Capítulo 2
ADVERTENCIA: CONTENIDO EXPLÍCITO. Se pide discreción en la lectura. Lemon +18.
Hace mucho que el viejo sistema de hacer que los menores comieran en una mesa aparte había caído. Si bien prevaleció pese al intento de rebelión de Lincoln cuando tenía once años, este se mantuvo hasta el año pasado cuando las gemelas cumplieron la misma edad, no viéndole caso el dejar únicamente a Lisa y a Lily comer solas, esperando que por lo menos la mayor tuviese la suficiente madurez para comportarse debidamente, mientras que Lily, al ser ya una niña de siete años, consiguiera guardar el suficiente decoro. A todo eso sumarle que, a esas alturas en casa, contando a los padres, sólo quedaban ocho integrantes en total, por supuesto en su mayoría la mitad de los hijos del matrimonio Loud.
Lincoln con cierto nerviosismo escuchaba a Lucy, su hermana adolescente gótica de catorce años, contar en la cena unos problemas que la secundaria atravesaba a causa de un recorte en los fondos escolares, aunque apenas y le hacía caso, pues dándole pequeñas e indoloras patadas por debajo de la mesa, Lana a su lado demandaba su atención.
Al verla incómodo, la jovencita le mandó miradas traviesas y risueñas, a la vez que jugaba con su comida, poniéndose dos mini zanahorias dentro de la boca fingiendo que eran colmillos con los que pretendía imitar de forma burlona a Lucy, lo que muy a su pesar le causó gracia al chico de diecisiete años.
—Basta, Lana —su madre la amonestó ligeramente—. No juegues con la comida. Eso se ve mal.
—Sólo me divertía, mamá. No recuerdo que a Luan le llamaras así la atención, incluso antes de que se fuera a la Universidad.
Rita suspiró.
—Es diferente. Con tu hermana me rendí, pero contigo todavía tengo esperanzas.
Lola, al lado contrario de Lincoln, se rió como si eso fuese un genuino chiste.
—Es conmovedor tu optimismo, mamá. Pero creo que más fácil te hubiera resultado cambiar a Luan con el tiempo.
Fingiendo sentirse indignada, con una sonrisa socarrona Lana le mostró la lengua a su hermana, quien le devolvió el gesto imitándola, ocasionando que Lincoln se riera.
—Y por supuesto esta es tu manera de responder con madurez.
Lana le sonrió a Lincoln por la manera en que él le contestó a su gemela, mientras que Lola, aparentemente ofendida, regresó su atención a la comida.
El chico sintió una delicada caricia en la pierna derecha que comenzó desde el talón y fue subiendo hasta quedar por encima de su rodilla. Se volvió hacia Lana divertido por la forma en que interpretó le estaba agradeciendo el ponerse de su lado. Sin emitir palabra, pero moviendo los labios, le murmuró temiendo que alguien en la mesa se diese cuenta de lo que trataba de decirle: "Basta".
Lana extrañada le preguntó del mismo modo: "¿Qué?"
Y la caricia con el pie que tanto estaba disfrutando, concluyó bajando y propinándole una buena patada en la espinilla que lo obligó a apretar los dientes para evitar gritar teniendo que soportar el dolor.
Consternado, se asomó brevemente por debajo de la mesa, alcanzando a notar el pie de Lola regresar a su lugar. Al mirarla con sorpresa y temor, la diva con tranquilidad le dirigió una sonrisa altanera.
—¿Te pasa algo, Linky? —Lily le preguntó preocupada, pues aburrida de lo que Lucy seguía contándoles, prefirió mirar a su hermano, entretenida por los divertidos gestos que hacía cuando hablaba con las gemelas.
—Todo bien, Lily. Me… me estaba ahogando con la comida.
—Deberías masticar más despacio al comer —Lisa le sugirió—. Odiaría que adoptes los malos modales que parece Lynn te dejó antes de marcharse a la Universidad.
Lana miró inquisitiva al muchacho, segura que se había perdido de algo. ¿Sólo habrían sido Lily y Lisa molestándolo?
—Déjenlo en paz, chicas. No hay nada de malo con sus modales.
Y se apresuró a terminar su cena vorazmente, ganándose una mirada de reproche y desaprobación tanto de Lisa como de sus padres. Lola, contrario a lo acostumbrado, estaba serena alternando su mirada entre ambos chicos, lo que alarmó a Lincoln.
Tras darles las buenas noches a todos, Lincoln consiguió el baño para él solo, dándose su tiempo para lavarse los dientes habiéndose olvidado del incidente en la cena.
Cuando terminó se dirigió directamente a su habitación (que antes perteneció a Lori y Leni) sin ninguna otra intención más que la de tirarse en la cama y dormir, encontrándose con la sorpresa que ya estaba ocupada por alguien que se había cubierto con su sábana.
—¡Lola! ¿Qué es lo que estás haciendo aquí?
La diva curiosamente, hasta donde Lincoln pudo notar, tenía el cabello desarreglado y se mostraba algo fachosa, siendo todo esto poco propio en ella. Frustrada chistó los dientes.
—¡Rayos! Me despeiné por nada. Creí que esta sería la parte donde emocionado te arrojabas a la cama para tratar de aprovecharte de mí pensando que soy Lana.
—Puedo distinguir perfectamente a la una de la otra —le respondió molesto por su insinuación—. ¿Sólo viniste a eso? ¿A hacerme una broma?
Y pensaba que ya había terminado con esas situaciones desde la partida de Luan.
—Por supuesto que no. Vine a pasar la noche aquí.
—¿Disculpa? —su rostro se ruborizó. Por mucho que prefiriera a Lana, no era tan indiferente a la belleza de la otra gemela—. Lola… no creo que eso sea apropiado a estas alturas como antes.
Ella lo miró como si ahora quien hubiese acabado de decir un chiste fuera él.
—¿Tú hablando de lo que es "apropiado"? Ese fue bueno. Como sea. ¿En qué momento dije que quería dormir contigo? Sólo por la cosa rara que tienes con mi hermana no creas que tienes una oportunidad también conmigo de tener algo. ¡Yiuk! Debería de acusarte con Lana por hacerme esa clase de propuesta tan indecorosa.
—¡Bueno, córtalo ya! —alarmado cerró la puerta detrás de él, esperando que nadie del resto de la familia los estuviera escuchando—. Ya no te entendí. Otra vez, desde el principio. ¿Por qué quieres quedarte a pasar la noche aquí?
—No es que quiera. Lana me pidió que me quedara en tu cuarto para que así tú pudieras dormir con ella en nuestra habitación.
Bien, eso para Lincoln tuvo más sentido, aunque a la vez la claridad del asunto lo puso nervioso.
—¿Y tú aceptaste así de fácil?
—¿Qué esperabas? ¿Que me quedara en la otra cama escuchándolos hacer sus "cosas"?
Pese a la obviedad, a juzgar por su sonrisa, parecía buscar jugar con él incomodándolo ante sus insinuaciones.
—Pudiste negarle tu ayuda y convencerla que lo que pretende no es una buena idea.
La diva se encogió de hombros.
—Supongo que sentí te debía una por estarte molestando en la cena.
Del otro lado de la cama, Lola tomó el muñeco con forma de conejo de su hermano alzando una ceja. ¿Es que Lincoln a su edad seguía sin superar lo de jugar con peluches como ella ya lo había hecho?
—A propósito, ya que lo mencionas, Lola, ¿Qué fue lo que ocurrió contigo en la mesa?
—¿Lo de la patada? Sólo se trató de una pequeña lección por ayudarle a tu noviecita a molestarme. Sí que caíste muy fácil.
Lincoln resopló sintiéndose culpable al respecto.
—Bueno… al principio ahí sí pensé que eras ella. Ahora que me recordaste eso, voy a pedirte que no lo vuelvas a hacer.
—Lana entendería que sólo estaba jugando. No creo que se lo tome tan a pecho como tú, así que dudo se cele de contárselo.
—Supongo, pero no es sólo eso. Nos habrías metido en muchos problemas si alguien se hubiera dado cuenta de tus "juegos", y tú también con nosotros —esperaba primero hablar con Lana sobre el tema, pero lo mejor sería hacerle ver de una vez a Lola que la situación se había vuelto todavía más delicada—. Ayer papá habló conmigo. Sospecha que Lana… tiene un "novio". Incluso me pidió que le contara si averiguaba algo al respecto.
Esperaba que la noticia de algún modo conmocionara a su hermana, pero ella sólo bostezó y se puso cómoda en la cama sin soltar a Bun-Bun.
—No me sorprende, con la falta de discreción que tienen ustedes dos, lo que de verdad me impresiona es que papá o nadie todavía se haya enterado de lo suyo. No pensé que fueran tan tontos.
Lincoln no estaba seguro de a quienes estaba llamando tontos, si a la familia o sólo a Lana y a él. Prefirió no preguntarle, sospechando que tal vez se refería a todos en general.
—No deberías de hablar así. Tú también estuviste un tiempo ignorando lo que tenemos Lana y yo.
—Lo sé. Fui una tonta, pero únicamente por muy corto tiempo antes de que los descubriera, aunque... en realidad, debo reconocer que sigo siéndolo, que por algo sigo cubriéndoles la espalda a pesar de los riesgos, ¿no? Pues de nada.
Esperando zanjar el tema, ella se puso su mascarilla para cubrir sus ojos y dormir, a lo que Lincoln gruñó.
—Mejor no te pongas cómoda. Voy a pedirte de favor que regreses con Lana y le expliques lo que te conté y por qué no es buena idea continuar con lo que sea que se le haya ocurrido para esta noche.
—Mi cuota es sólo un favor al día y Lana terminó con la misma. Ve tú mismo y pídeselo. Yo necesito descansar ahora. Tuve un día muy agitado en la escuela con el equipo de porristas.
Lola se había convertido en la capitana de este en su grupo, hecho que no sorprendió a nadie. Todos estuvieron seguros que conseguiría el puesto durante el breve tiempo desde que ingresó en el mismo.
Lincoln entendió que no ganaría nada continuando sus objeciones con Lola, por lo que resignado salió rumbo a la habitación de las gemelas.
A pesar de la partida de cinco hermanas, Lola y Lana continuaron compartiendo habitación, mientras que Lisa ocupó la que antes perteneciera a Luan y Luna dejando a Lily sola, Lucy se quedó con el resto del espacio que fue de Lynn, siendo el viejo armario de blancos de Lincoln ahora ya un genuino armario de blancos. Aunque intentaron separarse inicialmente, las gemelas no pudieron acostumbrarse a estar solas por su cuenta, por lo que en cada intento de "emanciparse" terminaban a los pocos días regresando juntas… por supuesto eso ocurrió antes de que la relación entre Lincoln con una de ellas se volviera más "profunda". El chico pensó que si Lana ya tuviese su propia habitación, no serían tan complicadas esa clase de visitas, aunque la idea por sí sola lo incomodaba ante las posibilidades que tendrían juntos de ser así.
El pasillo estaba desierto, así que Lincoln esperando no hacer mucho ruido, tocó ligeramente la puerta de las chicas para evitar encontrar a Lana en una situación comprometedora.
—Está abierto.
Tras la indicación de la joven, Lincoln entró encontrándola cubierta hasta el cuello con una cobija dormitando. La luz principal estaba apagada, pero al lado de la cama de Lana, sobre una cómoda, estaba encendida una lámpara.
—¿Qué pasa?
—Hola, Lana. Lola me dijo que…
—¡Linky!
De un salto se puso de pie saliendo de la cama sorprendiendo al chico por lo que llevaba puesto, se trataba de un camisón demasiado revelador, por no decir muy inapropiado para una chiquilla de doce años.
—¡Dame un segundo!
Lo pasó de largo para ella misma cerrar la puerta y ponerle el seguro. Lincoln estaba por preguntarle qué era lo que pretendía, cuando sorpresivamente ella saltó encima de él tal cual mono araña aferrándose a su torso abrazándolo con sus brazos y piernas, quedando a la altura necesaria para silenciarlo con un beso invasivo, provocando que Lincoln sintiera asfixia por culpa de la lengua de su hermana al casi tocarle la campanilla de su garganta, haciendo que cayera de espaldas contra la cama, aún con Lana bien prendida de él.
De pronto ella separó su cara de la del chico permitiéndole jadear, no por la excitación, sino por su intento de recuperar el aire.
—¡Santo cielo! ¡Creí que moriría!
Ella se rió orgullosa de su proeza.
—A mí también me encantó, Linky.
Y se prendió de su cuello con un beso haciendo una agresiva succión, lo que hizo reaccionar al peliblanco tratando de liberarse de ella sacudiéndose, pues sus brazos estaban atrapados pegados contra su cuerpo debido al agarre de la rubia.
—¡Lana, espera! ¡No debemos…! ¡Ah!
Mentiría si dijera que ese gemido fue sólo por dolor. Por un instante su vista se nubló y hubiese jurado que dentro de la habitación pudo ver estrellas.
—Por favor… Lana, no debemos… ¡Oh!
De niño, cuando tenía nueve años, una vez Lana a sus cuatro le lamió la mano para que soltara un caramelo que se negó a dárselo tras haberle repartido una buena parte de su colecta de Halloween. Lincoln se molestó por el asqueroso acto, por lo que le fue inconcebible que la sensación de sentir esa misma lengua deslizarse a lo largo de su cuello hacia su hombro fuese tan placentera.
—Ba… basta, Lana. Tienes que… ¡hmm! detenerte.
—No quiero hacerlo.
Su voz se le figuró un ronroneo bastante sugestivo. No se dio cuenta en qué momento ella lo liberó para alzarle la playera atacando en esta ocasión su pecho con suaves caricias propinadas por sus manos. A pesar de ello, Lincoln en esta ocasión no hizo ningún intento por detener sus avances, sintiendo como Lana a la vez estaba restregando su entrepierna contra la suya.
Repentinamente Lana se detuvo y Lincoln aún perdido en las placenteras emociones, confundido notó su consternada expresión.
—¿Qué… qué sucede? ¿Por qué te detuviste?
Ella bajó la vista al mismo tiempo que se separaba de él levantándose sólo unos centímetros. El pantalón de Lincoln se alzaba en "ese punto" cuál carpa de circo.
Al comprenderlo, Lincoln enrojeció, mientras que su hermana a pesar de ponerse también colorada, divertida exclamó.
—¡Vaya! Parece más grande y duro que la vez pasada.
Como si tuviese sus dudas y necesitara comprobarlo, apoyó la palma de su mano sobre la entrepierna del chico de manera brusca, provocándole un respingo a lo que estuviera cubriendo la prenda.
—¡Lana, espera!
—¡Quiero verlo!
Estaba por bajarle el cierre del pantalón, cuando con sus manos Lincoln la sujetó por las muñecas impidiéndoselo.
—¡Te dije que te detuvieras!
Sorprendida lo miró confundida.
—¿Qué te ocurre? ¿Te lastimé? ¿Lo tomé muy fuerte?
En realidad, la sensación de su mano, aún por encima de la ropa, había sido muy placentera, pero ese no era el punto para Lincoln.
—Lana… estás yendo muy rápido. Calma.
—¡Linky! ¿No se supone que soy yo la que debería de decir eso?
Lincoln lo pensó un momento, ciertamente parecía estar invirtiendo el estereotipo. Se sintió como un tonto, pero prefería comportarse como uno a tan solo permitirle a Lana dejarlo llevar por un rumbo al que no se sentía preparado todavía para avanzar con ella.
—¿Acaso pretendías que pasáramos la noche juntos para…? Tú sabes. ¿Hacer algo más que besarnos?
—Tranquilo, Linky. Me imagino lo que piensas que buscaba y puedes quedarte tranquilo, no es eso lo que estaba planeando que hiciéramos.
Lincoln suspiró aliviado y agradecido por haber malinterpretado las acciones de su hermana.
—¡Oh! Lo siento, de verdad creí que… olvídalo —cariñosamente le peinó unos cabellos que se le recorrieron hacia la cara—. ¿Y qué esperabas que hiciéramos los dos juntos esta noche como para haber mandado a dormir a Lola a mi habitación?
—Que tuviéramos sexo, por supuesto.
Lincoln tragó saliva sorprendido.
—¿Exactamente qué fue lo que te imaginaste pensaba yo que querías que hiciéramos si no era eso?
—Pues ya sabes, creí que esperabas que hiciéramos el amor.
—¡Pero si lo uno y lo otro es la misma cosa!
Ella alzó una ceja.
—¿Es en serio? Yo pensaba que lo del sexo era más primitivo, salvaje, sucio, mientras que hacer el amor era más de ser tierno, romántico, algo cursi y esas cosas que de seguro le gustarían más a Lola.
Lincoln tardó en contestarle desorientado por la conversación, o tal vez sólo se trataba de que continuaba excitado y cansado de estar en cuclillas sobre la cama, Lana había vuelto a sentarse sobre su erección.
—Bueno… supongo que sí, eso también, pero… en esencia las dos son lo mismo al tener como finalidad… ¿aparearnos?
La expresión de su novia y hermana fue idéntica a la de Lola cuando algo le asqueaba. No recordaba cuándo fue la última vez que la había visto así, siendo hasta la fecha una chica a la que nunca le molestaba ensuciarse las manos al trabajar, que incluso hasta lo disfrutaba.
—No tienes que ser tan vulgar, Lincoln. Eso es lo que hacen los animales para tener bebés. Yo todo lo que quiero es sexo, ¿eso es mucho pedir?
—Pues… ¡Sí, lo es!
—¿Pero por qué? Eres un chico. ¿No se supone que los chicos es lo que más esperan de sus novias?
Apenas podía dar crédito a las palabras de Lana.
—Ah… normalmente sí, pero… nuestra situación es… diferente en más de un sentido al de las parejas promedio.
Su novia se deprimió.
—¿No te gusto porque no estoy tan desarrollada como las chicas de tu edad?
Lincoln consiguió contener la risa cínica que amenazó con soltar. Lana, al igual que Lola, para tener doce años estaba bastante bien proporcionada, tal vez no tanto como las chicas con las que él compartía clases, pero las gemelas, tenía entendido, por esos detalles era por lo que ambas destacaban sobre el resto dentro de su grado escolar.
—Lana, eres muy hermosa. Tienes un cuerpo muy lindo —con culpa lo recorrió con la mirada. Aquel camisón poco dejaba a la imaginación. De pronto se asustó al caer en cuenta de algo—. ¿Dónde conseguiste esa ropa?
Temía que de forma imprudente se lo hubiera pedido a Leni de la boutique donde trabajaba en Michigan.
—Es de Lola. Se lo pedí prestado.
Bien. Eso lo tranquilizó, al menos en parte.
—¿Y sabes de dónde lo sacó ella?
—Se lo compró por catálogo a Leni.
—¿Y ella se lo vendió así nomás?
—Eso creo. Deja de cambiarme el tema, Linc. Si no hay problema en que te excite, ¿Por qué no quieres acostarte conmigo? Soy tu novia, que tengo mis necesidades.
—¿De qué necesidades hablas? ¡Tienes doce años, Lana! No es correcto que estés tan ansiosa de… "eso".
—¿Qué es "eso"? ¿Sexo? Pero si es de lo más natural del mundo.
Lincoln suspiró. En algún momento de la discusión la había tomado por los hombros y ahora estaba masajeándoselos para gusto de ella dada su expresión. Su piel le parecía agradablemente muy suave.
—No… no me siento muy cómodo con esto. Además, no dejó de preguntarme si le pedirías esto igual a otro chico que fuera tu novio tan así de pronto si ese no fuera yo.
—¡Por supuesto que no! Tampoco me creas tan imprudente. Tú eres muy distinto de los otros chicos en varios aspectos, no eres un patán insensible, que podría pensar primero en él antes que en mí. Quizá por el hecho que antes que nada eres mi hermano, sé que contigo estoy en buenas manos, pues eres cuidadoso conmigo, amoroso, protector, fiel, tierno, cariñoso y sensible.
El chico se sintió conmovido y feliz de que Lana lo tuviera en tan alto concepto. Sabía que su hermana lo amaba, pero siempre era grato escucharlo de aquella manera.
—Cielos, Lana. Lo que dices de mí reconozco que me parece muy bonito y me hace sentir mucho más especial para ti.
—¡Sí! Por eso eres diferente. Básicamente eres como una chica.
La sonrisa de Lincoln flaqueó. ¿Una chica? ¿Su hermana…? No. ¿Su novia lo veía como una chica?
—Ah… no soy una chica.
—No dije que lo fueras, sólo que te comportas como una, pero no me molesta, eso está bien para mí. Me permite ser la dominante en nuestra relación.
—¿La dominante? ¿De dónde aprendiste esos términos?
—De las revistas de Lola. Al inicio no me interesaban mucho, hasta que comencé a ver que pueden ser de utilidad algunas cosas.
—Supongo que esas revistas Lola las sacó del ático, probablemente de las cajas con las cosas viejas de Lori o Leni, las cuales hace mucho debieron de irse a la basura. Sabes, lo que digan esas cosas son completamente inadecuadas para ustedes.
—¿Y que busques hacerme algo atrevido no lo es?
—¡Esa fuiste tú! Además, ya te dije que no creo que todavía sea correcto el que avancemos más lejos de lo que ya lo hemos hecho. Te advertí que debemos de ser discretos con nuestra relación. Papá está sospechando algo. Le conté esto hace un momento a Lola y ella cree que nos hemos visto muy obvios con lo nuestro y… creo que tiene razón.
Lana suspiró. Por lo menos en apariencia, aunque no mucho, lucía más preocupada al respecto que su gemela.
—Confío en que Lola sabrá desviar la atención si sucede algo, y por mi parte te prometo tener más cuidado.
Se inclinó hacia Lincoln dándole un rápido y cariñoso beso en los labios.
—Deja de preocuparte tanto por ahora y mejor aprovechemos que tenemos la habitación para nosotros solos.
—No me termina de gustar que sin antes avisarme sacaras a Lola de aquí y la mandaras a mi habitación para esto. ¿Por qué no sencillamente fuiste tú a la mía?
—Porque ya anticipaba que tal vez ibas a comportarte como un bebé y harías un escándalo en el que terminarías por correrme, al menos así me aseguraba de que te quedes aquí estando Lola ocupando tu cuarto.
Tenía que admitir que esa fue una estrategia interesante por parte de su hermana.
—Ese fue un buen plan, creo.
—Puedes llamarme la mujer del plan. Algo tenía que haber aprendido de ti, Linky.
Y aunque no le gustara lo que Lana planeó, no pudo evitar sentirse orgulloso de ella por eso. Decidió para variar ser él quien tomara la iniciativa, así que se le acercó y la besó sorprendiéndola. Lana no desaprovechó la oportunidad y continúo el beso acentuándolo más volviéndolo más estrecho, retomando el ritmo salvaje de antes a pocos segundos.
—Lana, cuidado —Lincoln le llamó la atención de nuevo— ya te dije que te lo tomes con calma.
—Me pides mucho, eres muy apetitoso.
Y los besos se reanudaron… así como los intentos de Lana por llevar las cosas todavía más lejos, Lincoln lo percibió de esa manera cuando de un tirón ella consiguió quitarle la playera, estaba por amonestarla de nuevo, cuando su novia se prendió de una de sus tetillas dándole un ligero e indoloro mordisco.
—¡Ow! Lana eso es…
—¿Muy excitante? ¿Qué te parece esto?
Repitió la acción con la otra y Lincoln se retorció por la oleada de placer que sintió. Su hermana sabía medirse para no hacerle daño, limitándose a lo necesario para que se sintiera bien. Mientras en eso ocupaba su boca, sus manos descendieron acariciando el pecho del chico, los costados, la cadera y… comenzaron a juguetear con la cremallera del pantalón que aún llevaba.
—Lana, espera… de verdad no creo que…
—¿Quieres hacerme lo mismo a mí?
—¿Qué?
—Lo que te hice —y se abrió el camisón por en medio para enseguida quitarse el top que cubría sus pechos—. ¿Quieres hacérmelo tú a mí?
Lincoln tragó saliva. No sería la primera vez que veía el torso desnudo de Lana, incluso en una ocasión cuando esta tenía la tierna edad de cuatro años, ayudó a su familia a bañarla cuando se hizo la difícil de hacerlo tras una visita a Liam en la que se revolcó de lo lindo con sus cerdos en el lodo. Pero no eran lo mismo los apenas perceptibles senos rosados diminutos que entonces tenía, a las pequeñas protuberancias de hoy día, cual cerezas comenzando a despuntar sobre unas remarcadas aureolas también rosadas.
Estaba mal. Lincoln sabía que estaba mal como toda su relación en sí, no sólo por tratarse de una chiquilla de doce años, sino su propia hermana. Muchas cosas se le ocurrieron decirle en ese momento conforme acercaba su rostro a esos senos; muchos argumentos sobre la ética o la malicia de aquellos actos, que tal vez y con suerte, conseguiría con alguno convencer a Lana de desistir su propósito, pero estos se trastocaron cuando con su lengua degustó el suave sabor esponjoso de uno de esos pechos, y fue cuando esta gimió satisfecha de forma aguda que dichos argumentos para interrumpir el momento se esfumaron de su mente.
Tras haber paladeado cada rincón de su seno izquierdo, mientras que con sus manos frotaba su espalda, se dirigió al derecho con mayor confianza. Lana perdida en las dulces sensaciones que su amado le provocaba, con sus manos acarició su blanquecino cabello.
—No pares, Linky. ¡No pares!
Pero después de un momento lo hizo y el chico se descubrió bajando su lengua por en medio de los pechos de Lana hasta llegar al ombligo de esta, a la vez que lentamente iba recostándola de nuevo sobre su cama. Continuó jugueteando con su lengua el hoyuelo de su vientre sacándole unas breves risas. Estuvo a nada de hacerle una trompetilla como cuando era mucho más pequeña, pero se contuvo, no muy seguro acerca de cómo ella se lo tomaría, en especial si con eso estropeaba el momento.
Bajó todavía más por debajo de su ombligo, cuando su lengua detectó entre su suave piel una muy corta vellosidad rubia. Sabía lo que encontraría más abajo tras la pantaleta azul con la que ella se cubría y volvió a dudar.
—Espera, Lincoln. Detente.
No estaba seguro si debería sentirse aliviado o frustrado por la petición que le hizo, pero obedeció, quizá un poco a regañadientes. Sacudiendo la cabeza para quitarse aquellos pensamientos y volver a su rol de hermano protector, le preguntó.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, solo que… no creo que sea tan justo que te estes encargando de todo. Déjame ahora mí hacer algo por ti.
Aunque sonaba justo, Lincoln todavía tenía sus dudas.
—Bueno. Pero si llego a decirte que vamos a detenernos, es porque lo haremos, ¿está bien?
Lana rodó los ojos más divertida que fastidiada ante su terquedad.
—Como tú digas, "preciosa".
—Puedo volver a vestirme para mejor ir a intentar sacar a Lola de mi habitación, ¿sabes?
—Ya. Perdón.
Volvieron a compartir una sonrisa cómplice y un beso. Debido a la dificultad que Lana tuvo para quitarle el pantalón, Lincoln suspirando con muchos sentimientos encontrados, le ayudó primero desabrochándose el cinturón para después liberar el botón y el cierre para, tras moverse un poco, terminar de retirarse la prenda quedando únicamente en interiores.
Lana en esta ocasión pareció indecisa. Lincoln la observaba atentamente, curioso y a la vez ansioso de lo que haría a continuación. Entonces ella con sus manos le hizo unos frotamientos a lo largo de las piernas, de forma tan suave y apenas perceptible, que podía sentir los vellos de su hermano acariciar a su vez las palmas de sus manos produciéndole un agradable cosquilleo.
—Te está creciendo mucho el pelo en el cuerpo, Linky. Vas a parecer un oso cuando seas mucho más grande.
—¿Tú crees?
Lincoln no estaba seguro sobre cómo tomarse eso, quizás si alguien más se lo hubiera dicho en otras circunstancias, como cuando tuvo la edad de Lana ahora, la perspectiva lo habría emocionado. El pensamiento se apartó de súbito cuando las manos de su hermana acariciaron la parte de su cuerpo oculta dentro de su bóxer naranja.
La reacción fue inmediata. Su amigo se puso en posición de firmes una vez más y Lana abrió mucho los ojos. En el instante cuando ella se detuvo, Lincoln estuvo a punto de decirle que debían de suspender todo hasta aquí por ahora, pero se distrajo ante la apreciación que hizo de la silueta desnuda desde su ángulo, entonces tras el último instante de duda, lentamente su hermana comenzó a bajarle la prenda.
La jovencita se mostró durante unos segundos paralizada ante la comprensión de sus actos, entonces dirigió su mano hacia el extraño órgano, que a pesar de ser carnoso, su tacto era tan sólido como la vara de madera con la que solía jugar con Charles. Por un segundo le asustó la palpitación que sintió, pero su curiosidad fue mayor, por lo que utilizó ambas manos para inspeccionar más a fondo aquello que conocía desde pequeña gracias a los animales, de lo que había aprendido en la escuela hasta hace poco, y visto a escondidas por medio del internet.
—Es… muy feo —Lincoln se preguntó si debería o no sentirse ofendido—. Me gusta.
—En… ¿En serio?
—Sí. Es como un salami crudo, pero… —se acercó para olfatearlo— no huele como uno, es… diferente, no a carne, carne, si o a… —volvió a inclinarse hacia este para olerlo mejor— como a marisco.
Lincoln volvió a quedarse sin saber qué decir, o siquiera saber si debía de decir algo. Decidió quedarse callado para dejarse llevar y disfrutar la suavidad de las manos de Lana, ligeramente callosas producto de los incontables trabajos mecánicos que le hacía a Vanzilla, o los cuidados a sus mascotas, los de los vecinos, amigos, entre otros animales poco convencionales. ¿Debería de explicarle cómo debía de hacer el movimiento de arriba hacia abajo para…?
Una vez más a Lincoln se le figuró ver las estrellas cuando sintió la húmeda y cálida lengua de su hermana recorrer la cabecita rosada de su amigo.
—Sabe extraño.
—La… Lana, no… no… ¿puedes hacerlo de nuevo?
Estaba por preguntarle a qué se refería exactamente, cuando recordó ciertas cosas que algunas chicas de grados superiores, de dudosa reputación, una vez por accidente en los baños de la secundaria las escuchó contar, sobre cómo a los chicos les gustaba que sus novias les hicieran eso. Le había parecido una soberana tontería bastante ridícula, aunque con la duda se quedó, una que sospechó no podría contársela a cualquiera, por lo que gracias a una búsqueda rápida en internet, asombrada pudo corroborarlo por medio de imágenes y hasta videos.
Probar esa cosa no había sido tan asqueroso como se imaginó entonces, y es que, aunque con el pasar del tiempo había hecho más consciencia sobre su aseo personal y rectificado en el mismo (en contadas ocasiones como esa), seguía siendo muy difícil que algo le repugnara de verdad. Con esa idea presente consiguió motivarse para hacer sentir bien a su novio de aquella manera.
Al principio sólo le dio algunos lengüetazos en la punta, al mismo tiempo que con una mano cubriendo el miembro, con brusquedad comenzó a manipularlo de arriba hacia abajo rítmicamente.
—¡Lana, espera!
—Por favor, no me detengas Linky. No quiero parar.
—Ni yo que lo hagas, sólo iba a pedirte que no lo aprietes tanto, hazlo más suave.
—¡Oh! ¡Lo siento!
No quería lastimarlo. Redujo el ritmo y el agarre.
—¿Así está bien?
—Sí, hazlo sólo un poco más rápido como antes, pero sin apretármelo mucho. Lo de la lengua… también, por favor.
Siguiendo las indicaciones tal y como las escuchaba, pronto supo lo bien que estaba haciendo pasar a su novio a juzgar por la cara de satisfacción que ponía, en ocasiones con los ojos cerrados hacía unas muecas que le daban risa. Los chicos realmente reaccionaban como bobos cuando les hacían esas cosas, tal y como aquellas chicas en la confidencia con la que se podía contar en el baño indirectamente le habían explicado.
—Pue… ¿Puedes de nuevo… chupármelo?
Lana no tuvo reparos en hacerlo y las estrellas en lugar de aparecer por segundos, permanecieron de manera más prolongada en la visión de Lincoln a la vez que sentía como, mientras en el exterior la suave y húmeda lengua de Lana junto a sus manos atacaban con caricias afectuosas su masculinidad, internamente su cuerpo era recorrido por lo que sólo podría describirlo como cargas de electricidad. Ninguno de sus momentos íntimos en solitario le llegaban a los talones a las sensaciones que lo invadían desde la punta de los dedos de los pies, hasta su cabeza, recorriendo velozmente su columna como si fuese un auto a toda velocidad en una autopista. Y entonces sintió la familiar sensación avisándole que no duraría mucho tiempo más.
—La… ¡Lana, voy a acabar!
Ella continuó su trabajo preguntándose a qué se refería con eso. ¿De verdad quería que parara siendo tanto el gusto que le estaba dando como él le demostraba? Asustada ante el primer disparo que sintió al fondo de su garganta, retrocedió sacándose de su boca torpemente el miembro rozándolo sin querer con sus dientes, lo que poco impacto le produjo a Lincoln ante la inminente eyaculación que prosiguió durante unos segundos más.
Lana tosió e hizo una arcada tardando apenas un par de segundos en finalmente comprender lo que había ocurrido. Esa cosa blanquecina que le había aventado a su garganta la primera vez y la segunda a lo largo de su lengua, como el resto sobre la cama, se trataba de la "semilla" de su hermano. Al menos esa palabra le gustaba utilizar más que la de semen.
—¡Vaya! Eso sí que sabía extraño, algo amargo.
—Lo lamento, traté de avisarte.
—Está bien, descuida. No fue tan malo.
Y como si pensara que necesitaba convencerlo de alguna manera, se acercó de nuevo inclinándose sobre su miembro que comenzaba a ponerse flácido, para volver a ponérselo en la boca y limpiar los restos de la "semilla" que le habían quedado en el mismo. La reacción no se hizo esperar una vez más, así que con tan poco, el amigo de Lincoln lucía como si estuviese dispuesto a repetir otro turno.
—¿Qué te pareció, Linky? —Le preguntó tras considerar que se lo había dejado más que limpio—. ¿Sentiste rico?
Una vez que recuperó el aire tras un último jadeo, le contestó con una amplia sonrisa aún perdido en el placer que le produjo.
—Fue la mejor experiencia de mi vida.
Lana estaba satisfecha por su labor, quizás no tanto como su hermano, pero lo estaba.
Lincoln suspiro pensando en que aquello no fue correcto, pero le estaba costando trabajo sentir culpa. Decidiendo hacer de lado el resto de la poca ética que le quedaba tras el encuentro, se aventuró a tomar un poco la iniciativa y preguntarle a su novia.
—Lana… ¿Te gustaría que te haga algo parecido?
Ella ladeó la cabeza tratando de entenderlo.
—¿Cómo? ¿Te refieres acaso a que tú…?
—Sólo si tú quieres, claro. Te prometo que seré cuidadoso.
La jovencita se mordió el labio inferior al mismo tiempo que sonreía, mostrándose dudosa ante la propuesta de su hermano, que de pronto temió estuviese tomándose más libertades de las que se había propuesto con Lana. Estaba por decirle que se trataba de una broma echándose para atrás, cuando tras soltar un largo suspiro, sin dejar de sonreír ella asintió.
—Está bien, supongo que puede ser divertido. Y… ¿qué es lo que tengo que hacer?
—Bueno… —el chico miró la posición en que se encontraban—, voy a separarme de ti un momento para que te levantes sólo un poco más hacia arriba, de modo que me hagas espacio para ponerme… ya sabes, entre tus piernas.
Lana asintió y esperó a que Lincoln se levantara antes de arrastrarse de espaldas hacia una posición en la que pudieran continuar ambos en la cama cómodamente para realizar lo que ocurriría a continuación. Su hermano se inclinó hacia ella acercando más su rostro hacia su entrepierna, pensando cuando con curiosidad la había visto de cerca algunas veces cuando niños, pareciéndole la zona tan extraña como la de Lola, Lisa o Lucy, incluso la de Lynn, ahora mirándola con otra perspectiva, pareciéndole muy lindo su "conejito". Aunque tenía curiosidad por realizarle a ella su equivalente de lo que le hizo, tarde temió por el olor o sabor que tendría, sin embargo, aunque detectaba ligeramente un aroma apenas un poco desagradable, casi no era tan perceptible a como se imaginó.
—¿No te da asco? —Lana por primera vez sintiéndose avergonzada le preguntó—. Procuré lavármelo en la tarde lo mejor que pude cuando me bañé.
—No, para nada. De hecho, estaba pensando en lo bien que se ve.
—Bueno… espero que no te sepa mal.
Lincoln también lo esperaba, por lo que con cierto temor se acercó todavía más abriendo la boca y sacando la lengua hasta que la punta de esta tocó justamente el extremo de los labios externos. En un inicio no sintió nada relevante o del otro mundo como imaginó sería el primer contacto, sin embargo, cuando recorrió la punta de la lengua a lo largo de la rajita, notó que buena parte de la humedad en el contacto no provenía de su boca. El sabor no era amargo o desagradable, sino extrañamente dulce. Apenas se desapartó de ella durante un par de segundos para contestarle antes de proseguir su labor.
—Tienes un sabor magnífico.
Mientras tenía enterrado el rostro justamente entre las piernas de Lana, con sus manos Lincoln había mantenido estas abiertas colocándolas sobre sus muslos, cuando poco a poco al mismo tiempo que se las acariciaba, las acercó cada vez más al sitio donde realizaba felizmente su labor moviendo la lengua de arriba hacia abajo, a momentos punteándola por en medio, como si tratase de penetrarla oralmente provocándole la risa por momentos, para poco a poco con sus dedos, procurando ser delicado, entreabrir un poco su abertura consiguiendo exponerla más.
—¿Qué tal luce? —Lana le preguntó curiosa al entender lo que hizo—. ¿Puedes verme por dentro?
—Sólo un poco—. O al menos lo que le interesaba, eso lo pensó al notar el pequeño botoncito rojizo por encima de sus rozados labios internos que también consiguió ver.
—Ya me dirás cómo es que sientes esto.
Lana enseguida fuertemente abrazó el cuello de Lincoln con sus piernas aplicando cierta presión. Lincoln temió por su vida, pues no esperaba esa reacción tan repentina tras pegar su boca entera para cubrir la femineidad de su novia en su totalidad, aplicando un poco de succión justamente sobre su clítoris. Apenas y le había tomado sabor cuando lo tocó moviéndolo del mismo modo en que lo haría con la palanca de su control de juegos usando su lengua, cuando ella reaccionó de esa manera.
En un intento por tomar aire, Lincoln aspiró profundo embriagándose con la esencia de su hermana, un aroma que enturbió sus sentidos produciéndole una excitación mayor a la que de por sí sentía, pero el dolor prevalecía incluso en esas circunstancias, por lo que con sus manos sujetando las piernas de Lola, consiguió desasirlas de su cuello pudiendo separarse de ella finalmente.
—¡Cielos, Lana! ¡Ten más cuidado! Eso… ¿dolió?
Se olvidó de sí mismo cuando la notó lagrimear con expresión consternada. Lana se había llevado una almohada para cubrir su boca, pero Lincoln se alarmó cuando notó el miedo en sus ojos.
—Lo… lo siento, Lana. ¿Te lastimé?
Ella negó con un gesto, pero pegó sus pies contra ella y Lincoln tragó saliva pensando que lo había arruinado, sucediendo lo que tanto había temido asustándola.
—Li… Lincoln, eso, eso fue… extraño. Se sintió tan… tan bien, pero… no lo sé. Me asustaste. Nunca había sentido algo así. Fue lo mejor que he sentido en mi vida, tanto que… me asustó mucho.
Lincoln asintió avergonzado de sí mismo.
—A esto era precisamente a lo que antes me refería, Lana. Eres muy joven todavía, por lo que aún no estas preparada para ciertas… cosas que quizás con el tiempo lo estes. Creo… creo que lo mejor es que me vaya a mi habitación y le diga a Lola…
—¿Vas a irte sólo así?
Ella lo miró con súplica dejando a un lado la almohada y Lincoln se sintió como un patán por sólo intentar irse tras lo que le hizo, importándole poco que todo lo sucedido ella lo empezara. Suspirando con resignación, Lincoln se acomodó a un lado de la cama junto a su hermana recostándose un tanto pegado a ella.
—Supongo que puedo pasar la noche aquí y dormir contigo solamente, ¿está bien?
La jovencita pegó su cabeza contra el pecho de su hermano, entonces Lincoln le hizo unas caricias en su cabello. Lana interrumpió la acción para tomar la cobija que a empujones había dejado de lado para con ella cubrirse a sí misma y también a su novio, el cual miró como su ropa antes sobre la cama, junto al camisón de Lana, caía al suelo.
—¿No quieres que nos vistamos antes de acostarnos?
—¿Para qué? No tiene nada de malo que nos quedemos así.
Una vez más se pegó contra él y Lincoln comprendió que su excitación estaba lejos de abandonarlo sintiendo el calor del cuerpo desnudo de Lana junto al suyo produciéndole un gran y agradable sosiego. Los senos de Lana se frotaban contra su abdomen, así como su erección recorría las suaves piernas de la preadolescente.
—Será complicado que podamos dormir de esta manera, Lana.
—Pero me gusta mucho sentirte contra mí.
—A mí también. —Con el corazón le respondió.
Poniendo un brazo sobre Lana, Lincoln cerró los ojos recordando que afortunadamente le había puesto el seguro a su puerta, esperando que Lola hubiese hecho lo mismo para evitar incidentes complicados de explicar. Estiró una mano hacia la cómoda junto a la cama y apagó la lámpara.
Cerró los ojos e intentó conciliar el sueño, ignorando el movimiento de las piernas de Lana, las cuales frotaban su miembro accidentalmente en un suave vaivén que estaba disfrutando, sin embargo, cuando con ambas piernas por encima de las rodillas se lo aprisionaron suavemente para no lastimarlo, comprendió que no había ningún accidente en dichos movimientos.
—Ah… Lana, ¿qué estás haciendo? —Le susurró.
—Comprobando algo. —Del mismo modo le respondió bajando la voz.
—¿Qué cosa?
—Que ya no soy la niña que crees y que estoy preparada para mucho más de lo que piensas.
La siguiente pregunta murió en la boca de Lincoln, de pronto Lana estaba encima de él sentada en su cintura, chocando directamente su entrepierna contra la suya de nuevo, sin embargo, Lincoln en esta ocasión se estremeció por completo al sentir por encima de su pene el pliegue por en medio de la vagina de Lana, sumado a ello una curiosa humedad.
Quería decirle que se detuviera, quería que el cuerpo le respondiera con el sentido común para tomar a su hermanita de doce años, cargarla, dejarla en la cama de Lola y marcharse inmediatamente, pero no podía, estaba paralizado ante los movimientos de adelante hacia atrás continuos con los que Lana se movía disparando una serie de sensaciones placenteras directamente a su miembro, al principio llevando un ritmo lento que poco a poco fue acelerando.
A pesar de tener la boca firmemente cerrada, los gemidos no se hicieron esperar, pero no de él, sino por parte de Lana, suaves y discretos al inicio, de pronto algo escandalosos por lo que ella misma se llevó una mano a la boca para tratar de contenerlos, fue en ese punto cuando Lincoln dejó de aguantárselos y comenzó a gemir respirando de manera entrecortada sintiendo un cosquilleo eléctrico ya no sólo en su masculinidad, sino en todo su cuerpo.
Lana mantenía el ritmo y el equilibrio apoyando su mano libre contra el pecho de Lincoln inclinándose un poco hacia él, y Lincoln no tardó en apoyar las palmas de sus manos sobre los pequeños pechos de Lana acariciándolos, pellizcándole con cuidados los senos disfrutando de la suavidad y firmeza de sus pequeñas colinas, acrecentando con esto la excitación de la jovencita.
Tras unos cortos minutos que se le antojaron apenas como segundos, de pronto el chico exclamó al sentir que estaba por llegar a su límite.
—¡Ya… ya no aguanto, Lana!
Repentinamente ella se detuvo abruptamente justo cuando sus movimientos se habían hecho mucho más rápidos, entonces la humedad que antes Lincoln sintió se hizo más pronunciada recorriendo tanto su miembro como su vientre. Lana una vez más comenzó a temblar, pero no parecía ser de miedo en esta ocasión. Tiritaba con ansiedad y parecía haber perdido la voz. Respiraba de forma apresurada y Lincoln comprendió con sorpresa que antes que él, ella había conseguido un orgasmo.
—Fue… increíble —gimió sintiéndose agotada—. Debemos… debemos repetirlo otra vez algún día.
Se dejó caer sobre el cuerpo de Lincoln quien gimió sintiéndose un tanto frustrado, pues él no estaba todavía satisfecho.
—¿No te gustaría intentarlo otra vez… en este momento?
—Ya no tengo fuerzas, Linky.
—Pero… ¿si yo me encargo esta vez de todo?
—¿Cómo?
Incapaz de pensar con claridad, ansioso porque esta vez sería él quien terminara lo que su hermana comenzó, rodó sobre sí haciendo que Lana cayera sobre la cama, de modo que fue él quien quedó encima de ella, sólo hasta erguirse para posicionarse de rodillas frente a ella dejándola con las piernas abiertas, la cual aún con dificultades para pensar con claridad miraba confundida la silueta de su hermano acercársele, tomándola por las piernas atrayendo su cuerpo al de él, sintiendo de pronto la punta de… ¿un dedo? ¡No! Eso no era un dedo. Algo nerviosa le preguntó a Lincoln esperando equivocarse.
—Linky, ¿qué es lo que estás haciendo?
—Intento hacerte el amor, ¿no es eso lo que querías?
Emoción y miedo a partes iguales la embargaron. Había resultado maravilloso el primer encuentro, pero no estaba muy segura si pudiese resistir tan pronto el segundo, sin embargo, su hermano le dijo que sería él quien se encargaría esta vez. La idea le parecía extraña, muy audaz de su parte, lo que le daba cierta emoción sin perder por ello el nerviosismo.
—¿Me dolerá?
—Seré lo más cuidadoso para que eso no suceda mucho.
Ella tragó saliva. No estaba segura de qué más quería preguntarle, cuando sintió un cuerpo extraño tratar de ingresar en su interior, algo suave, pero muy duro, redondeado. Le sorprendía la facilidad con que se estaba deslizando un poco, cuando cayó en cuenta que la humedad que soltó podría estar facilitando el acceso, aunque de pronto gimió de dolor cuando sintió que pesar de ello, aquél cuerpo trataba de ingresar en su interior todavía más profundo a pesar de que por dentro el espacio que tenía no era tan ancho como para albergar a aquella cosa.
—¡Uff! Me… me está doliendo un poquito.
—Tranquila, confía en mí. Eso es normal al inicio, después… déjame intentarlo, si te sigue doliendo me detendré. ¿Está bien?
En respuesta, ella alzó sus brazos para buscar y tocar el rostro de su hermano.
—Te amo, Lincoln.
Y entonces Lincoln tomó consciencia de lo que estaba haciendo, motivado principalmente por un deseo egoísta producido por la excitación que sentía en el momento.
La cabeza de su miembro estaba justamente ya en la entrada de la flor de su hermanita, justo topando con la débil membrana que la categorizaba todavía como la pequeña señorita que era, pero intuyendo que Lincoln estaba a punto de dar marcha atrás en la decisión que finalmente había tomado esa noche, Lana abrazando su cadera con ambas piernas, tras tomar aire y retenerlo, de un rápido movimiento provocó intencionalmente que él se cayera encima de ella.
Lincoln tomado por sorpresa sintió un ligero dolor por la brusquedad del momento, pero ni de lejos la mitad del que sintió Lana dada la expresión que hizo, llevándose ambas manos a la boca para evitar gritar, aunque nada puedo hacer por las lágrimas que derramó y a pesar de la oscuridad, Lincoln pudo notar.
—¡Lana, espera un momento!
Había sido innecesario pedírselo, no es como si de pronto ella comenzara a moverse febrilmente como en todas aquellas películas que había visto a escondidas de su familia, hambrienta por un estímulo carnal, sino que al contrario, desde el instante en que la misma Lana puso fin a su virginidad, se había quedado estática abrazándolo, con las piernas temblando al igual que su mandíbula al tratar de hablar.
—No… no es como… como en las películas.
Podría regañarla, Lincoln pensó. Regañarla y sentirse como el rey de los hipócritas. Tal vez Lana había obtenido lo que ella misma buscó, pero algo en lo que más que participe, él la ayudó a conseguir pensando en su propia satisfacción. Sin moverse de su interior, frotó su espalda apoyando el mentón sobre su hombro.
—No. Es muy distinto. Traté de advertirte y… de cualquier manera a último momento no me importó y también lo propicié de todos modos.
Ella le acarició el cabello igualmente comprensiva, a pesar de estar soltando algunos gemidos de dolor.
—No me arrepiento de nada. Sé que tú y yo estaremos por siempre juntos, y aún si pasara algo que no dejara que eso llegara a suceder, nunca dejaré de sentirme satisfecha a que tú hayas sido el primero.
Lincoln la estrechó con más fuerza entre sus brazos, concentrándose todo lo posible en la placentera y ligeramente dolorosa sensación cálida del estrecho interior de su hermana. Podría apreciar un palpitar continuo, no estaba seguro si provenía del interior de su miembro buscando espacio, o alrededor de este resintiendo la intrusión.
Pasados unos pocos minutos que parecieron horas, Lana le murmuró al oído.
—Ya no tengo fuerzas para moverme. Puedes hacerlo tú si quieres. Ya no me duele tanto. Creo que podré soportarlo.
Aunque inseguro, Lincoln comenzó a hacerlo poco a poco, sujetando a Lana por sus redondos y amplios glúteos, alzándola y bajándola a un ritmo muy lento para tantear el terreno. Lana gimió y para contenerse, esta vez le mordió un hombro con fuerza. Lincoln soportó el dolor y mantuvo el mismo ritmo por espacio de un par de minutos más, hasta que ya no dio más de sí, superado no tanto por el orgasmo que consiguió contener, sino también por el cansancio que suponía la primera vez.
Lentamente alzó a Lana y esta chistó adolorida al sentir como finalmente su desflorada feminidad era liberada de la intrusión de la masculinidad de Lincoln produciéndole una desconcertante sensación de espacio vacío dentro de ella misma.
—¿Terminaste?
—No dentro de ti, descuida —le respondió con los dientes apretados sintiendo que todo lo estaba dejando salir debajo de ella, sobre la cama—. Vamos… vamos a tener que cambiar las sábanas.
—Es una suerte que mamá no sea quien lava la ropa. Pensaría que estuve menstruando si le hubiese tocado ver… ya sabes.
Sonrojado, Lincoln se tomó la libertad de bajar una mano y con sus dedos tocar ligeramente la entrepierna de Lana, la cual chistó por la pequeña punzada de dolor que le provocó. No necesitó de la luz para saber cuando se acercó la sustancia para reconocerla, que se trataba de sangre mezclada con otros fluidos por el aroma que le llegó. Tarde comprendió que esa misma mezcla de sustancias se encontraban en su miembro, además de las suyas en la cama.
—¡Rayos! De ningún modo nadie se creería que esto es parte de tu ciclo.
Aunque había hecho un espacio entre ambos, Lana seguía técnicamente sentada encima de Lincoln sujetándolo con sus manos por la espalda. Se mostró algo insegura ante sus palabras.
—¿Quieres decir que descubrirán… lo que hicimos? ¿A quién le toca lavar esta semana?
Aún si Leni viviera en casa y fuese su turno, Lincoln dudaba que incluso ella se creyese alguna artimaña suya para justificar aquello.
—No importa a quien le toque. Ya tengo un plan.
Con simpatía ella le dio un beso rápido en los labios riéndose conmovida.
—De seguro que tienes uno, mi hombre del plan.
Lincoln le devolvió el beso haciéndolo más prolongado y apasionado por espacio de un par de minutos, mientras que sus manos acariciaban su espalda y su cabello continuamente, aún maravillado por lo que acababa de suceder entre Lana y él.
Desconcertado, tuvo una regresión. Lana acababa de cumplir junto a Lola tres años. Expectante, él le obsequió una rana de peluche que compró con sus domingos, y ella feliz ante la vista de todos, en un despliegue de afecto poco usual en ella incluso en ese entonces, se puso a darle besitos en la cara al niño de ocho años. El chico de diecisiete se separó de la adolescente de doce preguntándose qué rayos había sido eso.
—Vamos. Hay que asearnos un poco y encargarnos de todo desde ya para no dejar evidencias.
Con dificultad ella se puso de pie usándolo para apoyarse. Gimió incómoda y Lincoln entendió que debía de sentirse muy adolorida.
—¿Te encuentras bien? Si quieres sólo vístete y yo me encargo del resto. Siéntate un momento.
—No. Estoy bien, Lincoln. Te puedo ayudar. Además, aunque quisiera, no creo que pueda sentarme en estos momentos.
Aunque lo dijo divertida, Lincoln resintió con culpa sus palabras. Se preguntó qué pasaría en la mañana si Lana se comportaba de un modo extraño, quizá quejándose cuando se sentara en el comedor con el resto para desayunar.
Para ver mejor, Lana encendió la luz. Se asustó cuando vio un hilo de sangre corriendo por su pierna desde su flor ensangrentada y evidentemente irritada, con sus pliegues vaginales expuestos y un aspecto desordenado.
—¡Ay, Dios! ¿Ya viste esto?
La visión horrorizó a Lincoln, más por saberse responsable. Miró su pene. Lo sentía irritado y por supuesto había sangre en él, la sangre de Lana.
—¿Tienes papel higiénico aquí? —Le preguntó Lincoln, incómodo ante la idea, por tarde que fuese, de salir en esas fachas corriendo al baño por uno.
—Claro. Tengo un paquete para limpiar, ya sabes, lo que dejan por ahí a veces mis mascotas.
Mientras Lana con dificultad se inclinaba para rebuscar en el cajón de la cómoda bajo la lámpara, Lincoln dirigió su mirada hacia las jaulas donde los amigos escamosos de su hermana, atentos contemplaban la escena. Al joven le dio la impresión que las miradas de esos seres se dirigían directamente a él con los ojos más abiertos de lo normal, juzgándolo por sus pecados. De pronto Lincoln recordó las lecciones de Lana acerca que algunos reptiles son capaces de ver en la oscuridad, a veces sólo el calor térmico y ambos por supuesto habían mantenido la temperatura de sus cuerpos a tope instantes atrás. Tragó saliva ante los mudos testigos de sus actos. Eso sería algo que no podía solucionar y tendría que vivir con que los amigos de Lana se llevarían sus secretos a la tumba.
—Aquí tienes —Lana cojeando un poco se volvió hacia él para darle el rollo de papel—. Límpiate bien.
Pero Lincoln tras desenrollar una buena cantidad, se inclinó frente a Lana para comenzar a limpiarle su zona siendo lo más cuidadoso posible, lo que la hizo sonrojar y enternecer por su disponibilidad y atenciones con ella.
—Gracias, Linky. Pero puedo asearme yo misma. No tienes que hacer esto como cuando era una bebé.
Y el recuerdo que ante la falta de un adulto cerca y tras haber visto como se hacía muchas veces, un Lincoln de casi seis años acudió al rescate de su hermana tras escucharla llorar por haber ensuciado su pañal para intentar cambiárselo, limpiando con cuidado la ¿se llamaba vagina? de su hermanita de adelante hacia atrás cuidadosamente con toallitas húmedas para no irritarla y no provocarle una infección. Era una hendidura pequeña, diminuta, extraña, pero bonita.
De regreso al presente, Lincoln se sacudió de la cabeza aquel recuerdo que en otro momento sería algo lindo, pero en esas circunstancias lo incomodaba de sobre manera. Sentía que había roto la pureza de su hermana de forma irremediable, incluso aunque se recuperara, no sería nunca igual.
—¿Tienes toallitas húmedas? —le preguntó lamentando que la idea viniese de un recuerdo infantil—. Tal vez ayuden con la irritación.
—Lola tiene. Espera, sé dónde las guarda.
Una vez que ella sacó un paquetito de uno de los cajones al otro lado de la habitación, Lincoln tras terminar de ayudarla a asearse, comenzó a ocuparse de sí mismo, mientras su hermana se vestía haciendo un gemido de incomodidad tras cubrirse con una pantaleta.
—Creo que le pediré a Lola una crema o algo para ponerme ahí. —Le compartió mientras volvía deslizarse el camisón por encima de su cabeza.
—¿Vas a contarle a Lola lo que hicimos? —Le preguntó mientras terminaba de limpiarse su miembro con el papel y las toallitas húmedas. Vaya que le ardía.
—Estoy segura que ella ya sabía lo que íbamos a hacer. No le daré los detalles, si eso te preocupa.
Lincoln asintió. No le gustaba la idea que Lola estuviese al tanto de todo lo que hacían, pero hasta ahora había resultado ser una buena confidente, aunque sentía que le estaban dando demasiado poder sobre ambos.
—Bien, ya está. ¿Puedo tomar este costal?
Lana asintió preguntándose por qué Lincoln querría un costal casi vacío de la tierra y abono que usaba para surtir los terrarios de sus mascotas, cuando en él tiró los papeles con los que tanto él como ella usaron para limpiarse. Encontró pronto la lógica ahí, pero no cuando en este tiró la funda y la sábana de la cama tras darles un vistazo y ver en ambas la mezcla de fluidos que dejaron.
—¡Oye! ¡Eso pudimos lavarlo!
—La sangre no se quita, al menos no fácilmente y en un descuido quizás llamaríamos la atención al intentarlo. Lo mejor es deshacernos de esto y mañana te compraré una funda y una sábana nueva para reemplazar estas, mientras tanto pondremos unas limpias y así, para el resto de la familia, aquí no pasó nada —luego se dirigió hacia la ventana que abrió totalmente—. Vaya que hace frío. Será mejor que durmamos bien cobijados. Es necesario que dejemos esto bien ventilado para que todo aroma "particular" salga. La ventaja es que los terrarios y los perfumes de Lola ya se encargan en parte de cubrirnos.
Ya vestido con su ropa de dormir, Lincoln salió para buscar una sábana y una funda nueva con discreción procurando no despertar a nadie o que se diesen cuenta de lo que hacía, mientras tanto Lana anudaba el saco, impresionada por la manera en que Lincoln se encargó de solucionar todo. Sintió que muy a futuro podrían ser algo así, aunque no se casaran, como un matrimonio multiusos.
Cuando Lincoln regresó, juntos arreglaron la cama y juntos volvieron a compartirla cubriéndose con dos cobijas. El costal arrumbado en una esquina se iría a primera hora de la mañana a la basura, sin que nadie quisiera husmear en él por ser sólo tierra sobrante mezclada con algo de abono.
—Gracias por todo, Lincoln —ella lo abrazó al recostarse para dormir a su lado—. Nunca olvidaré lo que hicimos y de verdad te juro que nunca me arrepentiré de nada.
Lincoln le correspondió el gesto estrechándola contra sí.
—Lo mismo digo. Gracias a ti, Lana.
Y de ese modo juntos, pasados unos minutos cayeron agotados por las agitadas actividades que realizaron. Antes de que el sueño lo venciera, Lincoln le murmuró por último con angustia a su hermana, aquella niña cuyo nacimiento lo emocionó a los cinco años, y que ahora, doce años después, sentía la había marcado como su mujer.
—Perdóname…
