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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 12/12/21

Pareja: Sorato

Tiempo: 13m y 0s

Calor—

Llevaba rato sin mover las piernas. Desde que a través del agua había visto como pequeños pececillos se acercaban, perdiéndose entre los dedos de sus pies y sus pantorrillas, notando aquellas agradables cosquillas. Unas ondas les hicieron alejarse del banquete de pieles muertas de Sora, lo que hizo que ella se disgustara. Con lo que habían tardado en acercarse y lo rápido que se alejaban. Desvió la mirada a su lado, no pudiendo mantener su disgusto por mucho tiempo. Yamato, totalmente derramado sobre la plataforma, había metido su brazo, moviéndolo de manera inconsciente.

Se mojó ella también la mano para salpicarle en la cara. Al notarlo, él la miró. Le causó gracia su expresión, acariciando ahora su cabello hacia atrás. Humedeciéndolo sobre aquel sudor.

—¿Es qué eres inmune al calor? —musitó él.

Sora no comprendió a que se refería. Era el calor empalagoso característico de su verano y por supuesto que lo notaba, aunque mantener las piernas frescas en aquel lago ayudaba a sentirse más refrigerada. No imaginaba como podía verse esa escena a ojos de un derretido Yamato.

Rio entonces, encogiendo los hombros.

—Quizá me hice inmune al volar sobre Birdramon, al igual que tú eres inmune al frío.

No era un secreto que Yamato prefiriese el invierno, pero nunca se había considerado inmune a las bajas temperaturas ni mucho menos. De hecho, aunque las prefería, tampoco podía considerar que le gustaran. Gimió, mirándola distraídamente, mientras su mano bajo el agua sustituía a los pececillos que había espantado.

Notando aquellas caricias, un escalofrío recorrió el cuerpo de Sora. Un calor cuando halló su mirada; con aquella camiseta de tirantes, los mechones húmedos de pelo que regresaban a la inercia de caer sobre sus ojos... Y lo peor era que él no lo estaba haciendo intencionadamente.

Apoyando las manos en la plataforma, deslizó su cuerpo lo justo para sacar las piernas del agua y se levantó. Yamato siguió sus movimientos con apatía, pero cuando en un grácil movimiento, sacó el ligero vestido que llevaba, quedando en bikini, tragó acalorado. Un delicioso bikini amarillo que conjuntaba perfecto con su incrementado moreno veraniego. Sonriendo a Yamato, saltó al lago. Y ella sí, lo hizo totalmente intencionado.

Resoplando, Yamato tan solo encontró una forma de aplacar su calor y fue metiendo la cabeza en el agua. Quizá, si permanecía mucho rato algún pececillo fuera a su encuentro, o tal vez, lo que encontrara fuera una sirena de fuego.

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