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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 5/6/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 29m y 8s

Hogar—

Entreabrió los ojos al escuchar un ruido. El sol se filtraba a través de la ventana. Adormecido todavía, no valoró el significado del ruido. Lo escuchó de fondo, con los ojos cerrados. Una puerta cerrarse, unas ruedas de una maleta. Una voz.

Abrió los ojos con lentitud, girando en el futón. Desde esa posición vio unas piernas.

—¿Esto es a lo que te dedicas en mi ausencia?, ¿a dormir hasta el mediodía?

Se frotó los ojos mientras interiorizaba su información. Sabía que era tarde. No había estado durmiendo bien por la noche, pero no imaginó que fuera tan tarde. No se dio cuenta realmente de lo que significaba que esa voz estuviera ahí hasta que ella se arrodilló a su lado y le dedicó una sonrisa.

—Ya estoy en casa —dijo, besando la punta de su nariz.

—Sora… —musitó.

Viéndolo, Sora perdió la sonrisa, pasando la mano por su frente y rostro.

—¿Estás enfermo?

Ya despertando al mundo real, en donde este día estaba marcado en rojo, porque era en el que regresaba Sora, Yamato se incorporó un poco, negando.

—Sora —repitió.

A ella le pareció adorable cada gesto. Su pelo alborotado, sus ojitos lagrimeando, su aturdimiento.

—¿Qué haces ahí metido?

Este pasó el brazo por alrededor de su cintura, apoyando la boca en el hueco de su clavícula, arrastrándola para dejarla medio tumbada.

—No he estado durmiendo bien.

—¿Y eso? —frunció el ceño Sora, mientras sus dedos seguían la inercia de acariciar su cabello.

Yamato encogió los hombros. Sora sintió el cosquilleo de su respiración en su piel.

—Porque soy un idiota incapaz de dormir en este apartamento sin ti. —Al notar que Sora detenía sus movimientos, Yamato alzó la mirada. Como había supuesto, lo miraba sorprendida—. Nunca había dormido aquí sin ti. Se supone que es nuestro hogar, pero a mí no me lo parece sin ti.

Dicho esto, volvió a tomar posición, y sin decir nada, los dedos de Sora regresaron a sus caricias.

—¿Estás cansada del viaje? —preguntó, cuando la notó moverse.

Ella negó.

—La verdad que he dormido como un bebé en el avión.

Apoyando la mejilla en su mano, Yamato la observó.

—¿No tienes jet lag?

Ya de pie, se sacó el jersey y negó.

—De momento estoy bien. Creo que como no viajo mucho, estoy tan emocionada que mi cuerpo ha suprimido todo lo malo.

Yamato contempló como se iba desabrochando la blusa.

—Tenemos que viajar más. Los dos juntos.

Ella le regaló una sonrisa mientras asentía. La blusa cayó, desabrochándose ahora los pantalones. Yamato no perdió de vista ninguno de sus movimientos, hasta que Sora quedó en ropa interior.

—Ven un segundo. —La llamó desde su posición.

Con la toalla que había sacado del armario en la mano, se agachó hacia el futón y lo que encontró fue un brazo en su nuca, unos dedos deslizándose por su clavícula en dirección a su hombro y unos labios reclamando los suyos. Se separó, no sin dificultad.

—Espera...

—Dijiste que no estás cansada —protestó Yamato, besando su cuello, mientras los dedos se adentraban bajo el tirante.

—Pero quiero darme una ducha antes —dijo entre suspiros. Un gruñido disconforme fue la respuesta de Yamato—. He estado más de doce horas en un avión, en clase turista —añadió, tratando de tomar distancia.

—Ya lo he notado —riéndose, Yamato olisqueó tras su oreja.

Pese a la evidente excitación que sentía, Sora se revolvió, aunque no pudo llegar a levantarse porque Yamato la retuvo contra él.

—Yamato… me da vergüenza —suplicó entrecortada—, que no tardo ni cinco minutos.

—Solo quédate un poquito, te prometo que no te huelo —dijo él, apoyando la cabeza en su pecho en actitud mimosa. Su mano abarcó su cintura, acariciándola, pero ya no de una manera demandante—. Háblame de tu viaje. Di que al menos ha valido la pena para tenerme tantas semanas abandonado.

Perpleja por su cambio de intenciones, claramente definido por el tono infantil empleado, los dedos de ella, una vez más, se perdieron distraídamente por su cabello.

—¿Quieres que te hable del viaje?, ¿ahora? —cuestionó, todavía agitada, pero Yamato, con los ojitos cerrados, asintió, acoplándose mejor a su cuerpo—. No sé… aún tengo la cabeza llena de tantas experiencias… El mundo de la moda es inmenso y aunque yo me quiero enfocar en algo más tradicional, ha sido muy enriquecedor. Además, creo que he hecho buenos contactos y… —calló al sentir la mano de Yamato quieta sobre su vientre. Su respiración se había vuelto pausada.

Con cuidado para no despertarlo, separó su brazo y se levantó despacio. Tomó la toalla que había quedado tirada en el suelo y lo miró. Negó, mordiéndose el labio.

—Bienvenido a casa, Yamato.

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