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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 2/5/21

Pareja: Sorato

Tiempo: 15m y 55s

Tsukuba—

Solo pudo entender la magnitud de todo aquello cuando lo vio en persona. Ni fotos, ni videos, ni detalladas explicaciones podían hacer justicia a ese lugar. Desde el momento en el que se encontró con ese gran cohete —H2 era su nombre, como le había dicho Yamato—, un sentimiento de insignificancia fue apoderándose de ella. Un sentimiento que se agrandó al entrar en la sala de exposiciones Space Dome y hallarse ante todos esos complejos aparatos que parecían sacados de una película de ciencia ficción.

Por un momento olvidó hasta lo que le había traído a ese lugar, el Tsukuba Space Center, aquel fin de semana. El lugar donde su novio había conseguido ingresar, al terminar la universidad, con el fin de ser astronauta. El lugar donde él la esperaba.

—Sora, ¿dónde estás? —Lo escuchó cuando contestó el teléfono.

—No sé, es enorme —musitó.

Niños y no tan niños entraban y salían de esa réplica del Kibō, el módulo japonés de la estación espacial internacional. Entonces comprendió que algún día no muy lejano sería allá a donde iría Yamato. Allá e incluso a lugares más recónditos todavía. Observó su alrededor abrumada: los satélites, los trajes, los motores… El mundo de Yamato se había hecho enorme y complejo. Y ella; tan bajita, tan insignificante al lado de todo eso, temió que no la pudiera encontrar.

—¡Te encontré!

Dio un respingo y se volteó, guardando atropelladamente el teléfono. En lo primero que se fijó al tenerlo en frente fue en su vestimenta, ese mono azul que le diferenciaba de los visitantes y acaparaba sus miradas, preguntándose si sería un astronauta. En lo siguiente que se fijó fue en su mirada a juego, y creyó que nunca la había visto brillar de esa manera.

—Ven, he conseguido permiso para enseñarte donde entrenan los astronautas —dijo, tomando su mano. Se detuvo al ver que no la seguía de inmediato—. ¿Ocurre algo?, ¿no te encuentras bien?

Despertó abruptamente por sus palabras, por su sonrisa perdida y su rostro apurado. Por su mirada tierna, enamorada. Y fue cuando entendió, que por mucho que se expandiera su alrededor, a sus ojos ella siempre se vería como lo más grande del universo.

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