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Algunas instrucciones de uso del fin del mundo:
Comienza la semana fantástica (diez días) hasta fin de año. Sigan por aquí para más información.
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TONTERÍAS A DOS (TRES)
Fecha: 21/12/22
Pareja: Sorato
Tiempo: 16m y 27s
—Bebé—
—No cierres la puerta. Si se despierta quiero que le sea fácil encontrarnos.
Haciéndole caso, Yamato siguió los pasos de Sora.
—No creo que eso pase. Cayó totalmente rendida. Estaba tan emocionada con la casa, el jardín, su habitación, su cama y ya verás cuando adoptemos al perrito.
Sora dibujó una sonrisa ante sus palabras, o mejor, ante su emoción. En realidad, dudaba si hablaba de la niña o de él mismo. Se detuvo al entrar en su espacioso dormitorio, con esa gran cama de matrimonio. Al igual que para su hija, que dormía en frente, esta iba a ser su primera cama.
Su mirada quedó entonces en la cajita infantil que estaba en el suelo. Hizo una melancólica mueca, mientras se agachaba.
—Dejé aquí la caja de los peluches de Ai-chan, para ver con cual quería dormir. Mañana la llevaré a su habitación porque aquí ya no van a ser necesarios.
Sin llegarse a contagiar de su dramatismo, Yamato la abrazó por detrás, mientras Sora ya se erguía con un peluche entre las manos. Un pequeño Gabumon vestido de astronauta, el cual, era el favorito de su hija para dormir. Sintió el mimoso beso de Yamato en su mejilla, y su barbilla apoyándose en su hombro.
—Estoy bien —tranquilizó, restregándose contra él—, es solo que no me esperaba que fuera tan repentino. Claro que es difícil resistirse a una súper cama cohete —dijo esto último, tomando algo de distancia para poderle ver el rostro.
—En mi defensa diré que a mí también me ha sorprendido. No creí que ya quisiera dormir una noche entera en el cohete —contestó él, sin soltarla, pero dejando espacio para que ella rotara y quedaran frente a frente.
Divertida por la tierna expresión de culpabilidad de Yamato, Sora gimió, resguardándose en el peluche.
—Se me pasará, no te preocupes, pero es que se me va a hacer raro. Me acostumbré a acariciar sus cabellos para relajarme, y a dormir con su olor, y a despertarme con sus caricias cuando buscaba mi rostro con su manita. —Aspiró el aroma impregnado en el peluche y sonrió, acercándoselo a Yamato, que compartió su sonrisa al identificar el olor de su pequeña.
Enternecido, a pesar de que en el último tiempo él despertara con el hígado saliendo por la espalda debido a las patadas de su niña, Yamato besó a Sora en la frente, mientras una de sus manos dejaban su cintura para juguetear con su cabello. De una manera que pudiera parecer distraída, aunque en realidad era un reflejo de unos nervios que de repente se habían instaurado. Buscó su cara.
—Sora…
—Sí —cortó ella, entendiendo de inmediato ese tono contenido, esa mirada que decía todo lo necesario. Asintió, con una radiante sonrisa—, yo también quiero tener otro bebé, Yamato.
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