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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 17/10/21

Pareja: Sorato

Tiempo: 15m y 15s

Altura—

Le pareció a Yamato, que Sora lucía diferente. Se lo pareció desde que la vio salir del edificio, al otro lado de la plaza. Se lo pareció también, cuando se acercaba con esa gran sonrisa. Se lo pareció, cuando la encontró a su lado.

Pudiera ser su peinado, cuyo flequillo revoloteaba libre a causa del viento. Pudiera ser por sus manos, que lo adecuaban a un lado y a otro, según de donde llegase aquel viento. Pudiera ser por su ropa, quizá no tan deportiva a como acostumbraba. Pudiera ser por su andar, un poco más torpe de lo habitual.

—¿Nos vamos?

Su voz, al menos, sí que era la misma.

No podría Sora comprobar, al menos de momento, si la voz de Yamato había cambiado de un día para otro, porque Yamato, enmudecido, la miraba, la estudiaba. Acercaba su boca hacia su cara y retrocedía sin rozarla. Pensaba, asimilaba, y volvía a acercar su boca y a mirar la distancia que los separaba.

—¿Estás más alta?

Su sonrisa, dibujada por esos labios a una nueva distancia, fue la respuesta. Sonrisa y levantamiento de talón izquierdo, mostrando su leve tacón. Yamato lo miró, torciendo la cabeza como si debiera examinarlo para poder vincularlo a su descubrimiento. Suspiró, entendiendo.

—¿Te gustan? —No esperó respuesta—. Así, te recorto un poco la distancia.

Sonrió Yamato; Arrogante, porque aún era notablemente más alto. Sabía que era una estupidez, pero no podía evitarlo. Le agradaba la diferencia de altura. Adoraba ver su carita cuando, apoyada en las puntas de sus pies, intentaba besarlo.

Con la satisfacción de haber descubierto aquello que le turbaba, Yamato emprendió el camino, pero Sora le tomó del brazo y se apoyó. Su flequillo, todavía revoloteando, rozó su mejilla, cuando de normal rozaría su mentón. No podía negarlo. Se sentía agradable también en la mejilla.

—Todavía no ando muy bien con ellos —susurró Sora. Avergonzada para ella. Adorable para él.

Dejó que se enganchara a su brazo y disfrutó del cosquilleo en su mejilla y del rubor de las mejillas de ella. Tan cerca, tan hermosas, tan al alcance de sus labios.

—No está mal tu nueva altura.

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