajar.
—¿Tu chica se va de viaje y tú estás aquí tan tranquilo? —le preguntó.
—¿Por qué no debería? —preguntó despreocupado. Ya había tenido una conversación a cuenta del viaje con Sakura. Ella estaba inquieta e incómoda, así que lo único peor que pudiera suceder, es que volviera más furiosa.
—¿En serio? Van tíos a ese viaje. Adolescentes. Hormonas.
—Tú eres el celoso, Deidara. El de la mente corrupta. No me mezcles en tus pensamientos.
Deidara chasqueó la lengua.
—No sé si eres ciego, tonto o qué, pero ambos sabemos que el hermano de Itachi estará ahí.
—Y ese pintor también —le recordó—. No intentes echar tus frustraciones sobre otros. Lo tuyo con Ino no iba bien desde el principio, porque fue una relación en la que tú querías destruir a otra persona.
—¿Y lo vuestro no? ¿Has pasado de amar a tu prima a amar a esa rosada de la nada? —gruñó.
Sasori suspiró, frotándose el entrecejo.
—Sakura es diferente de lo que crees, sé que no llegará a pasar nada que ella no quiera y, te aseguro, que ahora mismo no quiere nada.
—Ya —ironizó Deidara mirándole desde su altura—. Dime que no te has tragado esa mentira, hermano. Todas las mujeres son mentirosas y esta no será menos. Sasuke sólo tendrá que extender su mano y ella irá a él como un pato mareado. Le chorreará tanto el…
Sasori tiró de una de las cuerdas con tanta fuerza que chasqueó en el aire, golpeándole la nariz. Deidara maldijo entre dientes y tras darle una patada, se alejó.
Frotándose el costado donde lo hizo, bufó, mirando hacia el techo.
—Si eso llegara a pasar, y no es algo que descarto, ella está en su derecho. Al fin y al cabo, yo también la estoy usando.
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La idea del viaje era emocionante, aunque estaba cansada. Después de estar todo el día de arriba para abajo ayudando a Shikamaru y las compras con las chicas, había sido una locura. Pero volver a casa con ropa nueva era algo un poco más refrescante de lo que esperaba. En realidad, era la primera vez que hacía algo así con todas ellas. Con más libertad y menos angustia.
Pese a ello, debía de reconocer que le daba cierta vergüenza probarse la ropa en el probador, y aunque Sakura le había prometido hacer guardia, se negó con la promesa de enviarle después una fotografía.
La verdad era que le encantaba ese bañador. Tenía la parte superior de un bikini, con un lazo para cubrir el busto y la parte inferior era un pantalón corto con tela que ondulaba a su alrededor como si fuera una falda. Era cómodo y seguro.
Se lo puso nada más tener la oportunidad.
No era nada de hacerse fotos a sí misma, así que era algo complicado encontrar el ángulo correcto. Quería que se viera cómo le quedaba, pero era difícil sacarse a sí misma entera. Sopesó la idea de pedirle ayuda a Hanabi, pero lo descartó enseguida. No quería que su hermana tuviera ideas preconcebidas.
Así que simplemente escogió la fotografía que más le gustaba y la envió.
Dejó el móvil a un lado, despreocupada y tras cambiarse, se encargó de revisar su mochila por última vez.
Estaba segura de que ese viaje iba a ser emocionante.
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Naruto no conseguía dormir. La emoción del día siguiente, de lo que sucedía en su vida y las ideas que le bombeaban en la mente sin cesar lo tenían como un tren. Cuando el móvil vibró esperaba que fuera alguien estuviera igual que él en el grupo que había creado.
Pero no era un mensaje de él, sino de Hinata.
Su corazón dio un respingo y se sentó en la cama. De puntillas, se acercó a la puerta para asegurarse de que ni Sakura ni su madre estuvieran cerca. Sakura se había negado a dormir en su dormitorio esa noche, así que ocupaba el sofá. Se había excusado con querer ver una de esas películas románticas que les gustan a las chicas, pero cuando bajó a por un vaso de agua se la encontró con la nariz metida en el móvil también.
Imaginaba que tendría mucho que hablar con Sasori.
Guardándose un pensamiento de desagrado ante la idea, prefirió ignorarlo. Él había esperado que, tras su truncado amor, la mujer que había amado estuviera realmente con el hombre por el que suspiraba y no por otro al que… él odiaba. O Sasuke. Podía hacerse el tonto, pero notaba que esos dos estaban pasando un bache muy duro.
Decidió que no podía resolver ese problema en ese momento y se concentró en atender a Hinata.
Volvió a acostarse, a oscuras y presionó el botón del chat.
Y entonces, fue como si todo fuera enloquecido por sus hormonas. Todo su cuerpo. Desde la punta de sus cabellos hasta sus pies. Si Hinata había querido matarlo de esa forma, lo estaba logrando.
¡Por el amor hermoso! Eso era increíble.
Jamás pensó que Hinata se atrevería a enviarle una fotografía de ella de esa forma. La guardó en el móvil rápidamente, soplando como si fuera un condenado pervertido mientras lo hacía.
Nadie podía imaginarse las ganas que tenía de que llegara ese viaje. Quedaban horas, pero parecían meses.
No sabía si debía de contestarle a Hinata o no, pero al día siguiente, la fotografía habría sido borrada del chat, pero no de su móvil ni de su corazón.
Continuará…
(1); Ocurrió en capítulos anteriores. Sasori hace referencia a la bolsita de droga que Matsuri encontró.
(2) Es el chat que podéis leer en Imaginación Fanfiction xD.
(3) El error fue más de la autora, perdón xD.
