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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 27/6/21
Pareja: Sorato
Tiempo: 19m y 4s
—Historia—
—Tienes otro remolino justo aquí.
—¿Mmm?
—Sí, aquí el pelo te crece hacia el otro lado. ¿No lo sabías?, quizá sea el culpable de tu rebelde flequillo.
Yamato gimió, rozando con los dedos el libro que había caído desde su cama. No sabría explicar exactamente como había llegado a esa posición, como una tarde de estudio con Sora se estaba transformando en un repaso por su cabello y sus características. Solo recordaba un sopor tremendo leyendo sobre shogunatos que le hizo derramarse lentamente sobre el regazo de Sora.
Si le había incomodado o avergonzado su actitud, Yamato era incapaz de asegurarlo. La sensación de sus dedos —titubeantes en un inicio—, al acariciar su melena, seguramente mientras ella aún aprovechaba el estudio, era lo único que había ocupado sus sentidos desde aquel momento. No podría determinar tampoco cuando el libro de Sora había acompañado al suyo en su abandono y esta había empezado a examinar tan concienzudamente su cabello. Tan solo sus caricias, su voz, y la respiración de su pecho era lo que Yamato había estado viviendo. Todo lo demás resultaba lejano. De alguna forma sobraba, era como otro mundo… hasta que Sora, lamentablemente para Yamato, tomó consciencia del mundo más allá del cabello que descansaba en su regazo.
—¿Dónde está el libro? —Aunque Sora se removió, en una clara invitación a que Yamato se levantara, este no lo hizo y ella suspiró con pesar—. Yamato, se supone que íbamos a estudiar.
Con un largo gemido, Yamato logró agarrar el libro que llevaba rato rozando y levantarlo hacia Sora.
—Lee —pidió sin dejar su posición.
—Esto no es estudiar —negó Sora, tomando el libro.
Pero Yamato cerró los ojos, acomodándose mejor en los muslos de Sora.
—Si yo lo leo solo son fechas, nombres y batallas aburridas, pero en tu voz se transforma en un apasionante cuento de intrigas políticas, cruentas batallas y épicos samuráis.
Una sonrisa derrotada fue la respuesta de Sora que, tras aclararse la garganta, empezó con la narración de su lección de historia. Y mientras su voz se llevaba a Yamato de vuelta al pasado, sus dedos volvían a perderse con naturalidad por ese cabello que, hacía tan solo unas horas, le parecía tan lejano como aquellos shogunatos.
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