.

.

TONTERÍAS A TRES

Fecha: 18/12/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 17m y 14s

Birdramon

Se asomó otra vez al precipicio, viéndolo todavía más alto que hacía uno minutos. Negando, dio un paso atrás.

—Hay un millón de cosas que pueden salir mal. ¿Y si no digievoluciona?

Su campo visual, que ocupaba Sora, fue sustituido por la digimon revoloteando a la altura de sus ojos.

—Claro que digievolucionaré. Mi conexión con Sora es tan profunda que puedo digievolucionar siempre que quiera, incluso si estamos en diferentes mundos.

—Eso es verdad —alentó Sora, haciendo sonreír a la digimon, que bajó a tierra. No obstante, eso no convenció en absoluto a Yamato y su mueca fue bastante evidente. Sora suspiró, regresando la mirada al vacío—. No lo hagas si no quieres, pero creo que fui bastante clara cuando te propuse ir al Digimundo a saltar.

Yamato avanzó hasta colocarse a la altura de Sora. No miró hacia abajo esta vez.

—Eso no fue claro en absoluto.

—Para Miyako es bastante claro.

—¿Qué también lo haces con Miyako?

—En realidad, fue ella la que inventó este deporte. —Rio, asomando la cabeza.

Yamato prefirió mirar al cielo para no palidecer.

—¿Ahora esto es un deporte?

—Pretende hacerlo olímpico algún día.

Chasqueó la lengua Yamato, desviando la mirada. Para no tomar a Sora de la cintura y alejarla de ahí, se volteó. Alzó la mirada de nuevo.

—De verdad, no entiendo eso de arriesgar la vida porque sí, sin ningún motivo.

Sora lo buscó entonces. Sonrió por la ternura que le provocó. Yamato no había dudado en arriesgar su vida en múltiples ocasiones por ella, por su hermano, por Gabumon, por sus padres, por sus amigos y desconocidos. Por el mundo en general. Sin embargo, sus planes de ocio nunca incluirían ninguna actividad que conllevara un riesgo que escapase de su control. Hasta ponía mala cara a la hora de montar en según que atracciones en el parque de atracciones.

No le dio tiempo a decir nada, porque fue Piyomon la que otra vez se le adelantó.

—Sora no toma ningún riesgo, porque está conmigo —dijo contundente—. ¿Es que no confías en mí, Yamato?

Miró hacia abajo Yamato, pues esta vez Piyomon no había volado a su cara. Le enterneció su carita de desolación. Agachándose para estar a su altura, habló, cubriéndose la boca con la mano para que solo ella escuchara:

—¿Y cómo sé que esto no es una trampa para deshacerte de mí y quedarte a Sora toda para ti?

Contuvo la risa por el automático enfado del ave. Esta vez revoloteando, y juraría que incluso se llevó un leve picotazo.

—¿Por qué haría eso?, tú me gustas y a Sora también. No quiero ver tus sesos contra las rocas porque me pondría triste y Sora y Gabumon y Patamon y Takeru y todo el mundo... ¿por qué querría poner triste a todo el mundo?, ¿qué clase de monstruo crees que soy?

—Vale, vale… —calmó Yamato—. Solo era una broma, no te ofendas tanto.

—¿Qué estáis haciendo? —cuestionó Sora, sin entender el revuelo formado. La digimon fue a su lado.

—Yamato es tonto —dijo, en un puchero.

Sora no hizo nada por aplacar su risa, observando como su novio se colocaba al otro lado del ave. Le sorprendió que la expresión de su rostro era diferente. Con una leve sonrisa, por primera vez parecía relajado, confiado. Dispuesto a saltar.

Y así lo hizo, disfrutando de la sensación, de confiar su vida al increíble Birdramon.

.

.