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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 11/9/22

Pareja: Kenyako

Tiempo: 14m y 53s

Sangre—

Ken la enfocó al escuchar su risa ahogada. Miró lo que indicaba en su formulario.

—¿Crees que lo que hicimos anoche se puede considerar de riesgo? —murmuró.

Enrojeció al instante Ken, regresando la mirada a su respectivo formulario.

—Creo que no se refiere a eso.

Apretó los labios Miyako, mirándolo de reojo. Lo encontró absolutamente adorable. Suspiró, queriendo hacer desaparecer esos pensamientos, pues no era un lugar demasiado adecuado para ellos. Finalizó su formulario, concentrándose de nuevo en Ken. Le extrañó entonces su mueca pensativa.

—¿Alguna duda?, ¿quieres copiarme? —dijo Miyako divertida.

No obstante, la mueca de Ken no varió. Golpeándose los labios con el lápiz, la enfocó con un rostro tan serio que a Miyako por un momento le asustó. Algo normal, teniendo en cuenta que la mayoría de las preguntas hacían referencia a enfermedades padecidas.

—Ken…

—¿Lo de la semilla lo escribo en comentarios?, porque no veo nada en lo que encaje —cortó Ken, revisando ese formulario minuciosamente.

Quedó perpleja Miyako, hasta que le dio sentido a sus palabras. A su preocupación.

—¿Semilla?, ¿te refieres a…?

Ken asintió.

—Tuve la semilla de oscuridad, debo reflejarlo en algún lado. Quizá mi sangre no es apta para ser donada.

Lo expresó con convicción, consiguiendo que no aflorara ni un ápice de tristeza ni amargura por aquellos recuerdos. Lo dijo con una racionalidad que creyó digna de admirar. Y pensó que Miyako lo admiraría, por eso le descolocó encontrarse con su mirada demente.

—A veces pienso que no te golpeé lo suficientemente fuerte en aquella ocasión —masculló ella. Ken se sobrecogió. Furiosa, tomó su rostro entre sus manos, llamando a la sanitaria para mostrárselo—. ¡Disculpa!, ¿crees que este idiota tiene algo malo en la sangre?—. No obtuvo respuesta, pues la chica quedó sin palabras. En realidad, Miyako no buscaba palabras. Volvió a encararse a Ken—. ¡No tienes nada oscuro!, ¡mírame!, ¡no estoy contagiada de nada y hemos hecho todo lo que pone aquí! —golpeó con el dedo tan fuerte el papel que estuvo a punto de romperlo.

Ken tragó, completamente rojo. No pudo evitar desviar la mirada a la sanitaria. Miyako lo hizo también, esbozando una penosa sonrisa al encontrarse con aquel atónito rostro. Se recompuso, entregando el papel.

—¿Ya somos donantes?

La mujer los recogió con desconfianza.

—Cuando analicemos vuestra sangre —dijo a modo de despedida.

Suspiró Ken junto a Miyako al quedar liberados de la inquisidora mirada de la sanitaria. Esta le regaló una sonrisa a modo de disculpa. Sonrisa que quedó en su rostro al deleitarse con la carita desvalida de su novio. Tomó su mano.

—Siento haber gritado así, pero ¿sabes una cosa?, para la persona que la necesite, tu sangre será la mejor del mundo.

Al momento le contagió su sonrisa. Su confianza. Su amor. La besó en la sien y susurró:

—La segunda mejor del mundo.

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