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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 28/11/21
Pareja: Sorato
Tiempo: 16m y 34s
—Adorable—
—¿Desde cuándo Takeru tiene un conejito?
Sora se asomó al animalito. Se veía más adorable incluso que en la foto que su novio le acababa de mandar y que había provocado su inmediata presencia en su hogar. Chocando la cara con ella, Yamato encogió los hombros.
—Por mi salud mental hay cosas de Takeru que ya ni me pregunto.
Un toque reprobatorio sin convicción alguna por la sonrisa del que iba acompañado fue la respuesta de Sora. Observó cómo Yamato tomaba al animal en brazos, para así darle de comer.
—Le pega a tu hermano un conejito —dijo Sora enternecida. Era marrón claro con orejitas hacia abajo—. Hará competencia a Patamon.
Inconscientemente, Yamato mecía al conejito al cual parecía no gustarle demasiado el pienso que su dueño le había dejado. Se desesperó.
—¿Sabes lo que le pega a mi hermano?, encasquetarme sus responsabilidades para irse a hacer el bohemio.
Así se había enterado Yamato de la existencia de la mascota de su hermano. «Tengo un viaje con el club literario, ¿me cuidas a Hopi?» Y encima le dejaba un pienso que claramente no era de su agrado. Suspiró apesadumbrado, alzando al conejo a la altura de su rostro.
—No digas eso de Takeru. Es adorable, como este conejito —dijo Sora, apoyada en el brazo de su novio, sonriendo enternecida.
No esperaba encontrarse con el rostro de estupefacción de Yamato.
—Seamos sinceros. Takeru te parece adorable porque aún ves en él a ese niño llorón que te idolatraba. Igual que a mí me lo parece porque al ser mi hermano pequeño lo tengo metido en los genes, pero objetivamente, no es nada adorable. Si lo conocieras hoy sería un tipo con el que te daría mucha pereza tratar.
Sora no llegó a soltar la carcajada, pero a punto estuvo.
—¿Qué tontería es esa?, tu hermano es adorable y punto. ¿Y sabes por qué?, porque existen seres que son simplemente adorables —terminó, buscando la reacción de Yamato. Le divirtió ver que no captó su provocación.
—De modo que si nos hubieras conocido a los dos ahora, te gustaría más Takeru que yo —dijo Yamato en un tono mustio. Exageradamente mustio.
De puntillas, la chica besó su mejilla.
—Ya me gusta más tu hermano que tú.
Ahora sí que no reprimió la carcajada cuando Yamato, ofendido, o lo que fuera que estaba, le tendió al conejito. No fue muy lejos, pues quedó en la cocina, rebuscando entre las verduras.
Mirándolo de soslayo, Sora habló con voz idiota al conejito:
—¿Sabes quién es adorable también?, aquel chico gruñón que te está preparando verduritas para llenar tu barriguita y que no pases hambre. Para mí es el más adorable del mundo.
Rio para sí misma al percibir el rubor en sus orejas. Era una ventaja de su corte de pelo universitario. Yamato esperó hasta dejar de escuchar a Sora, tratando de concentrarse en esas verduras sin llevarse ningún dedo por delante. Fue cuando se volteó, ya con el cuenco, cuando la sonrisa se adueñó por completo de su rostro; viendo a Sora con ese conejito en sus brazos, mimándolo ajena al mundo que la rodeaba. Ella tenía razón, existían seres que, simplemente, eran adorables.
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