.

.

TONTERÍAS A TRES

Fecha: 31/7/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 19m y 41s

Mimi—

Por la expresión que puso Sora al verlo entrar, daba la impresión de que había olvidado su llegada. No lo valoró Yamato demasiado, porque estaba cansado, y porque en seguida lo remedió con esa amorosa sonrisa.

—¡Yamato!

Enfocó a la dueña de esa voz, que aparecía en pijama, estirando los brazos perezosa. Eso provocó que Sora detuviera su acercamiento. Yamato se quedó sin ese primer beso, confirmando que había olvidado su llegada.

Sí le ayudó Sora a acomodar su equipaje a un lado mientras se descalzaba.

—¿Y qué tal fue tu examen de módulo de… —Sora titubeó, lo que provocó la risa de Yamato.

—No es necesario que te aprendas los nombres raros de los aparatos que uso. —Sora le susurró un agradecimiento, mientras él se levantaba—. Me fue bien —dijo, concentrándose ahora en su inesperada invitada—. No sabía que estabas en Tokio, Mimi.

Ella, revolviendo el contenido de su taza, le dedicó una traviesa sonrisa, ya completamente despierta.

—He venido a acompañar a Sora. Son recién casados, no es bueno que dejes a tu mujer sola. Hoy me has encontrado a mí, pero cualquier otro día puedes encontrar un hombre en mi lugar.

—¡Mimi! —recriminó Sora. Yamato optó por ignorarla.

—Sora, si piensa que puede perderte, no bajará la guardia —excusaba Mimi, resguardando su sonrisa tras la taza.

—Nosotros no funcionamos así —dijo Sora, ya optando por un tono más resignado. Miró a Yamato, que parecía perdido buscando entre los armarios. Fue entonces cuando reparó en la taza en la que desayunaba Mimi—. Mimi está usando tu taza, usa la mía.

Yamato observó la taza de Mimi para cerciorarse de las palabras de Sora, y sin dejar de mirarla, bebió de la taza que su mujer le ofreció.

—¿Y vas a quedarte mucho por aquí? —preguntó, tratando de parecer desinteresado.

—Un par de días. Negocios... y ocio —añadió, guiñando un ojo a Sora.

—¿Aquí? —preguntó Yamato. Mimi sonrió, entendiendo a qué se refería.

—Sí, aquí —recalcó.

Esta vez dirigió su mirada a Sora, que había optado por permanecer en un segundo plano.

—¿Y dónde dormirá?

La respuesta no vino con palabras. Mimi abrazó a Sora desde atrás, apoyando el mentón tiernamente en su hombro, dedicándole una maliciosa sonrisa a Yamato. La sonrisa de Sora lo que buscó fue su comprensión.

Y Yamato suspiró.

—Hace tiempo que no estoy con el viejo. Creo que pasaré un par de días con él.

—No es necesario. Seguro que nos podemos apañar —empezó Sora, llena de culpabilidad por el recibimiento que estaba dando a su esposo, pero este la detuvo con una sincera sonrisa.

—Está bien, Sora. Tengo cosas que hablar con mi padre. —Besó la punta de su nariz y le dio una cómplice carantoña—. Pásalo bien —susurró y, tras calzarse, se volteó a Mimi—. Y no utilices a mi esposa como cobaya para tus comidas absurdas, Mimi.

Arrugó el entrecejo la aludida, pues estaba empezando a tomarse en serio el arte culinario. No obstante, cuando la puerta se cerró, volvió a iluminarse su sonrisa.

—¡Otra noche de chicas, So!

—Mimi… —Sora se mostró mohína—. Hacía más de una semana que no lo veía.

—¡Más tiempo hacía que no me veías a mí! —exclamó Mimi, inflando los cachetes.

Y Sora, enternecida por su adorable expresión, sonrió.

—En eso tienes razón.

.

.