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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 30/5/21

Pareja: Sorato

Tiempo: 14m y 12s

Kotatsu—

Le parecían ahora absurdas las dudas que había tenido hacía tan solo unos días para comprar el kotatsu. Dudas por el tamaño del apartamento, por si Yamato querría una decoración más occidental, por si de verdad era necesario o simplemente era producto de la nostalgia... Dudas que se disiparon cuando el otoño dejó de ser otoño y empezó a parecerse a un inminente invierno. Porque era en ese lugar en donde había combatido los inviernos de su infancia, adolescencia y adultez temprana. Y era en ese lugar en donde deseaba combatirlos en esta nueva vida junto a Yamato.

—Antes de que te duermas, recuerda que te toca fregar los platos.

Yamato rio por la mueca de desesperación que hizo Sora. Abrió los ojos y se reincorporó lo justo para ver esos cuencos sobre la barra que delimitaba la cocina.

—Pero estoy tan a gustito aquí —dijo volviéndose hacia Yamato por dentro del kotatsu.

Este le besó la nariz con ternura.

—Déjalos para mañana entonces.

Volvió a reír Yamato por el largo gemido de desesperación de Sora, que provocó esta vez que sacara los brazos de la manta.

—No me gusta que queden sucios toda la noche —dijo tratando de levantarse pero solo consiguiendo llegar a sentarse.

Quedó en esa posición con la mirada ausente, como si una fuerza exterior fuese la que debiese levantarla y, por qué no, fregar los platos también. Una fuerza que quizá estuviera a su lado.

—Yama... —empezó Sora, acariciando sutilmente su brazo.

—Ni hablar, yo también estoy a gustito aquí —cortó él, cerrando los ojos como si fuera a dormir. Los abrió al sentir el rostro de Sora a milímetros de él.

—Negociemos. —Yamato tuvo que hacer un esfuerzo para contener la carcajada por la repentina seriedad de Sora—. ¿Qué quieres a cambio?

Yamato pareció meditarlo, aunque teniéndola tan cerca, solo una cosa pasó por su mente. La besó, arrimándose más a ella.

—Un poco de tu calorcito —dijo mimoso. La expresión de Sora de sorpresa inicial viró a la ternura que mostró con una sonrisa. Fue a besarlo de vuelta, pero Yamato apartó levemente la cabeza—. Y la cena durante una semana.

Con una arrogante sonrisa e intención de buscar sus labios de nuevo, Sora, que ya había suspirado en señal de aceptación, lo detuvo poniéndole la mano en el rostro.

—A fregar.

—Pero, ¿y mi calorcito? —cuestionó en un dramático tono de indignación.

—Cuando vea esos platos limpios.

Cerró los ojos, acomodándose dentro del kotatsu. Se estaba a gusto ahí dentro cuando llegaba el invierno. Miró de reojo a Yamato cuando lo sintió levantarse y sonrió. Que vengan todos los inviernos que quieran.

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