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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 19/6/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 18m y 59s

Piercing—

—No me gusta.

Sora detuvo el paseo, dándose cuenta que Yamato, una vez más, había quedado parado, mirando su reflejo en el escaparate. Sus dedos movían ese aro que colgaba en su lóbulo izquierdo, mientras su rostro dibujada esa mueca entre arrepentimiento y disgusto. Sora desanduvo el camino hasta él.

—Estás bien —dijo, aunque a oídos de Yamato sonara repetitivo—. Te acostumbrarás. Cuando yo me perforé por primera vez, también me sentía rara.

Yamato la observó, mejor dicho, observó sus orejas. Ambos lóbulos estaban perforados desde hacía un par de años. Creía recordar que lo hizo el primer verano de secundaria superior. Realmente le quedaban bien, pero tenía la sensación de que había pensado que le quedaban bien desde un inicio, sin necesidad de tener que acostumbrarse. Al igual que el nuevo agujero que decoraba su oreja izquierda y del que colgaba un aro a juego con el suyo.

Dando por buenas sus palabras, y sobre todo, su sonrisa, tomó la mano de Sora y siguió el paseo por el centro de ocio. Mirándose en cada escaparate, no pudo evitar detenerse definitivamente.

—No me gusta —negó, llevando los dedos al aro.

Sora resopló, ya cansada del tema.

—Llevas una hora con él, ¿puedes darle un poco de tiempo? —preguntó, aunque viendo el rostro de Yamato, supo que era una pregunta al aire. Sus gestos fueron su respuesta, cuando se quitó el aro—. ¿Por qué te lo has hecho si no te gustaba?

Él encogió los hombros.

—Creí que que me gustaría —dijo, masajeándose el lóbulo enrojecido—. No ha sido por ti, cambia esa cara.

Porque en efecto, Yamato vio la culpabilidad asomándose en el rostro de Sora. No era como si ella lo hubiera propuesto, en realidad, salió de Yamato el querer hacerse un piercing, pero el entusiasmo con que Sora recibió la noticia, animándose a perforarse ella también otro agujero, le dejaba un poso de responsabilidad.

Sora hizo un mohín, tomando su mano.

—¿Por qué no lo dejas hasta casa al menos?

—No quiero que mi padre lo vea y se ría de mí.

La que rio fue Sora, mirándolo de arriba abajo.

—Ya se ríe de tus pantalones agujereados, y de la cadena colgando en la que llevas las llaves, y también de tu peinado. —Se detuvo, tomando su flequillo.

Él agitó la cabeza en una mueca de enojo.

—¿Y de mi novia?, ¿no se ríe de mi novia?

Sacó la lengua Sora, aprovechando para abrazarse a su cintura.

—Hasta lo que yo tengo entendido tu novia le encanta.

Por fin la primera sonrisa de Yamato desde que se agujereó. Vio entonces claramente, contra su pecho, el aro nuevo de Sora. No podía arrepentirse de su piercing si eso había servido para que Sora hiciera algo que, a juzgar por la ilusión desbordada durante todo el día, de verdad le apetecía. Hizo un movimiento para que ella se despegara. Cuando Sora buscó su rostro, encontró el aro en los dedos de Yamato.

—Toma, así tienes el juego completo.

Sora lo recibió sin demasiado entusiasmo.

—Pero ahora me sobra un agujero.

—O te falta otro —fue la divertida respuesta de su novio.

—¿Otro agujero más?, ¿quieres que la Iemoto me mate?, si es posible que cuando me vea este me desherede.

Yamato aguantó la risa por las exageradas palabras de su novia, libre de preocupaciones reales. Pasó el brazo sobre sus hombros, atrayéndola hacia él.

—O quizá quiera hacerse uno a juego.

Sora negó divertida, aunque hacía unos cuantos años habría sido impensable, ahora, que conocía mejor a su madre, tampoco lo sentía como algo sumamente descabellado. Miró el aro en la palma de su mano y a Yamato. La marca que siempre permanecería en su lóbulo.

Lo guardaría con cariño, pues para ella siempre sería aquel piercing que Yamato llevó durante una hora, y que solo ella pudo ver.

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