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Algunas instrucciones de uso premium:

Esto es un especial (inserten aplausos). Un súper mega especial (inserten vítores). Un híper ultra súper mega especial (inserten grillo)… Significa que me han otorgado ¡cuatro páginas centrales y a color para esta nuestra tira dominical! ¡Bieeeeeeeen!

Resumiendo, las dos parejas canon comparten tonterías en un relato más largo. Disfruten la lectura.

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TONTERÍAS A CUATRO

Fecha: 7/11/21

Pareja: Kenyako y Sorato

Tiempo: 1h, 52m y 11s

Cita—

Una cita doble. Eso era lo que habían programado para aquella tarde de sábado. En realidad, eran Sora y Miyako las principales artífices. Yamato, que en pocos días debía partir al otro lado del mundo a un entrenamiento que duraría meses, ni se planteó la posibilidad de contradecir a su novia. Ken lo aceptó con su habitual amabilidad.

Nunca habían hecho algo como esto. Tampoco es que hubieran tenido reales oportunidades. Cuando Sora y Yamato eran adolescentes con tiempo que gastar, sus amigos eran pequeños y a años luz de embarcarse en una relación. Y cuando estos al fin habían empezado una relación, las ocupaciones adultas de sus amigos se habían hecho demandantes y también las suyas propias. Quizá por esa razón se sentía tan emocionante. Tan especial.

Los cuatro se disponían a exprimir al máximo el centro de ocio como si fueran aquellos estudiantes que nunca tuvieron la oportunidad de salir juntos. Aquellos estudiantes que tan solo buscaban divertirse y, por qué no, competir.

—¿Así que quien pierda invita a la cena? —preguntó Sora, a lo que Miyako asintió. Yamato, a su lado, intercambió una mirada con Ken entendiendo que él también se estaba enterando en ese momento de que la cita iba a conllevar cena. Se le escapó, de todas formas, una sonrisa al ver el rostro emocionado de Sora, mientras le tendía la mano a Miyako, aceptando su reto—. Que así sea.

Y así fue cómo dio comienzo la:

Competición definitiva por decidir quien pagaba la cena de la cita doble de Sora, Yamato, Miyako y Ken

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Primera Prueba: El ritmo de los tambores.

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Yamato tomó las baquetas y le dio a Sora una mirada de confianza. Confianza que desapareció cuando el tranquilo ritmo inicial fue en incremento y Sora empezó a perder golpes y por tanto a bajar hasta ese momento su perfecta puntuación. Finalizaron la actuación con un Excellent!, lo cual enorgulleció a Yamato e hizo a Sora respirar aliviada.

—Eso no es nada. Nosotros haremos un perfecto, ¿verdad, Ken?

Miyako tomó las baquetas de Yamato con rudeza, mientras Ken dejaba que Sora le depositase las suyas delicadamente. Miró a Miyako una última vez buscando una muestra de ánimo, pero esta prosiguió con su sonrisa triunfal y su más absoluta concentración en la pantalla.

—¡No pierdas golpes, Ken!, Let's go!

Y Ken perdió el primer golpe, el segundo, el tercero y no fue hasta el quinto que consiguió enlazar unos cuantos seguidos. Definitivamente la música no era lo suyo y menos con la presión de Miyako que golpeaba tan fuerte que todos los presentes temieron que acabara rompiendo el tambor. Eso sí, al igual que Yamato, no se le escapó ni un golpe, pero ni aún así pudieron obtener nada mejor que un Great!.

Sora apretó el puño triunfal, sin querer regodearse, y apuntó en su teléfono su victoria y por tanto su punto.

—Lo siento Miyako. —Bajó la cabeza Ken, viendo la rabia contenida de su novia.

Esta hizo un gesto de indiferencia con la mano.

—No pasa nada, en la próxima los machacaremos.

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Segunda prueba: El ping-pong asesino.

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Rebotando la pelotita con la pala, Miyako se acercó a la mesa en pose triunfal que quedó un poco deslucida cuando la pelotita cayó de su pala y tuvo que buscarla bajo la mesa. Recuperó la compostura y enfocó a la otra pareja.

—¿Quién se medirá ante mí?

Contra todo pronóstico, Sora le cedió la pala y por tanto el sitio a Yamato. Contuvo la risa viendo su rostro asustado, pero cuando Miyako sacó y no fue la pelota lo que salió volando contra él sino la propia pala, que estuvo a milímetros de impactar en su rostro, compartió el temor de su chico.

—Se me resbaló de la mano —excusó Miyako, con nerviosismo.

Pero Yamato le dio la pala a Sora sin miramientos.

—Pueden apartarme del programa espacial si sufro una lesión fuera del trabajo.

Con una sonrisa nerviosa, Sora se acercó a la mesa, aunque para su alivio, Ken, que había recogido la pala de Miyako, no se la devolvió, le ofreció una conciliadora sonrisa a cambio.

—¿Por qué no me dejas esto a mí?

Sin querer reconocer abiertamente que el ping-pong quizá no era lo suyo, Miyako asintió vigorosamente.

—Por supuesto. Machácala. Sin piedad. —Le regaló una sonrisa a Sora al ver su expresión de incredulidad—. Es una forma de hablar Sora-san. —Y formó un corazón con sus manos que provocó la risa de su amiga.

Risa que desapareció cuando Ken sacó y ni vio la bola pasar a su campo y perderse tras ella.

—Vaya… —Revolvió la cabeza Sora.

Eufórica, Miyako había pegado un saltito que molestó considerablemente a Yamato. Se dirigió a Ken, que sonreía feliz por poder resarcirse de su nefasta puntuación en el juego anterior.

—Borra esa sonrisa Ichijouji, estás jugando contra Takenouchi volea Sora.

Semejante comentario, en tono tan hosco, sorprendió a todos. Ken borró su sonrisa, Miyako arrugó el entrecejo y Sora no pudo contener la risa por perderse en sus recuerdos.

—No escuchaba eso desde tercero de secundaria —dijo, agachándose para recoger la pelotita—. Me empezaron a llamar así cuando gané un partido de las regionales con una volea —explicó, dándole la pelota a Ken.

Miyako entendió al instante lo que pretendía. Con el tono de Yamato, con la enigmática sonrisa de Sora acompañando su historia. Trataban de intimidarles. De intimidar a Ken realmente. Por supuesto no lo consentiría.

—¿Sí?, pues tú estás jugando contra Ken Ichi… lena… jouji —improvisó lo mejor que pudo.

Intimidó más a su novio que a la pareja frente a ella.

—Miyako, nunca he ganado un partido con una chilena —musitó nervioso—, de hecho nunca he hecho una chilena.

—Ellos no lo saben —respondió ella, tapándose la boca.

—Y además esto no tiene nada que ver con el fútbol —dijo, a cada segundo más apurado.

—Ellos tampoco lo saben —repitió ella, dejándolo estupefacto. Se encaró entonces a Yamato—. Ishida, tu novia va a morder el polvo —advirtió, señalando con el pulgar hacia abajo.

—Tú novio más… morderá… la mesa… —improvisó esta vez Yamato.

Separados por la mesa, se encontraban Ken y Sora. Cuando este la enfocó, tragó asustado por su postura. Sora se había recogido el pelo con una coleta, e inclinada hacia adelante, basculaba su peso de una rodilla a otra, rotando la pala en su mano con gran maestría. La Sora tenista había despertado. No obstante, su sonrisa le dio confianza.

—Tengamos un buen partido, Ken.

Y este asintió, preparado para disputar un gran encuentro.

Gran encuentro que disfrutaron en cada punto los contrincantes y sufrieron y celebraron los acompañantes, hasta el último que Sora ganó, no con una volea pero sí con un contundente machaque.

—¡Sí!, ¡Takenouchi volea Sora ha vuelto! —exclamó Yamato eufórico.

Chocó las palmas con Sora, que incrédula por su exagerada celebración, le costó reaccionar, y dirigiéndose a Miyako, señaló con ambos pulgares hacia abajo, lo que hizo que Miyako apretara los puños conteniendo su rabia.

Al verlo, Ken iba a disculparse otra vez, pero no pudo porque Sora se le había acercado, ofreciéndole su mano.

—Gracias. Hacía tiempo que no me divertía tanto.

Estrechó la mano de su amiga con una mueca de satisfacción, que sin darse cuenta, Miyako también estaba compartiendo. En realidad poco importaba quien había ganado esta vez, había sido un juego impresionante.

—Sí, jugaron muy bien, pero fue Sora la que ganó a Ken —musitó Yamato al oído de Miyako, mientras, unos pasos adelantados, Ken y Sora comentaban eufóricos su genial partido.

Fulminándolo con la mirada, inspiró para contenerse.

—El próximo, Yamato-san. Abróchate, ya verás.

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Tercera prueba: El circuito de la muerte.

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Sin abrocharse, porque no había necesidad de ello, pero sí sentados y al volante estaban los cuatro ante su nuevo juego de simulación de carreras. Yamato y Ken se habían sentado en la parte de delante, mientras Sora y Miyako ocupaban simuladores tras ellos. La cuenta atrás se aparecía en cada pantalla y el banderín dio comienzo a la carrera.

Yamato hizo una salida perfecta, colocándose en la cabeza al instante, por su parte, Miyako, que se pegó con varios autos desde el inicio, empezó a dar turbo como una desbocada incrustándose en cada obstáculo del circuito. Ken había tenido una salida tranquila y permanecía por en medio de la carrera sin contratiempos, y por último Sora no paraba de recibir golpes de coches o golpes de ella misma contra todo.

Así transcurrió la primera vuelta, para alegría de Yamato que en nada aventajó a todos sus contrincantes.

—Esto es más fácil que tirar a Sora del circuito arcoíris —dijo, inmerso en la excitación de la carrera.

—¿Cómo? —Oyó a Sora, que luchaba por salir de la arena en la que inexplicablemente se había metido—, ¡siempre dices que esos caparazones no son para mí!, ¡mentiroso!

Yamato perdió la sonrisa, consciente de su error. Miyako, que gritaba como loca cada vez que accionaba el turbo (todo el rato), gritó esta vez el doble al desaparecer por un barranco.

—¡¿Por qué hay un barranco ahí?!, ¡¿alguien me lo explica?!, ¡no hay una explicación lógica, física o digital para que esté eso ahí!

Yamato aguantó la risa, pero esta vez no dijo nada. Siguió conduciendo con precisión, como buen futuro piloto espacial.

—¿Por qué los coches van hacia el otro lado? —dijo Sora al rato, forzando tanto el volante que sus brazos quedaron cruzados en una posición imposible.

—Creo que estás yendo en dirección contraria —apuntó Ken.

—¿Qué?, ¿no he hecho ni una vuelta bien?, ¿por qué no me lo dijeron? —lloriqueó Sora.

Esta vez Yamato tuvo que hacer más esfuerzos para contener la risa, pero aunque se hubiera reído, tampoco se habría escuchado porque el nuevo grito de Miyako lo habría eclipsado.

—¡Explotó!, ¡mi coche explotó!, ¿por qué?

—Abusaste del turbo, ¿quizá? —se burló Yamato.

Eso fue demasiado para Miyako, que saltando de su simulador se encaramó hacia el de Ken delante de ella, que dio un respingo al notar su pecho sobre sus hombros y su mejilla pegada a la suya. Al menos no había tomado el volante.

—¿Qué demonios haces, Ken?, ¡pon la sirena ya! —exclamó, desesperándose por la parsimonia con la que manejaba Ken.

—Pero…

—¡No quiero perder más!

Y su reclamo surtió efecto en su novio. Tenía la responsabilidad, al menos, de hacer un maldito punto en esta absurda competición. Endureció la mirada y Miyako sonrió satisfecha, regresando a su asiento junto a Sora que tenía el volante en la mano, ya desencajado del simulador.

—No giró más —dijo con expresión lastimosa.

Y con las chicas fuera de juego, en realidad un coche ardiendo y el otro rotando sobre sí mismo como loco, Ken empezó a adelantar posiciones. Su conducción, hasta entonteces tranquila, se volvió un poco más hostil, empujando autos y utilizando el turbo en los momentos óptimos. Así, no fue difícil alcanzar a Yamato en la cabeza de la carrera que lo miró con el rabillo del ojo. Su sonrisa permanente durante la carrera fue sustituida por una expresión de preocupación, de concentración.

Fueron parejos hasta la última vuelta, cuando en los últimos metros, Ken se puso a su lado y lo mandó afuera del circuito, empleando entonces el turbo para desaparecer y cruzar la meta el primero.

—¡Bingo!

Miyako saltó hacia su novio, que solo entonces empezó a dejar fluir la tensión acumulada. Sora, tras comunicar a un encargado el fatal desenlace de su volante y disculparse mil veces, se reunió con ellos. Sin salir del simulador todavía, Yamato se encontraba con una mezcla de sensaciones. No le había gustado perder, y sobre todo, no le había gustado perder de aquella manera. Sentía como si Ken le hubiera estafado durante toda la carrera.

—¿Desde cuando sabes hacer esas cosas? —dijo al fin, manteniendo su expresión de fastidio.

—Empezó a dar clases de conducción en la academia. ¿O pensabas que eras el único que juega con volantes en su trabajo, piloto espacial? —se burló Miyako.

Ruborizado y sin poder dejar de sonreír por haber sido al fin útil, Ken se encontró con la media sonrisa de Yamato.

—Ha sido increíble. Llévame a conducir contigo algún día.

Las chicas se adelantaron esta vez, mientras los chicos comentaban sobre la hazaña de Ken. Entre sonrisas, dirigidas a sus novios, Miyako y Sora se encaminaron al siguiente juego.

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Cuarta prueba: Moviendo el esqueleto.

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Las sonrisas ya descaradas de ambas mujeres mientras sorbían distraídamente su batido no pasaron desapercibidas para los hombres. Uno al lado del otro, frente a esa pantalla y sobre esa plataforma. Antes siquiera de que empezara el baile, parecía que competían por quien se ponía más rojo.

—¿En serio no preferís hacer esto vosotras? —lo intentó una última vez Yamato.

—Luego, no te preocupes —dijo Sora, manteniendo su provocativa sonrisa—. ¡Ahora dalo todo!

—¡Ánimo, Ken!, ¡demuestra lo bien que mueves tu cuerpo!

Lejos de animarlo, el grito de Miyako le traumatizo aún más. Se enfrentaba con sus mayores archienemigos combinados: el ritmo y la vergüenza. Yamato tenía la ventaja de que sí poseía buen ritmo, pero la vergüenza jugaba demasiado en su contra. Escucharon las risas de sus novias tras ellos y compartieron una mirada de camaradería. Esta vez no competían entre ellos.

Empezó la música y la coreografía. Sora y Miyako dejaron su batido y se acercaron más para poder disfrutarlo. Entre sus cuchicheos, Yamato cerró los ojos para evadirse y concentrarse en la música aunque eso hiciera que se equivocara en varios pasos. Ken mantenía los ojos abiertos, la concentración al máximo, pero su torpeza musical le hizo ir siempre un paso por detrás.

Viendo que Yamato empezaba a tener una notable ventaja, Miyako decidió entrar en acción.

—¡Que ritmo es ese Yamato!, ¡lo hiciste mejor aquella vez que dijiste eso de "Sora, te amo"!

—¡Miyako!, ¿a qué viene eso? —le increpó Sora, tornándose roja.

Cuando Yamato empezaba, no a sentirse cómodo, pero sí al menos a sobrellevarlo, ese comentario lo traspasó. No solo hizo que trastabillara, perdiera el equilibrio y que sus orejas parecieran a punto del colapso sanguíneo. Como había supuesto Miyako, fue incapaz de volver a recuperar el ritmo y meterse en la coreografía, obteniendo así un Bad.

Ken, ajeno a todo y chorreando sudor, ni se creyó cuando vio en su pantalla aquel Good. Y lo que significaba, que había superado a Yamato.

—¡Bingo!

Recibió con una sonrisa orgullosa el caluroso abrazo de su novia. Lo que recibió Miyako por parte de Yamato fue su mirada mortal, mientras Sora tomaba el relevo de su enrojecido (y no por el esfuerzo precisamente) novio.

—Fue un golpe bajo —dijo, volviéndose a recoger el pelo en una cola.

Tomando el sitio de Ken, Miyako sonrió restándole importancia, emocionada al fin por poder medirse con Sora. Se ajustó la cinta de su pelo y dio comienzo la coreografía.

Al contrario que sus novios, ni una de las dos valoró, o le importó, que nadie más pudiera verlas. Metidas desde el principio en la canción, no cedieron ni un fallo, lo que provocó que a sus boquiabiertos novios empezaran a sumarse algún espectador más. Fue entonces cuando la pantalla de Sora reflejó el primer negativo.

—¡Eh! —espetó Yamato, queriendo intervenir.

La vergüenza de tener espectadores le hizo quedar en un segundo plano y en realidad tampoco hacía falta su intervención porque Sora también se había dado cuenta. Pisó de vuelta la plataforma de su amiga, provocando un fallo en ella. Eso descolocó a Miyako, creyendo que había sido sigilosa como un ninja. Sin tanto disimulo empujó levemente a Sora del hombro lo que hizo que fallara de nuevo.

—Miyako… que… —Ken no pudo articular palabra. Buscó respuesta en Yamato, que se cubría el rostro tratando de pasar desapercibido.

Esta vez era Sora la que había sujetado unos instantes del brazo a Miyako, pero Miyako se lo devolvió pisando varias veces su plataforma, momento que Sora aprovechó para retenerla y no dejar que puntuara en la suya. Esta trató de zafarse, pero no pudo. Empezaron las risas.

—Cosquillas no, cosquillas no….

Se escuchó, y Ken tuvo que alzar la cabeza para ver entre la gente que las había rodeado porque de repente habían desaparecido. Cuando la canción terminó, ambas estaban revolcándose por el suelo entre risas, mientras las dos pantallas reflejaban un contundente Awful.

—No puedo creer que hayas ganado este juego —dijo Yamato a Ken sin salir de su estupor.

Las que salieron, todavía entre risas, pero también un poco avergonzadas al tomar conciencia del espectáculo que habían formado, fueron Sora y Miyako, que llegaron junto a sus novios como si volvieran de un encuentro amoroso furtivo. Ambas despeinadas, con la ropa desarreglada y una sonrisa de oreja a oreja.

—Mejor será que cenemos ya —propuso Yamato.

Notando ya su cansancio, nadie objetó nada. Tan solo Miyako al ser consciente de su apuesta con Sora.

—¿Quién ganó?

—Creo que dejé de contar en el primer juego —dijo Sora. Lo había olvidado por completo.

—Da igual. Ha sido una tarde genial —Miyako estiró los brazos con satisfacción—. Podríamos repetirlo todas las semanas.

Yamato arqueó una ceja para evitar responder. Lo hizo Sora por él.

—Ojalá, pero aquí el astronauta está muy ocupado con sus entrenamientos —dijo, enganchándose a su brazo juguetona.

—Lo dices como si tú estuvieras disponible alguna vez —contestó Yamato, en el mismo tono divertido.

Viéndolos, Ken sonrió a Miyako.

—Nosotros también somos adultos, Miyako —le recordó, enterneciéndose por el gemido que dio ella.

—Lo sé, pero me da tanta rabia no haber hecho esto antes.

Provocó la sonrisa nostálgica de sus amigos mayores. Ellos sí habían tenido salidas juntos y con otras parejas en su adolescencia: amigos de Yamato con sus ocasionales novias, amigas de Sora con algún ligue, o Taichi aquella temporada que se puso en plan idiota y se negaba a ir solo con ellos dos empeñándose en llevar siempre alguna acompañante. Las salidas de Miyako, cuando eran con Ken, nunca habían sido en el contexto de una cita, siempre les habían acompañado más amigos (Daisuke omnipresente) y cuando habían sido citas, nunca habían sido con Ken. Y en cuanto a Ken, tenía la sensación de que había pasado toda la adolescencia jugando fútbol con Daisuke.

Se detuvo Yamato repentinamente, haciendo que sus amigos lo imitaran y lo miraran. En pose reflexiva, esbozaba una media sonrisa mirando al horizonte.

—Quizá no podamos repetirlo todas las semanas, pero…

—¡Una vez al mes! —exclamó Miyako emocionada, lo que provocó la risa del rubio.

—Pensaba una vez al año —dijo, finalizando su mirada en Sora.

Esta no tardó en asentir sonriente. No era una promesa imposible.

—Una vez al año me parece bien —apresuró a decir Ken, antes de que Miyako dijera algo.

El mohín inicial le desapareció en segundos. Ser adolescente cada semana era una loca fantasía, que por muy bien que se lo hubiera pasado en realidad tampoco le apetecía. Prefería la meta más realista de poder disfrutar, por lo menos una vez al año, de estas salidas adolescentes dentro del mundo adulto. Extendió la mano al centro.

—Entonces es una promesa —dijo Miyako, y sus amigos entendieron su gesto, apoyando sus manos una encima de la otra—, ¡una vez al año! —exclamó alzando la mano, junto a los otros tres—, y… —empezó, mordiéndose el labio con travesura—, ¡Yamato-san paga la cena si le gano a los tambores!

Y antes de que el aludido pudiera reaccionar, ella ya corría hacia el juego. Echó a correr tras ella precipitadamente, mientras Sora y Ken, tras verlos alejarse, intercambiaron una mirada. Un gesto de Sora con la muñeca bastó para que Ken sonriera y asintiera, dispuesto a tomar su revancha.

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