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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 26/9/21
Pareja: Kenyako
Tiempo: 15m y 48s
—Novio—
Miyako era una chica totalmente independiente. No era como si hubiera tenido que ser su novio y convivir con ella para ser consciente de ello, pero si era cierto que esta circunstancia lo había puesto de relieve. Hacía tan solo unos meses que había regresado a Japón definitivamente, o lo que era lo mismo, hacía tan solo unos meses ella hacía su vida sola, con amigos, compañeros, o quien quisiera. Sin dar explicaciones a nadie. Hacía tan solo unos meses que él era oficialmente su novio.
—¿Y tú eres la única chica? —preguntó, tratando de sonar desinteresado.
De reojo, su mirada quedó en ella que, sentada en el piso, terminaba de empacar su mochila. En realidad, Ken tenía la sensación de que esa mochila siempre estaba preparada.
—Sí, desgraciadamente los estudios tecnológicos todavía no son muy populares entre las chicas —dijo con pesar, levantándose un instante, amagando en ir a la habitación pero finalmente quedando en el sitio, pues ya había llevado con anterioridad los enseres que echaba en falta—. Rio-chan al final no viene. No se lo ha contado a los chicos, pero a mí me ha dicho que es por su novio, por lo visto no le parece bien que vaya de viaje con tantos chicos. No sé como puede salir con un chico tan inmaduro, inseguro y celoso —finalizó con fastidio. Y con esfuerzo por cerrar esa mochila.
Suspiró satisfecha al conseguirlo, pero un ruido captó su atención. Ken, nervioso, recogía el vaso que hasta ese instante no había parado de manosear. No se había roto y por ello trató de regalarle una sonrisa que quedó lamentable. Miyako se acercó a él, y tiernamente, le besó en la mejilla.
—Menos mal que yo sí sé elegir bien a mi novio.
Esta vez el vaso estuvo a punto de romperse pero en las manos de Ken por apretarlo con tanta rabia. Se sentía culpable y un mal novio, porque en efecto, desde que Miyako le comunicara que iba a pasar el fin de semana en una feria informática con los que fueron sus compañeros de universidad (todo varones a excepción de esa tal Rio que al final no iba), Ken no había podido evitar sentir una insana preocupación. Lo que el común de los mortales denominaría celos.
Sin sentirse todavía digno, Ken la miró una última vez; cómo se ajustaba esa bandana al pelo antes de llevar la mochila a su espalda; cómo reía al teléfono al leer algún mensaje que probablemente ya reclamara su presencia; cómo sus ágiles dedos contestaban lo más seguro con bastantes emoticonos; cómo se volteaba hacia él y le sonreía abiertamente.
—¿Me acompañas a la estación?, quiero presumir de novio ante mis amigos.
Los celos, la culpabilidad, ese malestar de no sentirse digno… todo desapareció al son de aquella sonrisa. Quizá, sí fuese el novio que Miyako con tanta claridad veía.
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