.

.

TONTERÍAS A DOS

Fecha: 14/11/21

Pareja: Sorato

Tiempo: 16m y 38s

Mordisco—

—De verdad Yamato, me estás dando calor.

Frente a ella, Yamato, con una bufanda alrededor de su cuello que contrastaba con la manga corta de su uniforme, siguió comiendo distraídamente.

—Tengo que cuidarme la garganta —dijo, desviando la vista.

Sora entrecerró los ojos estudiándolo. Había sido vocalista por más de cuatro años y nunca le había visto con una bufanda de invierno en pleno julio.

—Yamato, por favor, estás sudando como un cerdo.

Su frente chorreaba, cierto era, al igual que por sus patillas los hilillos de sudor se perdían bajo esa prenda de lana.

Dejó un segundo los palillos y miró a su alrededor. Los alumnos de uniforme celeste comían en las diferentes mesas concentrados en sus cosas. Tras cerciorarse de eso, se aflojó la bufanda y ladeó el cuello para mostrárselo a Sora. Esta dio un respingo al ver una enrojecida marca.

—¿Qué es eso? —preguntó temerosa.

Yamato, cubriéndose de nuevo, le dio una mirada significativa.

—¿Tú que crees?

Los calores le entraron de lleno a ella, enrojeciendo por momentos, conforme flashes de la tarde pasada junto a su novio se aparecían en su mente. Irremediablemente miró a su alrededor. Nadie les prestaba atención, pero tenía la sensación de que ya todos sus compañeros lo sabían. Como si su mente hubiera proyectado esa visión.

—¿Por qué dejaste que te hiciera eso? —masculló. A sus nervios no ayudó que ahora Yamato riese. Esta negó, a cada segundo más apurada—. Vete, no puedes dejar que nadie te lo vea.

—Pues luego tengo gimnasia.

Lo dijo como si nada, y Sora estaba tan al límite que ni se percató de que disfrutaba con provocarla. Le tomó del brazo, queriendo levantarlo.

—Di que estás malo. No vuelvas hasta que haya desaparecido esa marca.

El chico no se movió, es más, le dedicó a Sora una mirada de desaprobación.

—Sora, ¿harás que pierda clases por algo que es tu responsabilidad?

Sintiéndose culpable y muriendo de vergüenza, Sora apoyó la cabeza contra la mesa derrotada, lo que hizo que Yamato ya no pudiera contener la carcajada. Despegó lo justo la frente cuando lo sintió moverse, mirándolo desvalida. Este le dio un tierno toque en la cabeza al pasar a su lado.

—Diré que estoy malo y me compraré unas cuantas camisetas de cuello alto. —Sora hizo un gemido de agradecimiento, mientras Yamato se agachaba para dejar su rostro a su altura. Con una sonrisa encantadora, le recolocó un mechón que tenía por encima de los ojos y llevó sus labios a su oído—. La próxima vez hazlo en un lugar que no se vea, como hago yo.

Y tras interiorizar sus palabras, se preguntó aterrada: ¿Dónde diablos tenía un mordisco?

.

.