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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 11/4/21
Pareja: Kenyako
Tiempo: 24m y 9s
—Nya!—
—No te preocupes, tengo un plan. —Esas fueron sus palabras cuando la esperada llamada se produjo—. Abre tranquila… y deja el martillo.
Ken se perdió por el interior de la habitación con el martillo en la mano. Miyako, que lo siguió con la mirada, dio un respingo cuando el timbre volvió a sonar. Apretó inconscientemente las manos, esperando hallar aquel martillo. Se sintió impotente e indefensa y por unos instantes maldijo a Ken. Lo maldijo hasta que respiró profundamente y se recordó que debía confiar en él y en ese plan que tan secretamente había elaborado. Abrió, encontrándose al otro lado a un trajeado hombre con un archivador en la mano. Se presentó, pero Miyako no hizo esfuerzo alguno por grabarlo en su mente, tan solo pensó en su martillo, y en que con él, ese hombre ya habría echado a correr escaleras abajo.
—… supongo que recibió mis anteriores notificaciones —proseguía él, con aire profesional. Sí, las había recibido. Las había recibido, las había insultado, las había arrugado, las había martilleado y las había hecho pedazos. Movió las manos recordando su furia y pensando en que la cabeza de aquel que se presentaba como administrador estaría entre ellas—. En cualquier caso, hemos recibido quejas de vecinos asegurando que han escuchado un gato en este apartamento.
Miyako aún no sabía quien era el vecino traidor. Tenía sospechosos, pero como Ken le dijo, hasta que no pudiera demostrarlo, no debía sacar a pasear su martillo. Y en realidad, después tampoco. Pero de una cosa estaba segura y era que con o sin martillo, no renunciaría a su apartamento y mucho menos a su gato.
—Como sabrá cuando firmó el contrato, no se permiten animales de compañía en el edificio —seguía aquel hombre, abriendo el archivador.
¿Rescindir el contrato? ¿Ahora que lo había pintado, que Gato no huía y Ken sonreía? ¡Ni hablar!, ¡este era su hogar! Y estaba dispuesta a defenderlo como fuera. Buscó frenéticamente con la mirada algo que pudiera sustituir a su martillo. Su martillo, su martillo, su marti….Nya!
Quedó paralizada al escucharlo. Tragó atemorizada desviando la mirada hacia la habitación donde se supone que Gato estaba escondido, sin embargo, el sonido volvió a escucharse seguido de unos pasos que no eran los livianos de Gato. No llegó a voltearse del todo, tan solo sintió sus brazos alrededor de su cuello y su cabeza escondiéndose tras ella. Encaró a aquel hombre y se escuchó un sonoro bufido. El hombre se encontró, sobresaliendo del hombro de Miyako, aquella mirada que algunos habrían calificado como la de kaiser, aunque con esas orejitas sobre su cabeza, era casi imposible que pudiera ser tan intimidante.
Dio un paso atrás y forzó una sonrisa.
—Esta claro que ha habido un error, siento las molestias —dijo, desapareciendo rápidamente.
Al quedar solos, Miyako notó el cuerpo de Ken despegándose y sus brazos cayendo. Se volteó lentamente, todavía sin procesar lo que había sucedido. Lo empezó a hacer al ver a Ken bajando el rostro sonrojado. Este la miró de reojo unos segundos, pero al no verla reaccionar, se llevó las manos a sus orejitas temeroso. Quizá hubiera salvado su apartamento y a su gato, pero a costa de arruinar de forma drástica su relación.
—¡Espera! —Se detuvo y la enfocó, todavía sin ser capaz de interpretar su expresión—. No te las quites aún.
Ken arqueó una ceja desconcertado.
—Nya?
Miyako, mordiéndose el labio, sonrió ante su adorable expresión.
—Nya, nya —contestó, acercándose.
—Nyaaa… —respondió Ken, empezando a contagiarse de su sonrisa.
—Nya!
Y con la agilidad de un gato, Miyako saltó a sus brazos.
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