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TONTERÍAS A DOS (CUATRO)
Fecha: 7/8/22
Pareja: Sorato
Tiempo: 18m y 56s
—Mamitis—
Sin detener el movimiento de sus dedos, cepillando aquel fino cabello rubio, Sora alzó la cabeza para enfocar a su esposo. Sonrió.
—¿Cómo está? —preguntó él, agachándose hacia ellas.
—Creo que ya no tiene fiebre.
Yamato acercó la cabeza a la pequeña, pegando la nariz en su frente. También sus labios para depositarle un beso.
—No parece, ¿quieres que le ponga el termómetro por si acaso?
Hizo amago de estirar la mano hacia él. Aunque estaba tan cerca como en la mesita de noche, había quedado completamente fuera del alcance de Sora después de que su niña hubiera quedado dormida sobre ella.
Sora negó.
—Se lo pondré luego, cuando despierte.
Quedó mirando el padre a la niña, mientras Sora seguía con ese movimiento, que no había detenido, de repeinarle el flequillo. Sonrió Yamato al verla abrir un poco los ojos.
—Hola cielito —susurró, dándole un toque en la nariz.
Pero tras mirarle un instante, todavía presa del mundo onírico, escondió la cara en el pecho de su madre.
—Papi, no me robes a mami. Quiero estar con mami.
La madre contuvo la risa, mientras el padre sí dejaba escapar una incrédula risa.
—Fiebre no sé si tendrá, pero lo que sí tiene es mamitis.
Se cruzó con la mirada de Sora; una mirada juguetona, retadora.
—¿Celoso?
—¿Cómo?
—De que tenga mamitis y no papitis.
Yamato se irguió un instante, esquivando la mirada.
—Tonterías —dijo con superioridad, mirando de reojo a la niña y a la madre, y otra vez a la niña. Se arrodilló a su lado, besando su mejilla—. También quieres a papi, ¿verdad cielito?
Con los ojitos cerrados, Aiko asintió achuchándose más a su madre.
—Quiero a papi —musitó.
Contentó a su padre que se levantó escuchando esa risa contenida de su esposa. Evitó mirarla de nuevo, sintiendo como sus mejillas enrojecían. Encontró la excusa para no enfrentarla a los pies de la cama.
—¿Y ese que hace ahí? —cuestionó, mirando a su hijo—. Sora, a veces dudo si lo que distes a luz fue un humano o un perro.
Negó Sora entre risas.
—Sabes que le gusta imitar a Garu —fue su respuesta.
Yamato observó al perro al lado del niño, ambos en perfecto ovillo. Se dio por vencido, yendo hacia su pequeño.
—Mejor me lo llevo —dijo, tomándolo en brazos.
El nene abrió los ojitos lo justo para encontrarse con el rostro de su padre.
—Papi…
—Hoy vamos a dejar a mami entera a tu hermana porque está un poco pachucha. Tú y yo dormimos solitos, ¿de acuerdo?
Asintió Yuujou, que abrazándose a su cuello mimoso, recostó la cabeza sobre él.
—Con papi.
La sonrisa tonta se apareció en su rostro. Fue consciente de ella al ver la expresión con la que Sora le miraba, por lo que tratando de no mostrarse tan evidente, buscó su excusa esta vez en el perro.
—¿Y tú vienes?
El animal alzó la cabeza, irguiéndose después sobre sus patas. Brevemente, lo justo para acurrucarse esta vez pegado a Aiko. Automáticamente la pequeña mano de la niña se enterró en su pelo.
—Creo que Garu tiene Aikoitis —dijo Sora, mientras Yamato se daba por vencido. Su perro, definitivamente, era de su hija.
Se despidió de ella en un susurro, cerrando la puerta de la habitación tras de sí. Sin Yamato en la habitación, la mirada de Sora regresó a esa pequeña que dormitaba contra su pecho. Sintió su respiración relajada, mientras sus ojitos se abrían.
—Mami —Tiró la cabeza hacia arriba, buscando su rostro. Como siempre encontró su sonrisa—, Te quiero mucho —dijo acomodando otra vez su cabeza. Cerrando esos ojos azules que acariciaban el alma de su madre.
Tuvo que tragar antes de poder decir nada. Tragar ese nudo repentino que la había dejado sin respiración. Tras hacerlo, la sonrisa regresó a ella, acompañada de una profunda felicidad.
Y sus dedos, que se había paralizado ese instante, regresaron a su trabajo más placentero.
—Yo también te quiero, mi amor.
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