.

.

TONTERÍAS A DOS

Fecha: 27/2/22

Pareja: Kenyako

Tiempo: 13m y 4s

Roto—

Recordó aquel sonido cuando la vio levantarse. Había sonado como algo rasgándose en el momento que se sentó, pero Miyako no parecía que le hubiera dado importancia así que supuso que había escuchado cualquier otra cosa. No había valorado entonces que Miyako solo le estaba dando importancia a la suculenta carne que le esperaba en la parrilla.

Pero sí, aquel sonido se había producido y era consciente ahora, cuando su novia se había levantado hacia la barra y había visto aquella raja en la parte trasera de sus ajustados jeans.

Enrojeció Ken sin reaccionar de primeras, pero su inconsciencia trabajaba más allá de su apuro y no tardó en deducir que si él podía ver las braguitas de Miyako, todo el mundo podría verlas justo ahora.

Se levantó precipitadamente y casi se abalanzó contra ella; pegando su cuerpo a su espalda, su brazo la rodeó de la cintura. Sobresaltada, Miyako buscó como pudo el rostro de Ken, no entendiendo ese rubor, ni esa torpe sonrisa, ni por supuesto que se hubiera pegado como una lapa tan repentinamente, en un lugar tan concurrido como aquel izakaya.

—¿También quieres repetir?

Él negó, tratando de mantener su sonrisa.

—Tienes el pantalón roto —susurró en su oído.

El primer impulso fue el de querer voltearse para verlo, pero obviamente no podía verse su propio trasero y Ken la mantuvo sujeta. Sí dejó espacio para que palpara y pudiera apreciar la raja.

—¿Lo vio alguien? —preguntó ella. Miró a su alrededor. Parecía que cada grupo estaba a sus cosas, pero en su imaginación ya sentía las risas y miradas de todos los presentes. Se resguardó en los brazos de Ken, pegándolo más a su espalda—. Tenemos que salir de aquí.

Ken asintió, empezando a andar no si dificultad, pues apenas tenía espacio entre su cuerpo y el de Miyako para mover los pies.

—Tendremos que andar así hasta casa —dijo ella.

Entonces sí, atrayendo las miradas por escena tan extraña, la pareja abandonó el izakaya. También atrajeron las miradas de algunos viandantes y de la vecina del tercero con la que se cruzaron al llegar a su bloque, que suspiró aquello de ¡ay!, los enamorados. Y a decir verdad, tras tan agradable paseo, ni Miyako ni Ken tenían intención de despegarse al llegar a casa.

Al contrario, decidieron juntarse un poquito más.

.

.