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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 25/7/21
Pareja: Sorato
Tiempo: 16m y 30s
—Luna—
—Entonces, ¿es una superluna? —Yamato asintió, resguardando a Sora entre sus brazos. Era una superluna del mes de enero—. Porque es cuando más cerca está de la tierra, ¿cierto?
Sentados en el banco de aquel parque infantil, el chico volvió a asentir.
—Se encuentra en el perigeo de su órbita.
Esta vez asintió Sora, mirando esa luna grande y brillante responsable de la llamada a Yamato y su posterior encuentro en el parque. No se le hacían extraños esos conceptos, los había escuchado en la escuela alguna vez. Se revolvió contra el pecho de Yamato, que la abrazó más contra sí. Llevaba el pijama bajo su abrigo.
—Últimamente sabes muchas cosas sobre la luna. Como esa de hace unos meses, ¿cómo era? —Yamato la miró pensativo. No era consciente como Sora de que hablara tanto de la luna.
—¿Cuando hubo dos lunas llenas en un mes?
—Supongo —asintió Sora sin demasiado convencimiento. Si bien Yamato le daba datos aleatorios sobre la luna y los cuerpos celestes, ella los disfrutaba en el momento, pero no llegaba a retenerlos.
—La luna azul.
—¡Sí, era esa! —contestó Sora sonriente. No interiorizaba los datos pero sí recordaba lo que le parecía curioso y una luna del color de los ojos de Yamato le había parecido maravilloso en su momento. Se abrazó a los brazos de Yamato mimosa y regreso la vista a la luna—. ¿Qué más lunas raras hay?
—¿Raras? —Frunció el ceño Yamato reflexivo. A él cada vez le parecían más familiares estos conceptos—. Está la luna de sangre. —Yamato rio por la aprensiva mirada de Sora y por eso habló antes de dejar que su imaginación volara en exceso—. Se refiere a cuando hay un eclipse total, también se le conoce como luna roja.
—Me gusta más luna roja —sentenció Sora, para luego sonreír entre sus pensamientos—. Entonces, si hay un eclipse total en la segunda luna llena de un mes, esa luna será roja y azul a la vez, ¿es así? —No esperó su respuesta, tan solo se acomodó bajo su barbilla—. Esa es nuestra luna Yamato.
Yamato observó a Sora, que perdía su ilusionada mirada por ese cielo nocturno tan lleno de luz. Como bien le había dicho, últimamente sabía cosas sobre la luna, los planetas y las estrellas. Sabía cosas sobre las materias, las trayectorias y las fuerzas que componían el universo. Sin embargo, abrazado a Sora bajo esa superluna invernal, entendió que era ella la que siempre sabía lo que de verdad importaba.
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