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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 24/10/21

Pareja: Kenyako

Tiempo: 16m y 50s

Pesadilla—

Despertó violentamente. Con la respiración acelerada y el temblor en su cuerpo, sintió el sudor en su nuca, torso y corriendo por su frente. Le costó regresar un poco más de lo habitual, quizá porque era la primera vez que le pasaba en esa cama, en ese hogar. En esa compañía.

—Ken, ¿estás bien?

Tragó, ya recuperando los sentidos, conforme la luz que Miyako había encendido reflejaba su alrededor. Se sentó en la cama y respiró hondamente hasta en tres ocasiones, hasta que se cercioró de que sus pulsaciones regresaban a la normalidad.

—Ken…

Volvió a escuchar su susurro, sin animarse a mirarla. Ni quería imaginar la cara de susto que tendría. A juzgar por cómo le hablaba no dudaba de que había exteriorizado su pesadilla. Bajó la cabeza.

—Debí habértelo dicho. A veces… —Exhaló, sintiendo todavía el temblor en su cuerpo y en su voz—, a veces… tengo pesadillas.

No hubo ninguna respuesta inmediata. No verbal, porque sí la sintió moverse. Escuchó abrir un cajón, el que tendría al lado de la cama supuso teniendo en cuenta que no había dejado de notar su peso a su lado en ningún momento.

—¿Quieres? —Le sorprendió encontrarse una chocolatina ante él. Entonces la miró. Sin gafas, con el pelo revuelto y una tímida sonrisa culpable—. A veces, como dulces en la cama. Cuando me desvelo a media noche o me cuesta dormir.

Descolocado, Ken tomó esa chocolatina y empezó a manosearla, sin remover el envoltorio. Sí escuchó desaparecer el envoltorio de la que tendría Miyako, seguido de un sonido crujiente y un suspiro de satisfacción. Quedó en silencio, mirando esa chocolatina.

—Soy consciente de que nunca sabré lo que sientes. —Ken la miró al escucharla hablar de repente. No sonaba clara porque lo hacía mientras masticaba. Su mirada la mantenía en la chocolatina—. Antes me desesperaba no poder verlo. Quería verlo, no sé si para poder comprenderos o simplemente porque me molestaba la idea de no poder entender algo tan importante. —Dio otro mordisco. Dibujó una sonrisa melancólica—. Pero ya maduré. Entendí que si no podía comprenderlo, era bueno porque significaba que nunca había vivido algo tan horrible. Pero aunque no pueda entenderlo, sí quiero ayudar. Y sé que puedo ayudar. —Enfocó finalmente a Ken y le regaló su sonrisa más amorosa. Más tierna. Más decidida—. Ya lo hice con Hikari, sé que puedo hacerlo contigo también.

Lentamente, sin ser consciente, el pesar se había ido disipando de su cuerpo y de su mente. Sus palabras, verla comer una chocolatina a las tres de la madrugada. Verla sonreír con ojitos soñolientos. Miró el dulce, lo desenvolvió y le dio un bocado. Escuchó entonces su risa.

—Está bueno, ¿verdad?

—Sí que lo está —susurró, avergonzado por hablar con la boca llena.

Volvió a escuchar su risa y sintió que el mar se alejaba. Y tuvo la tranquilidad de que en esa cama, el mar jamás lo alcanzaría.

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