El avance de un tonto
Spy x Family © Tatsuya Endo
Sinopsis: Se suponía que la operación Strix era una misión más para Twilight, pero Sylvia Sherwood podía confirmar que no porque su mejor espía era un tonto enamorado de su familia [Three-shot].
El tonto que lo niega
Twilight ajustó el sombrero sobre su cabeza y comenzó a caminar hacia la parte trasera del restaurante. No pasó mucho hasta que encontró una cabellera pelirroja y, efectivamente, reconoció la figura de su superior. Sylvia Sherwood no hizo más que un revoleo de ojos para indicarle que se sentara.
—Buenos días, agente Twilight, ¿o debería decir buenas noches? —exclamó la mujer por costumbre. Incluso si la frase tenía un uso excesivo, no dejaba de ser parte de las formalidades.
Sin embargo, a diferencia de otros tiempos, el espía levantó la vista de su sombrero y lanzó una sonrisa leve. Apreció la respuesta de Sylvia a través de un respingo relajado.
Llegó un camarero al cual le pidieron café y galletas. Aunque Twilight solicitó un poco de leche para acompañar, cosa que no pasó desapercibido.
—¿Hace cuanto no tomas un café negro?
El espía tiró su cabello hacia atrás sin mucho éxito y suspiró, reconociendo que la cantidad de rubio era menor y que necesitaría tintura para cubrir las canas. Mientras se hacía un recordatorio para pasar por el mercado, hizo el gesto de juntar las manos delante de él, haciendo cálculos.
—He perdido la cuenta —murmuró e hizo crujir sus nudillos—. Quiero decir, se ha vuelto una costumbre por mis dolores estomacales.
Sylvia le dio una mirada analítica. A pesar de que ya no era tan activa en misiones de campo, todavía tenía un trabajo formando a los nuevos agentes y corrigiendo errores.
No hubiera pensado que, en ese punto, debería examinar al mejor espía de Westalis.
—¿Y cuántas costumbres más crees acumular, Twilight? —preguntó Sylvia y añadió comillas al aire hasta el final.
—¿Costumbres? Es parte del estrés que implica la operación Strix, no tengo miedo de volver al café negro si es lo que te preocupa —aclaró Twilight y se pellizcó el puente de la nariz. Ya tenía sentado el malestar—. ¿Quieres un reporte del progreso? —una sonrisa llena de orgullo se le apareció en el rostro—. Anya está a solo dos Stellas de convertirse en una erudita imperial. La última fue gracias a esa hazaña deportiva.
—Trajiste un recorte del periódico donde se habló del tema —Sylvia miró al hombre haciéndolo lucir blanco—. Y recuerdo que esa misma noche Anya tuvo un acercamiento con el segundo hijo de Desmond, creo que…
—¡Es cierto! Anya está llevándose muy bien con él. Supongo que ha ayudado que a Damián le gusta convivir con Liam —mencionó el espía y comenzó a hojear dentro de su maletín—. Conseguí una copia de la fotografía del primer día de Liam. Esta vez no hubo incidentes —añadió con una risita.
Una risita.
Sylvia puso los ojos en blanco.
Después de todos esos años, nunca pensó que terminaría escuchando a Twilight como un padre emocionado. Era cierto que no había perdido su toque e incluso podía sospechar que la operación Strix lo motivó a mejorar. Pero nada se desharía del hecho de que era un tonto por no asumir que estaba feliz.
Debió ser evidente que no estaba prestando atención cuando Twilight detuvo la plática.
—¿Sucede algo? —preguntó el espía. La mujer negó con la cabeza de una vez, bruscamente—. No quiero sonar irrespetuoso, pero una infusión de té sería mejor que el café. Es lo que Yor suele hacer cuando estoy con estrés. También su estofado sureño —sumó con un nuevo tono de orgullo—. Es muy bueno.
La pelirroja abrió la boca para responder, pero la presencia del camarero llegando con el pedido la interrumpió. Quien los atendió no debería de pasar los veinticinco años, era evidente. Lo inesperado fue, sin duda, el joven mirando a Twilight con interés.
—Oh, hola —dijo el joven—. ¿Usted es el doctor Forger?
El aludido se dio la vuelta, mirando al camarero.
—Sí, soy yo —expresó Twilight con una sonrisa agradable—. ¿Sucede algo?
—¿Eh? No, no. Nada realmente —respondió el camarero, temblando—. El otro día leí su artículo y se me hizo interesante —y como si no fuera obvio a lo que quería llegar, agregó—. También estudió psiquiatría.
Fue el turno de Loid para reírse.
—Eso es maravilloso —señaló, todavía con una sonrisa educada—. Es bueno ver a alguien joven interesado en esa área. ¿Cuántos años llevas?
Algo brilló en la mirada del camarero. Sylvia supo ver esa emoción.
—Estoy en mi tercer año. Intento estudiar todo lo que puedo mientras trabajo.
—Estudiar y trabajar al mismo tiempo no es una cosa fácil —apoyó Loid, y había algo en su voz que insinuaba que se trataba de una indirecta, porque su mirada se movió por un instante hacia su superior—. Pero todo es posible, créeme. Incluso con pacientes difíciles puedo llegar para cenar con mi familia.
—¿Familia? —preguntó el camarero—. ¿Usted tiene familia?
Sin decir una palabra, Sylvia dirigió un vistazo divertido del camarero hacia Twilight.
—¡Oh, sí! —afirmó el espía y busco algo en el interior de su chaqueta. Parecía genuinamente entusiasmado, buscando y no pasó desapercibido—. Son ellos —y extendiendo la fotografía hacia al joven, explicó—. Anya tiene dieciséis años y el menor, Liam, cumplió seis hace un par de semanas. Ese es nuestro perro Bond, que ya es viejo y luego está el gato, Peanuts, que mi esposa encontró hace dos años.
—Es una bonita familia la que tiene, doctor Forger —señaló el camarero con una risita.
—Lo sé —dijo Twilight, sonriendo.
Un respingo inesperado brotó de la boca de Sylvia. Twilight hablaba de manera casual, pero sabía que lo decía en serio. Había reflexionado con sensatez y bromeado con el tema en el pasado, seguro, pero también lo reconocía.
Twilight estaba enamorado de la vida familiar.
El camarero intercambió un par de palabras más con Loid hasta que fue llamado para atender. Se despidió, con la promesa de continuar sus estudios con entusiasmo. Twilight suspiró con diversión y siguió con la mirada al joven hasta que se perdió entre los clientes. Alcanzando su café, decidió volver a tomarlo. Sin embargo, la mirada de su superior lo impidió.
—¿Tengo algo en la cara?
—Estoy impresionado por tu discurso. No es usual de ti.
Twilight se encogió los hombros.
—Cuando tienes que transformar a alguien como Anya en una erudita imperial y convencer a Liam de que estudiar es bueno, lo aprendes.
—Es un buen punto —acotó Sylvia al mismo tiempo que tomaba su pedido—. Pero retomando la conversación. ¿Té y estofado sureño? No es una combinación normal.
—No, pero es fantástico —explicó Twilight con su café en mano. Continúo hablando mientras vertió la leche—. El sabor es increíble. El resto de la comida de Yor sigue siendo terrible, pero su estofado es bueno —acompañó y su expresión se volvió relajada—. Espero que le guste la sorpresa para nuestro próximo aniversario.
—¿Próximo aniversario? —indagó la mujer moviendo la conversación. No era que pudiera hacer otra cosa, pensaba que era lo mejor para que su antiguo aprendiz se diera cuenta—. La operación Strix lleva más de diez años en funcionamiento.
—Es correcto. Fueron doce años, hace par de meses —recordó el espía. Hizo una pausa, luego recogió un par de galletas y las probó con sumo placer—. Están deliciosas. Estoy seguro de que a los chicos —y se detuvo. Sylvia lo estuvo contemplando todo el tiempo—. ¿Qué estás mirando?
—A ti.
—¿Por qué…? —expresó el hombre, y así, comenzó a sentirse nervioso, convirtiéndose en algo incómodo ante la sonrisa divertida de su superior—. Oh, no —soltó, llevándose una mano a la boca.
—Twilight, escucha…
—Todo es parte de la misión, créeme —interrumpió Twilight. Sylvia enarcó la ceja ante su vaga y tonta excusa—. Handler, por favor…
—Extraño —exclamó la mujer con suavidad—. No me había dado cuenta —y dando un sorbo a su café con serenidad, añadió—. Llegué a pensar que después de pedir dinero para una boda real, las cosas serían serias.
—Handler, yo…
—Y más que luego de esa boda, naciera otro hijo —continuó Sylvia con incredulidad, apuntando en dirección al hombre—. Eso sin mencionar que Liam está en la misma escuela que Anya y que, por casualidad, se lleva muy bien con hijo de Desmond —y sin contener un suspiro divertido, sumó—. ¿Pero llevarse bien al punto de salir? Es tan extraño.
El espía no dijo absolutamente nada; ni siquiera podía mirar a su superior. Si creía en refutar, nunca terminaría su tortura. Debía hacer una cosa a la vez.
—Estoy en problemas, ¿verdad?
—Por ser el hombre más terco que conozco —le dijo Sylvia en voz baja.
—¿Terco? —cuestionó Twilight—. No soy…
—No me importa lo que digas ahora, Loid Forger —lo interrumpió su superior—. Será mejor que regreses a casa.
—Está bien —indicó el espía, ya medio derrotado—. Después seguiré con el reporte sobre la operación Strix.
En realidad, no lo haría, pero no sabía qué decir ante una Sylvia Sherwood regodeándose de su miseria.
