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TONTERÍAS A DOS

Fecha: 2/10/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 16m y 32s

Gafas—

Dejó de teclear y cerró el laptop. Estiró el cuello a un lado y a otro mientras resoplaba. Con una mano masajeándoselo, en una mueca de dolor, la otra fue llevada a su rostro, más concretamente a la patilla de sus lentes. Entonces, una voz lo detuvo.

—Espera un segundo. —Miró a Sora, que al otro lado de la mesa baja, lo miraba con la sonrisa escondida tras una taza de humeante té.

Comprendió a que se refería al ver ese brillo especial en su mirada. Lo había visto en otras ocasiones. Correspondió con una ladeada sonrisa y dejando las gafas en su rostro, por supuesto.

Sora, por su parte, dejó la taza y ya mostrando su reveladora sonrisa, gateó por el lateral de la mesa hasta su lado. Lo besó sin preámbulos.

—¿Es que ahora te gustan los chicos con gafas? —preguntó Yamato en sus labios.

Ella siguió juguetona. Atrapó su labio inferior. Lo mordió.

—Me gusta mi chico con gafas.

En una risa entre sorprendida y satisfecha, Yamato intensificó los besos de ella. El contacto con ella. Por eso le costó reaccionar al no sentirla a su lado. De repente, había regresado a su sitio, escondiendo su sonrisa otra vez tras el té.

La miró en busca de una explicación. Hasta hizo amago de hacer desaparecer otra vez la distancia, pero los gestos de Sora fueron evidentes, lo que dejó a Yamato más descolocado.

No obstante, lo inverosímil fueron sus palabras.

—Yamato, ponte el traje, y la corbata también.

Notó un cierto rubor en las mejillas de Sora al pedirlo, pero era tan surrealista que no valoró que se debiera a otra cosa que no fuera la temperatura del té.

—¿Traje?, ¿acaso vamos a algún sitio? —cuestionó. Era tarde, y obviamente, el plan de hacía unos segundos le apetecía mucho más que cualquier salida. Resopló, pero de nuevo fue detenido antes de deshacerse de las lentes.

—¡Y no te quites las gafas! —exclamó Sora, dejando el té y mostrando su labio mordido, sus mejillas encendidas, su mirada de fuego.

—¿Traje? —preguntó otra vez Yamato, entendiendo—. ¿Y corbata? —Arqueó una ceja, con una incrédula sonrisa—. Sabes que odio usar corbata —dijo, en un tono que empezaba a ser provocador.

Sora desvió la mirada, sabedora de que se había delatado. Era lo pretendido de todas formas, pero no dejaba de ser vergonzoso. Chasqueó, volviéndose a él. Sus gafitas rojas se veían más irresistibles aún en aquel semblante que ya desprendía una cautivadora arrogancia.

—Solo hazlo, y prometo que podrás hacer con ella lo que quieras. —Bajó el rostro, tímida—. Y conmigo también.

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