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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 1/5/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 20m y 23s

Besar

Dejó el bajo a un lado cuando escuchó el timbre de la puerta. Sabía de quién se trataba y por ello apresuró a abrir. Le sonrió nada más verla, pero Sora se adentró sin devolverle la sonrisa.

—¿Fue mal? —preguntó Yamato preocupado.

Sora encogió los hombros, negando con la cabeza. Tomó asiento en la silla, mirando con desgana la libreta que Yamato tenía sobre la mesa. Tan solo tenía los estudios básicos musicales de la escuela, por lo que no entendió mucho de sus anotaciones. El bajo estaba de pie contra la pared y sus labios esbozaron un intento de sonrisa por verlo.

—¿Quieres comer algo? —preguntó Yamato, regresando al sitio. Ella negó con un gemido. Sentado a su lado, Yamato la observó—. ¿Ha resultado muy molesto? —De nuevo un encogimiento de hombros fue la respuesta—. ¿Te duele? —Por primera vez Sora le miró y su mueca esta vez fue más relajada, lo que provocó una sonrisa más confiada en Yamato—. Entonces, ¿puedo besarte?

Desvió la mirada unos instantes Sora, para después ofrecer mínimamente sus labios. Dejando su mano en la mejilla de ella, con una sutil caricia, Yamato acortó la distancia y juntó sus labios. Un beso pausado, apenas sin presión.

Se encontró con su mirada al separarse. Él se mordió el labio, deseoso, ella, en cambio, no mostró demasiado interés. Es por eso que cuando Yamato quiso volver a besarla, en un beso un poco más profundo, ella apartó el rostro y se levantó.

—¿Te molestó? —cuestionó, sin saber muy bien cómo sentirse.

—No quiero que me beses —susurró ella, vuelta para que no le viera el rostro—, ya sabes, de esa forma.

Yamato la miró detenidamente. Al escuchar un suspiro, Sora giró un poco la cabeza para observarlo. Recostado en la silla, su mirada estaba ahora en el techo, en una pose reflexiva. Apartó la mirada cuando él la volvió a dirigir a ella.

—¿Y cuánto tiempo tienes que estar así?

Otra vez, un encogimiento de hombros.

—Diez meses, puede que hasta el año.

Diez meses era más del tiempo que llevaban de pareja. En esos meses habían aprendido a besar. De besos torpes, mínimos roces, a besos más cuidados, más profundos. En diez meses podrían aprender mucho más el uno del otro, a explorar mucho más el uno del otro. Ni se imaginaba cuanto podrían evolucionar sus besos. Y eso era lo mínimo. Puede que hasta un año de retroceso. La miró aterrado, pues ahora que había descubierto lo mucho que le gustaba besarla, ese tiempo se sentía como una amarga eternidad.

—Ni de broma —dijo, levantándose abruptamente.

Sora se volteó al escucharlo y no pudo reaccionar cuando las manos de Yamato tomaron sus mejillas, sin presionar demasiado, y sus labios tocaron los suyos, se entreabrieron, y delicadamente, se sintieron.

Ruborizada, Sora bajó la mirada al separase. Todavía con las manos en sus mejillas, Yamato no pudo contener su sonrisa.

—Parece interesante.

Pero Sora se apartó.

—¡No es interesante en absoluto! —espetó, desesperada—. Son brackets, ¡brackets! —repitió, señalando sus dientes. Por fin Yamato los veía—. Y son molestos, feos, puntiagudos, y no quiero que los veas, ni los sientas, ni…

Calló cuando Yamato la rodeó. Se abrazó mimosa a su cuerpo, mientras él besaba su cabello con ternura.

—Si no quieres que te bese no te besaré, pero sería una pena, con lo bien que se nos estaba dando.

Fue entonces cuando el peso del tiempo cayó de golpe en Sora. En un largo gemido de desesperación, se restregó en él, para acabar mirándolo de forma desvalida.

Y, sin prisas, sus labios se reencontraron.

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