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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 3/7/22

Pareja: Kenyako

Tiempo: 20m y 27s

Uniforme—

—¿Ya estás?

Miyako escuchó el reclamo de su novio desde la habitación.

—¡Voy! —exclamó, terminando de acicalarse.

Estaba poniéndose los pendientes cuando lo vio frente a ella. De la impresión, uno de ellos resbaló de su mano.

—¿Qué sucede? —cuestionó Ken, confuso ante la reacción de Miyako.

Esta negó con nerviosismo, palpando en el piso en busca de su pendiente. Se lo colocó tras encontrarlo, evitando, eso sí, volver a mirarlo con descaro. Lo hizo de una manera soslayada.

—¿Y tienes que ir así siempre? —preguntó con la boca pequeña. Ken no entendió de inmediato la repentina preocupación que parecía mostrar su novia—, es decir, creí que te gradúas como inspector criminalístico, y que no ibas a usar uniforme.

Con la gorra bajo el brazo, Ken se ajustó el nudo de la corbata.

—No usaré uniforme, tan solo para actos oficiales como mi graduación —dijo, dejando entrever una mueca de orgullo. Desapareció al escuchar el suspiro de alivio de Miyako—. ¿Tienes algo contra este uniforme?

Se sobresaltó ante tal pregunta, percibiéndola, seguramente su conciencia, como acusación.

—No, claro que no… es solo que... así pareces policía.

—¡Soy policía!

—¡Pero no lo digas tan alto! —exclamó Miyako alarmada.

Eso descolocó del todo a Ken, hasta que al fin creyó entender lo que sucedía. Bajó la cabeza abatido.

—Te avergüenzas de mí.

—¡No, claro que no! —excusó Miyako, sintiéndose culpable de la expresión desolada de Ken—… es solo que… solo que… no me gusta mucho la policía. —Y sonrió, como si así quitara el significado a sus palabras.

Ken la miró atónito.

—¿Y no se te ocurrió decírmelo antes?

La joven desvió la mirada incómoda. Ahora sí que sonaba a acusación.

—No es cómo que no me guste en sí, es solo que me molesta un poco esa manía de que todo es ilegal.

Empezando a entender, Ken cruzó los brazos, adquiriendo una actitud mucho más autoritaria, mucho más acorde con su uniforme y su profesión.

—No puedes hacer cosas ilegales, Miyako.

—No son ilegales, son alegales —defendió ella—. En los vacíos legales es por donde los hacker nos movemos —dijo, serpenteando con la mano divertida.

De repente esa mano estaba esposada. Miró a Ken aterrada.

—Esto es lo que te espera si te saltas la ley.

Se perdió Miyako en su mirada severa, regresando la vista a su muñeca esposada. No pudo reprimir una sonrisa traviesa.

—Bueno…

Viendo que su maniobra había tenido el efecto contrario, Ken, empezando a enrojecer, buscó la llave.

—Cómo se abre esto…

Miyako rio ante su torpeza, ante su adorabilidad con o sin uniforme policial. Cuando la soltó, Ken guardó sus esposas, colocándose los guantes blancos y la gorra.

—Me voy o llegaré tarde. No hace falta que vengas si te sientes incómoda, de verdad —dijo con una sincera sonrisa.

—¡Que tonterías dices! —Miyako se enganchó a su brazo con energía—, por supuesto que no me pierdo tu graduación. —Sonrió enternecida por la mirada de Ken, por su sonrisa, que además de sincera, reflejaba también orgullo y alegría. Lo miró de arriba abajo y besó su mejilla—. En realidad debo admitir que te ves bien con este uniforme… muy sexy…

Sin duda un sobrio uniforme policial, siempre quedaba mejor con unas mejillas sonrojadas.

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