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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 25/4/21

Pareja: Kenyako

Tiempo: 20m y 41s

Dolor—

Como si todo perteneciera a un proceso automático, Miyako estiró sus largos brazos hacia arriba, giró el cuello a un lado y a otro y se frotó los ojos por debajo de las lentes, sin llegar a quitárselas. La pantalla seguía encendida frente a ella lo que significaba que todavía no podía relajarse y descansar. Hizo una respiración profunda convenciéndose de ello y encaró su tarea.

—¿No lo dejas por hoy?

No se volteó al escucharlo, aunque sí sintió la preocupación de su voz y sus manos sobre sus hombros, masajeándolos suavemente. Sus dedos dejaron de teclear, mientras cerraba los ojos, recreándose en ese bienestar. Ese bienestar que inesperadamente duró poco.

—¡Ken, para! —Dio un respingo—. Duele.

—Claro que duele, tienes una contractura enorme aquí —dijo Ken sin detenerse.

Miyako se revolvió.

—Más motivo para no tocar.

Sin embargo, Ken, sin darle opción a voltearse y por tanto a ver su cara de concentración, siguió manipulando la zona.

—Puedo quitártela. Sé lo que hago, he dado cursillos en el club deportivo de la universidad.

Pero en ese instante a Miyako le daba igual cualquier conocimiento que pudiera tener Ken ni cómo, ni dónde lo hubiera adquirido porque lo único que sentía y por tanto nublaba su mente y su juicio era un intenso dolor provocado por sus dedos.

—¡Pero duele Ken! No toques más.

—Estarás mucho mejor después —prosiguió Ken.

—¡No me interesa el después!, ¡me interesa el ahora!, ¡el ahorauuuuuu! —gritó y movió los brazos, pero lejos de conseguir que Ken se detuviera, lo único que provocó fue su risa.

—No seas tan quejosa —dijo, dándole un beso en la sien como compensación por el dolor.

Inesperadamente esa acción calmó un poco a Miyako. Empezaba a rendirse, o mejor dicho a resignarse. Bajó la cabeza y apartó su cabello a un lado, lo que Ken agradeció porque así podía manipular mejor la zona.

—No me quieres Ken, me haces sufrir —musitó sombría.

Pese al dolor, sintió de nuevo ese bienestar, espiritual al escuchar otra vez su risa y físico al notar sus labios en su nuca.

—Reina del drama —susurró Ken.

Con ese escalofrío recorriendo su cuerpo, Miyako movió un poco la cabeza, tratando de buscar su rostro.

—No solo me rompes el cuello, también el corazón —dijo y cerró los ojos, ofreciendo sus labios.

Cuando el beso no llegó, abrió los ojos disconforme. Ken había dejado de mover sus dedos y la miraba con una adorable sonrisa.

—Miyako….

—¿Sí?

—Voy a mantener presión en este punto, dime cuando deja de dolerte.

Y Miyako, que, perdida en su mirada, por un momento había olvidado su tortura, gritó hasta que el dolor desapareció y el beso llegó.

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