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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 22/5/22
Pareja: Kenyako
Tiempo: 13m y 39s
—Vestido—
La siguió con la mirada hasta la salita. Apenas había dicho una palabra al llegar a casa lo que era sumamente extraño teniendo en cuenta cual había sido la causa de su última salida. Quizá, no había sido fructífera lo que que preocupó a Ken.
—¿No te gustó ninguno? —Se atrevió a preguntar al fin. La respuesta de Miyako fue un gemido, que Ken no supo interpretar—. Seguro que encuentras algo que te guste. Seguro que Sora-san te puede arreglar uno, o incluso hacer uno… ¡yo te lo haré si es necesario! —exclamó, desesperado por el mutismo de ella.
Miyako, que había permanecido entre sus pensamientos, buscó el rostro de Ken, para acto seguido bajar la mirada hacia su vientre y posar la mano en él.
—Ken, no pasa nada porque se note la barriga, ¿verdad?
Incrédulo por sus palabras, ya que, la barriga que lentamente iba a ir apareciendo en Miyako, no había sido valorada como un posible problema para el vestido, Ken asintió, acercándose. Apoyó la mano sobre la de Miyako.
—Claro que no, ¿por qué iba a ser un problema? —No pudo evitar una tierna sonrisa—. Estaré muy orgulloso de lucir esta barriguita el día de nuestra boda.
Entrelazó sus dedos con los de él, al tiempo que la sonrisa ocupaba su rostro. La inquietud había desaparecido, mientras unas rebeldes lágrimas se escapaban. No se acostumbraba a estar tan sensible. Se limpió las lentes y lo enfocó.
—Más te vale, porque, que estemos en esta situación a meses de nuestra boda es tu responsabilidad.
Reconociendo su tono divertido, Ken amplió la sonrisa.
—Responsabilidad de dos, será —provocó. Rio por la mueca de enojo de su prometida.
—No puedes pretender echarme a mí la misma responsabilidad que a ti. Soy impulsiva, ¿recuerdas?, me cuesta reprimir mis impulsos ante cosas lindas.
Parecía que le estaba regañando y así era, entre una declaración de amor, eso sí. Ken rio más fuerte, atrapándola de la cintura.
—A mí también me es difícil controlarme ante ti.
Con un adorable rubor, Miyako se mordió el labio, mientras sus brazos quedaban en torno al cuello de Ken. Entre risas y reproches, los besos llegaron y también la confesión de una ilusionada Miyako.
—Por cierto... ya tengo el vestido.
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