Disclaimer: los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Yo solo tomo la inspiración de las musas y pongo el tiempo para escribir.
13. El rostro de la auténtica felicidad.
Hay tres puntos a destacar en esta ilusión en específico. Primero, fue la primera y única vez en que fui consciente del lugar en que estaba, prácticamente desde el principio. Segundo, eso me permitió poner a prueba lo que veía, demostrando que no tenía control sobre ningún elemento. Es decir, no fui capaz de alterar mi apariencia, tampoco pude escapar de ahí a fuerza de voluntad. Y tercero…
¿Qué era lo tercero?
Draco bostezó, colocando la pluma en el tintero y estirándose un poco en su lugar. Su espalda empezaba a sentirse rígida y sus dedos entumecidos. Esa había sido la primera vez que escribía el testimonio de su puño y letra, también la primera vez en que no se detenía durante el proceso. Y no es que su versión de trece años -tan engreído, pretencioso y supuestamente altivo- no hubiese causado una gran impresión en él, pero en sí había sido el rostro más llevadero. El fracaso. Aquello que le habían inculcado desde la cuna y que todavía con frecuencia se paseaba por su mente. Pero de verdad, ¿había alguien que no temiera a fallar? En su opinión, debía ser uno de los espectros más comunes. Y uno de los más persistentes, igualmente.
Sus ojos escaneaban perezosos el pergamino que había estado rellenando, deteniéndose en uno de los últimos párrafos. Sonrió de lado, recordando como había sido durante ese encuentro que decidió que invitaría a salir a Harry. Aunque no solo eso. Había listado tres cosas: admitir que la misión había fallado, enfrentar a su padre para decirle que era feliz con sus decisiones de vida, e invitar a salir seriamente al subjefe de aurores. Bueno, la misión no había sido el rotundo fracaso que pensaba en ese momento. Sus colegas estaban bien y él se hacía cargo del papeleo. También tuvo ocasión de tener esa conversación con su padre, lo que salió incluso mejor de lo que pudo haber previsto. Y por último… giró en la silla, volviendo a sonreír cuando vio al hombre que yacía dormido en el diván. Porque de alguna forma su precipitada invitación los había llevado a eso. Y aunque la cita como tal aún no acontecía, no se sentía angustiado o nervioso al respecto. Habían convivido mucho durante esas dos semanas, con Harry traspasando más que las barreras de su mente. Después lo había acompañado cada día sin falta hasta su casa, quedándose a cenar en un par de ocasiones. Y por la forma en que su madre lo había acaparado cada vez, parecía muy probable que terminaría adorando al joven. Incluso en detrimento de su propio hijo, según había sucedido el día anterior, cuando pese a sus quejas Narcissa le había entregado una foto infantil de Draco al moreno. Él había insistido para al menos aprobar cuál sería, pero fue cruelmente ignorado y después ese que se decía su pareja, había guardado su nueva adquisición y se negó a mostrársela.
Se levantó dispuesto a despertarlo de mala manera, pero se detuvo cuando estuvo frente a él. Tenía los lentes torcidos, el cabello despeinado y los labios entreabiertos. Sobre su pecho, el libro que se suponía había estado leyendo. Una de sus manos estaba a medias sobre su olvidado material de lectura y la otra colgando laxa a un lado. Apartó primero el libro, después le quitó las gafas y colocó ambos en la mesa de centro. Entonces se mordisqueó el labio inferior antes de ceder a lo que realmente quería hacer.
Con cuidado de no lastimarlo y de no caerse en el proceso, se subió poco a poco sobre él, primero dejando el peso sobre sus rodillas y brazos, para finalmente tenderse sin ningún reparo sobre el cuerpo del auror. Por supuesto que el peso extra lo despertó, pero Draco ya había escondido el rostro en el espacio entre el cuello y el hombro del moreno. Harry gruñó, pasando de la incomodidad al reconocimiento (según pudo identificar), para terminar abrazándolo. El rubio suspiró, entregándose por completo a ese momento de cercanía. Lo había abrazado muchas veces en esos días, pero no de una manera tan íntima. Lo más curioso es que ni siquiera se sentía del todo como algo sexual, sino más bien reconfortante y pacífico.
-¿Terminaste por hoy? –Cuestionó al rato, tras darle un perezoso beso en la coronilla.
-Casi. Pero me pareció injusto que estuvieras durmiendo mientras yo hacía todo el trabajo –Harry rió quedo contra su oído, por lo que pudo sentir incluso el vibrante sonido contra su pecho.
-Lo siento, estaba cansado.
-¿De conspirar junto a mi madre?
-Fui a cuidar a Teddy después de la comida con tus padres.
-Oh. ¿Todo bien con mi tía?
-Sí, pero también necesita sus ratos libres. Un niño de diez años da mucho trabajo –Harry empezó a acariciar su espalda rítmicamente, lo que casi lo hizo ronronear.
-Así que el padrino llegó al rescate.
-Bueno, también quiero aprovechar al máximo el tiempo. En unos meses entrará a Hogwarts y ya no podré verlo tan a menudo.
-Tienes razón –Draco suspiró, concentrándose más en los dedos que tocaban su espalda. Eran más que caricias aleatorias, como si el chico estuviera deletreando algo…
-¿Estás cansado?
-Mmm no –murmuró, abrazándose más a él si es que era físicamente posible.
-¿Entonces seguirás con el papeleo?
-Sí, pero… me voy a quedar aquí un rato más –Harry volvió a reír entre dientes, sin cuestionarlo ni contradecirlo. Y él se quedó ahí en silencio, pese a que podría haber gritado con todas sus fuerzas mientras su rostro ardía de emoción. Porque tan sutil como certero, lo que el hombre trazaba una y otra vez sobre su espalda eran las dos mismas palabras.
Te amo.
Sus dedos y tobillos empezaban a doler, pero se esforzó por mantener su postura rígida mientras sus brazos seguían dibujando arcos perfectos e intercalando Jetés y Tours en l'airs dobles. Cuando la pieza que sonaba de fondo alcanzó el crescendo, se mantuvo en su lugar apoyando su peso en la pierna derecha e impulsando los giros con la otra. Exhaló junto a las últimas notas, deteniendo su danza con un arabesque, aunque tembló un poco en su posición. Su forma de volver a pararse con normalidad fue menos agraciada, pero es que también se había exigido mucho después de…
-Hacía años que no practicabas, ¿verdad? –Se giró hacia la voz proveniente de la puerta, ya que no había notado su presencia. Entonces se apartó el húmedo flequillo de los ojos antes de responder.
-Solo dos años.
-¿En serio? –Lucius parecía justamente sorprendido, por lo que sonrió desganado mientras se secaba el rostro con cuidado.
-Uhmm. Estuve yendo a una escuela en Sussex. Nada oficial, solo renté un salón un par de veces a la semana. Me ayudaba a despejarme de las misiones.
-¿Por qué dejaste de ir?
-¿Por qué se deja un pasatiempo? –Cuestionó a cambio, encogiéndose de hombros y peinando su cabello hacia atrás–. Falta de tiempo y dedicación, supongo.
-Te gustaba mucho cuando eras niño –pero tú lo odiabas. Draco asintió, su respiración todavía agitada después del esfuerzo físico.
-Es un buen ejercicio y me aclara las ideas.
-Debí apoyarte entonces –el rubio dejó la toalla alrededor de su cuello, observando a su padre con atención. Aunque oficialmente habían hecho las paces y ambos ponían de su parte para comunicarse y entenderse mejor, todavía se enfrentaban a muchos instantes como ese. Suponía que en verdad no había forma de evitarlo. Muchas eran heridas y deudas del pasado cuya existencia fungía como recordatorio de lo que no se habían dicho en su momento. Realmente se le antojaba sonreír con ironía y soltar un claro, como si hubieras apoyado una afición tan "femenina". Sin embargo, solo apretó los labios y se dispuso a ponerse los zapatos.
-Dime, ¿alguna vez hiciste algo para rebelarte a Abraxas? –El hombre frunció el ceño, como había empezado a hacer cuando lo escuchaba referirse de esa forma a su abuelo. Más valía que se acostumbrara a eso, porque Draco no pensaba volver a reconocerlo verbalmente como familiar suyo. No obstante, obvió eso para confesar algo de lo más inesperado.
-Dejarme crecer el cabello.
-¿Qué?
-Verás, aunque estaba de moda durante mi juventud, habría sido impensable siquiera sugerir llevar el cabello largo. Sabes muy bien cómo era él con lo que consideraba afeminado. Pues bien… cuando me casé con Narcissa y estuve fuera de la casa familiar, decidí que lo haría. Obviamente me lo reprochó diciendo que me veía como un vago… entre otros apelativos. Y siendo honesto, al principio ni siquiera me gustaba mucho llevarlo así. Pero él lo odiaba, así que seguí haciéndolo. Supongo que al final me acostumbré. O quizás a una parte de mí todavía le satisface el pasearse frente a su retrato para seguir poniéndolo furioso –Draco lo contempló anonadado por minutos enteros antes de reír por lo bajo–. Ya sé, era una tontería. Pero en su momento me hizo sentir muy osado.
-Uhmm, en realidad creo que lo fue. No era fácil enfrentarse a él sobre nada. ¿Acaso no mandaste a forjar una copia del anillo familiar en oro blanco para hacerlo pasar por plata y que él no siguiera atacándome por no llevarlo?
-Algo tenía que hacer por ti. Aunque eso en realidad fue idea de tu madre.
-No me sorprende.
-¿No trabajarás hoy?
-Uh, sí. Pero Harry tenía una reunión a la que no podía faltar, así que me iré por la tarde –comprendió su indiscreción al notar la mirada asombrada de Lucius. Se suponía que ni siquiera a sus más allegados le debía comentar detalles sobre su trabajo–. Olvida eso.
-Como quieras. Aunque tiene sentido considerando que te acompaña a casa cada día.
-Hablando de eso, creo que pronto me iré. Mi… misión actual probablemente solo dure una semana más y luego tendré que volver a mi horario regular.
-Horario irregular diría yo, hijo –sonrió a medias, coincidiendo con dicha apreciación. Los turnos normales de ocho a diez horas diarias nunca habían sido lo suyo–. Recuerda que se acerca el cumpleaños de tu madre.
-¿No van a viajar este año?
-No creo. Sigue preocupada por ti –asintió, muy consciente de eso. Su madre era quien más había sufrido al principio de su vida laboral, cuando comprendió que realmente no podría saber nunca a qué clase de peligros se enfrentaba él en su trabajo. Y en parte era mejor. La sola idea de que se enterara de su estadía en la prisión de la mente y todo lo que vivió ahí… No, su madre no necesitaba esa carga.
-Estaré bien.
-Lo sé.
-¿En serio?
-Has superado muchas cosas desde muy corta edad, Draco. Y de alguna forma… siento que lo que sea que te pasó en esa última misión, te ha dado una especie de determinación que resulta admirable.
-Admirable –repitió, degustando la palabra y el hecho de que su padre sintiera eso hacia él.
-Por cierto, si quieres seguir practicando ballet, este salón siempre estará disponible para ti.
-Gracias, papá –Lucius sonrió, y pudo sentir cómo eso le daba el coraje necesario para llevar a cabo la siguiente parte de su testimonio.
-Te burlabas de mí preguntando si entrenaba para el ballet, ¡y es a ti a quien le gusta! –Rió sin reparos por la reacción indignada de Harry, encogiéndose de hombros sin culpa alguna.
-Sabes muy bien que puedo llegar a ser un tanto hipócrita sobre algunas cosas.
-Me cuentas esto por algo, ¿verdad?
-Nos estamos conociendo mejor, ¿no? Eso incluye aficiones y sueños frustrados de infancia.
-¿Te hubiera gustado dedicarte a ello?
-No lo sé, podría haberle quitado lo relajante que me resulta. Los bailarines profesionales deben ser muy disciplinados.
-Tú lo eres. Y ahora que lo pienso, tienes el porte.
-¿Y la belleza de un ángel?
-También. De uno desterrado porque sus congéneres se sintieron amenazados por su belleza y talento.
-Oh, cállate –renegó, aunque un ligero sonrojo acompañó su risa nerviosa. Harry parecía más que complacido al respecto, sonriendo de lado y jugueteando con sus dedos.
-El rostro que viene será complicado –no le molestó el cambio de tema, aunque el hecho de que lo enunciara como oración le sorprendió un poco.
-El peor de todos.
-Muerte.
-Morgana dijo… que la mayoría le teme a su propia muerte. Pero lo que yo vi… –Suspiró, cerrando los ojos para rememorar la sonrisa afectuosa que le había dado su padre esa misma mañana–. Fue una importante variación a eso. Porque mi verdadero miedo es lastimar a otros, en especial… eso.
-Tiene sentido.
-¿Sí?
-Bueno, pensaba en lo que pasó con Dumbledore. Realmente no fuiste capaz de hacerlo. E incluso cuando Snape lo hizo… cualquiera diría que deberías haber estado aliviado o molesto por su intervención, pero solo parecías horrorizado.
-Siendo honesto, me sorprende no haber visto a Dumbledore en ninguno de los rostros –admitió, pues había tenido ocasión de pensar largo y tendido al respecto.
-¿Por qué crees que fue así?
-Supongo que… ya hice las paces con eso. No quitándome la culpa, pero sí siendo consciente de que fue algo que hice motivado por la desesperación y el miedo.
-Ya lo habías asumido, entonces.
-Eso creo.
-Cuando quieras, Draco –suspiró hondo, sujetando su mano con más fuerza antes de ejecutar el hechizo.
Tal como había vaticinado, sintió su pecho oprimirse con las primeras imágenes de esa ilusión. Recordó a cabalidad la impotencia y la ansiedad que lo habían embargado. Y luego… el salón, el bulto enmascarado en el suelo. La voz persuasiva de Voldemort y el horror en su expresión al comprender lo que había sucedido.
Su varita cayó en un repiqueteo sobre el suelo de madera, pero no se preocupó por recuperarla de inmediato. Tenía el borde de los ojos llenos de lágrimas y le temblaban las manos. Harry lo sostuvo en silencio mientras él respiraba hondo, su frente apoyada en el firme hombro del auror y sus manos aferrándose a su camiseta. Lo único que impidió que se quebrara fue repetir en su mente el recuerdo de esa mañana. Su padre estaba bien, su relación iba mejorando y él jamás había arrebatado la vida a nadie.
-Me gustaría poder decirte algo… cualquier cosa –susurró el moreno, todavía acariciando su espalda con un suave vaivén–. Pero tenías razón, ese rostro fue…
-Coincido, ni siquiera hay adjetivo para ese espectro –su voz salió enronquecida, por lo que se aclaró la garganta.
-Ahora entiendo… Ya sabes, en San Mungo… cuando te ofrecieron verlos y dudaste un momento.
-Fue un poco extraño, en realidad. Porque sí quería cerciorarme de que estaban bien y que todo eso no habían sido más que ilusiones, pero… también fue duro.
-¿Por eso te has estado quedando con ellos?
-En cierta medida. Sé que mamá se siente más tranquila teniéndome cerca, y también nos ha ayudado a ir saldando cuentas del pasado.
-Eso es lo que debe importar, Draco.
-Lo sé. Ahora vamos, quiero terminar este apartado lo más pronto posible –decidió, alejándose de él listo para plasmar en papel la peor de sus pesadillas. No obstante, Harry lo detuvo antes de que pudiera incorporarse, limpiando con delicadeza el tenue remanente de sus lágrimas.
-Eres un hombre muy fuerte, Draco.
-Lo has dicho antes.
-Y nunca me cansaré de decirlo.
-¿Incluso cuando me encontraste convertido en un desastre lloroso?
-Creo que ser fuerte no significa que dejes de ser vulnerable. Al contrario, es tener la capacidad de serlo y de sobreponerte a ello. Y si hablamos de eso, lo has demostrado muchas veces.
-No siempre es mérito mío. En estos días… creo que habría pasado por un par de crisis de no ser por ti –Harry dibujó una ligera sonrisa, meneando la cabeza.
-De eso se trata, ¿no? Ser un soporte cuando el otro se tambalea y prestarle tu propia fuerza de ser necesario.
-¿Tú también te tambaleas? –Cuestionó con genuino interés. Si bien habían sido amigos por suficiente tiempo para haber escuchado sobre las tribulaciones del hombre, el subjefe de aurores proyectaba una imagen de vitalidad y confianza. No como quien conoce todas las respuestas, sino como quien no teme los desafíos y no se deja derribar ante el primer obstáculo. ¿Y acaso no había demostrado eso desde sus días de colegio? Después de todo, desde muy joven había sido marcado como el elegido, el niño que vivió.
-Muchas veces –replicó, interrumpiendo sus divagaciones–. En el trabajo hay casos que pueden ser absorbentes y dañarte mucho si te involucras de más. En especial con la división de homicidios, siempre es… difícil. Los casos se cierran y se supone que eso nos dé algo de tranquilidad, pero no es así. Solo es un monstruo menos en las calles, ¿cuántos más habrá? Es lo que pienso siempre. Y a nivel personal… es como dijiste hace unos días, hay cosas que siempre vuelven. Quiero decir, actualmente tengo una relación bastante cordial con mi tía y con mi primo, pero es inevitable pensar que siempre pudo ser así y ellos no quisieron. En especial ella, que debió actuar como una adulta y pudo haber sido más amable. Y eso creó su dosis de inseguridades y miedos, como el creer que estoy de más en un lugar o el sentirme incómodo con las muestras de afecto.
-¿Te resulta incómodo? –Inquirió, pues en esos días había existido mucho de eso entre ellos dos. Harry sonrió de lado, negando.
-No siempre. Al menos no contigo.
-¿Me dirás si en algún momento te molesta?
-Dudo que pase, pero supongo que no lo haría.
-¡Harry! –El joven rió ante su tono de amonestación.
-Aunque no lo creas, no es tan fácil decirle a alguien que te incomoda que te abrace. Pero de eso ya ha pasado algún tiempo, ya no me parece tan extraño.
-Bien. Pero quiero que sepas que tienes la opción de decirlo y no me enojaré por eso.
-Y yo quiero que sepas que el día que no quiera una caricia tuya será porque perdí la razón y tienes que llevarme a San Mungo de inmediato –Draco lo empujó juguetonamente por ese comentario en un momento tan serio, aunque tampoco pudo evitar sonreír.
-Eres insoportable, Potter –sentenció, por fin incorporándose después de ese momento de cercanía. Harry siguió riendo mientras él elegía la vuela pluma como su siguiente método de escritura.
De alguna manera, mostrarle a Harry ese último rostro lo hizo sentir mucho más expuesto que todos los anteriores. Ya no se trataba de memorias de infancia, conflictos de adolescencia o aflicciones de adulto. Era un miedo tan irracional y extraño que lo hacía avergonzarse de sí mismo. Por eso le mostró de una vez el recuerdo de la conversación con Morgana, dando por finalizada esa seguidilla de hechizos para invadir su mente. Sus barreras como oclumante podrían volver a su sitio y jamás ser vulneradas de nuevo. Era reconfortante, pero también ligeramente abrumador. Porque al mismo tiempo significaba que lo había conseguido. Uno a uno, había revivido lo visto y sentido con esos espectros, con sus pensamientos y sentimientos más profundos y demoledores. Y había vuelto a sobrevivir a todos ellos.
-Entonces… –Dijo Harry luego de un rato, sacándolo a medias de su estupor–. ¿La fiesta de año nuevo será en tu casa o en la mía? –Draco se echó a reír, yendo por un rápido beso antes de contestar.
-De acuerdo con los pensamientos de mi yo de la ilusión, ya vivíamos juntos.
-Oh.
-Pero dado que nosotros vamos iniciando, lo mejor será que sea en tu casa.
-¿Para que sea yo el afectado en caso de que nuestros amigos hagan destrozos?
-Qué va, es porque tienes más espacio.
-No me engañas con esa mirada de falsa inocencia, Dragón –hizo su mejor esfuerzo por esconder una sonrisa, pero los ojos esmeraldas reflejaron que no lo consiguió.
-Para que no dudes de mi buena voluntad: me quedaría contigo hasta el día siguiente para limpiar cualquier desastre.
-¿Y para que te prepare el desayuno?
-Esa fue la parte más inverosímil de todo, ¿verdad? –Harry jadeó indignado, aunque casi al instante cambió su expresión a una sonrisa maliciosa.
-No me molestaría que me des los buenos días como lo hiciste ahí –resopló pretendidamente fastidiado, aunque sintió algo de tibieza en sus mejillas. Su mente ofreciéndole el eco de su voz diciéndole "buenos días, amor" al Harry de la ilusión–. Fue un rostro muy diferente a los demás.
-Más parecido a un sueño –coincidió. Reparó tardíamente en lo cursi que sonaba lo que había dicho, pero se abstuvo de retractarse al volver a coincidir con los centelleantes orbes verdes–. También fue la única vez que estuve tentado a quedarme ahí.
-Qué bien que no lo hicieras.
-No habría podido… por muchas razones. Mis padres, mis amigos, mis colegas, por ti… Y por mí.
-¿Por nosotros? –Ofreció, sonriendo con delicadeza.
-Bueno, no tenía certeza de que un nosotros iba a suceder.
-Pero lo deseabas.
-Uhmm, creí haber dejado eso más que claro.
-Es que por momentos todavía es difícil de creer. Quiero decir... Te fuiste a esa misión siendo un buen amigo por el que sentía lo que pensé era algo no correspondido del todo… y entonces pides mi ayuda y lo primero que haces al verme es pedirme una cita.
-Uh, te concedo que tuve muy poco tacto con eso. –Harry rió, pero él se mantuvo serio para agregar:- Además, pensé que sabías que sí eras correspondido.
-Sí, creo que me expresé mal… Sabía que había atracción entre nosotros, pero también que no querías involucrarte con nadie del ministerio. Así que supuse que solo lo dejarías pasar.
-Bueno, en eso tienes razón. Lo habría hecho –el moreno suspiró, por lo que se sintió inspirado a sostener su mejilla con afecto–. Pero era cada vez más difícil.
-¿En serio?
-Mmm. ¿Por qué crees que estaba renuente a enseñarte el maldito baile del dragón azul? Simplemente no confiaba en que no cometería una locura al tenerte tan cerca.
-Draco –exhaló.
-¿Sí?
-Estoy loco por ti –rió nervioso, consciente de que en la ilusión esa había sido su línea. Y la verdad sea dicha, se sentía jodidamente genial ser el receptor de esa emoción tan intensa y sincera.
-Lo sé. Hace unos días… descifré lo que deletreabas en mi espalda.
-Oh –Harry lucía impresionado, más no arrepentido al haber sido descubierto. Por ello sonrió con más confianza, inclinándose para susurrar cerca de su oído.
-Si te diste cuenta, en ese último rostro no me dejé dominar por el miedo ni por la amargura. Es más, casi parecía algo ilógico después de todos los demás. Pero tenía sentido. Porque es lo que me ha dominado en el último tiempo. Y es que mi miedo a ser feliz no se refiere a que no quiera serlo, sino al contrario… Temo a jamás conseguirlo. A no merecerlo. A que sea efímero. Pero verte ahí fue iluminador… –Suspiró, apoyando el mentón en el fuerte hombro del auror–. Porque pese a todo comprendí que todo este tiempo he sido feliz al contar con tu amistad, al saber que te tenía en mi vida sin importar que nuestra relación nunca llegara a más. Sin embargo… en la ilusión dijiste que tenía todo cuánto quería al alcance de la mano. Y al despertar estaba destrozado, pero sabía que eso era cierto. Elegí creer y arriesgarme porque… te amo. Y aunque sé que nuestra relación no será el idilio que vi en ese séptimo rostro, quiero vivirlo. Quiero compartir mi felicidad contigo, pero también mis penas, mis miedos y mis espectros más desagradables. También conocer todo eso de ti y saber que al final del día nos amamos por y a pesar de ello… Entonces, solo… me resta preguntar si también quieres eso.
-Por supuesto que sí, cariño. Lo he dicho antes y lo sostengo, te agradezco por dejarme ser parte de esto y no dudes ni por un segundo lo mucho que te admiro y que te amo –Draco aspiró entrecortado, sonriendo al instante siguiente por la manera paciente y delicada en que Harry estaba besando su rostro. Sabía que había hecho una declaración de lo más comprometedora y honesta, pero no se arrepentía ni de una sola palabra. No si la recompensa de exponer sus sentimientos era el ser acunado en esos brazos fuertes y la plena certeza de que la auténtica felicidad que sentía era mucho mejor a lo que cualquier ilusión podía ofrecer.
Notas finales: jamás he practicado ni sé de ballet, así que lo que narré fue producto de una rápida investigación de Google, las disculpas del caso si no se entendió, jajaja. Después de ese descargo de responsabilidad… Muchas gracias por sus comentarios y por quienes siguen el fic, me alegra mucho leerlos y saber que me dedican unos minutos de su tiempo cada semana. Estamos ya a solo dos capítulos de dar por finalizada esta historia, lo que me hace muy feliz. Y qué decir, en estos encontrarán una casi insana cantidad de fluff que espero sea de su agrado, jajaja. Sin más que agregar, los dejo y nos leemos la próxima semana.
Allyselle.
