.
.
TONTERÍAS A DOS
Fecha: 24/12/22
Pareja: Sorato
Tiempo: 26m y 26s
—Elegido—
No lo vio de inmediato al abrir los ojos. Tampoco era necesario, ella sentía su presencia desde hacía rato. Se sintió feliz al ir percibiendo su rostro; su sonrisa ladeada; su mirada fija en ella; sus dedos jugueteando con mechones tras su oreja.
Alargó la mano para acariciar su rostro. Él la ayudó girando la cara hacia ella.
—¿Cuánto rato llevas mirándome?
Su tono soñoliento causó gracia a Yamato, que prosiguió con sus caricias como el que hacía algo tan cotidiano que ya estaba automatizado.
—Unos veinte años.
Sora achicó los ojos desconcertada, deteniendo también su mano. Reanudó el movimiento a la par que ahogaba la risa.
—No me mirabas entonces, mentiroso. Ni siquiera eras consciente de mi existencia.
—¡Cómo que no! —El tono indignado de Yamato provocó que Sora soltara ya su risa— Claro que sabía quien eras, de hecho, hablamos en alguna ocasión —terminó suave, buscando aquella mano para que le hiciera mimos.
Sora gimió, cerrando los ojos.
—¿Ah, sí?, ¿y qué te dije? —Posando su mano sobre la mano de ella, Yamato resopló—. No lo recuerdas. ¿Ves?, no te importaba.
Sora giró el rostro hacia la almohada para esconder su sonrisa, y por supuesto que tal provocación hizo que cualquier rastro de culpabilidad que Yamato hubiera podido sentir se desvaneciera. Apoyó la cabeza contra la almohada también, dejando la mano de ella atrapada entre su mejilla y esta. Le buscó el rostro.
—Tú ni siquiera recordabas que hubiéramos hablado antes de aquel campamento. No me echabas cuentas, así que no te hagas la ofendida.
—Claro que sí —dijo ella, remolona —. Eras el chico guapo de la otra sala.
Y lo miró de reojo al decirlo, apretando los labios para contener la risa cuando él alzó la cabeza rápidamente.
—¡Así que lo confiesas!, ¡por fin!, es porque soy guapo, ¿verdad?, por eso me elegiste.
—Influyó —dijo ella, con aquel tono divertido.
Sus dedos ahora recorrieron el lóbulo de su oreja, antes de regresar a su mejilla. Infló los cachetes Yamato, en un berrinche que a Sora le pareció adorable. Tan adorable que al fin se le escapó la risa que se unió a la de Yamato, que tomó su mano nuevamente y la besó.
—Gracias por elegirme de todas formas
Sora percibió su emoción camuflada en la amena charla. Sonrió, entrecerrando los ojos.
—No es como que te eligiese, me enamoré de ti en realidad.
—Ya, un detalle sin importancia.
—Sin importancia —repitió Sora en un susurro.
Quedaron en silencio, mimándose en aquel ambiente tan cómodo que se había instaurado. Yamato no dejó de observarla: cerraba los ojos, su respiración parecía pausarse; sonreía cuando los abría, suspirando enternecida. Finalmente su mirada y su mano acabaron en aquel vientre plano.
—Gracias por elegir ser la madre de mis hijos —dijo bajito.
Sora no supo si lo había dicho para que ella lo escuchara o no, pero lo había escuchado y le había encantado escucharlo. Rio otra vez, ronroneando hacia él.
—Quiero tener una niña guapa.
Le pasó por alto esta vez a Yamato la provocación, pues era la primera vez que Sora se refería a su bebé otorgándole un sexo. Era demasiado pronto, por lo que debía tratarse de una suposición, deseo o, quizá, intuición.
—¿Niña? —Arqueó una ceja—, ¿prefieres una niña?
—No es que la prefiera, es que es una niña. —Contuvo la risa al ver el rostro asombrado de él. Volvió a cerrar los ojos en un largo suspiro, mientras llevaba la mano a su vientre—. Es una niña Takenouchi lo que llevo dentro. Una niña que ya se está rebelando contra su madre, no hay duda.
Aunque resultaba cómico su dramatismo, en verdad, no estaba pasando un primer trimestre agradable.
—Tonta —dijo, acercando su rostro al de ella, pero Sora lo volteó.
—No me beses, vomité otra vez hace nada.
La besó en la frente, queriendo trasmitirle de alguna forma su apoyo, también esa impotencia y esa pizca de culpabilidad porque fuera ella la que lo sufriera.
—Prometo que conseguiré cocinarte algo que te asiente al estómago.
Ella regresó las caricias a su rostro, acomodándose en el futón.
—Si lo consigues, prometo que en la próxima vida te elegiré aunque no seas guapo.
—¿No habíamos quedado en que no me elegiste, que te enamoraste de mí? —fingió indignación Yamato.
—Sí, eso también influyó —musitó, en una leve respiración.
Su mano se detuvo poco después, deslizándose lentamente por el rostro de su esposo hasta caer contra la almohada. Y aunque sus ojos ya no se abrieron en un buen rato, no dejó de sentir aquella mirada de Yamato.
.
.
¡Feliz día del SORATO!
