.

.

TONTERÍAS A TRES

Fecha:29/12/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 23m y 28s

Ligar—

—Gracias.

Con una gran sonrisa dedicada a aquella muchacha, el más joven de la mesa guardó su celular con un nuevo teléfono en los contactos. Su hermano, a su lado, bufó, dando un sorbo a su cerveza.

—La culpa es tuya Sora —dijo. La chica, frente a él, abrió los ojos desconcertada—. Es cierto —prosiguió Yamato, apartando la mirada, mientras su mano tomaba de los aperitivos que había en la mesa—, fue tu idea invitar a Takeru.

—Hacía como un siglo que no lo veía —defendió Sora, en tono divertido.

Rio Takeru, dándole una palmada a su hermano, mientras dirigía la mirada a Sora.

—No te preocupes, lo que le pasa a mi hermano es que le desconcierta ver a personas ligar, como él nunca ha sabido hacerlo. —Y dirigió una burlona mirada a Yamato.

De nuevo negó, resguardándose en su cerveza.

—Si no tuviera novia, ya tendría los teléfonos de todas las chica de este establecimiento.

Se arrepintió de inmediato de su bravuconearía, tampoco demasiado propia de él, pero que había salido como respuesta innata a la provocación de su hermano pequeño. Se sonrojó por la risa de su hermano, buscando con la mirada la reacción que sus palabras pudieran haber provocado en Sora. No supo interpretar su sonrisa hasta que habló:

—Si es por mí no te cortes —dijo, comiendo frutos secos con parsimonia.

Aplaudió Takeru, entendiendo la sonrisa cómplice de Sora.

—¿Has oído?, tu novia te da vía libre para ligar. Demuéstrame cómo se hace —golpeó su hombro, alentándole.

Yamato tartamudeó acobardado. Miró a Sora una última vez en busca de un desesperado rescate a situación que él mismo había provocado, no obstante, su expresión reflejó lo mucho que estaba disfrutando este momento. Adquirió entonces una pose seria, al tiempo que se levantaba.

—No quiero enfados —le advirtió a Sora.

Ella negó, sin perder la sonrisa.

—¡No hace falta que consigas todos me basta con tres! —escuchó el grito de Takeru. Gruñó maldiciendo a su hermano y, sobre todo, maldiciendo ese estúpido orgullo de hermano mayor.

—¿Y bien? —preguntó Takeru con una socarrona sonrisa, cuando a los diez minutos regresó a la mesa. No dijo nada Yamato, se limitó a terminar su cerveza—, ¿ni uno?

—¿En serio? —cuestionó Sora incrédula. Las risas de Takeru eran tan escandalosas que Sora hasta se sintió culpable.

—De verdad, hermano —golpeaba Takeru su hombro, entre risas—, eres un total negado para ligar con chicas, menos mal que Sora te hizo el favor de declararse.

—¿Para qué necesito saber ligar si tengo a Sora? —murmuró Yamato, totalmente rojo. Su ceño fruncido denotaba que, en verdad, esta situación le había molestado un poco.

La risa de Takeru se transformó en una tierna sonrisa, apretando su hombro una última vez mientras se levantaba.

—Voy a por otra ronda.

En el momento que Takeru abandonó la mesa, Yamato, en un largo gemido, se derramó contra ella. Alzó lo justo la mirada para enfocar a Sora.

—Mi hermano tiene razón, soy un desastre. Si no es por ti mi vida amorosa habría sido inexistente.

Sora cruzó los brazos sobre la mesa, apoyando seguidamente el mentón, mirando a Yamato a los ojos.

—¿En serio no te me hubieras declarado?

Yamato desvió la mirada como si lo reflexionara, encontrándose otra vez con la de ella.

—No lo sé, no creo.

—¿Nunca? —cuestionó sorprendida.

Él resopló, mientras sus dedos jugueteaban con un cacahuete sobre la mesa.

—Quizá, en algún momento, aunque no puedo asegurarlo.

—¿Ni siquiera en tu lecho de muerte?

Se contagió entonces de la sonrisa de Sora, no resistiéndose a darle un mimoso toque en la nariz con el dedo.

—Es posible que lo hubiera dejado escrito en mi testamento.

Sora rio, enviando un beso a ese dedo a pesar de haberlo quitado antes de recibirlo. Entonces descruzó los brazos y acarició la cabeza de Yamato.

—En realidad, eso es lo que más me gusta de ti.

.

.