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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 18/7/21
Pareja: Kenyako
Tiempo: 21m y 56s
—Guapo—
Lo había estado siguiendo con la mirada desde que había recogido los pedidos. Al principio le desesperó que se demorase tanto, Miyako no era una persona paciente cuando se trataba de comida. La desesperación derivó en un amago de enfado al darse cuenta de que su retraso se debía a unas universitarias que lo entretenían con preguntas seguramente innecesarias sobre los menús y las comidas. Ken, tan amable como era, incapaz de negar nada incluso con las manos llenas y una novia hambrienta, les contestaba seguramente más de lo que sabía.
A punto estuvo Miyako de levantarse y solventar la situación, sin embargo no lo hizo y agradeció haber sido lo suficiente madura para refrenar ese primer impulso. Ese impulso que sin duda habría tenido en su adolescencia, antes de que Ken fuera siquiera su novio. Antes de que ella fuese dejando atrás inseguridades. Antes de que fuera capaz de leer la adorable expresión de ingenuidad y confusión de Ken.
Ahora sonreía al verlo, mientras aquellas chicas también sonreían y cuchicheaban cómplices una vez que Ken por fin pudo avanzar.
—Doble de patatas, así no me robarás las mías —anunció Ken, depositando las raciones. Se sentó frente a Miyako, miró su hamburguesa y le dio un bocado. Cuando se encontró con la mirada de Miyako, le extrañó que no hubiera empezado—. ¿No la pedí bien? —preguntó con apuro.
Ella amplió su sonrisa.
—No eres consciente, ¿verdad?
Confuso, Ken miró los pedidos y a ella, que rio por verlo tan perdido. Sintiéndose un extraño objeto de estudio, se revolvió un poco incómodo.
—¿De qué no soy consciente?
Miyako tomó una patata con parsimonia y miró un instante a las universitarias, que desde su mesa, aún lanzaban miradas soslayadas a Ken.
—De que eres guapo —dijo como si nada.
Sin entender a que venían esas palabras, la incomodidad de Ken incrementó. Todavía veía muchas sombras cuando se miraba al espejo.
—Soy normal —musitó, escondiéndose en su hamburguesa, como si así pudiera finalizar la conversación.
Sin embargo Miyako, no estaba por la labor.
—No eres normal, eres guapo —recalcó, tomando un par de patatas más—. Diría más, eres muy guapo. Yo sí soy normal, del montón —siguió hablando tomando cada vez a más velocidad las patatas—… buscas en el montón y ahí me encuentras, sí es verdad que sobresalgo por mi altura, pero eso no siempre es bueno, aunque casi siempre estuve satisfecha de mi altura. —Con la boca llena y las patatas ya casi desaparecidas, Miyako miró a Ken—. ¿En serio no me vas a dar de tus patatas?
Y de repente se habían cambiado las tornas y ella era el objeto de estudio y Ken el contemplativo.
—Tú sí eres consciente, ¿cierto? —Miyako frunció el ceño sin saber que responder, mientras Ken dejaba sus patatas en el centro de la mesa—. De lo única que eres.
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