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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 2/1/22

Pareja: Kenyako

Tiempo: 15m y 19s

Primer—

Salieron de la estación de Tamachi, encaminándose hasta el que hacía pocos meses había sido su hogar. Miró de nuevo a Miyako, tan linda con aquel kimono, y todavía con esa expresión de preocupación que desentonaba con vestimenta tan vistosa, y con ella misma en realidad.

Llevaba así desde que se había levantado. Al principio creyó que no se encontraba bien, que quizá había comido demasiado udon la noche anterior, y tomado demasiado licor. Creyó que estaba mejor cuando decidió vestir kimono para hacer la primera visita al santuario, sin embargo, su expresión tan solo había ido empeorando conforme compraba amuletos y leía predicciones para su año.

—Miyako —la llamó al fin, deteniéndose. Iban a disfrutar de una agradable comida y no quería que sus padres se preocuparan. Miyako era demasiado obvia—. ¿Me contarás ya que sucede?

Consciente entonces de su cara larga, fingió malamente una sonrisa, que por supuesto no engañó a Ken. Gimió impotente.

—Ni berenjena, ni halcón, ni monte Fuji.

El chico pestañeó perplejo, tardando en dar sentido a sus palabras. Recordó que soñar con aquellos elementos el primer día del año era un buen augurio. Lo sintió un poco surrealista y por ello necesitó asegurarse.

—¿Estás así por tu primer sueño del año?

—Soñé con udon. Un bol inacabable de udon —dijo con culpabilidad. Eso provocó la tierna risa de su novio, lo que enervó un poco a Miyako—. ¡No te rías!

—¿Cómo no reírme? —Inclinó la cabeza hacia ella mimoso—. No sabía que le dabas tanta importancia a esas supersticiones.

Miyako enrojeció. Más que por la vergüenza de su berrinche, por su cercanía.

—No es que le haya dado mucha importancia nunca, pero quería asegurarme de que este año iba a ir bien —musitó. Ken detuvo su risa, prestándole atención. Ella bajó el rostro, jugueteando con la docena de amuletos que llevaba. Entonces lo enfocó—. Es nuestro primer año juntos.

No pudo evitar la sonrisa viendo la adorable mueca de Ken. Su leve rubor mientras apartaba la mirada.

—Yo también quiero que vaya bien —dijo, tomando uno de esos amuletos. Entonces sonrió, encogiendo los hombros—, ¿quién sabe?, quizá el udon sea nuestro elemento afortunado.

Viendo su sonrisa, Miyako asintió, despejando cualquier preocupación. Se enganchó de su brazo con su característica vitalidad y entusiasmo.

—¡Entonces nuestro año va a ser de lo más afortunado!, un bol de udon inacabable, ¿te imaginas que existiera?

Provocó la fuerte risa de Ken, que contagió de inmediato a Miyako. Esa risa, sin duda, era el mejor de los augurios.

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Feliz año y esas cosas blablabla...