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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 18/4/21
Pareja: Sorato
Tiempo: 19m y 54s
—Menta—
Despegó la vista del campo cuando lo escuchó ya a su lado, tomando asiento.
—¿Cómo van?
Sora volvió su atención al juego como si fuera necesario para responder.
—Uno a uno. Taichi no marcó, pero está jugando bien.
No era un partido decisivo ni mucho menos, pero tampoco era extraño que se juntaran para ver al club de Taichi de vez en cuando. Regresó la vista a Yamato y a ese paquete de caramelos que traía en su mano, culpable de que se hubiera ausentado. Tomó uno y le ofreció a Sora que lo aceptó sin pensar, porque su pensamiento estaba en los caramelos, sí, pero de una manera mucho más profunda. Últimamente Yamato siempre estaba con un caramelo en la boca, de menta para ser más exacto y sospechoso.
—Te gusta mucho la menta, ¿no?
—¿No te gusta? —cuestionó Yamato con apuro.
Sora dio un gemido de asentimiento como respuesta que sirvió para relajar a Yamato. Absorta en sus divagaciones, tomó la mano de Yamato y, con un disimulo inexistente, se la llevó a la nariz y la olisqueó, concentrándose en sus dedos pulgar, índice y corazón. Obviamente Yamato, al sentir su acción, dejó de mirar el partido y la enfocó.
—¿Qué haces? —Sintiéndose descubierta, Sora soltó su mano y miró el juego, negando—. ¿Te encuentras bien? —insistió Yamato, ante los extraños gestos de novia.
Se estrujó la falda mientras veía el balón salir fuera y sentía la mirada de Yamato penetrándola. Bajó la cabeza y susurró:
—El otro día vi a Akira fumando.
Yamato acercó el rostro para escucharla. En un primer momento no entendió de que hablaba o que importancia tenía.
—Akira… —Sora asintió todavía sin mirarle, mientras Yamato hacía una mueca de entendimiento—. Sí, lo sé. Cree que se ve genial con eso en la boca. Aunque no sabe ni fumarlo, tan solo sopla humo por todos lados como un idiota. —Rio Yamato.
—¿Tú lo haces mejor? —preguntó de repente Sora.
Yamato calló asombrado tanto por su pregunta, como por su entrecejo fruncido. Se miró entonces los dedos que Sora había olisqueado, mientras masticaba lo que quedaba de su caramelo. Nunca lo lamía hasta que se deshiciera del todo. Sintió la menta inundar su garganta y entonces estalló.
—¿Crees que fumo?
Sora, que en un primer momento se había enfadado por su risa, apartó la vista avergonzada conforme esta se fue incrementando.
—No tiene gracia —susurró—, estaba preocupada. Con tanto caramelo de menta, pensé que era para ocultar… —gimió, llevándose las manos a la cara.
La risa de Yamato se había transformado en una tierna sonrisa. Una seductora sonrisa que Sora descubrió cuando tuvo ese aliento de menta a su lado y esas manos tomando las suyas, haciendo aparecer su rostro sonrojado.
—Hay otro motivo por el que me gusta mantener mi aliento fresco.
Y Sora tragó lo que quedaba de su caramelo, mientras alguien en el campo anotaba un gol.
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