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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 26/6/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 23m y 5s

Familia

—No lo entiendes.

Yamato la miró un instante. Ceñuda, había resoplado volteando el rostro, mientras manoseaba aquel papel todavía en blanco, culpable de su estado. Se levantó entonces, recogiendo sus cosas, entre ellas su respectivo papel, el cual también permanecía en blanco.

—Claro que lo entiendo, llevo más de tres años siendo tu novio, sería idiota si no lo entendiese. —Le sobresaltó a Sora su tono brusco. Observó sus movimientos, mientras a cada palabra se sentía más enojada—. Entiendo que cuando estás bajo presión te enfureces contigo misma, y te encierras, porque todavía tienes ese absurdo temor de que los demás vean lo que tú consideras la verdadera Sora. —Ya con su cartera de libros cerrada, se colocó la chaqueta celeste. Evitó mirarla—. Y me voy antes de que te enfades más y digas algo sin pensar.

Lo siguió con la mirada hasta el genkan. Mientras se calzaba, Sora regresó su atención a aquella maldita hoja. Apenas había comenzado su último año de secundaria superior, todavía no le había dado tiempo a ser consciente de lo que significaba. De momento, era solo algo orientativo para su tutor, pero aquella hoja había sido como un cruel manotazo de realidad. La secundaria finalizaba y debía elegir universidad para el año que viene. Elegir un futuro.

De repente el enojo ya no existía, tan solo unas terribles ganas de llorar. Escuchar la puerta fue lo necesario para reaccionar. Se levantó precipitadamente, llegando a tiempo para agarrar a Yamato de la chaqueta. Este, al sentir el tirón, cerró la puerta sin salir y dejó que la cartera de libros se deslizara hasta el piso. Entonces notó el cuerpo de Sora pegado a su espalda, abrazándolo temblorosa.

—Sora… —empezó con culpabilidad, quizá no había sido demasiado comprensivo. Quizá su manera de hacerla reaccionar había sido en exceso áspera.

—¿Puedo quedarme así un ratito? —susurró, limpiando esas posibles lágrimas en su espalda. No obstante, ya no sentía la necesidad de llorar—. Me conoces muy bien —dijo al poco—, quizá mejor que yo misma y no sé si eso me produce felicidad o temor.

—¿Temor? —cuestionó Yamato inquieto. Había entrelazado sus dedos con los de ella sobre su vientre. Acariciándolos, notaba cómo se iba relajando.

Sora encogió los hombros. Gimió.

—Todavía no sé si quiero que alguien me conozca tanto… —hizo una pausa, aspiró por la nariz, enterrando más el rostro—, que conozcas lo malo de mí.

Apenas fue audible su susurro, pero Yamato, atento a cada reacción, sí lo escuchó. Le enfureció, pero más le entristeció que tuviera esos pensamientos. Sin embargo, se esforzó en esbozar una sonrisa.

—Nada de tu carácter puede calificarse como malo.

Esa breve tensión que había sentido en su abrazo automáticamente desapareció, lo que Yamato sintió como una victoria. Escuchó un leve gemido de aceptación.

—Complicado entonces —corrigió.

Las caricias de Yamato fueron escalando por sus brazos desnudos.

—Se supone que el complicado de la relación soy yo.

Levantó el rostro Sora, apoyando la barbilla en su espalda; lo observó. Era la del cuello la única parte de su piel que veía, a pesar de que desordenados cabellos trataran de taparlo. Pensó, que hacía un tiempo que no se cortaba el pelo, aunque se le hacía raro que tuviera intención de volverlo a llevar largo. No, definitivamente no veía a Yamato con el peinado de la secundaria inferior en la universidad.

No fue consciente de que ya sonreía, cuando, tomando un pequeño impulso, lo besó.

—Para mí no lo eres.

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Yamato al contacto, a sus palabras. Detuvo las caricias, entrelazando los dedos con fuerza. Tomó aire y alzó la mirada.

—Quiero que algún día seas mi familia, y quiero que funcione, por eso para mí es importante conocerte, comprenderte.

Fue Sora la que notó la momentánea tensión de Yamato al decir esa palabras. Curiosamente, no sintió ninguna clase de temor ante tal declaración, al contrario, se sintió bien. Estaba demasiado bien ahí. Cerrando los ojos, apoyó la frente en su espalda.

—¿Puedo quedarme así para siempre?

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