¡Al fin! Que me ha costado ponerme al día, madre mía. Escribirlo ha sido rápido, pero bueno.
Os aviso de dos cositas:
1. El nejiten no sale en este capítulo y creo que entenderéis porqué.
2. Hay muchísimo OOC y muchísimas cursiladas.
Sin más que añadir ¡Dadle caña!
52 páginas 22k de palabras. Cortito.
Resumen:
Tras que Jiraiya lo pidiera, Tsunade envía a los chicos —enfermos incluidos—, a una isla donde el clima es muy diferente al invierno de Konoha. Con la idea de que sus hormonas lo distraigan de lo que está aconteciendo en su lugar de residencia. Sin embargo, que Menma esté presente no hace las cosas fáciles.
Además, el padre de Gaara y Temari, ayudado por Menma, continua tras sus hijos. Con la intriga de si Gaara sobrevivirá y negándose a que Temari esté con un Nara, queriendo venderla como vientre. Inclusive ordena que la secuestren.
Shikamaru, quien cada vez se siente más atraído por ella, se da cuenta de que tienen sistemas de escuchas y, aunque tiene que fingir que está interesado en ella, se lo revelan a los profesores. Sin embargo, en un ataque de ira, decide enfrentarse a Menma, quien revela que sí, exactamente, estaba compinchado con Arenas.
Además, se descubre que el cadáver de Minato ha sufrido la autopsia por Kabuto, tras conseguir que Arenas le llevase el cuerpo. Este mismo, muere de un balazo al final del capítulo anterior cuando Nara Shikaku lo detiene.
Y pese a que las cosas parecen ir bien entre Temari y Shikamaru, ella le dice a él que no haga caso de lo que dijo Matsuri, consiguiendo que Nara se marche enfadado. Pues tras el segundo beso, su corazón se había hecho ciertas ilusiones.
Menma también revela a Naruto la preocupación por un cadáver. Lógicamente, Naruto no entiende la referencia, pues no sabe que la tumba de su padre fue abierta ni que su cuerpo no aparecía, ni que lo tenía Kabuto y su jefe.
Naruto, está muy concentrado en querer afianzar las cosas con Hinata, pero nunca aparece el momento. O bien Gaara está teniendo un ataque, o ella no se siente bien. Así que prometen buscar un momento para ellos. Además, Naruto comienza a sentirse un pervertido en referencia a ella por las cosas que quiere hacerle.
Lee, no acepta que Naruto haya cambiado de sentimientos tan pronto o que ignore que Sakura está sufriendo por su causa y eso, casi desemboca en una pelea en el cuarto de los chicos. Por retener a Naruto, Sasuke termina empeorando y es llevado a la enfermería.
Allí, intenta hablar con Sakura pero, una vez más, es mal interpretado y Sai interrumpe la conversación. Anteriormente, Sasuke logró disculparse con Karin por lo que pasó entre ellos y le quitó un gran peso de encima, queriendo centrarse ahora en Haruno.
Sakura está aterrada por Menma, preocupada por dejarse desfallecer por Sasuke y enfocándose en Sasori cuanto más puede. No comprende por qué Menma tiende a meterse tanto con Hinata, la cual, aparte de lo que sucede con Naruto, se siente aterrada con él, pero es consciente de que ambos hermanos son muy diferentes.
Matsuri descubre que el Shikatema se gusta, que Naruto está enamorado de alguien y decide que ella también tiene que sacar fuerzas, aunque todavía no sabe bien cómo hacerlo, pues Gaara sigue inestable por el mono.
Karin descubre que tiene más amigas de las que cree y, tras pagar con Hinata su frustración sentimental, es apoyada por Tamaki y Karui, que inclusive la ayudan a no volverse una fangirl de nuevo por Sasuke tras que este se disculpase. Además, sigue su problema con el profesor de Natación, aunque ha decidido dejarlo atrás.
Itachi quiere enfocarse en los estudios y mejorar su situación laboral. Descubre que Izumi conoció a su padre de pequeños, y que Sasuke también la conoce. Ella le cuenta que su padre intentó aprovecharse de ella el día en que sus padres fallecieron, pero que no le culpa. Además, Daisuke, el niño que cuida, lo admira. Kisame aparece, divertido por la situación con ellos dos.
Además, descubre que su padre ha tenido contacto con un hombre trajeado y no duda en advertir a Sasuke.
Kushina, después de enfrentarse a su madre por quitarle a su hijo, se ve derrotada y acude a la única persona que cree que puede ayudarle: Hiashi Hyûga.
Este mismo llama a Neji para advertirle que un hombre al que un contacto del padre de Tenten le debía dinero, va tras ella porque considera que ese dinero forma parte de su pago. Neji no se atreve a confesárselo a Tenten, quien sigue histérica por la muerte de Tayuya y desbordada por ser capaz de defenderse monetaria por primera vez. Además, también le piden que cuide de Naruto y Hinata.
Kakashi y Rin siguen en tensión. Ella lo culpa por ser un cobarde y no hacer frente de sus sentimientos, pero cuando logran hablarlo y él la besa, se descubre que ella tiene más miedos de lo que puede reconocer.
A su vez, Ino, tras una disputa con Sakura y calmarse hablando con Shikamaru, descubre que Sasori es más bueno de lo que parece y puede aceptar que salga con Sakura. Sin embargo, promete no rendirse con Sai, pues quiere que este vuelva a dibujar.
Mientras, Sasori, quien tiene que lidiar con el mal humor de Deidara, recibe en la exposición a dos mujeres extrañas. Honoka y Hisame, dos mujeres misteriosas que parecen estar enlazadas a 2-B de alguna forma.
Roturas 19
Sentimientos descontrolados de amor e ira.
Me gustas.
Te gusto.
Me gustas.
No te gusto.
Me gustas.
Duele que me gustes.
Cerró la puerta con sumo agotamiento. Empezaba a amanecer, pero necesitaba descansar. Su mujer se levantó al escucharle, cubriéndose con una bata que no terminó de cerrar al verle. Corrió hasta su altura y tomó su rostro entre sus manos.
—Dios mío. Lo he visto en la televisión —le dijo—. ¿Estás bien Shikaku? Llame a Akimichi, pero no me respondió. Empezaba a tener tanto miedo de que…
—No. La bala era expresamente para él. No llevaba mi nombre. No tienes que preocuparte.
Pero cuando la abrazó notó que temblaba. O quizás era él quien lo hacía.
—Me da miedo del día en que sí lo lleve —confesó ella besándole la mejilla y el cuello. No era algo sexual, era más inmenso y compartido—. No quiero perderte, Shikaku —recalcó—. Ni a ti ni a nuestro hijo. Porque Shikamaru esta metido en esto hasta el fondo.
—Sí —confirmó. No iba a engañarla. Su mujer no era estúpida.
—Es demasiado buen niño —protestó ella echándose hacia atrás. Shikaku no pudo evitar sonreír—. ¿Es que sabes algo que yo no?
—Shikamaru es muy buen hombre —aceptó, recalcando la madurez que su esposa se negaba a aceptar —, pero también hay otro motivo que lo mueve a estar inmiscuido en este asunto. Tiene nombre y apellido y aroma de mujer.
Yoshino se cruzó de brazos y levantó el mentón.
—¿Es una buena chica?
—Para lo mal que la ha tratado la vida, sí —respondió descalzándose finalmente—. Temari es mayor que él —añadió—, pero sigue teniendo problemas y no por su actitud. Es hija de Arenas.
—¿Qué? —masculló sorprendida—. ¿Esa niña acaba de perder a su padre? ¡Tú estabas deteniendo a su padre cuando ha pasado!
Se puso en pie y la miró agotado.
—Lo sé y no tengo ni idea de cómo va a repercutir eso en su relación. Además, Jiraiya se ha negado a que le digamos nada. El canal local no llega hasta la isla y espero que estén tan ocupados como para no detenerse a mirar las noticias.
Avanzó hacia el dormitorio rascándose la barba.
—Aunque… Menma está con ellos. Estoy seguro de que va a importarle una mierda los sentimientos de Temari.
Rebuscó su móvil y maldijo mientras se sentaba en la cama. Yoshino se sentó a su lado.
—No puedo imaginarme cómo se siente Kushina. Si me hubieran hecho lo mismo…
Shikaku se detuvo antes de marcar, mirándola.
—Habría removido cielo y tierra para traerte a tu hijo —aseguró.
Ella le sonrió.
—Lo sé, Shikaku, lo sé.
Tras intercambiar un beso sentido, volvió a enfocarse en el teléfono. Su hijo iba a matarle.
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Shikamaru maldijo cuando la sintonía de llamada llegó a sus oídos. Lo primero que deseo fue mandar todo a la mierda y que otro hiciera su trabajo por él. El móvil se apagó, pero enseguida volvió a sonar. Maldijo de nuevo y abrió un ojo para ver que lo tenía frente a su cara. Choûji se había despertado, con el cabello todo despeinado y un gesto de enfado por el que no le culpaba.
No estaba siendo un buen compañero de cuarto. Se pasó toda la noche dando vueltas en la cama. No podía quitarse de la cabeza lo ocurrido con Temari. Todavía no podía creerse que, tras el beso y la tensión en su habitación, ella descartara de esa forma el sentir algo por él. ¡Diablos! No esperaba una declaración ni mucho menos, porque eso no iba con Temari, pero le había bastado una afirmación.
Y sí, era cierto que no iba con él lo de ser tan brusco cuando hablaba o cortar a la gente, pero durante la cena, Temari le había ignorado y hasta se recluyó con su hermano para excusarse de sus tareas como delegada.
Luego pasó por la etapa de maldecirse a sí mismo, pues hasta ahora, nunca había sentido tanta presión sentimental a cuenta de una mujer. Ni siquiera con Tayuya. Temari era tan diferente que hasta le asfixiaba la idea de que estaba más enamorado de lo que pensaba.
—¿Vas a contestar? Es tu padre —dijo Choûji al notar que se había quedado en babia.
—Sí —aceptó tomando el aparato y descolgando. Luego, se sentó, con los pies colgando y bajó de un salto para adentrarse al baño. Choûji se tiró de nuevo en la cama y no tardó en emitir un gruñido semejante a un ronquido—. ¿Papá? —preguntó bostezando.
—Shikamaru. ¿Estás lo suficientemente despierto para escucharme?
Depende. Porque hacía poco que logró conciliar el sueño, agotado de darle tantas vueltas a las suposiciones, opciones y motivos. Condenadas hormonas y condenado corazón que escogía a la mujer más problemática.
—Lo que tengo que decirte inmiscuye a Temari. Y es muy duro, Shikamaru.
Poniéndose recto, miró su reflejo en el espejo. Serio, sin sueño, con su mente completamente concentrada en lo que su padre tuviera que decirle.
—¿Qué ha ocurrido?
—Su padre ha muerto.
Shikamaru soltó el aire junto a una palabrota. Se aferró al lavabo con su mano libre y lo golpeó.
—Maldita sea…
—Sí. Yo estaba deteniéndole cuando ha sucedido. Para los que trabajaba no le interesaba que Arenas abriera la boca. Me dijo antes de morir que al detenerle había sentenciado a sus hijos y que le iban a matar. Una parte se ha cumplido.
¿Y si ese hombre, con sus maldades, estaba protegiendo en realidad a sus hijos?
—No te lo iba a decir porque Jiraiya nos recomendó que era mejor que disfrutarais del viaje, pero recordé que Menma está allí.
Sí. Ese mal nacido no dudaría en soltarlo a bombo y platillo por tal de hacer daño a Temari.
—Creo que es mejor que seas tú quien se lo digas antes que él.
—Se lo diré, sí —aceptó.
Colgó tras despedirse y volvió a mirarse al espejo. Se pasó una mano por los cabellos sueltos y maldijo. Temari ni siquiera quería mirarle. ¿Cómo iba a hacer eso?
Pero era mil veces mejor que fuera él a que fuera Menma. Así que no se lo pensó más veces y salió del baño. Intentó no pisar las bolsas de patatillas por el suelo y abrió la puerta para salir. El pasillo estaba despejado, aunque dudaba que alguno de sus profesores no estuviera ojo avizor. Buscó con la mirada la cámara y movió el móvil como indicativo.
Que la puerta del profesor no se abriera bastó. Le envió un mensaje rápido a Asuma y se volvió hacia la puerta de Temari, Matsuri y Tenten.
Golpeó dos veces y esperó.
Temari fue la que abrió.
Primero, le miró confusa, frotándose un ojo.
—Tenemos que hablar —le dijo.
—Shikamaru, no… —empezó claramente agotada.
—Es sobre tu padre.
Entonces, ella cerró la boca, tensa. Pudo notar que sus ojos temblaban por un instante. Cerró la puerta y salió poco después con una bata de verano por encima que cerraba con manos nerviosas. Encajó la puerta tras asegurarse de llevar su tarjeta llave y le siguió hasta los asientos alejados, bajo uno de los enormes ventanales que daban a la playa, ahora, completamente oscura. Se sentaron ambos en lugares diferentes.
—¿Qué quiere ahora? —preguntó fría.
Era natural que estuviera furiosa con él. No había actuado correctamente. Aún si era para asegurar su vida. Les hizo pasar muchas penurias a ella y Gaara. Especialmente, a este último. Descuidar a su hijo es una de las peores cosas que pudo hacer.
—Mi padre me acaba de llamar —empezó frotándose las manos. ¿Cómo le decía tan fácilmente alguien a una hija que su padre había muerto asesinado? —. Fue a detenerle. Gracias a las pruebas que reunieron por intentar secuestrarte y otros detalles, que te explicaré después. Era la mejor oportunidad.
—No me lo digas —dijo cruzándose de piernas—, se ha librado y ahora quiere que mi hermano y yo paguemos las consecuencias.
—No —negó—. Mi padre lo sacaba del edificio cuando le han disparado. Está muerto, Temari.
Ella se puso en pie con la boca muy abierta y los puños cerrados. Balbuceó un poco, sin saber qué decir. Shikamaru se levantó y se acercó a su altura con intenciones de abrazarla, pero se detuvo, consciente de que eso no era bueno en ese momento.
—Lo siento —se disculpó—. Mi padre no pudo preverlo.
Aunque por lo que le había contado, se sentía culpable. Arenas le había advertido de la posibilidad de que pasara. Podía imaginarse con la culpa que cargaba su padre en esos momentos.
Temari se cubrió los labios con una temblorosa mano. Dio un paso hacia él y pasó su brazo por su cuello. Él no tardó en corresponderla. La escuchó sollozar en su hombro, su cuerpo temblar entre sus brazos. No estuvo seguro de cuánto tiempo estuvieron de esa forma.
—No sé por qué me duele tanto si ese hombre… ese hombre fue cruel con nosotros —protestó con la voz cargada de tensión—. Le odio. Le odio con todas mis fuerzas y sin embargo…
—Porque era tu padre —le dijo acariciándole la espalda—. Y pese a todo, le querías de cierta forma. También, esta la parte de ti misma que por fin siente libertad de la presión a la que te exponía. Y no es malo, Temari.
Sintió que sus piernas se aflojaban y la sentó junto a él en el sofá. Shikamaru se mantuvo ahí hasta que ella se calmó. Se separó de él para limpiarse el rostro con las mangas de la bata y echó la cabeza hacia atrás, respirando con fuerza.
—Bien, creo que he roto mi propio récord de llorona. Creo que seré yo la que se tenga que llamar bebé llorón.
Shikamaru retiró su mano para posarlas sobre sus rodillas, dejando ambas colgando, y la miró de reojo.
—Creo que ese mote ya está cogido —bromeó.
Ella bajó la mirada hacia él. Todavía le brillaban los ojos por las lágrimas, pero sonrió.
—¿Por qué me lo has dicho? —preguntó.
Shikamaru se miró las manos.
—Jiraiya, el detective que se está encargando de todo esto, nos pidió que no te dijéramos nada para que disfrutaras del viaje. Sin embargo, mi padre recordó que Menma estaba aquí.
—Él disfrutaría tirándomelo a la cara y buscaría la forma de hacer ver que soy la culpable.
—Sí —reflexionó. Ella había sido más imaginativa que él, por supuesto—. No podía permitirle hacer eso.
Ese pensamiento fue una confesión inesperada. Se levantó, incómodo, y volvió a pasarse las manos por los cabellos, maldiciendo por haber perdido de nuevo su coletero. Ella se levantó y tiró de uno de los cordones de la bata, que se abrió un poco en el pecho a perder firmeza.
—Déjame, anda —le dijo.
Él se detuvo y le permitió tocarle. Había algo extraño en ello. Lejos de Ino, que adoraba hacer trenzas o tocar el cabello masculino, nadie más le había tocado de esa forma. No. Tayuya. La diferencia es que ahora no quería que Temari se detuviera.
—Quería decirlo yo.
—¿Qué? —cuestionó volviéndose hacia ella. Temari había bajado las manos y la cabeza para mirarse los pies.
—Cuando te dije que no quería que tuvieras en cuenta las palabras de Matsuri —recordó. Apretó los labios y levantó la mirada hacia él, firme—, es porque quería decirlo yo. No quería una confesión por parte de otra persona. Son mis sentimientos y soy la única dueña de elegir cuándo decirlos. Pero soy tan cobarde que no pude decírtelo en ese momento y me enfadé conmigo y contigo sin motivo —reconoció.
Shikamaru se bloqueó por un momento.
—Sé que ahora no es el momento, tranquilo —le dijo echándose hacia atrás—. He de contarle esto a Gaara por si Menma decide hacer algo. Me preocupa que le de un ataque, pero no puedo mentirle en algo así.
Su mirada bajó hacia sus labios. Temari continuó hablando y por algún motivo, su mente enfocó sus palabras por detrás de los latidos de su corazón. Levantó las manos para posarlas sobre sus hombros. Ella se detuvo.
—¿Te gusto?
—Sí —respondió en rápidos parpadeos—. Eso estaba diciendo antes. ¿No me has comprendido?
—No —reconoció—. Cambiaste de tema y me perdí.
El labio inferior le tembló y se preguntó si sería por aguantarse una carcajada. En su lugar, le dio un puñetazo en el pecho que lo hizo retroceder.
—No vayas a llorar, bebé —se burló.
Luego, se giró para caminar hacia su habitación. Shikamaru se quedó mirándola, sorprendido.
—Espera, Temari —demandó siguiéndola—. Eso significa que…
Una de sus rubias cejas se elevó.
—¿De verdad hemos de ponerlo en términos? —preguntó—. ¿No basta con reafirmarlo? Aunque no sé qué pasa contigo.
—Me gustas —soltó rápidamente. Diablos, eso era un puro descontrol de sí mismo, pero valió la pena por ver el sonrojo en sus mejillas y la forma en que su boca se curvó.
—Entonces, ya lo sé —dijo inclinando un poco la cabeza—. Perdona si no estoy muy para esto ahora mismo.
—No, claro —aceptó metiendo las manos en los bolsillos.
Temari detuvo la mano en el picaporte para rebuscar en los bolsillos la tarjeta llave. Antes de entrar, se detuvo, regresando a su altura. Shikamaru sólo tuvo que inclinarse un poco para que ella pudiera llegar a sus labios.
—Nos vemos después —le susurró antes de marcharse.
Shikamaru se quedó un momento ahí, de pie, como un idiota. Sintiendo que eso era verdaderamente intenso. Más de lo que parecía. Sólo podía compararlo con lo de Tayuya. No sintió nunca su corazón latir de esa forma. Ni ese cosquilleó que le recorría todo el cuerpo. O las ganas de que Temari no se marchara dentro de la habitación.
—Mierda, te has adelantado.
Volvió en sí al escuchar la voz. Por un momento, en medio de su mente nublada de amor, pensó que era Naruto. Pero no. Menma, en pijama como cualquier chico normal, sosteniendo el móvil. Le miraba frustrado.
—Bueno, tú le has dado la noticia. Yo puedo mostrársela —canturreó.
Shikamaru lo retuvo del brazo y Menma elevó una ceja.
—¿No has tenido suficientes golpes, Nara?
—Por Temari no —dijo—. No se lo enseñes. Ella realmente no tiene nada que ver con tu venganza.
Menma lo sopesó.
—Es cierto. Ella no —reconoció—. Y tú tampoco. Pero tenéis esta mierda… ¿Cómo la llama mi hermano? ¿Familia? —Sonrió de una forma tan siniestra que le dio escalofríos—. Y a mi me gusta mucho destrozar eso.
Luego se soltó, alejándose. Se metió en su habitación de nuevo y Shikamaru apretó los puños, frustrado e impotente. Una cosa era recibir la noticia. Otra, verla. Y si había dejado a su padre completamente agotado, y había visto muchas cosas, no quería ni imaginarse lo que le haría a Temari.
O a Gaara.
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Choûji bostezó y aferró el último flan del buffet antes que otra mano lo hiciera. Morena, de uñas color miel y mirada dorada. Pelirroja y peligrosa. Parpadeó al notar que chirriaba los dientes al mirarle a él y el flan.
—Era el último —puntualizó ella.
—Lo sé —aceptó inocente—. Lo he cogido antes.
Karui se llevó una mano a la cadera y elevó una rojiza ceja. Choûji la observó cuidadosamente. Siempre le habían dado cierto miedo las mujeres de su grupo, aunque ninguna era tan peligrosa, a su parecer, como ella. Sin embargo, Karui a veces parecía ser algo amable con él.
—Compartámoslo —propuso.
Choûji casi perdió el equilibrio.
—¿Qué?
—La mitad para ti y la otra mitad para mí. ¿Qué te parece?
—Bueeeno… —murmuró mirando el flan con cierta duda.
—Yo de ti aceptaría, gordo. Dudo mucho que otra mujer quiera comer algo contigo en tu vida.
Choûji estuvo a punto de aplastar el flan. Se volvió, irritado, pero Karui tiró de sus hombros. Menma Uzumaki levantó una oscura ceja mientras se servía su propio desayuno. Choûji le odiaba como nunca había odiado a nadie. Era el tipo de chico que no querría nunca como amigo. Y tampoco podía perdonarle lo que le hiciera a Shikamaru.
—Olvídale, Choûji —recomendó Karui—. Vamos a comerlo y disfrutar nosotros.
Asintió con ciertas dudas. Menma, por supuesto, no iba a dejarlo. Silbó estridentemente.
—Qué suerte la tuya la de hoy, grandullón —felicitó—, y qué mal gusto el tuyo, quemada.
Esa vez, Choûji tuvo que aguantar a Karui.
—¿Qué pasa? —cuestionó Asuma acercándose a ellos—. ¿Os estáis peleando por un postre?
—No, para nada —descartó Menma—. Sólo observaba la fauna.
Y se marchó, tan campante. Se miró las manos, furioso. ¿Cuánto le costaría apretar el cuello de una persona con sus manazas? Asuma posó una mano de las suyas sobre las de él y Choûji, que no se lo esperaba, retrocedió tanto que sintió cómo el pecho de Karui se amoldaba contra su espalda. Era como sentirse entre la espada y la pared. Sólo que la pared era tan blandita como imaginaba que sería una nube.
—Tranquilo, Choûji. Cada persona necesita su tiempo —le aconsejó Asuma—. La idea de Karui no es tan mala. ¿No? Compartid el flan.
Ella tiró de él una vez más y ambos avanzaron hasta sentarse una de las mesas vacías. Karui tomó dos cucharillas y abrió el paquete del flan, partiéndolo por la mitad. Tomó su parte y el resto, se lo entregó.
—Sigo sin poder entender por qué tienen a un tipo tan peligroso aquí, con nosotros. Claramente, sus intenciones son siempre de hacernos daño.
Choûji la miró primero a ella, luego al flan, después a Menma, que estaba sentado apartado, sólo. Y no era porque echase a las personas, es que nadie quería sentarse a su lado.
—Creo que es porque aquí se aseguran que esté dando menos problemas que en la ciudad.
Karui detuvo la cuchara hacia su boca para mirarle perpleja.
—Caray —masculló.
Él volvió a mirarla confuso.
—¿Qué ocurre?
—Nada, nada —descartó con un gesto de su mano—, sólo pensaba que puedes tener buenas palabras cuando te pones.
Akimichi se encogió de hombros.
—El que es inteligente es Shikamaru. No yo. Soy el amigo gordito que siempre come y está listo para lo que sea.
—No es cierto —negó Karui apoyándose en los codos—. Eres mucho más que eso, Choûji.
Él soltó una risita.
—Ya, tengo locas a las mujeres por ser el mejor chico del mundo.
Ella sonrió esa vez, más amable.
—Quizás es que nunca miras a tu alrededor.
—¿Karui?
—Puedes comerte mi parte. Te lo mereces.
Le guiñó un ojo antes de alejarse con Sakura, quien fue la que la llamó y se disculpó por interrumpirles, sonriéndole a él. Sorprendido, se preguntó si ese día tendría algún tipo de feromona extraña para que las chicas se fijaran en él.
Pero el flan entró de nuevo en su campo de visión. Se lamió y decidió que de eso sí que podía disfrutar.
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—A ver. ¿Estáis todos? —cuestionó Kakashi estirándose cuan largo era para sondear a los alumnos.
—Menos Temari —respondió Shikamaru.
—Sí, ella está con Gaara —confirmó—. Tiene un permiso especial para esto. Ino, realmente puedes ir con Sai si quieres —le recordó.
—Lo sé —aceptó ella—. Iré enseguida, pero antes, quiero investigar un poco el tema del taller de arte.
Kakashi asintió, aunque escuchó a Shikamaru maldecir y acercarse a ella. Ino le dio una palmada en la mano para acallarlo cuando empezó a susurrarle al oído, provocando malestar en el muchacho. Kakashi se preguntó qué estaría pasando entre ellos.
Obviamente, tras lo que vieran en las cámaras de seguridad, Shikamaru no estaba interesado sentimentalmente en ella. Más bien, era Temari la que parecía ser capaz de sacar esa vena romántica en el Nara. Y tras el beso que habían presenciado él y Asuma, dudaban que no fuera así.
Debía de reconocer que, si Shikamaru no les hubiera indicado aquel gesto con el móvil, Asuma o él habría interrumpido tan bella imagen de apogeo adolescente. Le sorprendió que aquel chico conociera el significado de ese gesto, aunque Asuma enseguida le recordó de quién era hijo. Shikaku le había enseñado bien.
Sin embargo, le habían visto de nuevo perder los estribos con Menma, quien parecía aburrirse de sobremanera y picar a quien pudiera. Asuma y él se habían enterado de las noticias tras que el primero llamara a Shikaku en busca de información. El Nara se había mostrado agotado. Kakashi comprendía lo que le iba a costar sacarse la imagen de Arenas morir frente a sus ojos. Le habían volado la sesera justo en sus narices.
Se imaginaron que Menma no dudaría en aprovechar esa noticia para torturar a Temari. Por suerte, Shikaku actuó rápido y se habían evitado el drama innecesario. Sin embargo, todavía quedaba Gaara, así que alertaron a Shizune, quien estaba claramente agotada. Porque en un solo día de viaje no sólo tuvo que atender a los heridos, sino que Hinata y Sasuke también pasaron por la enfermería.
Y los ataques de Gaara eran imprevisibles. Comprendía que tendría que pasar el duro trago de la abstinencia. Aunque, por lo que le había explicado Tsunade, Gaara ya lo estaba intentando por sí solo antes del secuestro. Era un chico fuerte. Esperaba que su fortaleza continuara.
—Vale. Continuemos —decidió—. Como sabéis, contamos con tres talleres que no son optativos. Podéis escoger el que gustéis, pero tenéis que ir. Son: escritura, Pintura y reconocimiento de playas y fondo marino. Este último es recomendado a las personas que tengan al menos, un nivel medio de nado. Los que no, por favor, escoger entre los primeros.
Asuma levantó su enorme brazo.
—Los de escritura, vendréis conmigo.
Kakashi esperó. Sólo Karui, Tamaki, Shikamaru, Choûji y Shino se acercaron a él. Shikamaru se detuvo para mirar a Ino, quien se cruzó de brazos y lo ignoró deliberadamente.
—Vale, venid conmigo. Si alguno quiere cambiar después, puede hacerlo. Pedirle a Kakashi dónde estaré —informó Asuma antes de abrir la marcha hacia la biblioteca.
—De acuerdo. Los interesados en pintura, iréis con Rin.
Esperó, pero ella estaba mirando fijamente el suelo, como si hubiera la respuesta a todo en el azulejo. Ya la había notado distraída durante el desayuno, pero después de su encuentro y el beso, dudaba que fuera bueno acercarse a ella.
—¿Rin?
Finalmente, levantó la cabeza, mirando a su alrededor hasta dar un respingo.
—¡Ay, madre! ¡Sí, sí! Para pintura conmigo —indicó.
Sólo Ino se acercó a ella.
—¿Ya está? —preguntó estudiándolos con la mirada.
—Diría que Sai —respondió Ino—, pero sigue en cama.
Kakashi asintió y finalmente, Rin se alejó con ella. Se quedó un instante observándola, hasta que recordó donde se encontraba.
—Bueno, imagino que el resto sabéis nadar. El que vea yo que no, lo mandaré directo al club que más rabia le dé —advirtió. Pero ninguno mostró miedo—. Vale. Id arriba a poneros los bañadores y crema solar.
Con una energía diferente, todos subieron al primer ascensor, apiñándose y pisándose como críos. Kakashi suspiró y se volvió para seguirles, deteniéndose cuando vio a Rin caminar hacia él.
—¿Ino?
—Está hablando con la encargada del taller. No es que quiera apuntarse ahora mismo, busca información. Y muy sutilmente me ha pedido que me marchara, ya que le da vergüenza. ¿Crees que esa niña es vergonzosa?
—No demasiado —dudó frotándose el mentón—, más bien, parece de las directas. Pero ha pasado por muchas cosas. No es mala en dibujo, eso sí, pero va justita.
—Creo que esto lo hace por Sai —sopesó Rin—. Me pregunto si es una forma de pelear porque él retome lo que se ha propuesto dejar.
—¿Crees que deberíamos de detenerla?
—No. Me gustaría ver hasta qué punto llega esto. Si noto que la cuerda está demasiado tensa, lo detendré. Confía en mí.
—Lo hago, Rin. Lo hago más de lo que crees.
Ella levantó la cabeza para mirarle finalmente a los ojos.
—Lo que hiciste ayer no estuvo bien.
—¿Besarte o decirte que eras realmente tú la que pones barreras entre nosotros?
Rin cambio de postura. La conocía bien para saber que era acto reflejo de protección. Había dado completamente en el clavo.
—Kakashi…
—No —negó—. Me has acusado de no tener valor para enfrentar esto. Y es cierto en cierto modo. Porque me aterra que sigas aferrada a él del mismo modo que yo. Si esto no funciona, nos haremos daño ambos, porque queremos forzarlo. Sin embargo, tampoco voy a justificarme ni echarte las culpas de mis miedos o errores. Que hui esa noche, es cierto. Pero tú huiste anoche. Y por la misma razón que yo. Obito siempre estará entre nosotros.
Rin soltó el aire que parecía estar reteniendo. Levantó su mano derecha para tocarle el brazo.
—Tú también sentías afecto por él.
—Le quería, Rin —confesó—. Muchísimo. Era mi mejor amigo.
Los ojos de ella brillaron.
—Como algo más. Porque él te quería mucho más allá de ese límite.
—Lo sé —indicó aferrando su mano—, pero te quería más a ti. Y eso, es algo que compartimos.
Rin bajó la cabeza y no pudo ver su rostro. Las preguntas se acomodaron en su mente, pero antes de que pudiera abrir la boca, el timbre del ascensor resonó y ambos tomaron una separación adecuada. Los chicos empezaban a bajar.
—¿Y las chicas?
—Han dicho que necesitan más tiempo para prepararse —respondió Naruto chasqueando la lengua y mirando de reojo a Neji, quien parecía haberle obligado a bajar y no se arrepentía de eso.
—Iré a asegurarme —avisó Rin antes de alejarse. La observó caminar hasta los ascensores y subir en el mismo que bajaron ellos.
Kakashi suspiró y miró de nuevo a todos. Hasta Menma estaba ya allí.
—¿Seguro que todos sabéis nadar?
—Sí —respondieron casi al unísono.
—Bueno, mientras esperamos os daré algunas advertencias. —Ignoró las protestas—. Las chicas no son comida, primero que nada. Naruto. ¿Me has oído?
Naruto enrojeció hasta las orejas.
—¡No voy a comerme a ninguna! —contestó. Luego empezó a farfullar por lo bajo hasta que Neji le dio un codazo que lo acalló.
—Creo que todos somos mayorcitos para saber que un no es no —continuó—. Y no olvidéis que continuáis en clases, así que, al despistado, le bajo la nota. Tenéis que hacer caso a los monitores, no dañar el material que os den, no ir a lo loco nadando. No conocéis las aguas ni las corrientes de estas playas.
—Qué rollo —protestó Menma.
Para su sorpresa, los demás estuvieron de acuerdo, aunque alguno intento ocultarlo carraspeando.
—Al menos deja que alguno se muera —enfatizó el nuevo Uzumaki.
—No seas aguafiestas —protestó Naruto tensando los hombros.
Su hermano gemelo se encogió de hombros.
Kakashi se esperaba una pelea, pero que el ascensor volviera a sonar interrumpió la conversación. Las hormonas pasaron a ser el plato principal a medida que las chicas fueron saliendo. Y bueno, debía de decir que era un buffet para gustos. Aunque él no pudo evitar fijarse en la mayor de todas ellas. Rin había aprovechado para cambiarse, claramente.
Llevaba un pareo apretado a su cintura y una camiseta abierta, debajo, el bikini. Las guiaba a todas con palabras de ánimo.
Las chicas se detuvieron al salir y no era para menos. Los chicos se habían formado en fila india. Casi se echó a reír. Si pusieran la misma atención que en esos momentos para los exámenes, todos estarían aprobados. Incluso licenciados.
Hasta Menma se había congelado por un momento mirándolas. Quizás el chico que quería aparentar madurez y frialdad, no dejaba de ser un simple muchacho con hormonas revolucionadas.
Diablos, hasta él lo era en ese momento.
Carraspeó.
—Chicos, ya que estáis en fila: id tirando para la playa.
A más de uno le costó apartar la mirada de ellas y girarse. Incluso Neji, que había parecido tan estoico momentos antes con Naruto, le costó girarse. Y, cuando lo hizo, le vio sacudir la cabeza, como si se regañase a sí mismo por permitirse esa clase de despiste.
Con Rin a su espalda para cuidar de las chicas, los guio hasta la parte derecha de la playa, la zona de las rocas. Allí, dos instructores profesionales esperaban. En seguida, se acercaron a él y le estrecharon la mano.
—¿Estos serán todos?
—Y me parecen mucho —dijo mirándolos de reojo—. ¿Habrá material suficiente?
—Sí, pero igualmente, prefiero repartirlos en dos zonas. Ya que vosotros también sois dos. ¿Os irá bien?
—Sí.
Aunque dudó. No recordaba si Rin era buena en el mar.
—Ella puede encargarse de los de fuera. Yo pudo ir con vosotros en el agua.
—¿Has hecho buceo?
—Sí. Militar.
El hombre silbó.
—Diablos, entonces eres mejor que yo —halagó.
Kakashi no disfrutaba alardeando de sus experiencias, así que se encogió de hombros.
—¿Los queréis mezclados o por género? —preguntó el otro instructor—. Porque algunos parecen más interesados en los encantos de las chicas que otras cosas. No van a hacer inmersión, pero igualmente, tienen que tener todos sus sentidos en el agua. Cualquier roca podría ser peligrosa.
—¿Por qué lo hacéis en esta zona? —cuestionó.
El hombre extendió la mano para señalar la playa.
—A pocos metros hay un "bache", por llamarlo de cualquier modo. Y es complicado hacer buceo por esa zona si no tienes experiencia. Es bajo hasta que se llega a esa parte, pero si no eres experto, puedes ser abducido hacia el fondo. Esa zona está toda cercada por lo mismo. Los bañistas no pueden sobrepasarla. Para ir a las piscinas de fondo, deben de rodear las rocas por el lado derecho y bajar por el tobogán que hay.
Luego, señaló las rocas.
—A esta hora, el mar es más tranquilo en esta zona. Por la tarde es cuando empieza a subir y es peligroso. Pero la fauna que rodea estas rojas es interesante. Además, van a ayudar con parte de la limpieza, así que en este lugar suele acumularse más.
—Un dos por uno —puntualizó. El hombre se echó a reír y asintió. Él se volvió hacia los chicos y Rin—. Veamos. Haremos dos grupos. Cinco de vosotros se adentrarán en el mar con un monitor y conmigo. Los demás, ayudaréis al otro monitor por las rocas. Os iréis turnando. No es necesario deciros que debéis de hacer caso a Rin y al monitor por encima de todo.
Rin se acercó a él.
—¿No voy a bucear?
—¿Sabes?
—Claro que sé —afirmó riendo—. Aprendí muchas cosas por él —susurró.
—Entonces, nos turnaremos. ¿De acuerdo?
—Sí.
Se volvió hacia los chicos para mirar a Sasuke y luego a Hinata.
—Vosotros no haréis buceo hoy —les advirtió—. Con las heridas que tienes, Sasuke, no vamos a arriesgarnos. Y Hinata, tú sigues delicada y Shizune ha recomendado que nada de sal marina.
Sasuke se encogió de hombros y desvió la mirada, frotándose el estómago con los dedos. Iba sin camiseta, más que una chaqueta fina por encima de los hombros, blanca y en calzonas. Kakashi había recibido ordenes más que repetidas de Shizune de que lo tenía terminantemente prohibido. Y Hinata, por igual.
—Así pues, quedamos cinco y cuatro por cada viaje —continuó mirando al resto—. Naruto, Kiba, Matsuri, Karin y Lee. Vosotros iréis primero.
—¡Genial! —exclamó Lee emocionado, casi empujando a Naruto para que fuera acercándose más de prisa.
Cuando el rubio llegó a su altura, se detuvo para mirarle con ojos llorosos.
—Usted me odia. ¿Verdad, Sensei?
Kakashi le dedicó una sonrisa inocente.
—¿Por qué dices eso? —cuestionó amablemente.
Obviamente, sabía perfectamente que Naruto prefería ir con Hinata, pero la chica ya parecía estar a punto de darle un ataque, tirando de la chaqueta que apenas cubría su bikini e intentando por todos los medios que no la vieran.
—Vamos, anda —ordenó pasándole un brazo por los hombros—. Ya tendrás tiempo después para esas cosas.
Naruto lo siguió con un gemido de protesta. Miró a Rin antes de meterse al agua con los demás. Se encargaba bien de los chicos que quedaban. Hasta Sasuke parecía manso junto a ella, permitiendo incluso que posara su mano en su hombro. O quizás se debía al cambio personal que el chico parecía haber experimentado. Igualmente, sabía que Rin tenía buena mano con los Uchiha.
Sólo esperaba que las cosas no se revolucionasen, pues le había dejado a Menma a cargo.
—
—
Kushina aceptó el té que Hana le entregara mientras observaba a Hiashi a través del cristal. Estaba junto a Itachi Uchiha, el hermano mayor de Sasuke. Ella le había visto alguna que otra vez antes de que desapareciera y nunca le había dado la mala espina que el padre quería que el resto del mundo viera en él.
Le alegraba que los acontecimientos hubieran cambiado de esa forma. Como decía aquel, los finales felices siempre se disfrutaban.
—Pareciera que acabara de adoptar a otra persona —dijo Hana sentándose a su lado. Kushina la miró interrogante y la mujer suspiró—. Mientras pasaba todo el caos de nuestra familia y los Uchiha, mi marido se enfocó muchísimo en Neji. A veces me siento culpable por no haberle traído un varón, pero una vez que la tormenta ha pasado, Hiashi se está enfocando mucho en Hanabi y ha cumplido su promesa de libertad de Hinata. Pero ahora, ha prometido sacar de las piedras a Itachi y su hermano y, ahí lo tienes, educándolo para que sea un buen líder de empresa.
Kushina asintió. No podía evitar preguntarse si realmente Hiashi le había otorgado la libertad a Hinata hasta el punto de aceptar que su hijo estaba más que dispuesto de llevarse a su hija. Si es que terminaban de afianzar esa relación como dios manda. Naruto era hijo, al fin y al cabo, del único hombre que Hiashi amó, sí, pero también era suyo.
Y, sin embargo, ella estaba ahí para pedirle ayuda porque no sabía cómo diablos lidiar con los Uzumaki sin tener respaldo.
Hiashi y Hana la habían escuchado en silencio, soportado sus subidas de voz, sus bajadas, su enfado. Hana había empatizado enseguida con ella, pero Hiashi se marchó en silencio para encerrase en su despacho. Hana le ofreció una habitación para descansar que ella aceptó, demasiado aterrada por una vez en su vida para volver a su casa.
Enfrentarse a sus padres fue demasiado. Podía perdonarles que hicieran a una pobre adolescente mentirle. Porque Karin no tenía la culpa de ser manipulada por los Uzumaki para que mintiera con la muerte de sus padres.
¿Robar a su hijo? Jamás. Imperdonable.
Todavía no le había visto. No sabía cómo era. Si era idéntico a Naruto, no habría mucha sorpresa, pero Naruto aseguraba que era como haberse sacado su parte oscura fuera del cuerpo y del alma.
Y por más vueltas que le diera, aunque hubiera tenido que arrodillarse frente a retretes, no le habría importado sacar a sus dos hijos adelante, sola. Sin embargo, le vetaron esa oportunidad. Le quitaron todo cuanto una madre debía de disfrutar de sus hijos. Esas primeras veces nunca regresarían.
Y Naruto… Oh, su hijo había perdido muchas cosas. ¡Habrían sido tan buenos hermanos! Con sus más y sus menos, por supuesto. Pero habría dado lo que fuera por verlos juntos.
—Ah, ya se marcha —informó Hana—. Sus reuniones no suelen durar demasiado por las mañanas, dado que Itachi está estudiando.
—¿Ha decidido hacerlo?
—En el mismo lugar que nuestros chicos, parece ser —confirmó la mujer levantándose para recibir a su marido—. ¿Todo bien?
—Sí —respondió Hiashi mirándola con una dulzura que no esperaba, aunque ese gesto no duró demasiado—. Venía a confirmar algo que ya sabemos. Un antiguo contacto se ha puesto al habla con Fugaku. Itachi vino a informarme. Es el mismo que creo que va tras un heredero del que Neji está encargándose. Toda información es buena.
Se sentó frente a ella y la observó detenidamente. Kushina cambio de postura, incómoda. ¿Cómo podía hablar tan confiada cuando siempre estuvieron de morros? Era bastante difícil.
—He investigado lo que me contaste anoche, Uzumaki —comenzó—. Y es cierto. Ese niño es tuyo.
Hizo un gesto hacia Hana, quien se alejó un momento. Cuando regresó, portaba consigo una Tablet. La posó frente a ella y tras mover sus dedos por encima, se la terminó de entregar. Una fotografía aparecía en ella. Un chico al que sería capaz de reconocer en cualquier lugar. La única diferencia es que no era el niño que ella había criado.
—Menma. Menma Uzumaki —presentó Hiashi—. Lleva tu sangre y la de Minato.
Pronunciar su nombre parecía costarle tanto como a ella. Levantó la mirada de la fotografía hacia él.
—Los Uzumaki lo han mantenido fuera de la ciudad desde la muerte de Minato. Especialmente, porque este estaba buscándole y empezaba a acercarse. He hablado con Jiraiya, quien se encarga de este caso —continuó.
Ella levantó una mano para detenerle.
—Espera, espera.
Hiashi elevó una ceja. Por supuesto, no estaba acostumbrado a que la gente lo interrumpiera.
—¿Estás insinuando que mi marido murió por meter las narices en eso?
—No lo descartaría —sopesó Hiashi—, pero no tenemos pruebas o un testigo que reafirme eso. Cuando Minato murió indagué en ello. No hay nada diferente de lo que encontró la policía.
Kushina se lamió los labios. Entendía que Hiashi también sufría con eso, pero no quería poner en una balanza sus sentimientos.
—Jiraiya ha seguido sus pasos, eso sí. Es gracias a él que tenemos esta información —indicó dando un golpecito en la Tablet. —Lo demás hemos de descubrirlo solos. ¿Qué planea Menma? ¿Los Uzumaki? Es algo que no sabemos. Sin embargo, te ayudaré.
Tomo aire antes de hablar.
—Por Minato y… por mi hija.
—¿Por tú hija?
Hiashi asintió. Cerró los ojos antes de hablar.
—Mi hija le debe la vida a tu hijo. Soy consciente de ello. También, no soy ciego ni sordo. Su hijo parece sentir cierto interés por ella y sospecho que es mutuo.
—¿Sospechas? —preguntó sarcástica—. Tu hija está loca por mi hijo desde hace años. Estaba prometida a Sasuke Uchiha y moría por dentro porque sabía que estaba en la obligación de dejar de amarle. He visto a esa niña romperse completamente mientras se esforzaba por cumplir tus deseos. Si lo sospechas, te lo afirmo. Tu hija está tan enamorada de mi hijo como estabas tú de mi marido.
Se cubrió la boca al instante, mirando a Hana con disculpa. Sin embargo, ella sonrió amablemente e inclinó la cabeza.
Hiashi apretó los labios y se cruzó de brazos.
—Me lo merezco —aceptó—. Y no me interpondré en los deseos de mi hija. Pero si tu hijo no la hace feliz…
—Yo misma le castraré —prometió.
Luego, inclinó la cabeza tanto como la mesa entre ellos le permitió.
—Gracias por ayudarme a recuperar a mi hijo.
Nunca en su vida pensó que haría algo como eso. Si alguien alguna vez se lo hubiera dicho, se habría echado a reír y hasta le habría pegado de ser posible para sacarle esa idiotez de la cabeza.
Ella. ¿Agachar la cabeza frente a Hiashi Hyûga? Nunca.
—
—
Menma abrió la puerta sin llamar y se adentró en la habitación. Olía a medicina y a limpio. La vio ponerse en pie nada más reconocerle y colocarse en medio del pasillo. Dios, eran tan ingenuas que daba risa. Ellas, creyendo que por hacer piña él iba a ser menos peligroso. Ella, creyendo que, por mirarle de esa forma, cuando temblaba por completo, iba a evitar el motivo por el que estaba allí.
Realmente no fue su plan. Su idea era entrar a hurtadillas para soltarle la bomba a Gaara y disfrutar de cómo le daba un ataque. Le llamaba la atención desde que descubrió su estado.
Había dejado atrás a los demás de la playa. Le aburría de sobremanera tener que jugar de esa forma por mantener una falsa fachada de lo que estaba ocurriendo en realidad. Kakashi Hatake y Asuma Sarutobi eran peligrosos. Lo sabía. Y esa profesora, aunque hoy estaba algo distraída, le incomodaba. Sin embargo, fue fácil para él escabullirse.
Porque no podía estar más ahí. No soportaba verlas a ambas actuar como si nada.
Hinata Hyûga, con esa timidez vomitiva, esforzándose por cubrir recatadamente su cuerpo. Maldita fuera. Si no quería que la vieran, que no se hubiera puesto el condenado bikini. Bien podría haber optado por otra cosa. Pero no, esa forma ingenua de fingir pudor cuando sabía claramente que su hermano se iba a sentir atraído por ella… le irritaba.
Y Sakura Haruno, tan temperamental, como si no hubiera roto nunca un plato cuando él conocía su secreto mejor que nadie. Cuanto podría destruirla fácilmente de abrir la boca. Pero era un bocado tentador que no podía desvelar todavía. Y habría disfrutado meterse un poco con ella, pero tenía esa condenada sombra de Uchiha ojo avizor.
Ahora comprendía por qué su hermano podía meter la cabeza bajo el agua con tanta tranquilidad. Ojalá se diera un golpe con la cabeza contra las rocas.
—Vete.
La voz de Temari le hizo regresar al presente. Por supuesto, no se movió. La miró elevando una ceja y con las manos en los bolsillos.
—Parece que realmente tienes un problema con los hombres, Temari. Te gusta que te peguen. ¿Quieres que lo haga? ¿Un nuevo cardenal, quizás, en el cuello? Seguro que a Shikamaru le encanta verlo. ¿Qué hará esta vez? O ¿qué le romperé esta vez? —cuestionó.
Temari apretó los labios.
—Además, que yo sepa no está vetado visitar a los enfermos.
—Para ti sí —aclaró ella levantando el mentón.
Menma alargó su mano hasta aferrarla del cuello del vestido. No era muy ceñido, pero se apretó sobre sus senos. Una buena delantera. Quizás Nara tuviera suerte y todo.
—Suéltala.
La voz llegó desde una de las camas. Temari se soltó cuando él aflojó el agarre. Se acercó más. Sai y Gaara estaban sentados ambos, mirándole fijamente. El primero, parecía tener mejor aspecto, pero el segundo, estaba pálido, con ojeras pronunciadas. Las manos le temblaban pese a aferrar las mantas que le cubrían.
—¿Ya te ha dado tu hermana la noticia o tengo el placer de ser yo quien lo haga? —cuestionó aferrando el móvil que guardaba dentro del pantalón.
Gaara entrecerró los ojos.
—Qué oscuridad tan horrible cargas contigo —dijo como respuesta.
Menma frunció el ceño. De tantas cosas, no esperaba tal contestación. Gaara continuó mirándole fijamente con… ¿eso era lástima? Rechinó los dientes.
—¿Qué sabes tú de mi oscuridad? ¿Te crees capaz de saberlo todo solo porque te has metido mierda en el cuerpo? —cuestionó irritado—. Sí, sé todo lo que te ha pasado. Inclusive lo de tu violación.
Sai soltó una maldición a su lado y apartó las sábanas.
—Ni te atrevas a moverte —le advirtió—. Porque en el momento que lo hagas, comprenderás la diferencia entre Deidara y yo.
Temari se movió para retener a Sai.
—La diferencia entre Deidara y tú —dijo Sai—, es que él no estaba solo.
Menma se echó a reír.
—¿Crees que vosotros tres podríais conmigo? —cuestionó.
Sai le devolvió la sonrisa, fría, distante.
—¿Realmente crees que cuando hieres a uno estás luchando sólo contra él, Menma? —preguntó. Miró a Temari como si así quisiera confirmar su nombre. Cuando ella le asintió, continuó—, porque estás muy equivocado. No estás luchando contra nosotros tres. Hay más detrás.
—¡Oh, sí! —exclamó divertido—. La política de mi hermano de que todos sois una familia. Qué idiotez.
—A ti te lo parecerá —corrigió Temari firme—. A nosotros no. Naruto es mil veces mejor que tú y no te perdonará si nos haces algo.
Menma esbozó una atrevida sonrisa.
—Cuento con ello.
Luego los miró uno a uno. Se detuvo en ella primero.
—Shikamaru Nara, Gaara y Matsuri.
Miró a Sai.
—Ino Yamanaka.
Miró a Gaara.
—Temari, Sasori… Oh, y Matsuri.
Extendió más su sonrisa, malvado.
—Naruto Uzumaki: toda la clase, pero priorizará a Sasuke Uchiha, Sakura Haruno y Hinata Hyûga. Sasuke Uchiha: Itachi Uchiha, Mikoto Uchiha, Sakura Haruno y Naruto Uzumaki.
Vio que tragaban y continuó, satisfecho. Comprendían perfectamente a qué se refería.
—Hinata Hyûga: Neji Hyûga, Naruto Uzumaki. Kiba Inuzuka, Shino Aburame. Shikamaru Nara: Sus padres, Ino Yamanaka, Choûji Akimichi y ahora, Temari.
Notó que Gaara miraba a su hermana, sorprendido.
—Oh. ¿No lo sabías? —cuestionó divertido. Temari apretó los puños—. Tu hermana está saliendo justo con quien tu padre no quería que lo hiciera. Shikamaru Nara y ella, están juntos.
—Cállate ya —ordenó Gaara bostezando—. Me aburres.
—¿Te aburro? —preguntó ladeando levemente la cabeza—. Sólo os estaba dando pistas. Conozco vuestros puntos débiles. No hace falta que os ataque a vosotros mismos. Porque tú, por ejemplo, no soportarías que algo le sucediera a tu hermana. Aunque, ahora me preguntó qué pasaría si fuera Matsuri mi punto de interés. Esa chica, al fin y al cabo, esta bajo la mira por tu culpa.
Y entonces, pasó.
Gaara clavó la mirada en él antes de que las convulsiones aparecieran. Temari actuó enseguida y Sai presionó un botón junto a la cabecera. Los enfermeros y Shizune, quien le miró levantando una ceja por un momento, se encargaron enseguida.
Menma, dándose por satisfecho, salió. Silbando, se detuvo al ver que Asuma Sarutobi estaba apoyado en la pared, cruzado de brazos. Era realmente grande ese tipo.
—¿Te has divertido? —cuestionó.
—Sí —respondió satisfecho—. Me aburría mucho. Y cuando me aburro, algo pasa. Qué casualidad. ¿No crees?
Asuma posó una mano sobre su hombro antes de que se alejara. Él la miró, luego a él.
—Hay niños que a veces necesitan unos azotes —dijo—, pero yo no soy partidario de eso. Sin embargo, lo que más necesitas, es lo que te estas esforzando por destruir. No son los golpes que buscas que te den, si no, justo lo contrario.
Se soltó, aterrado. Empezó a jadear, mirándole con los ojos muy abiertos. Asuma levantó las manos, sonriente.
—Vuelve a clases, chaval. Antes de que cambie de idea.
Menma casi voló escaleras abajo.
—
—
Temari se echó los cabellos hacia atrás, agotada.
Gaara finalmente se había calmado y dormitaba. Shizune estaba tan agotada como mostraban sus ojeras. Tras asegurarse de que Sai también estuviera bien, les avisó que dormiría un poco y ninguno de los dos se negó. Se lo había ganado a pulso.
—¿Estás bien?
Miró hacia la otra cama. Sai estaba sentado contra los cojines y mantenía una revista abierta sobre sus piernas. Ella asintió, pero no pareció ocultar del todo su cansancio, porque él hizo una mueca de no creerla.
—Estoy cansada —confesó—. Perdida. No por Gaara. Entiendo que esto tenemos que pasarlo y que no es su culpa. Lo de nuestro padre tampoco, por supuesto. Contárselo ha sido bastante duro. Pensé que tendría un ataque…
—Y ha sido Menma quien se lo ha ocasionado.
—Sí… Ese… —Apretó los dientes para no soltar una palabrota o un adjetivo dañino—. Cuando Shikamaru vino a contármelo, él salió poco después, expectante de poder darme la noticia. Que Shikamaru lo hiciera antes le había roto por completo su plan. Y no podía permitir que lo hiciera con Gaara, pero está tan delicado…
Sai miró a Gaara con gesto pensativo.
—Y pese a todo, ha sido lo último que ha dicho lo que le ha provocado el ataque. Matsuri —recalcó. Sai asintió cruzándose de brazos—. Mientras estábamos en el hospital intentaron atacarla. No lo consiguieron. Bien porque Sakura estaba allí o por suerte, no lo sé. Hasta ahora no han vuelto a intentar nada.
—¿Por qué a ella? —preguntó Sai.
—No lo sé —reconoció—. ¿Podría haber visto al que ayudó a Tayuya? —sopesó—. ¿O por ser el interés de mi hermano? Hay tantas posibilidades.
—¿Interés? —Sai pasó la mirada de ella a Gaara—. ¿A tu hermano le gusta Matsuri?
—¿Sinceramente? No lo sé —confesó—. Esos dos no abren la boca. Matsuri es un libro abierto, desde luego, pero Gaara… es una página aparte.
Sai inclinó la cabeza afirmativamente, luego volvió a mirarla a ella.
—¿Shikamaru?
Sintió que el rubor subía a sus mejillas.
—Sí.
—¿No ibas a contárselo a Gaara?
—Claro que sí —bufó consternada—, pero lo de nuestro padre era más importante. Hay que priorizar las cosas importantes. La verdad, me pregunto qué estará pasando allí y si deberíamos de volver.
—Los profesores no van a dejarte regresar —aseguró Sai—. Además, sospecho que traernos aquí fue para quitarnos de en medio. ¿Por qué no se lo preguntas a Shikamaru?
—No.
—Shikamaru.
Temari bufó esa vez, irritada, cruzándose de piernas. Clavó la mirada en Sai.
—Ya te he dicho que no se lo voy a preguntar.
—¿El qué?
Dio un respingo al escuchar la voz. Al volverse, Shikamaru estaba de pie en el pasillo de la habitación. Los miraba a ambos alternadamente hasta fijarse en ella. Temari sintió de nuevo que todo el cuerpo se le volvía de gelatina. Intentó controlarse, carraspeando.
—No importa —descartó enderezándose.
Sai, sin embargo, no se sentía de la misma forma que ella.
—Creemos que estamos aquí para protegernos de lo que está ocurriendo en la ciudad. Aunque no sabemos bien qué está pasando, atañe a ellos dos y a Matsuri.
Temari se volvió hacia él con la boca abierta. El chico se encogió de hombros.
—Demasiado tiempo libre me hace pensar.
Shikamaru maldijo entre dientes y se rascó la nuca.
—Tsk, Sai no le des muchas vueltas a todo esto —recomendó—. Céntrate en descansar. Aunque tenía que hablar contigo. Por eso he venido.
Temari empezó a levantarse.
—Iré al pasillo.
—No hace falta —descartó Shikamaru acercándose más a él. Sai lo siguió con la mirada.
—¿Es sobre Ino? —preguntó antes de que Nara hablase.
—Sí —contestó Shikamaru—. Hay algo que no me gusta. Algo que tiene que ver con la pintura.
Temari se percató, entonces, de que la carpeta que Sai siempre llevaba no estaba. Ni un solo lápiz o cuaderno como siempre. Es más, sus manos aferraban la pelota azul de su hermano, presionando sus dedos contra ella con fuerza.
—He decidido dejar la pintura —confesó. Ambos se miraron, incrédulos.
—¿Qué dices? —exclamó ella—. Sai, a ti te encanta dibujar.
—Sí… Pero justamente por meterme en cosas que no debía y dibujar algo que nunca debí de ver, estamos así —dijo. La tirantez en su mandíbula relataba lo duro que era para él—. Ino no lo acepta, así que ha decidido empezar su viaje sola por el mundo de la pintura.
—Creo que es algo más que eso —protestó Shikamaru. Se percató de la revista sobre las piernas de Sai—. ¿Te importa?
—No, claro.
Shikamaru la tomó y pasó diversas páginas.
—Es una revista de este hotel —explicó a medida que las pasaba, deteniéndose en una. Soltó una palabrota y luego se la expuso a Sai—. Lee la letra pequeña.
Sai la tomó con cierta reticencia.
—Ayer hablamos a cuenta de su disputa con Sakura. Cuando terminamos, me preguntó acerca de qué pensaría si Temari decidiera desnudarse delante de otras personas.
Temari recordaba esa escena. Con Ino escondiéndose en su dormitorio y Shikamaru y ella teniendo aquella escena tan incómoda que, después, fue claramente una pantomima por los micrófonos. Aunque, al final, eso era real.
A Shikamaru le gustaba. A ella le gustaba Shikamaru.
Estaban saliendo, joder.
—Imagino que no te haría nada de gracia —bromeó Sai cerrando la revista. Su boca estaba tensa formando una sonrisa dura.
Shikamaru miró hacia ella y Temari bien podía sentir que su corazón era capaz de echar a volar.
—No —negó finalmente Shikamaru volviendo a mirarle—. Ino es una cabra loca y muchas veces piensa con el corazón y la adrenalina más que con la cabeza. Si hace esto, se expondrá delante de muchos ojos. ¿No querías ser tú quien la dibujara?
—Nunca quise hacerlo desnuda —aseguró Sai mirándole fijamente.
Shikamaru colocó una mano en su cadera y suspiró.
—No es a mí a quien tienes que decirle eso. No soy su padre.
—No, pero a veces pareces su guardián —reflexionó Sai—. Siempre he pensado que estabais saliendo.
—¿Ino y yo? —cuestionó Shikamaru incrédulo y chasqueando la lengua como si la sola idea le diera muchísima pereza—. ¿Por qué todo el mundo piensa eso? Es un fastidio.
Temari los miró sin comprender. No sabía que la gente había sospechado de eso. ¿Quizás Tayuya se lo había comentado? Al fin y al cabo, Ino parecía divertirse mucho interrumpiendo a la pareja cuanto podía. En realidad, hasta le daba curiosidad el hecho de qué pensaría de que ellos salieran.
—Como sea. ¿Qué vas hacer? —preguntó Nara sacándola de sus pensamientos.
Sai se mostró perplejo.
—¿Por qué debería de hacer algo?
—Está haciendo todo esto por ti, Sai —respondió ella esa vez. Al notar que ambos hombres la miraban, suspiró, irritada—. Ella se echa las culpas por todo esto. Que dejes de dibujar hace que se sienta culpable porque sabe cuánto amas el dibujo. Ino se ha dado cuenta de muchas cosas. Hay cosas que no voy a decir yo, porque considero que cada quien debe de exponer sus sentimientos, pero sí te diré que ella ha aprendido a amar esa parte tuya que hasta ahora no quería ver por miedo. A la Ino de ahora no le importa desnudarse si hace falta.
Sai movió las piernas hasta sentarse. Tomó aire, tocándose el costado. Cuando se levantó, Temari tuvo que apartar la mirada y escuchó a Shikamaru maldecir y ruido de ropa, así que se imaginó que estaba encargándose de la obertura del pijama. Cuando Sai pasó a su lado, se apoyaba sobre una muleta.
—¿Deberías de salir?
—Tengo que caminar un rato —dijo abriendo la puerta para salir.
Shikamaru caminó hasta ponerse a su lado.
—Baja el ascensor y a la derecha. Te he atado bien el batín —aseguró.
Sai asintió y cerró tras él.
Temari suspiró.
—Bueno, si no le gusta por sus manos, quizás por su trasero.
Shikamaru se quedó mirándola con la boca abierta.
—¡Es broma! —exclamó entre risas. Extendió su mano para tocarle el cuello—. Apenas se lo he visto.
—Tsk, mira que eres problemática —protestó, aunque se inclinó para besarle la mejilla, que luego acarició con el pulgar—. ¿Estás bien?
—Sí. Menma estuvo aquí antes y desbarató todo, pero estoy bien. ¿No tendrías que estar en un taller?
—Sí, pero me aburría, así que salí con la excusa de ser delegado —confesó—. Asuma me envió un mensaje, por eso he venido.
—¿No tenías que hablar con Sai?
—Eso también —confirmó. Miró por encima de su hombro hacia Gaara, que cambió de postura—. Menma podría haberse metido la lengua en el culo.
—Estoy de acuerdo —asintió ella cruzándose de brazos—. Gaara estaba haciendo esfuerzos tras lo de nuestro padre e iba bien. Pero ha sido mencionar a Matsuri y… ha pasado. Cada vez que intenta recordar algo, sucede. No sé cuánto va a poder soportar su cuerpo. Shizune también está agotada.
—Normal. Gaara es fuerte, Temari. Podrá con esto y más —aseguró—. ¿Por qué no vas a comer algo? Yo me quedo con él.
Ella dudó. En realidad, estaba algo hambrienta. No había bajado a desayunar por miedo a que Menma hiciera justo eso. Y cuando subieron algo de comida para Sai y Gaara, eran raciones tan pequeñas que no se vio con el alma de aceptar cuando le ofrecieron. Tampoco podía mandar a ninguna de las chicas a por algo.
—Iré —aceptó finalmente. Shikamaru se sentó donde momentos antes estaba ella—. Cuida de él.
—Lo haré.
Tras coger su móvil, se marchó. Era realmente extraño dejar a esos dos ahí. En realidad, empezaba a preocuparle qué pasaría entre ellos. Gaara nunca había mostrado preocupación porque ella estuviera interesada por ningún chico, así que no tenía del todo conocimiento a cuenta de cómo trataría a Shikamaru.
Y él había hecho mucho por ellos. Muchísimo.
—¡Me haces daño!
Se detuvo al llegar al rellano. En la entrada de otra de las bifurcaciones del hotel, descubrió a Sai, que parecía haber arrastrado a Ino hasta allí y soltarla. Temari decidió que era mejor no meterse en eso, especialmente, tras que Ino le guiñara el ojo rápidamente, pero sí meterse algo de comida en el estómago.
—
—
Sai estaba más agotado de lo que pensaba. Darse ese paseo desde los dormitorios hasta la sala de pintura fue agotador. También tener que sacar a rastras a Ino. Porque no podía creerse que ella estuviera llegando a tales extremos. Si Shikamaru estaba preocupado por ella, la idea de que se desnudara frente a tantas personas, le irritaba.
Bien, era el mismo sentimiento inquieto que cuando se enteró de que ella quería modelar para Deidara y que no parecía importarle que fuera desnuda. ¿Qué clase de serrín tenía en su cabeza?
Cuando entró, la encargada estaba indicándole dónde debería de cambiarse, el lugar a posar, la maldita y condenada sábana que luego se quitaría…
—¿Por qué estás fuera de la cama? —cuestionó ella elevando la voz y frunciendo el ceño a la par que lo miraba de arriba abajo—. ¡Todavía tienes que guardar reposo!
—¿De quién crees que es la culpa, Ino? —preguntó. Si no necesitase la dichosa muleta se habría cruzado de brazos para enfatizar su molestia—. Shikamaru vino a verme y me contó la locura que estas dispuesta a hacer.
Ino abrió la boca. La cerró. Desvió el rostro hacia un lado hasta cruzarse de brazos.
—¡Ese Shikamaru va a escucharme después!
—Shikamaru está preocupado por ti —corrigió—. Echarle las culpas por algo que es natural en él no es correcto.
Suspiró y se pasó la única mano libre por los oscuros cabellos.
—Y yo también estoy preocupado, Ino.
—Pues no deberías. Estoy en mi taller, sin que nada me pase.
Le dio la espalda con intenciones de volver. Sai maldijo entre dientes.
—Yo no te he pedido que hagas nada por mí. No te he pedido que te desnudes delante de más hombres o mujeres por mí.
Ella se detuvo. Percibió que sus hombros temblaban.
—Así que no hagas esto por mí porque no sirve de nada.
Ino se volvió hacia él. Las lágrimas anegaban sus ojos.
—¡No digas que no sirve de nada, Sai! —exclamó—. Porque tú amas dibujar. Plasmas maravillas con tus manos y que hayas renunciado a esto por culpa… No me lo voy a perdonar nunca, Sai.
Le tomó de la mano libre con ternura. Era cálida. Mientras que él siempre tenía las manos heladas. Bajó la mirada hacia ellas.
—No fue tu culpa, Ino. Yo moví el lápiz sobre el papel. Yo vi ese momento.
Tomo aire antes de poder continuar.
—Por favor, no hagas esto.
—¿Me prometes volver a dibujar?
Él frunció el ceño. ¿Estaba chantajeándole? Sí. Esa descarada lo estaba haciendo. Y no parecía ni un ápice avergonzada.
—Ino…
—Mira, te propongo algo —dijo interrumpiéndole —. Si tú decides continuar, posaré para ti y para nadie más.
Suspiró, frustrado. Soltándose de ella comenzó a caminar hacia el ascensor.
—No entiendes nada, Ino.
Ella se quedó atrás. Cuando se volvió para ver si había regresado a la clase de pintura, continuaba ahí.
—¡No me has dicho que no! —exclamó.
Luego, se volvió hacia la cafetería, triunfal. Sai sacudió la cabeza y se adentró en el ascensor.
—Tampoco te he dicho que sí.
—
—
Ino esperó a que las puertas se terminaran de cerrar para tomar aire. Su idea no era entrar en la cafetería, pero cuando Matsuri entró como un huracán sin mirar a quien se llevaba por delante, su parte curiosa despertó. Porque sabía que Temari estaba dentro de la cafetería, tras que le guiñase un ojo. No quería hacerla cómplice de su plan, pero tampoco podía permitirse que la interrumpiera.
No le había prestado mucha atención a Temari, pero que Matsuri gritase su nombre repetidas veces significaba algo. Así que se acercó con cautela.
"Como si fueras un ninja", se dijo.
Entonces, sus finos oídos dados con la bendición de enterarse del buen chisme, captaron la pregunta en cuestión.
—¿Es cierto que estás saliendo con Shikamaru?
Ino abandonó toda idea de ser una ninja chismosa para ser una descarada chismosa.
—¿¡Es eso cierto!? —exclamó o gritó, no estaba segura de cual de las dos cosas. Se quedó mirando a Temari fijamente mientras jadeaba.
—¿De dónde has salido? —cuestionó Temari intercambiando su mirada de ella a Matsuri—. ¿Y por qué diablos me preguntáis eso?
Hubo un leve rubor. ¡Leve! Pero ella lo vio. Oh, diablos, lo vio. No se le iba a pasar por alto por nada del mundo. Temari bajó la cabeza para coger algo de comida y metérsela en la boca como clásica excusa para no hablar. Ino tiró de la silla para sentarse delante y Matsuri la imitó.
—Yo me he enterado por Menma —explicó Matsuri mirándolas a ambas—. Ha llegado a la playa y lo ha soltado como si fuera algo ofensivo.
Temari soltó una palabrota y apretó con tanta fuerza la cuchara que bien podría haberla doblado.
—Ese idiota… Por su culpa Gaara ha tenido un ataque.
—¿Por estar saliendo? —preguntó.
Temari clavó la mirada en ella.
—¡Por supuesto que no! —respondió—. Le dijo a Gaara cosas muy complicadas y dolorosas. Fue a hacer daño.
—¿Dolorosas? —indagó Matsuri preocupada.
—Sí, quería destruirlo al decirle que nuestro padre ha muerto.
—¿¡QUÉ!?
Matsuri se puso en pie, golpeando la mesa de atrás con el respaldar de la silla. Pálida como nunca la había visto. Temari asintió lentamente y Ino la miró sin comprender.
—¿Por qué te aflige tanto? Quiero decir, lo siento, Temari —se disculpó—, pero no tenemos muy buenos recuerdos de él hacia ti.
Ino recordaba la única vez que ese hombre visitó la escuela por la función escolar. Temari se había enfrascado completamente en hacer bien su papel de cenicienta. Su padre no tuvo muy buenas palabras hacia ella al terminar la función. Ino, que por aquel entonces no es que se llevase bien con ella, supo que no iba a perdonar a ese hombre nunca.
—Trabajaba para él —murmuró Matsuri—. ¿Qué pasará ahora?
Temari suspiró, agotada.
—No tengo la menor idea, Matsuri. Mi hermano está enfermo, mi padre seguramente dejó testamento y dudo que sea beneficioso para él o para mí. Menos sé todavía qué sucederá con sus trabajadores o sus posesiones. Igual, cuando regrese a mi casa descubro que estoy en la calle.
—Shikamaru no dejará que termines en la calle. —Ino apoyó ambas manos sobre la mesa, concienzuda—. Te aseguro que se cortará lo que le cuelga entre las piernas antes que permitirlo.
Temari suspiró una vez más con cierta irritación.
—Shikamaru no está obligado a mantenerme y no permitiría que eso sucediera. Mi hermano y yo podríamos meternos en la escuela, en los dormitorios, mientras busco un trabajo. No me da miedo remangarme.
Ino sonrió ladinamente.
—Eso significa que estáis realmente saliendo.
Esa vez, las mejillas se cubrieron más de cierto toque rojizo.
—¿Qué estáis haciendo vosotras dos aquí?
Shikamaru caminaba hacia ellas, ladeando la cabeza con curiosidad a la par que parpadeaba. Temari empezó a ponerse en pie.
—¿Ha ocurrido algo con…?
—No, tranquila —descartó—. Sai regresó y me dijo que prefería estar solo y que él cuidaría de Gaara. Shizune sigue durmiendo y él también.
Temari volvió a sentarse, aliviada y retomó su tarea de comer. Ino, sin embargo, no estaba dispuesta a dejar eso a medias.
Abrió la boca, pero fue otra voz la que superó la suya.
—Sé que Sai quiere estar solo, pero… ¿Puedo ir a ver a Gaara? Me muero de ganas de verle.
Los tres se quedaron mirando a Matsuri, quien, pese a sus palabras, no parecía nada avergonzada. Más bien, era como si se hubiera quedado sin energía. Shikamaru y Temari intercambiaron una mirada, pero fue la mayor quien asintió. Momentos después, Matsuri corría hacia los ascensores.
Shikamaru chasqueó la lengua, retirando la silla junto a Temari y sentándose. Incluso cogió algo de su plato para llevárselo a la boca, distraído.
Ino sólo le había visto así de relajado con ella y Choûji.
—Entonces. ¿Estáis saliendo?
Esa vez, fue su mejor amigo quien levantó la oscura mirada hacia ella y también, quien respondió.
—¿Hn? Sí, estamos saliendo.
Ino sonrió y dio diversas palmadas de emoción. Y era de verdad. Lo que no había sentido con Tayuya, esa alegría maravillosa de saber que tu mejor amigo era completamente feliz, lo estaba sintiendo justo en ese momento.
—Me alegro por vosotros, chicos. De verdad que sí.
Temari levantó la mirada del plato y la clavó en ella. Cuando su boca se extendió en una mueca que no le había visto nunca hacer y agradeció, supo de cierta forma parte del motivo por el que Shikamaru se había interesado en ella.
Miró hacia el techo, con el pecho henchido de felicidad y rezó. Con todas sus fuerzas. Ojalá que ella y Sai llegaran algún día a ser capaces de mostrarse de esa forma ante el mundo.
Porque no iba a rendirse, por mucho que él formara pataletas.
Sai iba a volver a dibujar. Quizás no a amarla, esa era otra batalla, pero pensaba ganarlas ambas.
—
—
Entró tras llamar y asomarse. Sai estaba sentado en la cama, mirando una revista de arte, pero levantó la mirada hacia ella y luego, la dirigió hacia Gaara.
—Siento molestar —se disculpó adentrándose más. Caminó hasta ambas camas, deteniéndose a los pies de la de Gaara y observó su rostro. Estaba recostado hacia la salida, con un brazo bajo la almohada y los cabellos cayendo sobre su frente.
—Se ha dormido hace nada de nuevo —le dijo—. Cuando Shikamaru se ha ido, despertó, pero enseguida volvió a dormir sin ataque ni nada. Estará algo sedado unas horas.
—Comprendo —farfulló—. Quería dejarle esto —indicó acercándose a la cabecera y dejando la sombrilla que compró al lado—. Estoy segura de que él no se acordará, pero quiero intentarlo.
Sai miró el objeto con interés.
—¿Una sombrilla?
—Bueno, más que sombrilla, es el color —reconoció enrojeciendo por su torpeza—. Es un color que nos enlaza. Imagino que él ha enterrado ese recuerdo muy a lo hondo.
Se quedó mirándole un momento. Incluso se atrevió a pasar su mano por sus cabellos y sonrió al verle arrugar la nariz.
—Te gusta.
—Sí —respondió mirándole. No era un condenado secreto a esas alturas—. Y también sé que no soy correspondida. Me conformo con que él regrese a la vida. No quiero que se pierda nada de la vida. Lo divertido, en especial. Sé que también hay sufrimiento, pero si no estás solo, puedes enfrentarte a lo que venga. Y él no está solo. Ni siquiera para lidiar sus propios demonios.
Se incorporó, sonriente.
—Os dejo descansar. Sólo quería verle.
Le dio la espalda dispuesta a salir.
—Matsuri —detuvo Sai.
Ella volvió sobre sus pies, curiosa.
—¿Sí?
Sai miró hacia la ventana.
—¿Puedes traerme un lápiz y un cuaderno? Me gustaría dibujar algo.
Ella sonrió abiertamente y asintió.
—¡Claro!
—
—
Karui se quedó mirando hacia el exterior, apoyada en la ventana y sosteniendo la libreta contra su estómago. Después de lo ocurrido en la cafetería con Menma y tras pasar unas largas horas de instrucción de literatura, sentía que la cabeza iba a explotarle. Ni siquiera sabía por qué había escogido eso en vez de irse de aventuras.
Quizás porque la arena le ponía de mal humor. Le recordaba a su antiguo hogar, al que sólo frecuentaban obligatoriamente durante las vacaciones de verano. Y al que sus padres sopesaban la idea de regresar antes de que la carta, la maravillosa carta más bien, apareciera en su buzón. Sus padres le preguntaron si prefería irse con ellos y tomar el trabajo de la familia como pescadores o quedarse.
Ella no se lo pensó demasiado y prefirió quedarse. No sabía si tomarlo como cobardía o decidir expandir sus alas. El caso es que no se sentía arrepentida de retomar las clases. Aunque fuera algo vergonzoso ir a comprar el material o que te mirasen por encima del hombro como si estuvieras loca.
Al fin y al cabo, en su pueblo, a esa edad tendría que estar casada y esperando su primer hijo con cualquier hijo de vecino que la aceptara incluso con su mal carácter.
Y aunque hasta ahora había mantenido un perfil bajo, le gustaba estar con quienes estaba. Le había sorprendido ser capaz de aceptar mucho mejor que antes a sus compañeros. Incluso estaba descubriendo que muchas de las ideas preconcebidas que se hizo en su momento eran erróneas. Por ejemplo, Karin. Le gustaba cómo era ahora, su madurez. Aunque estaba claramente perdida y había que sostenerla para que no regresara al pasado.
Descubrir a su par que Hinata Hyûga tenía más ovarios de los que se habría imaginado nunca, fue sorprendente y agradable. Le gustaba.
Y, si pensaba en gustar, había ciertos intereses especiales que nunca se había percatado en ella. Hasta ahora no se detuvo en pensar en el hombre ideal. Sí que formó parte de aquel estúpido evento de votos que llevó a cabo Yamanaka, motivada más por las hormonas que la cabeza, pero nada más.
Ninguno de los chicos de la clase le había llamado tanto la atención. No, hasta ahora. Y sí, era increíble que se tratara de Akimichi Choûji. Con la cantidad de chicos que tenían en clase, guapos, inteligentes y estúpidos, se fijaba en aquel que pasaba más tiempo babeando por comida que por mujeres.
Esa mañana intentó acercarse a él. Quería saber qué clase de hombre era. Dudaba que resultara ser igual que Sasuke Uchiha, pero tras escuchar tantos desamores de sus amigas, empezaba a sentir cierto miedo de llegar a enamorarse.
También, podía imaginarse la cara de sus familiares si llegara a convertirse eso en realidad. Ellos que estaban acostumbrados a hombres fuertes y marcados, de grandes brazos por el tiro de la red y la carga, aunque tuvieron severos problemas con el alcohol, jamás aceptarían a alguien regordete que sólo pensaba en comer.
Lo buscó por el reflejo del cristal. Estaba ensimismado con la hoja que tenía delante mientras terminaba su nueva bolsa de patatillas. Suspiró, acercándose a él. Si tenía que esperar que él hiciera algún movimiento, iba apañada.
—Ey —saludó acomodándose contra la mesita.
Él levantó la mirada de la hoja hacia ella. Entonces, pasó algo extraordinario. Su cara se expandió de cierta forma, con los ojos brillantes y la boca extendida en una sonrisa tan sincera que bien podría haberla destruido.
—¡Hola! —la saludó—. ¡Gracias por el flan de antes! Estaba delicioso.
—Ah, no fue nada. Creo que tú tenías más ganas que yo de comértelo.
—Sí —reconoció frunciendo el ceño—, pero te lo compensaré. Esta noche te daré el mío de la cena.
—No tienes que…
—¡Insisto! —animó resplandeciendo una vez más.
Karui aceptó finalmente, sabiendo que no iba a lograr convencerle de lo contrario.
Y eso era verdaderamente sorprendente, porque en su tierra, los hombres traían el pescado a la casa junto al jornal. Lo dejaban sobre la mesa, fuera suficiente o no, nunca dejarían de alimentarse por ellas. Ni siquiera si trabajaban en el barco con ellos. Así pues, que uno se quitara la comida de la boca para entregársela, era como ganar mil puntos de golpe.
Sí, definitivamente, Akimichi no era como los demás hombres.
—
—
Gaara se movió entre las sábanas y miró la sombrilla junto al cabecero. No le había preguntado por ella a Sai. No necesitaba hacerlo. Había escuchado la conversación. No se sentía orgulloso de ello, pero tampoco estaba preparado para hacer frente a lo que significaba. Se sentía agotado física y mentalmente. Y no solo era por los calmantes.
Cada vez que pensaba en ella siendo expuesta, la impotencia y el malestar incrementaba. Pensando en ciertos términos, Matsuri estaba convirtiéndose en su Kryptonita. Igual que Temari. La sola idea de que les pasara algo…
Cambió de postura para incorporarse. Sai, se volvió hacia él, preocupado y levantó una mano para tranquilizarlo.
—Has tenido visita mientras dormías.
Le vio señalar la sombrilla y asintió, distraído. Se percató de que sostenía un lápiz y un cuaderno. Matsuri debía de haber regresado cuando volvió a quedarse dormido por los calmantes.
—¿Has decidido volver a dibujar?
—No lo sé —reflexionó—. Sí que lo echo de menos, pero…
Levantó el cuaderno para mostrárselo. Pese a las cuadrículas podía ver la figura de una mujer que sonreía, cuya mirada era tan expresiva que no necesitaba palabras. La reconoció enseguida.
—Quería plasmar la mirada que ella puso al hablar de ti. De nuevo, he vuelto a dibujar algo en lo que no debía de meterme. Parece que no aprendo.
Gaara extendió el brazo hacia el dibujo. Él se lo entregó de buena gana. Lo observó detenidamente. Matsuri, con su pequeño rostro y sus grandes ojos. Matsuri, tan sincera siempre. Capaz de sorprenderle y aterrarle de igual modo.
—El que no aprende soy yo —dictaminó. Le devolvió el dibujo—, por favor, cuando esté terminado…
—Te lo daré —accedió Sai sorprendido—. ¿Ella te gusta?
Le dio la espalda, recostándose de nuevo en la cama. Le pesaban las pestañas.
—No lo sé.
No tardó mucho en quedarse dormido. Un sueño que siempre bloqueó. Un recuerdo exacto del funeral de su hermano. Donde entre tanta mierda de adultos, una niña se acercó a él para cubrirlo con su paraguas rojo.
—
—
Itachi se quitó la chaqueta nada más entrar y el olor a comida, tabaco y bebida le llenó la nariz. No podía creerse que acabara de pasar el medio día y esos locos estuvieran ya llenos de todas aquellas cosas. Deidara no parecía de buen humor, especialmente, tras que fuera su hermano el causante de sus heridas. Todos estaban de acuerdo en que él mismo se lo buscó, pero también ninguno tuvo la conciencia de detenerle antes de que se hiciera daño.
Pain estaba acurrucado en el sofá, con Konan separando algo de comida en un plato antes de que Kisame se lo comiera todo. Itachi se sorprendió de lo fácil que el tipo se había ganado un hueco entre ellos, especialmente, para cambiar batallas con Kakuzu acerca de peleas o victorias con mujeres.
Hidan estaba tan mal humorado como siempre mientras bebía como si no hubiera un mañana y Nagato se esforzaba por evitar que continuara bebiendo. Le extraño que, pese a lo tenso que estaba su relación, Sasori no estuviera allí.
—¿Y el pelirrojo? —preguntó avanzando y descartando la cerveza ofrecida por Pain.
Deidara se sentó a su lado y aceptó el plato de Konan.
—Tiene una cita con Hisame.
Kisame levantó la cabeza del móvil que había sacado para enseñarle una foto a su compañero, elevando una ceja.
—¿Qué?
—¿Tienes una cita con Sasori? —cuestionó mirándole con cierta diversión—. No sabía que ibas de ese palo.
Kisame entrecerró los ojos.
—Si tengo que metérsela algún día a un tío, probablemente sea tu culo el que lo sufra. Yo no he quedado con el enano.
Itachi levantó el dedo corazón como respuesta mientras algunos se esforzaban por no echarse a reír.
—Es una mujer —corrigió Deidara arto de sus bromas sexuales. Quizás, porque le recordaban a Ino Yamanaka y su frustrado intento de violación—. Una mujer del montón acompañada de otra que todo lo tocaba. Como odio a esa clase de gente que no respeta el trabajo ajeno.
—¿Y por qué una mujer cualquiera estaría interesada en él? —preguntó Kisame inclinándose interesado—. Además, ¿Sasori no le había quitado la novia a tu hermano, Itachi?
Itachi se encogió de hombros, desinteresado. Por supuesto, no iba a hundir a su hermano. Pero lo cierto, era eso. Sasori le había terminado quitando a su hermano a Sakura. Sin embargo, ninguno de los dos estaba en casa y, Sasori, rondaba sólo por la ciudad.
Sería interesante, no obstante, cómo se desarrollarían los sucesos desde ahora entre ellos.
—Por cierto, Pain —recordó—. ¿Tienes un coche o una moto libres? Nada ilegal, si ya sabes a qué me refiero.
Hidan silbó levantando su lata de cerveza.
—Mira por dónde. Don Itachi se nos ha vuelto un estirado.
Itachi se giró hacia él. Hidan frunció las cejas.
—¿Por qué nadie le dice a la cara que es un asqueroso bastardo? —cuestionó mirándolos a todos.
—Hidan —advirtió Pain.
—No me sermonees, Pain —protesto el nombrado—. Este cabrón sabía que nos iban a dar hasta en el cielo de la boca. Y en vez de apoyarnos, se quedó de brazos cruzados observando cómo caíamos.
—Os advertí —rememoró Itachi cruzándose de brazos y con suma tranquilidad. A él no le carcomía la conciencia—. Os dije que habíais despertado un demonio. No era mentira. He visto a esos chicos pelear desde niños. Sé cuan duros son. Idiota el que los subestime.
Hidan dejó la lata sobre la mesa con tanta fuerza que goteó. Deidara maldijo cuando llegó parte hasta su comida.
—¡Maldita sea, Hidan! ¡No puedo tomar nada de alcohol, imbécil! —protestó. Pero el nombrado le ignoró.
—Pues haberte puesto a repartir hostias como todo el mundo —acusó señalándolo directamente con el dedo.
—¿Cómo le puedes pedir que se diera de golpes con su hermano pequeño? —cuestionó Konan desconcertada—. Deja de echarle las culpas a otros de vuestros errores, Hidan. Perdiste. Un mocoso te metió de cabeza en el suelo, aunque sigo sin saber cómo diablos lo logró.
Por supuesto, Hidan no iba a entrar en detalles. Así que se conformó con beber y comer en silencio.
—Tengo un coche —le dijo Pain retomando la conversación—, es algo viejo y necesita reparaciones, pero funcional.
—Perfecto —aceptó—. Estoy cansado de ir caminando a todos lados.
Luego desvió la mirada a Kisame.
—Entonces, con Sasori…
Kisame levantó el dedo corazón como respuesta.
—
—
Odiaba como nadie que le dijeran qué debía de hacer o cuando, especialmente, sus familiares. Personas frías y egoístas que miraban siempre con asco a todo aquel que caminara por una senda diferente a la normal. Él era una de esas personas. En realidad, fue junto a Kankuro que tomó ese sendero. Ahora sólo quedaba él y eso, significaba desgracia para su familia.
Apretó los dientes con fuerza dispuesto a no montar un escenario. La única persona que le gustaba de ese lugar era su abuela. La mujer disfrutaba fingiendo que estaba muerta para después darles un susto de muerte a los demás.
El cementerio siempre le había parecido frío y húmedo y odiaba que se calara hasta los huesos esa sensación. Que Gaara y Temari no estuvieran ahí también implicaba que sus familiares estuvieran con las uñas sacadas.
—No comprendo por qué no han podido esperar más tiempo —remugaba su abuela—. La policía no quería que se llevasen el cadáver todavía.
—Abuela —chistaba otra joven Arenas—. Olvídate de eso y concéntrate en despedirle.
—¿Despedirle? La mitad de aquí ni siquiera le soportabais. La cosa sea clara. Y yo tampoco. Hizo sufrir mucho a sus hijos. ¿Os extraña que no estén aquí? Seguro que ni siquiera saben nada de esto, como a vosotros os conviene. Queréis que se adelante todo para que salga el testamento, buitres.
Sasori le habría besado los cachetes si no fuera porque no quería delatarse. Su abuela tenía completa razón y por la forma en que los rostros se ocultaron bajo fingidas toses y las orejas rojas, sabía que había dado en el clavo.
Realmente le había sorprendido que la policía entregara el cuerpo tan rápido, pero comprendía que el dinero había movido los hilos necesarios. Igual que el entierro. No había mucha parafernalia.
Miró el reloj en su muñeca. Llegaba tarde. Había quedado con esas mujeres en el hotel que le indicaron. No podía ir. Faltar a ese entierro podría significar muchos más problemas para él de los que deseaba tener.
Miró al cielo encapotado. Esperaba que Temari estuviera disfrutando de la ignorancia en vez de estar llorando por todo eso. Sabía que su relación con su padre no era perfecta, pero no era una mujer de hierro.
Aunque luego recordó que Nara también estaba ahí y se sintió frustrado. Acarició el móvil dentro de la chaqueta del traje. Le gustaría llamarla y averiguar cómo se encontraba. Sabía que ella no le contestaría.
Y eso le dolió como si alguien le hubiera abofeteado directamente en el alma.
—
—
Sintió el agua cosquillearle en los pies a la par que encajaba el gorro, sujetándolo por las solapas. Sentía mucho tener que perderse la parte de buceo, pero le estaba gustando mucho rebuscar entre las rocas. Aunque fuera para recoger la basura. Además, Rin le había dado permiso para refugiarse en la sombra si las heridas le escocían por el sudor. Hasta ahora, se había distraído tanto con lo que sucedía a su alrededor que no había pensado en ellas en ningún momento.
Aunque era consciente, por supuesto. Era por ellas que no podía ir con los demás a bucear.
Sin embargo, siempre había sido buena observando a la gente y justamente, esa gente le encantaba. Era adorable ver a Kiba y Naruto, el cual estaba guapísimo, jugar con el agua y perseguirse para hacerse ahogadillas. A Neji intentando por todos los medios que no lo inmiscuyeran, ya que Lee se emocionaba y terminaba arrastrándolo.
A Sakura y Tenten hablando entre ellas mientras rebuscaban entre unas rocas o a Karin y Matsuri, que había regresado, intentar que los chicos no terminaran haciéndose daño. Incluso era consciente de que Menma estaba ahí, mirando todo igual que ella. Aunque el sentimiento no era el mismo. Ella los amaba. Menma no.
Él se esforzaba porque todos sufrieran, porque algo malo pasara. Sin embargo, tras que soltara la bomba acerca de que Temari y Shikamaru estaban saliendo y al no reconocer ningún gesto de dolor, se sintió frustrado y se apartó, enmudeciendo.
Hinata no sabía si eso sería contraproducente.
Se percató de que Sasuke estaba a su lado, cruzado de brazos y observando hacia Sakura y Tenten. Su ceño se mantenía fruncido mientras lo hacía y Hinata dedujo que no era por el sol.
Kakashi y Rin estaban con los monitores intercambiando alguna clase de conversación, dejándoles un momento de libertad.
Entre risas, Naruto, que estaba ahogando a Kiba literalmente, lo soltó para mirar hacia ella y Sasuke. Hinata notó que el rubor subía hasta su rostro a instante. No se había podido quitar la chaqueta, aunque fina, por las heridas. Le habría gustado sentirse menos fea con eso. Además, la chaqueta no ayudaba en nada. Pues se cerraba en su vientre, sí, pero cuando quería subirla por encima de su pecho, la cremallera se bajaba por la presión. Y eso, estaba matándola de vergüenza. Cuando la había echado en la maleta no se detuvo a probársela, pues el año pasado le venía perfecta. Y no es que hubiera engordado, no. Eran sus condenados pechos los que habían crecido.
Había escuchado a Menma soltar una palabra que se negaba a repetir hacia ese gesto, pero no era para nada su intención. Y tampoco podía pedirle a las demás ayuda, porque ni Ino ni Karui, quienes tenían más pecho que las otras, podrían prestarle una. Especialmente, porque ninguna de ellas estaba allí y, quizás, deseaban llevarla puesta.
Sasuke suspiró a su lado y caminó hacia el lugar donde habían dejado sus posesiones, tranquilos porque nadie las tocara, con él y ella por ahí. Cuando regresó, llevaba una chaqueta de color naranja entre sus manos y se la tendió. Hinata parpadeó sin comprender.
—Si te ofrezco la mía, es capaz de volar hasta aquí para arrancártela.
Tardó un poco en comprender que era la de Naruto. La tomó, dudosa y desvió la mirada hacia Naruto, pero este estaba de espaldas a ellos porque Lee se había subido casi en sus hombros e intentaba tirarlo hacia delante, mientras Kiba recuperaba el aire y Neji le daba palmaditas.
—Póntela. Te aseguro que no le importará.
Sasuke le dio la espalda, pero se posicionó frente a ella, cubriéndola. Hinata agradeció el gesto y se cambió. La de Naruto era grande y olía a él. Pudo cerrársela perfectamente. Dejó la suya a un lado y se volvió hacia él. Sasuke se rascaba la nuca, buscando a su alrededor. Sakura y Tenten habían desaparecido por un momento de la vista.
—Gracias —le dijo una vez terminada.
Él se encogió de hombros y se alejó. Se preguntó por qué, hasta que vio que Naruto salía del agua dirigiéndose hacia ella. En seguida, los colores empezaron a subirle a la cara y el calor, por todas partes. Quizás no fue buena idea cerrarse la chaqueta.
Naruto se paró a escasos pasos de ella para sacudirse como si fuera un perro, sacándole una carcajada sin querer. Mas cuando se volvió para mirarla, sonreía abiertamente.
—Te queda mejor que a mí —le dijo en referencia a la chaqueta.
—Ah, perdón. Sasuke dijo que…
—Sí. —Dio unos pasos hacia ella para acomodarle el cuello. Su sonrisa no desapareció en ningún momento—. Así mejor.
—¡Chicos! —Kakashi caminó hacia la orilla, con Rin quitándose su propia chaqueta antes de adentrarse—. La siguiente tanda que quiera bucear, id con Rin.
Naruto ignoró el llamado, acercándose hacia su toalla para echársela por los hombros. Con un gesto, la invitó a sentarse bajo la sombra.
—¿Crees que sea un mal momento para hablar? —le preguntó.
Ella dudó, observando al resto. Sakura y Tenten se acercaron a los demás. Neji y Menma también. Aquello pareció llamar la atención de Naruto por un momento.
—Como ese desgraciado le haga algo a alguno —advirtió entre dientes.
—No creo —dudó, aunque no podía negar que se sentía preocupada—. Rin y el monitor están con ellos.
Naruto asintió. Retiró la mirada del agua para posarla sobre ella. No estaba segura de cuánto llevaba haciéndolo realmente, pero al volverse hacia él, tentada a mirarle, se encontró justo siendo observada.
—Hinata. ¿Oíste lo que dije en al ascensor antes de desmayarte?
Ella negó con la cabeza. Sus cabellos cayeron por su hombro ante el movimiento y él, con un gesto suave, los echó hacia atrás.
—Tu dijiste que te gustaba —comenzó. Esa vez asintió. Sus dedos se movieron hacia su cuello tras retirar el cabello, se quedaron ahí y fue un cosquilleo extraño—. ¿Era mentira?
—¡No! —negó girándose un poco hacia él.
Naruto fijó su mirada en sus ojos.
—Yo dije, en ese momento, hacia Kiba que estábamos saliendo —confesó. Ella guiñó los ojos, confusa. ¿Se había desmayado sin escuchar eso? —. Cuando hablé con Sakura más tarde me hizo ver que lo había hecho mal. Di por hecho que estábamos saliendo, pero nunca expuse mis sentimientos de verdad hacia ti.
Bueno, eso era cierto. Ella siempre había sentido miedo por ser rechazada. Si no fuera por las palabras alentadoras de Sakura, quizás estuviera temblando por un motivo muy diferente en ese momento. No obstante, ese era el momento.
Vale, era cierto: podría ser más romántico. La playa estaba bien, por supuesto, pero no era cómodo tener a sus amigos por ahí dando vueltas. Le habría gustado que fuera incluso de noche y con música, pero eso ya era su mundo de imaginación y pedirle a Naruto cosas que no podía darle en ese instante, era estúpido.
Y ya le había hecho esperar suficiente al pobre. Aunque cierta vocecilla suya le gritaba que no era malo hacerle esperar comparado al tiempo que él le había hecho esperar a ella.
Se mordisqueó los labios, intranquila. Naruto se había quedado callado y ella sopesó que quizás estaba dándole alas a preguntar.
—Yo… —tartamudeó— ¿Te gusto, Naruto-kun?
Por primera vez, lo vio enrojecer hasta las orejas y abrir la boca para cerrarla. Sus ojos brillaron y llevó la mano hasta su nuca.
—Lo siento —se disculpó por su atrevimiento.
—Hinata —negó él abandonado su cuello para tomarla de la mano—. Si, me gustas. Más de lo que piensas.
Esa vez, fue ella la que tuvo que boquear y poner una cara muy estúpida. Porque pasó de estar estupefacta a echarse a reír y cubrirse la cara con su mano libre, mientras el llanto escapaba de sus ojos antes si quiera de tener consciencia de que pasaba. Seguramente, si Neji no estuviera bajo el agua habría llegado hasta ella para averiguar qué pasaba y dios, eso podría no habérselo perdonado.
Porque Naruto cambió su postura hasta dejarla a ella entre sus piernas, abrazándola. Incluso le besó la nuca, la oreja y cuando finalmente pudo quitar su mano, la mejilla. Luego, sonrió abiertamente y se percató de que relucía. Realmente lo hacía. Si hubiera sido él el sol, bien podría haber inundado completamente la playa. No. La isla.
—¿No es una broma?
—No lo es —prometió. Y ella sabía que cuando él prometía algo era de verdad y para siempre.
Dejó que la abrazara, apoyando su mentón en su cabeza y mirando hacia las rocas. Ella, miró el mar, brillante, como si pequeños copitos de luz alumbraran lo que su corazón sentía.
—Y ahora sí —dijo él—, estamos saliendo. ¿Quieres que te lo pida formalmente?
Notó la broma en su voz y ella negó, sonriendo para mirarle.
—Menos mal, porque seguro que me arrodillaba y me daba de cabeza con el suelo —continuó bromeando, imaginando diferentes escenarios que lograron sacarle alguna carcajada. Era gracioso que Naruto fuera el que se veía siendo torpe, cuando ella era la que oficialmente tenía más probabilidades de dar con el suelo que él—. Cuando regresemos, iré con tu padre.
Eso la asustó.
—Naruto-kun, eso…
Él negó, concienzudo.
—Soy consciente de por qué tu padre me odia. Y seguramente entenderé mejor el motivo cuando sea padre, si es que tenemos una niña…
Hinata asintió hasta que se percató de qué insinuaban esas palabras. Como si fuera un gato, sintió que se estremecía para mirarle con la boca abierta. Él se echó a reír y le apretó la nariz con dos dedos.
—Lo siento, fui demasiado disparado —reconoció con las mejillas algo rojas—. Tiempo al tiempo. Aunque…
Bajó su mirada hacia sus labios, a su cuello, a sus hombros y ella levantó una ceja, sin comprender.
—No importa —zanjó—. O de verdad te desmayarás.
—Quiero oírlo —animó tomándole la mano que había bajado tras tocarle la nariz. Él enredó sus dedos con los de ella.
—No, todavía no —negó—. No es una mentira ni que te esté ocultando nada. Te lo prometo.
Pudo notar que no había mentira en sus ojos, pero como desvió la mirada hacia el agua cuando escuchó los chapoteos de sus compañeros al salir, especialmente Menma, pensó que se refería a ello.
Sakura fue la primera en salir a la arena, mirando hacia ellos con una sonrisa amplia y aprobativa. Naruto levantó la otra mano, la que hasta ahora había permanecido en su cintura y levantó el pulgar. Hinata se cubrió las mejillas, azoradas. Porque Naruto no se movió, manteniéndola entre sus piernas, ni cuando Neji salió y los miró con gesto estudiado que luego se relajó cuando Tenten entró en su campo de visión.
Kiba, sin embargo, al verlos ahuecó sus manos sobre sus mejillas y gritó a pleno pulmón:
—¡YA ERA HORA, IDIOTA!
Naruto frunció el ceño mientras ella se sonrojaba por ser el centro de atención.
—De verdad que he sido un completo ciego —reconoció suspirando.
—¿Por qué?
—Porque todos se dieron cuenta de tus sentimientos hacia mí y yo no —gruñó. Bajó la mirada hacia ella—. Perdona, Ttebayo.
Hinata sonrió y negó. La muletilla indicaba cuan de nervioso estaba él acerca de ese asunto. Acarició con su pulgar la mano que continuaba enlazada.
—Todo a su tiempo, como tú has dicho.
Uzumaki volvió a sonreír resplandeciente.
Ninguno de los dos sabía, entonces, lo que iba a ocurrir, metidos en su propia burbuja de felicidad, ajenos a la mirada cruel de otra persona.
—
—
Sakura no podía evitar sentirse feliz por ellos. Hinata se lo merecía. Naruto también. Hinata era la persona que realmente podía hacerle feliz y no ella. Y estaba muy bien. Esos dos se merecían llegar muy lejos. Y esperaba que Hinata se viera recompensada por todo el daño que había soportado en amar a Naruto.
Su felicidad, sin embargo, le había recordado que ella no lo era. Después de lo sucedido en la habitación de Shizune, con Sasuke exigiéndole que le escuchara, no pudo sacárselo de la cabeza después y toda la noche no se dedicó a otra cosa que dar vueltas y vueltas en la cama, imaginando qué palabras serían las que el Uchiha fuera capaz de decirle.
Por un lado, no quería escucharlas. Por otro, las necesitaba.
Y era culpa suya ser tan idiota, porque la noche antes del viaje (1) se dedicó por un buen tiempo a ojear viejas fotografías en las que ambos salían con Naruto de por medio. Y eso no era bueno. Había decidido dejar eso atrás. Enfocarse en Sasori. Aunque ambos eran conscientes de que eso terminaría mal. Porque ninguno de los dos estaba en esa relación por amor, sino para ayudarse mutuamente. La idea de Sasori, era de darle celos a Sasuke y esperar que Temari sintiera algo de verlos juntos. Su idea era enfurecer tanto a Sasuke que la dejara en paz y se olvidara de ella, de usar a otra persona para cubrir sus verdaderos sentimientos.
La ironía estaba servida en bandeja. Especialmente, porque ella tenía que decirle a Sasori que su prima había decidido salir con Shikamaru Nara, aquel que justamente Sasori odiaba. No se había visto con corazón de llamarle por teléfono para decírselo. Sabía que para él no iba a resultar fácil aceptarlo, aunque no era idiota y lo pronosticaba.
Desconocía cómo actuaría en sí Sasori de ver que sus miedos se convertían en realidad. Siempre tan calmado, tan inteligente, pero era un ser humano con sentimientos, al fin y al cabo.
—Vale, por hoy podéis tener un tiempo libre —anunció Kakashi fijándose en todos—. No podéis alejaros de la playa o salir del hotel. ¿Queda claro?
Todos asintieron y empezaron a desperdigarse.
—¿Por qué no podemos bucear más? —cuestionó Kiba reacio a marcharse.
—La marea está subiendo y es peligrosa en esta parte de la playa —explicó uno de los monitores recogiendo el material.
Sakura los dejó mientras discutían a cuenta de la seguridad. No quería volver al hotel todavía y a esa hora, le gustaba mucho más el mar. No quería inmiscuirse con el resto en charlas banales. Seguramente estarían deseando acosar a preguntas a Naruto y Hinata, y si de paso encontraban a Shikamaru y Temari, un dos por uno de interrogatorio.
En cierta parte le daba curiosidad más la última pareja, pero a la vez, cierto miedo por Sasori y su corazón roto. Ella entendía bien qué significaba y el dolor que conllevaba.
Decidió caminar hacia las rocas. De tantas horas rebuscando basura se terminó aprendiendo los mejores lugares para pisar y descubrió que, en lo más alto, había un mirador natural perfecto para sentarse a pensar. Aunque la zona era algo resbaladiza (2). Tenten ya se había caído de culo antes de que la llamaran para bucear.
Cuando bajaron, Sasuke estaba a punto de subir y Sakura tuvo que hacer su mejor esfuerzo para ignorarlo.
Nunca habría imaginado que las tornas se cambiaran. Si alguien le hubiera dicho alguna vez que Uchiha fuera a ir tras ella, se habría reído como una idiota.
Tomó aire y miró a lo lejos, intentando sacar de su mente al Uchiha y la revolución de sus sentimientos, que parecían dispuestos a tirar todo el esfuerzo que había hecho por alejarse de él.
—No pensé que fueras tan estúpida.
Dio un respingo, casi perdiendo el equilibrio, para volverse. En seguida, el terror se ahuecó en su cuerpo y mente. Miró hacia la playa, pero todos estaban dispersos y alejados, otros habían entrado ya en el hotel.
—Pasa de mí. ¿Vale? —indicó lo más valiente que fue capaz.
Menma Uzumaki la ignoró y dio más pasos hacia ella. Sakura retrocedió, incómoda. No tenía por donde bordearlo.
—Venir a este lugar de la playa tú sola. Sin supervisión. Sin mi hermano y el idiota de Uchiha rondando a tu alrededor. Tan expuesta.
Sakura apretó los puños. Al menos, podría intentar darle un puñetazo. Si pensaba que iba a ser tan fácil, estaba equivocado. No iba a caer sin pelear.
—Cierra la boca, Menma —ordenó aún a sabiendas que no iba a hacerle caso.
—¿Por qué? ¿Temes que diga alguna verdad que escondes? —cuestionó indiferente—. Como, por ejemplo, que tú eres la culpable de la muerte del padre de tu mejor amigo.
—¡Cállate!
Las lágrimas empañaron sus ojos. El terror y la ansiedad empezaron a agolparse en su centro. Empezaba a flaquear. No quería. Esos recuerdos de nuevo no.
—¡Menma!
La voz de Sasuke se elevó por encima de la suya, suplicante y aterrada. La de él, firme y amenazante. Menma suspiró, irritado y le dio la espalda para encarar al Uchiha.
—Lo tuyo sí que son cojones, Uchiha —dijo encogiéndose de hombros—. Tienes la fea manía de interrumpirme y tocarme mucho la moral. Especialmente, ese descaro tuyo cuando tengo lo que más amas a mi merced.
Sakura estaba tentada a negarlo, pero antes si quiera de poder hacerlo, Menma se movió. No pudo predecir lo que estaba a punto de hacer hasta que sintió los dedos sobre su pecho, empujándola hacia atrás.
El cielo se abrió en su campo de visión, mientras sus brazos y piernas oscilaban en el aire, queriendo aferrarse a algo.
Lo último que vio fue la cara de Sasuke asomarse por el mirador.
Luego, todo fue oscuridad.
—
—
Sasuke tenía dos opciones. O volverse y liarse a golpes con Menma, quien estaba riéndose como un loco, o saltar.
No necesitó pensárselo dos veces.
Al cuerno sus heridas. Al cuerno la marea. Y al cuerno ese Uzumaki. Más tarde podría encargarse de él.
Su prioridad era salvar a Sakura.
No esperó que el agua le hiciera tanto daño, hasta el punto de tener que salir a la superficie para tomar aire y tocarse las costillas con dolor. Intentó con todas sus fuerzas hacerlo a un lado para volver a hundirse. Con la sal escociéndole en los ojos, los vendajes deshaciéndose y quedando atrapados en las rocas, reteniéndole.
Vislumbró a Sakura justo antes de que se golpeara el hombro con una de las rocas. Maldiciendo interiormente, nadó lo más rápido que pudo hacia ella y, impulsándose intentó llegar a la superficie. Una vez arriba, no calculó la fuerza del mar y una enorme ola volvió a hundirlos, girando vertiginosamente. Su hombro sufrió una laceración y su pie derecho se quedó enganchado en un hueco. Empujó a Sakura hacia arriba, desesperado e intentó soltarse, rogando porque ningún animal acudiera atraído por la sangre.
Cuando finalmente lo logró, sus pulmones ardían. Logró subir a la superficie, tomar aire y atrapar a Sakura para nadar con ella. Lo único más cerca era la cueva bajo el mirador. El agua continuó azotándolos a medida que se acercaba.
—Maldita sea —masculló—. Sakura. ¿Me oyes?
Pero ella no hizo señal alguna. La colocó a su espalda como mejor pudo y empezó a trepar. Sus dedos resbalaron y sus rodillas dieron contra la fría y dura piedra erosionada. Cuando logró llegar a una parte lo suficientemente alta y plana, dejó a Sakura sobre esta. Se inclinó, intentando sentir su respiración.
Volvió a maldecir.
—Mierda, esto no debería de ser así —protestó.
Gracias al curso de socorrismo al que se inscribió un año atrás para intentar ganar algo de dinero del que su padre le vetaba, la respiración boca a boca no era un sueño. Se sintió estúpido, pues si esa situación hubiese ocurrido años atrás, Sakura seguramente habría muerto.
Presionó sus labios sobre los suyos, alternándolo con la presión adecuada, rogándole a la nada, hasta que, finalmente, ella escupió. Respiraba costosamente hasta que se mantuvo en un ritmo normal.
Jadeante, agotado, se sentó a su lado para mirar hacia el exterior. Las olas parecían haber aumentado y salir cargando con ella iba a ser imposible. La necesitaba despierta y dispuesta. Sus costillas ardían como la mierda de dolor. Las rodillas estaban coloradas por los golpes, su dedo gordo del pie mostraba los resultados del peso sobre él para sostenerlos. Y el hombro no estaba mejor.
Miró a Sakura de reojo. Ella también estaba lastimada, pero no parecía nada roto. Se quitó la chaqueta, aunque empapada, y se la colocó tras la cabeza. Le quitó la suya propia, ignorando por un momento sus condenadas hormonas y la escurrió cuanto pudo para volver a ponérsela. Iban a pasar mucho frío en cuestión de poco tiempo.
Hacer fuego era impensable: nada de herramientas, madera y muchísima humedad. Así que el único medio que quedaba estaba seguro, le iba a ocasionar un buen golpe en las costillas que terminaría rematándolo.
Miró hacia arriba. Podían subir más. Si la roca estaba erosionada en ese lugar es que la marea todavía tenía que subir mucho más de lo que veía. Maldijo entre dientes y miró de nuevo hacia ella.
Le tocó la mejilla y puso el pulgar bajo su nariz, recibiendo un leve golpe de aire y un gemido de protesta.
—Vale. Vas a odiarme por esto, seguro.
Se movió para pegarse más a ella, apoyando la espalda contra la pared y gruñendo cuando el dolor se intensificó, dejándolo sin aire por un momento. Se movió hasta quedar pegado a ella y se acomodó a su lado, pegando lo más que pudo su cuerpo a ella.
Claramente, esa situación no era la mejor para estar pensando lo perfectamente que encajaban sus cuerpos de esa forma. Sakura, tan delgada, con curvas donde debía, presionando contra su pecho y caderas.
Las hormonas eran una mierda hasta en momentos de peligro, joder. Intentó pensar en cualquier otra mierda. En cómo subiría, por ejemplo, cargando con ella si no despertaba. Iba a ser algo necesario tarde o temprano.
Así que intentó descansar lo más que pudo.
Sin darse cuenta, se quedó dormido. Despertó al escuchar un grito y alguien removiéndose a su lado. Tardó en comprender qué sucedía, hasta que sintió la humedad contra sus pies. Maldiciendo, se levantó tras tomar su chaqueta y dirigió la mirada hacia ella.
Sakura le miró con cierto terror, después, al mar y luego alrededor.
—¿Dónde estamos?
—Bajo el mirador natural —respondió buscando aquel lugar que había visto para poder subir—. Hemos de ir arriba. Las olas son demasiado fuertes como para salir ya. Y si nos quedamos, nos ahogaran o golpearan contra las paredes de nuevo.
Ella dudó por un momento, pero le siguió tras comprobar que no mentía. Siempre la había tenido como alguien muy inteligente y, en ese momento, no le falló. Encontró enseguida el lugar correcto para pisar y siguió con buen ritmo hasta llegar a lo más alto. Él tuvo que agacharse para poder pasar hasta el fondo.
Esperaba que el agua no llegase hasta arriba del todo. Si no, morirían ahogados.
—Duele. —Escuchó la protesta y dirigió la mirada de nuevo a ella. Se tocaba el hombro, que había dejado al descubierto—. No está roto, pero sí rasguñado.
Volvió a cubrirse y él se colocó la chaqueta, intentando por todos los medios no gruñir de dolor. Entonces, ella se percató de la falta de sus vendas. Se arrodilló a su lado, pues se había tenido que sentar al final por no poder conservar la inclinación y no darse en la cabeza, pero no le tocó.
—¿Te las has golpeado?
—Sí —afirmó. No iba a mentirle—. Y más zonas. No importa.
Ella suspiró exasperada.
—Claro, nunca importa —regañó—. Podrían empeorar. Shizune ya lo dijo. Si la rotura va a peor, podría llegar a lastimar algún punto importante.
—No está pasando eso —descartó.
Sakura hizo un gesto significativo con la mano y se sentó.
—Como quieras. Luego no te quejes.
Sasuke tuvo que morderse el labio para no decir nada. Entendía que el miedo podía sacar la peor parte de las personas, pero Sakura llevaba siendo viperina con él mucho más tiempo. Y sí, se lo había ganado a pulso. Estaba de acuerdo.
—Lo siento.
Ella le miró lentamente sin decir nada. Empezó a sospechar que no le había escuchado cuando, finalmente, lo hizo.
—¿Por qué exactamente? Porque si es por lo que ha pasado, no tienes la culpa. Menma tenía idea de tirarme hubieras estado o no.
Él sacudió la cabeza.
—Por todo —indicó—. Por lo que dije, en especial.
Un incómodo silencio se cernió entre ellos. Sabía que disculparse no era suficiente. Fue realmente cruel con ella. Decir algo que no habría hecho nunca, no le quitaba peso. Porque nunca se habría atrevido a hacer algo como eso. Ni a Sakura ni a ninguna mujer. Él no era el cabrón de su padre.
Cerró los puños, temblando de ira.
—Fue muy fuerte y horrible —dijo ella sacándolo de sus turbulentos pensamientos. Su voz sonaba gangosa—. Me aterra el simple hecho de estar aquí a tu lado, Sasuke. Me aterra todo lo que eres capaz de crear en mí. Sea malo o bueno, odio que mi mundo sea tan consciente de tu existencia.
Cuando la miró, su rostro estaba lleno de lágrimas. Sus labios tensos y parpadeaba repetidas veces como siquiera disipar las lágrimas.
No supo que decir, porque, si lo pensaba detalladamente, era algo semejante a lo que le sucedía. Su miedo de perder a Naruto o a ella continuaba vigente. Ahora, su hermano había regresado para quedarse.
—Durante muchos años, pero muchos, desee todo esto. Que te fijaras en mí, que fueras capaz de abrirme tu corazón y me dejaras luchar a tu lado contra tus demonios. Nunca lo hiciste. Dios mío, te esforzaste tanto por echarme y te salió tan bien, que suena ridículo que te disculpes por ello. Es como si tuvieras dos caras.
—Fueron momentos duros —explicó—, y… —Se pasó una mano por los húmedos cabellos—, pensaba fervientemente que Naruto era mejor para ti que yo.
—Pasaste por encima de mis sentimientos por esa conclusión —reprendió abrazándose a sí misma—. Como siempre has hecho. Ignorándome, hiriéndome. Dije que era suficiente. Tome esa decisión. Decidí que no ibas a volver a hundirme.
—¿Y por eso te fuiste con Sasori?
Maldijo en el momento en que dijo esas palabras. No buscaba pelear, pero la presencia de ese sujeto era irremediable. Aunque no estuviera, pareciera estar sentado justo entre medias de ambos y ser eso lo que los mantenía separados.
Sakura se puso en pie tan deprisa que perdió el equilibrio. La atrapó justo a tiempo y ella gruñó una palabrota. Sasuke la retuvo hasta que afianzó su postura y se aseguró que ella no iba a herirse. Notó que se aferraba a sus brazos por un momento y que la conexión en sus miradas era mucho más profunda de lo que había creído antes.
—Suéltame, Sasuke, no puedes sostenerme con esas heridas —ordenó ella casi reteniendo el aliento.
Él obedeció, por supuesto y volvió a sentarse algo más cerca de ella. Sakura no se alejó.
—Sasori no es como creéis —continuó—. Él sufre por amor. Nos hemos conectado con eso. Él ha sufrido bajo el odio de Temari y yo bajo el tuyo. Aunque ella no te llega a la suela de los zapatos, claro.
Tuvo que hacer su mejor esfuerzo para no soltar una puya. ¿Comparar a Temari con él?
—Entonces. No estás con él por amor.
Sakura abrió la boca sin decir nada. Sus mejillas se cubrieron de rubor.
—¿Cómo puedes ser capaz de preguntarme algo así? —exclamó—. ¿Qué maldito golpe te has dado en la cabeza?
—Creo que ninguno —sopesó frotándose los cabellos—. Hablo en serio. No estás enamorada de él. Si vamos a decir las cosas claras: sólo sales con él para joderme la vida.
Clavó la mirada en ella. No iba a dejar pasar esa oportunidad por nada del mundo. Aunque estuviera rabioso de dolor.
De nuevo, ser descubierta la expuso en su rostro también. Estaba seguro que, de tener donde correr, lo haría sin dudarlo.
—No digas…
—La verdad —interrumpió—. He dicho la verdad. Tú no le amas, porque sigues enamorada de mí.
—¡Yo no estoy…!
Sasuke elevó una ceja, invitándola a continuar esa frase, a terminarla. A mentirse a sí misma.
—Te odio.
—No, no es cierto —aseguró sacudiendo la cabeza—. Conozco el odio. He estado ahí. Tú no eres de esa clase de persona, Sakura.
Ella suspiró, irritada.
—También tienes una idea equivocada de mí, Sasuke.
—¿Por qué?
—Crees que soy pura, que soy buena. No lo soy.
Se mordió el labio inferior como si buscara acallarse a sí misma.
—No llegas a esa oscuridad.
—¡No puedes saberlo! Tú no has… —Calló al comprender que sí, que él había estado hundido en ese pozo oscuro—. No es lo mismo.
—Te gusta creer que es lo mismo.
Ella bufó.
—¿Sabes? Para disculparte lo estás haciendo como el culo.
—Yo no diría eso —sopesó—. Eres tú no queriendo escuchar la verdad.
—Pues cállate.
—No lo haré —aclaró girándose hacia ella y aferrándose del codo—. No mientras sigas mintiéndote. No amas a Sasori.
—Sí, le amo y a ti te odio.
—No le amas.
—¡Sí que le amo!
—Te estás contradiciendo a ti misma —rememoró—. Has dicho que ambos estabais juntos por el corazón roto. ¡Eso no es amar!
—¡Y lo que pasa entre nosotros tampoco, Sasuke! —exclamó forcejeando por soltarse—. Tú juegas con mis sentimientos y cuando has sentido que puedo alejarme, regresas para marearme y atraparme en tu tela de araña.
Porque era idiota. No era consciente de lo que tenía hasta que lo perdió. Sakura desvió la mirada de él para clavarla en el hueco de la entrada. Las olas continuaban chocando bravamente contra ella.
—Nunca te habría violado.
Ella soltó un suspiro de sorpresa.
—¿Sabes lo malo de eso, Sasuke? —cuestionó casi susurrando.
Él la miró, encontrándose con sus ojos verdes, brillantes, sinceros.
—Que lo sé. Y también sé que yo me habría entregado a ti.
Guardaron silencio. Ambos necesitaban poner en orden sus pensamientos y sus deseos. No podía exigirle que dejara a Sasori, porque ella no parecía estar dispuesta a eso. Tampoco, ha dejarle avanzar. Sin embargo, pensaba que se había disculpado correctamente. Esperaba que Sakura hubiera entendido bien que realmente estaba avergonzado y se sentía culpable por eso que hizo.
Se llevó la mano al pecho bajando hacia sus costillas. Nunca se habría imaginado que el dolor del corazón fuera más que el físico.
—Espero que vengan a buscarnos —murmuró ella abrazándose a sí misma—. Estoy helada.
—Ven —invitó.
Ella dudó, pero se movió, coherente, hasta quedar más cerca de él. Sasuke levantó su brazo para rodearla. Claramente, su intención no era nada del otro mundo. Necesitaban calor, no era idiota y ella, tampoco. Aún así, su corazón no cesó de golpear con fuerza, consciente de que, al fin y al cabo, la mujer que estaba abrazando, no era una cualquiera.
Y que era un idiota enamorado.
—
—
No sabía hasta qué punto uno podía estallar de felicidad hasta que, finalmente, comprendió que ya era oficial. Esa vez sí. Hinata era suya. No como una posesión, por supuesto. La norma llamada "novio" ya colgaba de su espalda y corazón. Y que ella le hubiera aceptado le hacía sentir que bien podría volar y no sería inhumano.
Sin embargo, en medio de esa maravillosa nube se percató de algo. Miró por diversos lados y aunque al principio pensó que podría esperar un momento de reconciliación, lo dudó. Tenía un mal presentimiento.
—¿Has visto a Sakura o a Sasuke? —preguntó a Hinata.
Ella miró a su alrededor y negó con la cabeza. Estaban en la entrada, donde los grandes ventanales les otorgaban una buena visión de la playa.
—La última vez que la vi a ella fue cuando salía del agua y a Sasuke, cuando se alejó.
—Sí yo igual —reconoció. Buscó a otra persona en su lugar—. ¡Shikamaru!
El Nara se volvió hacia él. Asuma ya le había dado trabajo de nuevo, así que estaba hasta arriba controlando todo. Hinata se ofreció a ayudarle y Naruto asintió, decidiendo que, de alguna forma, su mala sensación era más importante en ese momento que estar más tiempo con su novia.
—¿Has visto a Sasuke o Sakura? —preguntó una vez llegó a la altura del moreno. Shikamaru dudó un momento, pero negó—. No los vemos desde hace bastante rato ya y ha oscurecido.
Shikamaru dudó.
—¿Crees que pueden haber…? Ya sabes…
—No —negó seguro—. Esos dos no se llevan nada bien estos días como para estar enrollándose o algo. Y Sakura no quiere estar sola con él. Además, está Sasori de por medio. Sakura no es de las que pondrían los cuernos. Aunque…
Bueno, ella estaba enamorada de toda la vida de Sasuke. ¿Qué se lo impedía realmente? Igual Sasuke solo tenía que presionar un poco para que ella cediera y mandar al cuerno a Sasori.
—Avisaré a los profesores —dijo Shikamaru suspirando frustrado—. Tengo que hacerlo —avisó antes de que él protestara—. Si no se llevan bien como para eso, no se les ve desde la playa, bien podrían haberse perdido o algo.
—Lo entiendo —aceptó.
Ambos se acercaron a Kakashi y Asuma para exponerles sus dudas.
—Iré a mirar las cámaras —indicó Asuma enseguida—. ¿Os encargáis del resto?
—Sí —aceptó Kakashi. Miró a Shikamaru—. Lleva a los demás arriba. Pedid la cena en las habitaciones y comportaros, por favor. No dejes que nadie se haga el valiente de ir a buscarlos. ¿De acuerdo?
Shikamaru asintió y tiró de él para evitar que, justo, hiciera eso.
Rin siguió enseguida a Kakashi y ambos empezaron la búsqueda mientras Shikamaru les ordenaba que fueran regresando a las habitaciones. Algunos, malhumorados, otros encantados y finalmente, cuando el rumor de que ni Sasuke ni Sakura estaban, empezó un momento de caos.
Naruto elevó la mano para llamar la atención de todos una vez arriba. Sabía de sobras que por su altura y la estrechez del pasillo serían capaces de verlo todos.
—¡Los profes ya se están encargando! —avisó—. Y está oscuro. No es como nuestra ciudad, no conocemos este lugar. Así que haced caso.
—¿Naruto, eres tú? —cuestionó Ino sorprendida. Él chasqueó la lengua, molesto—. Perdona, es que tratándose de esos dos no tardarías en ir corriendo en su búsqueda.
Y demonios, quería hacerlo. No le importaría saltar por encima de los profesores e ir a buscarlos. El problema es que no sabía por dónde empezar. Y teniendo en cuenta cómo se llevaban, capaz habían comenzado una dispuesta y con ello, alejado hasta que se perdieron. Sólo esperaba que estuvieran juntos. Sasuke estaba bien jodido, pero era capaz de proteger a Sakura aún le salieran las costillas por la boca.
—Vaya. ¿Han desaparecido los tórtolos dramáticos? —preguntó Menma apareciendo tras él. Hinata se había acercado a su altura para reconfortarlo y notó que se tensaba. Naruto la cubrió con su cuerpo y Menma silbó antes de continuar—. Sinceramente, no sé por qué te preocupas tanto porque ella haya desaparecido. Al fin y al cabo, es una asesina, hermanito.
Sintió las manos de Hinata tirar de él, porque estaba seguro de que se iba a lanzar sobre su hermano.
—Cierra la boca, estúpido —advirtió Kiba colocándose a su lado—. Deberías de aprender un poco a considerar la situación antes de expulsar tu veneno. Sakura y Sasuke forman parte de nuestra familia.
Menma se encogió de hombros, indiferente.
—Además. ¿Por qué estás acusando a Sakura de asesina? —cuestionó Ino.
—Chicos, ignorémosle —intervino Lee levantando las manos—. Todos sabemos que Menma disfruta con nuestro sufrimiento.
Hubo asentimientos de cabeza y gente que empezó a retroceder hacia las habitaciones.
—Como queráis —aceptó Menma—. No hay más ciego que el que no quiere ver. —Se adentró en su propia habitación después.
Hinata y él se quedaron apartados. Hinata le daba friegas de ánimo en el brazo, pero la adrenalina iba aumentando. Notó que ella estaba pensativa.
—¿Qué piensas?
—En lo de Menma —dijo mirándole—. No quiero decir que sea verdad, pero…
—¿Pero?
—Bueno, últimamente usa la realidad para hacernos daño.
—¿De qué hablas?
Ella parpadeó, avergonzada.
—Oh, no lo sabes —dedujo—. Es que cuando Matsuri regresó a la playa se detuvo a hablar un momento conmigo. Me dijo que era cierto lo de Shikamaru y Temari, pero que Menma al parecer había querido hacerles daño y quiso mostrar el video de la muerte de su padre a Gaara. Por suerte, no lo hizo. Y cada vez que a mí me ha dicho algo, es la verdad.
Naruto frunció el ceño, osco.
—¿Estás insinuando que Sakura es una asesina como dice, Hinata?
El rubor de culpabilidad subió completamente a su rostro. Sus manos se retiraron de él para ir a su pecho.
—¡No, yo solo…!
Naruto esperó. No quería interrumpirla. No deseaba que su primera pelea se tratara de eso y menos, a causa de Menma.
Pero Hinata parecía haberse quedado atascada. Balbuceaba sin sentido, forzándose sin encontrar algo coherente que decir. Los ojos se le llenaron de lágrimas y se volvió, disculpándose y encerrándose en su dormitorio.
Se quedó ahí, espantado. ¿Qué diablos acababa de pasar?
Se volvió hacia las oscuras ventanas, maldiciendo. Empezaba a sentirse como un condenado león enjaulado.
Volvió sobre sus pies para dirigirse a la habitación. Ino abría la puerta justo cuando casi llama.
—No, Naruto. Ahora no. Déjale poner en orden sus ideas, anda —dijo—. ¿Puedes decirle a Shikamaru que me pase el número para pedir comida?
—Sí, se lo diré —aceptó tras captar el rechazo, confundido. La puerta volvió a cerrarse y él se sentía más abrumado que nunca.
—
—
Rin corrió hasta su altura, agotada, esperando mejores resultados de los que ella tenía, pero Kakashi negó con la cabeza de la misma forma que ella.
—Bueno, ya dicen que una excursión no es una excursión oficial si nadie se pierde.
Kakashi clavó una mirada furibunda sobre ella. Rin se encogió de hombros.
—¿Qué? Nosotros nos perdimos tres días en una montaña helada cuando nos caímos del sendero. Bueno, no. Yo me caí y tú te soltaste de los anclajes de seguro para saltar conmigo.
—Y por poco morimos —recordó frustrado Kakashi. Alumbró sobre las tumbonas por si acaso. No era raro que alguna pareja de adolescentes decidiera quedarse para darse el lote un rato en una tumbona—. Mira ahí.
—Por favor, que no estén en medio de la faena —suplicó siguiéndole. Su súplica fue escuchada, porque lo que encontraron fueron las pertenencias abandonadas de Sakura. Recordaba el enorme gorro y su móvil rosa. Era raro que nadie las hubiera tocado, pero seguramente, los chicos estaban ocupados en otras cosas para acordarse—. Mierda. Una chica no deja su móvil si no va a mojarse.
—Sakura acababa de hacer su turno de buceo —sopesó Kakashi—. Eso significa que no vino hacia aquí. Sino…
Alumbró hacia las rocas y ambos intercambiaron una mirada de terror. ¡Las rocas!
El móvil de Kakashi interrumpió su grito de pánico. Cuando respondió, entendió que lo que sospechaban era cierto. Especialmente, cuando dos figuras echaron a correr hacia ellos.
—Son los monitores.
—Sí —afirmó Kakashi colgando—. En las grabaciones del hotel se ve a Menma, Sasuke y Sakura en lo alto del mirador natural.
—No me digas que…
Kakashi inclinó la cabeza.
—Rin. Nunca he tenido ganas de matar a nadie. Nunca. Hasta ahora y es un chaval.
—Te comprendo, Kakashi —dijo apretando su mano—. Pero ahora hemos de enfocarnos en lo que es prioritario. Seguro que Asuma…
—No. Asuma no puede hacer nada. Seguro que también está que se sube por las paredes. Tsunade le ha dado inmunidad completa a Menma. Podría atravesar con un cuchillo a alguno de nuestros alumnos y no podríamos hacer nada.
—No ahora —le recordó.
—Aquí estamos —indicó uno de los monitores acercándose—. Vuestro colega nos ha puesto al día. El lugar en el que están es bien difícil de acceder con la marea como esta ahora. Hay un resquicio superior en el que podrían resguardarse si son listos.
—Lo son —aseguró ella—. Ambos son muy inteligentes.
—No sabemos si están heridos. —objetó Kakashi—. O asustados. Son críos todavía. Uno de ellos necesita tomar medicina y sus heridas podrían convertirse en graves de ser golpeado con fuerza.
El otro monitor asintió, comprendiendo la gravedad.
—Entonces, montaremos un equipo de rescate enseguida. Esperemos que no sea muy resbaladizo y podamos sacarlos salvos.
—Por favor —suplicó ella sacando su propio móvil—. Avisaré a Shizune.
Kakashi asintió y se alejó con ambos monitores. Shizune respondió al poco tiempo.
—¿Tenéis idea del caos de comida que hay aquí? —cuestionó—. Ah. Asuma está llegando. ¿Qué ocurre?
Le explicó como medianamente pudo lo ocurrido.
—Bajaré enseguida con lo necesario —prometió—. No tardaré. Sasuke va a necesitar quedarse en cama atado, con puntillas o como diablos sea. Porque seguro que el golpe contra el agua ha dañado la soldadura. Ese crío…
—Shizune —interrumpió la voz de Asuma—, ese crío ha saltado sin pensarlo dos veces por Sakura. Si están vivos como creemos, da gracias que lo hiciera.
—¡Lo sé, pero como médico…!
Se colgó la comunicación y Rin regresó con los otros.
—Ya viene de camino. Echando pestes, eso sí.
—Puedo imaginarlo —dijo Kakashi encogiéndose de hombros—. Voy a bajar.
—¿Qué acabas de decir? —cuestionó con la voz chirriante.
—Que voy a bajar —repitió—. Ninguno de ellos dos tiene experiencia en suelo mojado y colgando de una cuerda.
—Claro y el señor super policía retirado sí la tiene.
—Rin.
—No, ni Rin ni carajos —aseveró—. ¿Te estás escuchando? ¡No voy a perderte a ti también!
Kakashi se quedó atónito por su regañina y miedo. La sostuvo de la mano pese a que ella forcejó por soltarse.
—Volveré. Rin, soy el único con experiencia en eso y los chicos están en peligro. ¿Lo entiendes?
—Lo entiendo, por supuesto. No soy idiota. Eso no hace que sea más fácil aceptarlo. ¿Sabes?
—Lo sé —reconoció suspirando. La tomó de las mejillas con ambas manos—. Espera y guía a Shizune. Cuando regrese, podrás pegarme si quieres.
—Oh, lo haré —aseguró—, cuenta con ello.
Luego, le dio la espalda y se reunió con los otros dos. La oscuridad se tragó sus cuerpos y sólo se acercaron a las rocas cuando Asuma y Shizune llegaron.
—Kakashi ha bajado.
—Entonces, irá bien —aseguró Asuma—. Si tenéis todo aquí controlado, volveré. Oh. Y que los chicos no se enteren de que Menma ha empujado a Sakura. Si no… se armará una batalla campal.
—Ese chico, Asuma, actúa mal para lo que realmente está suplicando. Algo que ni él mismo es capaz de poner en palabras.
—Lo sé. Ya le he dado una pista y por poco se muere de miedo.
Rin sacudió la cabeza.
—Vamos a necesitar mucha suerte con él.
—Mucha. Está metido en mucha mierda —aseguró Asuma—. Que Arenas muera justo después de él confesar que le ayudaba para secuestrar a Temari… Ese chico debería de saber que la inmunidad se le terminará tarde o temprano.
—Sí, estoy de acuerdo —corroboró—, pero igual están jugando con él. Y eso también hay que tenerlo en cuenta.
—No es fácil perdonar, Rin. Y estos chicos tienen ya muchas heridas.
—Por ahora, esperemos que esto salga bien.
Cruzó los dedos, rezando. Que esos tres regresaran sanos y salvos.
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Cuando Naruto lo invitó a hablar Lee ya había preparado muchas mentiras piadosas. Que Menma soltara frente a la cara de toda la clase parte del oscuro secreto de Sakura le aterró. Especialmente, porque ella no estaba ahí para defenderse y afirmar. Por suerte, todos quedaron convencidos.
Menos Naruto. Y no le extrañaba.
—Tú sabes algo. ¿Verdad, ttebayo?
Lee se encogió de hombros.
—No sé de qué me estás hablando.
—De lo que ha dicho Menma. Has interrumpido enseguida y nos has puesto a todos en camino a nuestros cuartos, cuando siempre serías el primero en defender a Sakura hasta de afrontar una pelea. Lee. ¿Qué estás escondiendo?
—No estoy escondiendo nada, Naruto —mintió. No era a él a quien le tocaba revelar los secretos de nadie—. Y si tienes dudas de Sakura, es que mal vamos si me lo estás preguntando a mí.
Como si sus palabras lo sorprendieran demasiado, Naruto abrió la boca para cerrarla mientras pestañeaba muy deprisa.
—Ya me fijé cuando soltaste todo aquel rollo a cuenta de los sentimientos, Lee, pero cuando te pones, eres más sabio de lo que parece.
—¿Por qué todo el mundo se sorprende de eso? —cuestionó irritado al recordar que Tenten y Neji también habían mostrado sorpresa hacia él—. No soy un idiota de sólo músculo.
—No, en eso estoy de acuerdo.
Se detuvieron al escuchar pasos tras ellos. Asuma caminaba hacia su altura, deteniéndose al verlos.
—Chicos. ¿Qué hacéis aquí fuera? ¿No cenáis?
Naruto gruñó negativamente y él asintió.
—Mi bandeja está en el cuarto. Ahora iré —prometió—. Pura proteína para mis ejercicios.
—Esta noche olvídate de correr —advirtió Asuma—. Y por la mañana, esperarás a que los profesores hayamos decidido que hacer.
—¿No han encontrado a Sakura y Sasuke? —cuestionó Naruto.
Asuma los observó cuidadosamente antes de responder.
—Kakashi y Rin tienen una pista de donde podrían estar. Si sus conjeturas son correctas, estarán ya salvándolos. Chicos, temple. ¿Vale?
Lee asintió, aunque era claro que se lo estaba indicando a dos de los más inquietos jóvenes de esa clase. Asuma se detuvo frente a la habitación de Shikamaru, pero no contestó nadie.
—¿Dónde están? —preguntó mirándolos.
—Seguramente en la de Temari —respondió encogiendo los hombros.
Asuma asintió y llamó en esa. Shikamaru apareció poco después, bostezando y arrastrando los pies. Los saludó con un gesto de mentón y escuchó lo que Asuma tuviera que decirle, para después, caminar hacia ellos.
—¿Qué ocurre? —preguntó Naruto.
—Que se va a armar. Si Sasuke y Sakura están donde dicen, cuando vengan, Sasuke es capaz de querer matar a Menma, Naruto —advirtió—. O tú mismo.
Lee empezó a prepararse.
—¿Por qué?
Shikamaru dudó antes de hablar.
—Menma ha empujado por el mirador natural a Sakura.
Algo en Naruto pareció estallar. Pasó de estar apoyado tranquilamente en la pared a enderezarse y clavar la mirada en la habitación de Menma. Si Shikamaru y él no hubieran estado presentes, probablemente, Naruto hubiera tirado la puerta abajo.
Cuando Neji se asomó junto a Kiba y Choûji, Lee se percató que, pese a su entrenamiento, ni con él ni Shikamaru eran capaces de detenerle.
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Karin se asomó al escuchar los gritos, incluso Karui se encajó en el marco de la puerta para curiosear. No era raro que los chicos siempre estuvieran armando algún jaleo, pero eso parecía peligroso e inmiscuía a su primo, al que parecían necesitar a cuatro de ellos para detenerle mientras gritaba el nombre de su hermano, Menma, a grito pelado. Casi parecía que fuera a rasgarse la garganta.
—¡Naruto!
Miró por encima del hombro de Karui para ver a la persona que había gritado. Sakura, arropada con una manta térmica, caminaba hacia ellos cojeando. Claramente, había tenido mejores días.
Karui, Tama y ella se habían pasado un buen rato discutiendo amistosamente acerca de lo dicho por Menma. Ninguna había llegado a la conclusión afirmativa de que Sakura Haruno pudiera ser una asesina. No se la imaginaban tomando un cuchillo y clavándolo en otro ser vivo.
Su primo había detenido sus empujes y furia para volverse hacia ella. Todos los chicos se relajaron y alguno que otro estuvo a punto de perder el equilibrio.
—Sakura-chan —nombró caminando hacia ella. Sakura asintió—. ¿El teme?
—Lo traen en el otro ascensor. Va en camilla —explicó—. Ven. Vamos al dormitorio de Shizune.
Como si fuera un cachorro, Naruto asintió y la siguió. Los chicos les abrieron paso y tras que Shikamaru diera un par de indicaciones, fueron metiéndose en las habitaciones. Se percató de que Hinata se había asomado, pero enseguida se ocultó. Poco después, Sasuke fue trasladado en camilla hasta el dormitorio de Shizune.
Karin se apoyó contra la pared, preocupada, pero cuando la puerta de su otro primo fue abierta, supo que los problemas no habían terminado.
Menma estaba jugando con fuego.
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La puerta se abrió a su espalda tras que alguien llamase. Asuma creía que la escena del pasillo sería lo único que esa noche tendrían que pasar, pero cuando Menma cruzó el umbral, supo que no era así.
Ese chico parecía gustarle los deportes riesgosos y poco legales. Era tan estúpido como le gusta hacer ver, aunque su perplejidad e inocencia era claramente pura mierda de mentira.
Sin embargo, Asuma se sorprendió de que al que tuvo que apartar no fuera Uzumaki, sino Uchiha. Ese condenado niño acababa de levantarse de la cama para empotrar a Menma contra el armario con todas sus fuerzas. Y fue doloroso, porque el gesto de dolor reflejado en el rostro de Menma no fue mentira. Realmente acababa de sorprenderle.
—¡Sasuke! —exclamaron los tres a la par mientras que Shizune emitía un quejido de protesta que Uchiha ignoró.
—¡Hijo de puta! ¡La empujaste! —acusó.
Asuma lo tomó de los hombros para retenerlo. Era delgado, más de lo que parecía, pero sus manos mantenían aferradas a Menma con tanta fuerza que separarlos era casi como querer separar a un pitbull de su presa.
—¡Ha estado a punto de morir, cabrón!
Sasuke soltó un agarre. Sólo uno para estampar su puño en la mejilla del Uzumaki. Naruto reaccionó ante eso, aferrándolo del brazo también.
Qué mala era la puñetera adrenalina que provocaba que el ser humano fuera más fuerte de lo que parecía a simple vista.
La comisura de la boca de Menma dejó caer un hilo de sangre y la mirada con heterocromía se posó sobre el Moreno.
—¿Y? Le estaba haciendo un favor al mundo.
—¡Cierra la condenada boca! —ordenó Sasuke volviendo a estampar contra el armario al otro.
—Sasuke —aseveró Asuma tirando de nuevo de él—. Suéltalo.
Finalmente, con la ayuda de Naruto fue capaz de alejarlo. Tuvo que interceptar al rubio antes de que decidera ocupar el lugar de Uchiha. Era irónico ver que con ambos brazos y con parte de su porcentaje de fuerza alto, no fuera capaz de detenerlos. En un futuro, ya se consideraría estar en sillas de ruedas.
—Repito, sólo estaba haciendo un favor. O, mejor dicho —continuó Menma clavando la mirada en Sakura, quien se había mantenido agazapada contra la pared, muerta de miedo—, sangre por sangre.
—¿De qué estás hablando? —cuestionó sin comprender.
—Oh, de algo muy sencillo, Sensei —respondió sarcástico Uzumaki Menma—. Ella, Sakura Haruno, es la asesina de mi padre. Nuestro padre, Naruto.
Luego, satisfecho con lo creado, salió, cerrando la puerta.
Shizune enseguida acudió por Sasuke, acostándolo de nuevo y quejándose incesantemente de sus descarados actos. Ni siquiera fue amable cuando le inyecto morfina subcutánea. Igualmente, Sasuke estaba más concentrado en mirar a Sakura, quien parecía estar a punto de entrar en shock.
Naruto se volvió lentamente hacia ella. Su espalda tensa, los puños apretados.
—Sakura-chan —nombró—. Menma está mintiendo. ¿Verdad? —Al no recibir respuesta, se acercó a ella—. ¿Verdad?
Cuando extendió su mano hacia ella, Sakura se apartó bruscamente.
—Dice… la verdad. Yo maté a tu padre.
Continuará…
¡Y zasca! Una verdad a toda teja a la cara. ¿Cómo fue? ¿Qué pasará? Lo veremos en el siguiente, sin duda.
Qué difícil ha sido escribir esa escena SasuSaku, porque me peleaba con no querer sacarlos del IC, pero al final, ha sido irremediable. Ay.
¡Nos leemos en el siguiente! Ya me contáis vuestras suposiciones y consejos:"D
(1): cuando Naruto contaba en el capítulo anterior que vio a Sakura enviándose mensajitos con Sasori, en realidad estaba pasando esto.
(2): Ya os dije que este fic iba a tener muchos clichés y este capi iba a ser muy moñaaaa. Pues bien, aquí hay otro xD. ¿Cuántos has descubierto? =D
