.

.

TONTERÍAS A DOS

Fecha: 12/6/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 28m y 20s

Exclusiva—

Solo se relajó al escucharlo hablar. Bien sabía que estas situaciones le ponían más nervioso que la misión en sí. Desde la puerta de un lateral, en una discreta posición, había visto como había tomado asiento junto a Gabumon y responsables del proyecto, ante esa mesa llena de micrófonos. Ante esa sala llena de gente, libretas, cámaras y fotógrafos.

Con los brazos cruzados, todavía algo insegura, se dedicó a admirar su perfil; su tono, la firmeza con la que hablaba y explicaba, en términos quizá demasiado técnicos para lo que les gustaría a los periodistas, cada detalle de su misión. Admiró su traje, aquel mono que reconoció como su traje natural desde la primera vez que lo vio en Tsukuba. Además era azul. Azul cielo.

Sonrió, asomando un poco la cabeza (lo justo para no ser descubierta). Vislumbró a la madre de Yamato contra una pared lateral, tomando notas, o haciendo como si las tomara. Su padre estaba también cubriendo la rueda de prensa al fondo de la sala. Este sin libreta alguna y compartiendo miradas cómplices con su exmujer.

Respiró aliviada, los ensayos con sus padres habían dado sus frutos. Todo estaba saliendo bien. No se había quedado en blanco en ningún momento, no titubeaba, no… Se sobresaltó al escuchar su primer titubeo. Miró entre los periodistas, por lo visto, ya era el turno de las preguntas. La rueda de prensa estudiada y controlada ya había pasado. Tragó, notando, en el carraspeo de Yamato, su incomodidad.

Sabía que esto iba a pasar, sabía que las preguntas no abordarían el tipo de propulsión de la nave, sabía que los periodistas querrían un titular con el que llenar su portada.

«¿Podrá Gabumon digievolucionar en la Luna?»

«¿Tendrá el viaje los mismos efectos en un digimon que en un humano?»

«En caso de que consiga abrir una puerta digital en la Luna, ¿no tiene miedo de lo que pueda pasar?»

Sora se contuvo para no irrumpir. Le era difícil permanecer a la espera viendo a Yamato pasarlo mal. Sus padres también habían perdido su semblante tranquilo, en especial Hiroaki, como si quisiera intervenir para rescatarlo pero supiera que ya no era su deber hacerlo, pero entonces Yamato habló, con una media sonrisa ladeada que Sora reconoció.

—Claro que no, soy un niño elegido.

Y escuchó el murmullo de los periodistas. El alivio en el rostro de Hiroaki, la risa contenida de Natsuko. La aprobación de la sala por tener aquel titular que esperaban. A partir de entonces todo fluyó en un ambiente más ameno, y aunque Sora percibía la inquietud de Yamato, no la apreció del todo hasta que lo encontró a su lado.

—Has estado muy bien —le dijo, acariciando suavemente su brazo.

Este, no muy convencido, se echó el pelo hacia atrás con nerviosismo.

—¿Tú crees?, ¿no fue una respuesta demasiado idiota?, pero no sabía como pararlos, ¿qué le pasa a esta gente con estas preguntas absurdas?, creí que a nadie le interesaba el espacio.

Calló ante la risa de Sora y lo agradeció porque así pudo respirar y placar su agitación.

—Eres la novedad.

—Gabumon es la novedad —susurró, mirando de reojo la sala, donde los periodistas le acosaban.

—¿Estará bien? —preguntó Sora.

—Se las apañará —dijo Yamato, tomando su mano, invitándola a caminar. Quería salir de ese ambiente cuando antes—. Además, mis padres lo rescatarán antes de que esos chismosos quieran saber que hay bajo su piel.

Sora rio, mirando de reojo la sonrisa ya relajada de Yamato.

—¿Ya has terminado? —preguntó, tras unos pasos.

—Todavía tengo que hacerme unas fotos promocionales junto a Gabu —resopló.

—Cuidado con las fans —dijo Sora divertida, queriendo rememorar su adolescencia.

Yamato rodó los ojos. Esta expectación era incomparable a la que hubiera tenido jamás con ninguna de sus bandas de la escuela. Ahora tenía repercusión mundial y digital y aunque lo compartiera con Gabumon, le costaba lidiar con ello.

—Vamos —susurró Yamato de repente, queriendo acelerar el paso, pero para cuando Sora fue consciente de lo que sucedía, aquella periodista, agitada por su carrera para interceptarlos, ya estaba frente a ellos, apuntándoles con una grabadora—. La rueda de prensa ya finalizó, espere a la nota oficial de la JAXA, gracias —dijo en aparente amabilidad. Aunque Sora, que lo conocía, se percató de su contención.

Pero para sorpresa de Yamato y de Sora, por supuesto, la grabadora quedó tendida contra ella y la periodista, con esa sonrisa de la que creía haber obtenido la mayor exclusiva, miró a Sora.

—Es usted la mujer de Ishida-san, ¿cierto?

—Eh… uh….

La de los titubeos ahora fue Sora, mientras Yamato se quedaba sin capacidad de reacción. Su instinto le pedía protegerla, pero su cabeza le decía que debía dejar que Sora lo solucionara de manera diplomática. No era el día propicio para tener mala prensa.

—¿Qué siente ante la misión de su esposo?, ¿tiene miedo?

Y los balbuceos se detuvieron de inmediato. Miró a Yamato, la tensión en su mandíbula, y le dio un apretón de mano para tranquilizarlo. Cuando él lo notó, la buscó, sorprendiéndole la sonrisa de seguridad que le dedicaba a la periodista.

—Claro que no, soy una niña elegida.

.

.