.
.
TONTERÍAS A DOS
Fecha: 22/12/22
Pareja: Sorato
Tiempo: 19m y 1s
—Calorcito—
—La verdad, que cuando me dijiste que tenías una sorpresa para esta noche, me esperaba algo diferente.
Yamato contenía la risa mientras hablaba, al tiempo que Sora, tras extender el futón, levantaba una cara totalmente avergonzada. Apartó la cabeza en un gesto de dignidad.
—Estoy harta de despertarme por la noche con los riñones al aire. Me enfrío, ¿sabes?
Apretó los labios para aguantar la carcajada Yamato. Su mohín había sido casi tan adorable como encontrarla con ese pijama de cuerpo entero. Inclinó la cabeza, inspeccionándola.
—¿Son ovejas?
Asintió Sora, todavía con una mueca de enojo en su rostro.
—Lo siento, sé que acabas de constatar que te casaste con la mujer más antierótica del planeta, pero no se puede dormir con bragas transparentes cuando ahí afuera está helando —justificó, encarándolo. No había sido consciente de que la distancia entre ellos había desaparecido. Yamato la había hecho desaparecer.
Su rostro permanecía enrojecido, avergonzada; molesta por la mueca divertida de su esposo.
—¿Y cómo se supone que te tengo que meter mano con esto puesto? —cuestionó, mirándolo por todos los ángulos. La única piel disponible de Sora era la del rostro y las manos. Llevaba unos gruesos patucos cubriendo sus pies también.
Ella dio un paso hacía atrás, negando con desaprobación.
—Así que tú eres el responsable de mis riñones fríos... —Yamato agrandó los ojos, negando cualquier tipo de acusación. Sora resopló.
—¿Tendré que desabrocharlo? —cuestionó Yamato llevando los dedos a los botones, cosa que Sora impidió.
—¡No!
—¡Joder Sora, cuanta ropa más llevas! —exclamó atónito por ver bajo esa prenda lo que parecía otra camiseta de manga larga.
—¡No es de tu incumbencia!
—¡Claro que sí!
Se inició un leve forcejeo, donde al fin se escucharon las risas de Sora. Finalizó con esta cayendo al futón sobre Yamato. Apartó la cara, tras darle un sonoro beso en los labios, quedando sentada sobre su abdomen.
—En realidad, sí que tengo una sorpresa —dijo, tratando de verse misteriosa.
Enarcó una ceja Yamato expectante. Dudaba que bajo ese pijama se escondiese una lencería erótica. Sora no solía bromear en cuanto al frío se trataba. Se levantó enérgica, yendo hacia una bolsita. Lo miró de reojo.
—Te compré uno.
Era completamente inesperado aquello, lo que hizo que Yamato irguiera el torso.
—Ni de broma.
—Si estás acostumbrado a llevar buzos.
—¡Pero dignos!, ¡azules y con alas doradas, no… —calló, viendo la prenda horrorizado. Sora la extendía con diversión.
—Tiene planetitas.
—Ni hablar —Negó él.
Dejándolo a un lado, Sora llevó los dedos al botón de su pijama, juguetona.
—Si te lo pones, quizá me apetezca desabrochar un poco el mío.
Y tras una atenta mirada, el debate mental de Yamato acabó cuando cerró los ojos, descansando la cabeza sobre el futón.
—Hace frío, deberíamos dormir.
Y rio al escuchar el quejido de Sora y notarla sobre él.
—Definitivamente me casé con el hombre más rancio del planeta —dijo, buscando acurrucarse entre sus brazos—, dame calorcito.
.
.
