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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 23/1/22
Pareja: Sorato
Tiempo: 14m y 29s
—Festival—
No era fácil admirar los fuegos con él a su lado. Sus primeros fuegos en la bahía, de su primer festival de verano. Nerviosa, bajó la mirada, viendo el reflejo en el agua. Se mordió el labio, suspiró mientras jugueteaba con el bolsito que colgaba de su muñeca. Hizo como si se recolocara la flor que llevaba en su recogido. Casi el primero que se hacía también. La diminuta cola que permitía su pelo más bien corto. Lo miró de reojo.
Pareciendo descubierto, Yamato desvió la mirada al cielo lleno de luces de colores, camuflándose entre el ruido, entre la noche, entre los suspiros de asombro de su alrededor.
Trató de regresar la mirada a los fuegos Sora, pero sentía imposible concentrarse en ellos. Cerró los ojos y se maldijo por sentirse tan insegura. Ocho meses de noviazgo habían pasado ya, pero sentía, de repente, que se encontraba otra vez en aquella Nochebuena.
Lo enfocó y los fuegos iluminaron su rostro y su cabello se volvió sol en plena noche y su mirada se confundió con dos luceros del negro firmamento. Estaba increíblemente bello. Esta vez, además, no había apartado la mirada. Quizá había esperado otra mirada soslayada.
—¿No te gustan los fuegos? —fue la pregunta idiota de Sora. Descubriendo que los fuegos, donde más hermosos se veían, eran en el reflejo de su rostro.
Él gimió, como recriminándose no haber disimulado esta vez. Como llevaba haciendo toda la noche, sin poder dejar de admirarla, pero siendo incapaz de hacerlo a la cara. Se rascó la nuca, inclinó la cabeza y su rostro se cubrió de un rubor.
—Es la primera vez que te veo así vestida.
Sora tuvo que imaginar sus palabras en base a ese susurro camuflado entre el petardeo. Bajó la mirada, compartió su rubor. No era la primera vez que vestía tradicional y fotos de su más temprana niñez lo atestiguaban, pero sí era la primera vez que lo hacía de forma consciente. Era la primera vez que ella se veía así también.
—¿Crees que estoy rara?
Sobresaltado, Yamato ignoró el ensordecedor ruido, concentrado en el murmullo de Sora. En su pie moviéndose con nerviosismo, en sus manos temblorosas. Sacudió la cabeza tan rápido que sintió un leve mareo.
—Al contrario, estás… estás… —No le salían las palabras. No estaba preparado para ello. Sonrió tímido, ladeando la cabeza. Mirándola de frente, porque era la forma en la que ella merecía ser admirada—. Estás más Sora que nunca.
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