Meses después, Fred estaba presenciando el inicio de una posible guerra mágica.

—¡Por supuesto que no! ¡Ni se les ocurra!

—¡Pero es una excelente idea! —exclamó George a Hermione —. ¡Dijiste que creías en nosotros!

—¡Lo que creo es que nos terminarán matando!

Al mismo tiempo, Fred no podía evitar preguntarse como había terminado en esta situación.

Se encontraba en uno de los tantos salones desocupados que había en Hogwarts, aquellos que utilizaban para experimentar con proyectos como ya era usual.

Al frente suyo estaba Hermione y George a punto de lanzarse un maleficio, golpearse, jalarse los pelos, apuñalarse, matarse o tal vez todas esas cosas juntas. No lo sabía y tampoco le interesaba saberlo. Los dos tenían una cara de perros y lo mejor era no acercarse. Él estaba más cómodo ahí, simplemente viendo desde la distancia. A salvo.

Aunque era divertido pensar en como habían cambiado las cosas en tan sólo unos meses. Antes Hermione apenas se limitaba a dar sugerencias, y ahora…

—¡Es sólo un experimento! —exclamó nuevamente George —. ¡Tenemos que intentarlo!

—¿¡Acaso se te olvidó la última vez que experimentaron con las piedras estelares!? —respondió Hermione perdiendo la paciencia.

Fred sí que se acordaba, aunque no se atrevió a decir nada. George, mientras tanto, parecía algo desconcertado.

—Ammm…

—¡Vi todo de color rosado por un mes! ¡Un mes! —exclamó Hermione acercándosele —. ¡Esas cosas alteran los sentidos de forma peligrosa! ¿¡Saben lo que es vivir sin poder ver ningún color!?

Fred sonrió, recordando la situación. Durante un mes tuvo que ayudar a Hermione a combinar las bufandas con sus respectivos gorros porque ella simplemente no podía distinguirlos. Había sido divertido, al menos para él.

Aunque pensándolo mejor, podía ver que Hermione tenía algo de razón. Tal vez lo mejor era buscar otra alternativa y ya. George también tendría que haberse dado cuenta de lo mismo, ¿verdad?

¿Verdad?

—Eeehh… Se podría decir que el mundo era color de rosas para ti y Fred, ¿no? —comentó George, haciendo todo lo contrario de lo que se suponía haría alguien coherente.

La simple mirada que Hermione le dio a George fue más que suficiente para saber que su vida corría riesgo.

—¿Qué dijiste? —dijo ella, parecía a punto de matarlo.

—¡Aaaahhh! ¡Fred dile algo!

Algo —fue lo único que él se atrevió a decir.

George rodó los ojos.

—Woao, gracias por tu ayuda. Cuidado y no me muero con semejante apoyo.

—¿Saben? —interrumpió Fred finalmente interviniendo en todo este asunto —. Entre tantas cosas que podríamos hacer un sábado jamás me imaginé esto. Pensaba… No sé… ¿Divertirme? ¿Tal vez comer algo?

Tanto George como Hermione le miraban sin ningún tipo de expresión, lo cual Fred tomó como señal para seguir hablando. Al menos ya no se estaban gritando ni tenían intención de ahorcarse.

—George, creo que Hermione tiene razón. Tal vez podríamos buscar otro tipo de material, uno que no nos quitará uno de nuestros cinco sentidos. La última vez que las usamos no pude escuchar nada por una semana.

—Pero-

—Y Hermione… —La mirada de Fred se suavizó significativamente al verla, muchísimo —. Creo que vale la pena por lo menos estudiar esas piedras. Por lo que George leyó nos pueden servir para futuros proyectos. Tal vez haya una alternativa. Deberíamos intentarlo, al menos una vez más.

Hermione apartó la mirada, no muy convencida con la idea. Aunque lucía mucho más tranquila ahora que Fred era el que hablaba.

—No deberían. Puede ser peligroso…

—Estaremos bien… —dijo Fred acercándose lo suficiente para tomar su mano —. Siempre estamos bien, ¿no?

Y entonces, Fred se le quedó viendo con aquella mirada amable que siempre usaba cuando no estaba segura. Aquella mirada que significaba: confía en mí. Lo único que tienes que hacer es confiar en mí.

Demonios, Hermione a veces realmente lo odiaba.

—¿Por favor? —insistió nuevamente Fred al ver que ella no respondía. Esta vez con una pequeña sonrisa.

Hermione no tuvo de otra que desistir.

—Vale, vale. Me rindo. Geesh —respondió ella de mala gana —. De todos modos, déjame buscar mejores métodos para manejarlas. Quiero reducir los riesgos lo máximo posible.

—No esperaría menos de ti —comentó Fred sonriendo aún más.

—¡Eso Fred! ¡Doma a la bestia! —exclamó George, arruinando por completo el momento.

Hermione rodó los ojos, sin prestarle la más mínima atención. George tenía una particular fascinación por molestarla cada vez que interactuaba con Fred, se podría decir que era su nuevo hobby.

—De todos modos —continuó ella cambiando el tema —, ¿por qué están tan obsesionados con esas piedras? No les veo el punto, son muy complicadas de manejar.

—Esas piedras por sí solas han sido de nuestros productos más populares, son muy llamativas a la vista. Ahora imagínate las cosas que creamos a partir de ellas —respondió George —. Las chicas de tercero no dejan de pedirlas.

—Antes no les había importado tanto.

—Sí, bueno, antes no teníamos la incesante presión de tener que hacer el doble de dinero en mucho menos tiempo —explicó George.

Hermione le miró sin comprender.

—¿Uh?

—¿Recuerdas a Ludo Bagman? —comentó Fred al ver que Hermione no entendía nada —. Sigue sin dar señales de vida.

La joven parpadeó varias veces, procesando lo que acababa de escuchar.

Sabía muy bien sobre el asunto de Ludo Bagman, Fred se lo había contado hacía unos meses atrás. Fred y George habían apostado todos sus ahorros (algo que ella consideraba completamente estúpido) a que Irlanda ganaría la Copa de Quidditch pero que Krum atraparía la snitch.

Al final, los gemelos habían terminado ganando la apuesta. Pero por lo que Fred había contado, el hombre no daba señales de vida. No respondía sus cartas y parecía estarlos evitando, cosa que ella no podía creer. Se suponía que Ludo Bagman era un respetable trabajador dentro del Ministerio, ¿no?

¿No?

De todos modos, la última vez que Fred le había mencionado el tema fue hacía meses, hasta ese entonces Hermione seguía creyendo que era un simple malentendido, pero si ya era junio y nada había cambiado…

—¡Pero incluso ha venido dos veces al castillo por el torneo de los tres magos! —exclamó Hermione indignada —. Eso no tiene sentido.

—Eso es lo que pensamos también —respondió George —. Pero ahora estamos seguros de que simplemente nos está evitando.

—Les dije que apostar era una terrible idea… —empezó a replicar Hermione.

—De todos modos —comentó Fred interrumpiéndola —. Ya no hay nada que se pueda hacer. Y todo esto sólo puede significar problemas.

George asintió, al mismo tiempo que Hermione se les quedaba viendo.

Era la primera vez que veía una expresión tan seria en ambos, no era para nada usual. En sus ojos se podía notar el peso de lidiar con todo este asunto durante meses, lucían cansados y preocupados. Por no decir decepcionados.

Hermione se sintió avergonzada consigo misma, ¿cómo no se había dado cuenta de esto antes?

—Se suponía que queríamos abrir nuestra tienda lo antes posible y ser libres de esta escuela y ahora… —murmuró George.

—Hay que empezar de nuevo otra vez —dijo Fred soltando un suspiro.

—Mamá de seguro debe estar feliz. Prácticamente un sueño hecho realidad para ella, ¿no?

—No le podemos dar el gusto —respondió Fred con determinación —. Si toca trabajar el doble, se trabajará el doble. Pero no podemos rendirnos ahora, ni siquiera por esto.

Hermione se quedó en silencio, sin saber muy bien qué decir.

Todo este tiempo había pensado que lo de Ludo Bagman era un simple malentendido. Fred apenas y lo había mencionado, así que lo había olvidado con facilidad. Había sido muy feliz estos últimos meses creando y pasando el tiempo con Fred y George, sin preocuparse por nada más que escribir y disfrutar de su relación.

Había sido interesante, emocionante y diferente; probablemente el mejor año que había tenido en su vida.

Pero ahora todo se acercaba a su fin, y lo que para ella habían sido unos meses divertidos ayudando a sus amigos y su novio, para ellos era el trabajo de su vida.

Así que… ¿Qué iba a pasar ahora entonces?

—No lo había pensado… —murmuró ella más para sí misma que otra cosa, Fred y George no parecieron escucharla.

Desde siempre Fred y George habían estado determinados en abrir su tienda lo antes posible, se habían pasado todo el año creando inventario y multiplicando sus ventas con esa simple meta. Ni siquiera la estafa de Ludo Bagman sería suficiente para hacerlos desistir.

Ni siquiera queremos estar aquí… —había dicho George hacía mucho tiempo ya.

¡Pero yo sí quiero que estén aquí! —le había respondido Hermione.

Esas palabras... Creía haberlas olvidado.

Todo había ocurrido cuando los gemelos causaron un accidente de gas tóxico en venganza contra Snape y la señora Weasley les había enviado una vociferadora regañándolos con severidad. No era un suceso bonito de recordar.

Así que… Si Fred y George estaban tan determinados a abrir su tienda y odiaban tanto estudiar, ¿eso significaría que no volverían para cursar su séptimo año?

Tal vez fuera posible, tal vez no. La simple idea la ponía algo nerviosa a decir verdad. No habían hablado de ello hasta ahora.

Empezar de cero su negocio implicaría un retraso, pero conocía a los gemelos y si algo era seguro es que ellos jamás se rendirían. Y por mucho que quisiera estar con Fred siempre, tampoco quería que se retrasara por su culpa.

Lo que más quería era que ambos lograran su sueño, sin importar qué. Si no lograban hacerlo por todo este asunto y tenían que quedarse obligados en Hogwarts…

Hermione sacudió la cabeza, apartando esos pensamientos. Nuevamente estaba imaginándose todo tipo de cosas sin sentido, realmente tenía que dejar de hacer eso.

—Puedo escuchar tu mente desde aquí —comentó Fred haciéndola regresar a la realidad —. ¿Qué estás pensando?

—Nada.

—Mentirosa. Se te nota en la cara. Habla.

—¿Desde cuándo tú eres el de los interrogatorios, eh? —replicó Hermione, molesta por su insistencia —. Usualmente ese es el papel de George, no el tuyo.

Uuuhhh, miren como habla —comentó George metiéndose a la conversación —. ¿Saben? A veces extraño a la Hermione de antes, la que apenas me respondía. ¿Qué paso con ella?

—La lancé a un pozo —respondió Hermione tajantemente.

—¡Salvaje! —exclamó George con horror.

Fred rodó los ojos.

—Hermione, te adoro pero, ¿podrías dejar de atormentar a mi gemelo al menos por dos minutos? Míralo, está todo desequilibrado.

—¿No lo ha estado siempre?

—¡Oye! —exclamó George indignado.

Esta vez a Hermione se le escapó una risa, olvidando por un momento que había estado preocupada en primer lugar. En el fondo disfrutaba mucho de molestar a George.

Tal vez luego tendrían tiempo para pensar todo este asunto, pero por ahora lo mejor era simplemente ir al Gran Comedor, se les había hecho tarde ya.

Con un poco de suerte, el tiempo le daría algo de claridad a las cosas.

—Vale, vale. Podemos dejar esto para después entonces —comentó ella cambiando el tema —. Ya casi es la hora de la cena y tengo hambre. ¿Nos vamos mejor?

Todos asintieron de acuerdo, y sin decir más, empezaron a recoger todo para irse. Había sido un día largo y sin mucho progreso. Lo mejor sería cambiar el panorama.

No obstante, y para su desgracia, la mente de Hermione no parecía darle un respiro, y antes de que se diera cuenta empezó a hacer lo que más odiaba:

Divagar, divagar y divagar...

Hermione pensó que seriamente un día de estos tendría que arrancarse el cerebro, pero por ahora no podía evitarlo.

No podía dejar de pensar en los gemelos, en el futuro, y sobre todo: en ella misma y en lo que demonios fuera lo que estuviera haciendo.

Este año se había dedicado a volver a hacer aquello que más amaba: escribir. Su bloqueo había desaparecido y cada vez se le hacía más fácil crear palabras.

Era extraño retomar algo después de tantos años de no hacerlo; pero finalmente le había tomado el hilo. Lo cual era excelente, ¿pero ahora qué? ¿Qué más tenía que hacer? Volver a escribir no era suficiente. Se suponía que quería ser escritora. Tenía que hacer más, más y más, aunque no sabía exactamente qué.

De un momento a otro la realidad la había golpeado y sentía que sus pasos eran mucho más cortos e indecisos.

¿Cómo se llegaba hasta allá? ¿Cómo los podría alcanzar? Apenas lo estaba descubriendo y… y...

Sólo esperaba no quedarse atrás.

—No deberías pensar tanto —comentó Fred acercándose a ella.

—¿Uh?

El joven no mencionó nada, simplemente se le quedó viendo con cuidado en silencio; como si pudiera leer sus pensamientos. A Hermione no le gustaba eso, prefería mil veces que le hablara, que le dijera lo que pensaba…

Que la mirara de esa forma sólo la hacía sentir más vulnerable. Después de todo, Fred casi siempre podía saber lo que estaba pensando.

—No deberías hacerlo —dijo Fred en voz baja, aprovechando para pasarle una mano por su cabello —, nunca te ha hecho bien…

Nunca te ha hecho bien pensar tanto…

Hermione apartó la mirada, sintiéndose algo frustrada consigo misma. Después de tantos meses no podía creer que siguiera siendo tan obvia.

—¿Cómo sabes que estoy pensando? —preguntó ella.

Por favor, puedo escuchar tu mente dando vueltas desde aquí. ¿Sabes? A veces me gustaría que usaras tu imaginación para escribir más, en lugar de crearte los escenarios más catastróficos posibles.

—Eso es fácil para ti decirlo —dijo Hermione frunciendo el ceño —. Cada vez que te pones nervioso terminas haciendo un truco de magia increíble, ¡y hasta lo vendes al mayor!

Fred no pareció prestarle la más mínima atención a esto y en su lugar tomó la mano de la joven, acariciando con cuidado sus nudillos.

A primera vista era un gesto tan pequeño, pero tan tan valioso que…

—¿Por favor? —volvió a insistir él.

Hermione maldijo nuevamente a Fred y a su amabilidad, y a su encantadora sonrisa, y a sus atentas palabras que siempre la reconfortaban y la hacían reflexionar sobre todo lo que hacía.

Casi seis meses después y aún seguía cayendo por estas cosas. Parecía alguna especie de hechizo, no era justo.

Aunque… En cierta forma funcionaba.

Justo ahora se sentía mucho más tranquila, los miles de pensamientos que habían surgido de su cabeza habían desaparecido, su mente estaba en blanco.

Sí, realmente Fred tenía razón. Realmente debía dejar de pensar tanto.

—Vale —dijo Hermione —, ¿pero y si acepto qué gano yo a cambio?

—¿Así que ahora quieres negociar? —respondió Fred. Sus ojos parecían brillar con entusiasmo ante el cambio de actitud de la joven —. Muy bien, ¿qué es lo que deseas, señorita Granger?

Ella sonrió, acercándose poco a poco más a él.

—No es mucho, algo sencillo. Lo mismo que siempre haces cuando estás nervioso —dijo ella a unos pocos centímetros de su rostro, y entonces lentamente susurró —: Quiero ver un truco de magia.

—¡Ay no! ¡Ahora para colmo se van a besar frente de mí!

Aquellas palabras fueron más que suficiente para hacer que Fred y Hermione regresaran a la realidad y se apartaran con brusquedad.

Mientras tanto, a lo lejos George los miraba a ambos con una mezcla de incredulidad e indignación.

—¡Ay no, ya este es el colmo! —continuó diciendo George —. ¡Los veo en el Gran Comedor! ¡Bye!

Y sin decir más, el pelirrojo se fue de la habitación. No sin antes darle un buen golpe a la puerta.

Hermione y Fred se quedaron mirando la puerta por un rato en silencio, procesando lo que acababa de pasar.

Qué vergüenza, de verdad se habían olvidado del pobre de George.

Ups…

—Ammm… ¿Eso cuenta como truco de magia? —preguntó finalmente Fred.

—Por supuesto que no.

—¿Y por qué no? ¡Lo hice desaparecer! ¡Tú misma lo viste!

Hermione rodó los ojos. Tampoco pensaba ponerse a discutir por una tontería como esa.

—Vale, lo aceptaré —respondió ella —. Aunque el truco de magia no fue ese.

—¿Ah no? ¿Entonces cuál, señorita Granger?

Hacerme reír...

Aunque no se atrevía a decirlo. Lo cierto es que Fred la hacía reír casi todos los días. Mencionarlo probablemente ya no tendría ninguna gracia. Aunque para ella jamás dejaría de ser especial. No creía que hubiera una realidad donde se cansara de reír gracias a Fred.

Aunque tal vez lo mejor sería mencionar algo diferente…

—Sorprenderme —respondió ella sin darle importancia —. Al menos lo suficiente para hacerme reír. Espero que nunca dejen de sorprenderme.

Los ojos de Fred parecieron brillar con un nuevo entusiasmo al escuchar esto, como si las simples palabras de Hermione significaban un reto por superar.

Sin decir nada, el joven se acercó y le dio un suave y rápido beso en los labios. No sin antes sonreír alegremente, como siempre hacía cada vez que estaba junto a ella.

—¿Sólo eso? Trato hecho.


—¡SORPRESA!

Hermione maldijo su suerte.

Apenas acababa de entrar a la Sala Común cuando lo único que pudo ver fue una ráfaga de fuegos artificiales y confeti alrededor suyo, sin contar todo el ruido y el alboroto que había.

Tuvo que parpadear varias veces para disipar sus ojos y finalmente distinguir que a su alrededor no sólo estaban Fred y George, pero Lee Jordan, Alicia Spinnet, Angelina, Katie Bell, Harry, Ron, Ginny y unos demás compañeros de Gryffindor.

Siendo honestos, Hermione no tenía idea de lo que estaba pasando, pero fuera lo que fuera no podía ser algo bueno.

¿Qué demonios?

Quiso tratar de regresarse, pero ya era tarde. Fred y George la habían agarrado del brazo y la jalaron al medio de todo ese alboroto.

—¿Pero qué están hacien-

—¡Felicidades! —exclamó George ignorándola y aprovechando para lanzar aún más fuegos artificiales y confeti.

Hermione pudo distinguir como algunos de sus compañeros se reían por lo bajo.

—Creo que literalmente la dejaron sin palabras —comentó Lee Jordan con una sonrisa.

—Siempre es así, ¿no? —agregó Angelina mirándolos —. Cuando Oliver lo hizo el año pasado la chica casi le da un golpe en la cara del susto.

Antes de que pudiera preguntar de qué hablaban, Fred aprovechó para acercarse y colocarle lo que parecía ser un gran trapo mugriento de color rojo y dorado encima. Hermione enseguida reconoció los colores de Gryffindor.

—¡Atención todo el mundo! Sí, incluso tú Lee. Baja esa tarta ahora mismo —dijo Fred para luego aclararse la garganta —. ¿Qué estaba diciendo? ¡Ah sí! Yo Fred Weasley, el mejor golpeador del equipo de Gryffindor, bajo la obligación- quiero decir la noble tradición del equipo de Quidditch, tras seis meses de noviazgo, entrego oficialmente mi capa ceremonial protectora a Hermione Granger —dicho esto se llevó la mano al pecho con orgullo —. ¡Así que ya saben! Aquí nadie es dueño de nadie pero según la tradición quien se meta con ella se mete conmigo, aunque eso ya lo sabían. ¿Alguna pregunta?

Enseguida Lee Jordan levantó la mano.

—¿Ya podemos comer, oh gran maestro?

—¡Por supuesto! —exclamó Fred —, aunque las manzanas de caramelo son mías. Apártense.

Mientras tanto, los demás no perdían la oportunidad para hacer pequeños comentarios entre sí.

—Qué encantador —comentó Ginny —, aunque creo que Hermione se va a desmayar.

—Se habían tardado algo, ¿no? —agregó Katie Bell con una sonrisita.

—Pues ni quiero imaginar cómo va a ser cuando me toque a mí... —dijo Angelina.

—Vale vale. Creo que ya podemos dar por terminada la ceremonia —dijo George a los demás —. Ahora sí, ¡a comer se ha dicho!

De esta forma, sus compañeros aplaudieron entre risas y bromas, como si lo que estuviera pasando fuera lo más normal del mundo. Lee Jordan se acercó rápidamente con lo que parecía ser una bandeja de comida y todos se dispusieron a comer sin prestarles la más mínima atención; parecían estar pasando un buen momento.

La única que seguía sin entender que rayos pasaba era Hermione.

—Fred, ¿qué rayos es esto? —dijo ella acercándose a su novio en medio de todo el alboroto —. ¡Esta cosa huele a mugre!

Él le miró como si hubiera dicho la mayor atrocidad en la faz de la tierra.

—¿Cómo te atreves a decirle mugre a la capa ceremonial?

—¿La capa ceremonial? ¿De qué?

—¡Del ritual de las parejas de Quidditch!

Era bien sabido que Hermione era la bruja más brillante de su edad, pero en ese momento, siendo honestos; se sentía más tonta que nunca. Era como si le estuvieran hablando en algún idioma extranjero y ella ni siquiera supiera decir ''hola, ¿cómo estás?''.

—Creo que jamás he estado tan confundida en mi vida…

—Eso es un logro, no cualquiera lo hace —comentó Lee Jordan mientras comía unas galletas de chocolate.

—Es una tradición del equipo de Quidditch, Hermione —explicó George, quien también estaba ahí.

—¿Tradición?

—Exactamente —reconoció Fred —. Mira, cada vez que un miembro del equipo cumple cierto tiempo saliendo con alguien, se les da la capa ceremonial y se hace todo esto. Supuestamente es de buena suerte y ayuda a fortalecer los ''lazos del equipo'' —Fred hizo unas comillas con los dedos —. Todos lo han hecho, incluso Oliver hace unos años; y ahora que ya llevamos medio año pues ya me tocaba, ¿no es genial?

Dicho esto, Fred se apartó para mostrarle lo que estaba vistiendo. Hasta ahora no se había percatado, pero Fred estaba usando la misma capa mugrienta de colores rojos y dorados que ella.

Ambos estaban perfectamente (y desgraciadamente) combinados.

De verdad que todo parecía un mal chiste.

—¿Sorprendida? —preguntó Fred, al ver que la joven no decía nada.

—¡Por supuesto que lo estoy! ¡Esto no tiene sentido! ¡Creo que esto es lo más sorprendida que he estado en mi-

De repente, todo pareció encajar.

Apenas habían pasado unos días, casi una semana. No le había dado casi relevancia a sus palabras, pero ahora no tenía ninguna duda.

Espero que nunca dejen de sorprenderme…

Mientras tanto, Fred le miraba sonriente, como si pudiera leer sus pensamientos.

—Dijiste que querías ver el mayor truco de todos: que te sorprendiera —dijo él con orgullo —. Así que tadá. ¿Qué mayor sorpresa que esta?

—Tú… ¿Realmente querías sorprenderme no más porque dije que amaba que me sorprendieras?

—Y porque dijiste que esperabas que jamás dejara de sorprenderte —agregó con solemnidad —. Y de todos modos tenía que hacer el ritual tarde o temprano. Las chicas llevaban semanas molestándome con eso. ¿Qué te parece?

Hermione abrió la boca, luego la cerró, y finalmente la volvió a abrir.

Por primera vez en su vida no sabía qué decir.

Las insignificantes palabras que había dicho sin pensar aquella tarde habían motivado a Fred a hacer todo esto. Ella ni les había prestado atención y Fred, por el contrario, les había dado toda la atención del mundo.

Realmente nada era insignificante para él.

—Sorprendente, eso me parece —reconoció Hermione, retomando la compostura —. De verdad que todos ustedes están locos. Completamente locos. ¡Tantas bludgers les afectaron el cerebro!

—¡Hey! —exclamó George a lo lejos.

Hermione rió alegremente.

—Lo digo en el buen sentido —aclaró ella con una sonrisa en su rostro.

Lo cierto es que estaba feliz, no tenía sentido ocultarlo.

Esto pareció ser suficiente para todos, quienes se centraron en comer y divertirse mientras contaban anécdotas del equipo de Quidditch.

El resto de la tarde transcurrió con normalidad. Hermione los miraba a todos con curiosidad mientras hablaban, ignorando el olor a trapo mugriento de la capa ceremonial que cargaba encima. En parte era divertido ver como interactuaban los miembros del equipo de Quidditch entre sí.

Angelina, Alicia y Katie aprovechaban de contarle anécdotas del equipo a Hermione, mientras que Lee Jordan y los gemelos probaban unos nuevos inventos que parecían ser unas lanzas de agua superpeligrosas. Incluso Harry parecía entretenido comiendo junto a Ron y Ginny, quienes se habían colado desde el inicio al evento.

—Ustedes, par de traidores —dijo Hermione decidiendo acercarse a sus amigos —. ¿Sabían de todo esto y no me dijeron nada?

Harry y Ron se miraron entre sí con nerviosismo.

—Se supone que el punto de todo esto es que fuera sorpresa —respondió Harry como si nada.

—Sí claaaro, "sorpresa". No puedo esperar a que sea tu turno de hacer esto —repuso Hermione mirándolo amenazadoramente —. De verdad que me voy a divertir.

—Sabes que eso no pasará pronto, Herms —comentó Ron mientras comía un trozo de pastel —. Por no decir nunca. Estamos hablando de Harry.

—¡Oye!

Hermione rio un poco.

—Aún no puedo creer que colaboraras con Fred para hacer esto, Ron.

—Pues yo tampoco —reconoció él con nerviosismo —, pero aquí me tienes. Ammm, ¿quieres una tarta?

Hermione aceptó el trozo sin rechistar, aunque no dejaba de sentir que algo estaba fuera de lugar.

Ron estaba aquí, acompañándola junto a Fred y George; como si nada malo hubiera pasado entre ellos. Después de tantos meses, nunca habían vuelto a hablar sobre aquella conversación. Simplemente habían actuado como si nada hubiera pasado, con total normalidad, pero ahora…

Ambos se quedaron juntos en silencio, sin saber muy bien qué decir.

Harry pareció notar la incomodidad entre ambos y decidió que lo mejor sería acercarse a ver que hacían Fred y George junto a Ginny, dejándolos solos.

Sobra decir que la incomodidad era tal que se podía sentir y cortar con un cuchillo.

No fue hasta pasado unos minutos que Ron decidió romper el silencio.

Eeehh, yo... Yo nunca me disculpé por todo lo que te dije hace unos meses, ¿verdad?

—No, no lo hiciste.

Hermione dijo esto último con expresión neutral.

A pesar de que habían actuado con total normalidad durante todos estos meses, sería una mentira decir que había olvidado por completo el asunto.

Las palabras de Ron habían sido probablemente de las cosas más hirientes que había escuchado. Que su mejor amigo pensara que su relación era falsa y que Fred buscaba de alguna forma aprovecharse de ella…

Genuinamente la había lastimado.

No, peor que eso, la habían hecho dudar. La habían hecho pensar que no era lo suficientemente digna de tener algo tan bonito en su vida como una relación, y eso no era justo. Para nada justo.

No obstante, tampoco quería dejarse llevar por ese sentimiento y cerrarse en sí misma. Habían pasado meses ya y en el fondo sabía que Ron había dicho aquello porque se preocupaba (a su inmadura manera, claro está)

Así que lo que sea que fuera a decir, lo quería escuchar.

—Pero… Estás aquí —continuó diciendo ella —. Apoyándonos. Lo cual significa que ya no piensas aquello, ¿verdad?

Ron negó con la cabeza.

—No, ya no pienso así. Y… Bueno…

—¿Bueno…?

El pelirrojo ahogó un suspiro, se notaba que estaba batallando con las palabras. Después de todo, jamás habían sido su mayor fuerte.

—Vas a hacerme decirlo, ¿verdad?

—Es lo justo, ¿no? Merezco escucharlo después de todo lo que pasó…

—Vale, vale —dijo Ron soltando un suspiro —, lamento haber dicho todo lo que dije aquella vez.

—¿Todo?

—Absolutamente todo. De verdad me sobrepasé. No debí hacerlo.

Hermione se le quedó mirando fijamente, al punto que Ron empezó a asustarse un poco.

No fue hasta unos segundos después que la joven soltó un suspiro y se encogió de hombros.

—Te tomó unos cuantos meses, ¿no? —dijo ella con tranquilidad —. Pero está bien.

Ron no podía creérselo.

—¿Está bien?

—Está bien. Acepto tus disculpas, de verdad.

El pelirrojo se le quedó viendo, sin saber muy bien qué decir.

En el fondo sabía que lo mínimo que se merecía era un golpe y Hermione pudo notar esto.

—Desde hace rato sé que no piensas así —continuó diciendo ella —, y también sé lo testarudo que eres. Por supuesto que te tomaría un tiempo disculparte, no serías tú sino.

—Sólo… Me costaba entenderlo —admitió Ron —. Fred es mi hermano y créeme cuando te digo que no es nada parecido a como actúa contigo que conmigo. No me fiaba de él, así que pensé…

—¿Pensaste lo peor?

Ron asintió.

La mejor forma de describir todo este asunto era diciendo que al inicio no podía creérselo. La simple idea de que su mejor amiga y su hermano salieran juntos le había parecido imposible, así que cuando descubrió que era cierto no pudo hacer otra cosa que recelar.

Después de todo, él conocía mejor a su hermano, ¿no? O al menos eso solía pensar, ya no estaba tan seguro de ello.

—Creo que ambos tenemos visiones diferentes de él, y eso está bien —continuó Hermione —. Es tu hermano después de todo, pero para mí… Es diferente, ¿ok?

—Demasiado diferente.

—Y diferente no significa necesariamente malo, lo deberías saber mejor que nadie Ron. Él… Es bueno para mí. Eso debería bastarte, ¿no crees?

Las palabras de Hermione finalmente parecieron causar un efecto en la mente de Ron.

Ahora en su rostro se podía ver más claridad.

—Sí, tienes razón. Realmente lo lamento —se disculpó nuevamente Ron, para luego posar la mirada en Fred. El joven se encontraba a unos metros de ellos hablando animadamente con Lee Jordan y Katie Bell —. Aunque sigo teniendo una duda… ¿Qué fue lo que le viste?

Ron no preguntaba aquello con malas intenciones, en lo absoluto. Genuinamente tenía curiosidad. Después de tantos meses había aceptado la relación de su hermano con Hermione, aunque seguía sin entenderlo del todo.

A primera vista ambos seguían siendo demasiado diferentes, y ni hablar de lo inalcanzable que se veía Hermione para alguien como su hermano; pero podía ver que se preocupaban el uno por el otro. Por eso había aceptado tragarse su orgullo de una buena vez y venir acá. Quería remediar las cosas.

Era momento de dejar ir todo este asunto. No ganaba nada siendo un cretino con ninguno de sus amigos. Finalmente lo había aprendido.

—Simplemente yo creía en él y él creía en mí —respondió Hermione con honestidad —. Incluso cuando no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo... Aún lo sigue haciendo.

—¿Eso es suficiente para ti?

—Más que suficiente —dijo ella sonriendo levemente —. A veces es lo único que una persona necesita.

Ambos se miraron entre sí, y por primera vez en meses parecían entenderse. No había conflictos o peleas, sólo una genuina amistad. Era como cuando estaban en primer año y no había mayores preocupaciones.

Finalmente ambos habían hecho las paces.

—Woao, quien diría que ambos pudieran tener conversaciones tan profundas sin matarse —comentó Harry acercándose a verlos, había regresado junto a Ginny —. ¿Todo bien?

—Bastante bien —respondió Ron con naturalidad —. ¿Trajiste algo de comer? Sigo teniendo hambre.

Poco a poco sentía como un peso se levantaba de sus hombros.

Todo volvía a estar en su lugar.


—¿Cómo que pasarás las vacaciones con los Lovegood?

Por un momento, Hermione quiso tomarle una foto a la expresión de sorpresa de Fred.

Pocas veces en su vida había visto esa expresión en su rostro, usualmente ella era la sorprendida por algún truco o situación absurda. Aunque no podía culparlo, ni siquiera ella esperaba la propuesta de Luna hasta que la joven se le había acercado con la idea, unos días atrás.

De todos modos, tampoco era para tanto.

Ambos se encontraban sentados en un rincón de la sala común, hablando sobre tonterías como ya era usual.

—A ver, no tooodas las vacaciones, sólo unos días —aclaró ella enseguida —. Luna me propuso acompañarla a visitar El Quisquilloso y pensé que sería buena idea aprovechar y quedarme unos días allá.

—Creí que no te gustaba mucho el Quisquilloso.

—Pues realmente no —reconoció Hermione, sin querer ahondar mucho en detalles —, pero también es una buena forma de empezar a conocer el mundo editorial, así sea de una fuente algo… Peculiar. Si realmente quiero trabajar de esto, tengo que aprovechar lo que hay.

Lo que decía Hermione era verdad, e incluso Fred podía reconocer eso.

—Tienes razón, poniéndolo así parece una buena idea.

—¿Pero…?

Fred soltó un dramático suspiro, como ya era habitual en él.

—¿Pero ahora con quien pasaré las vacaciones de verano? —preguntó él mirando el techo, expectante —. ¿A quién molestaré con mis preguntas absurdas? Sólo seré yo y mi vieja amiga: la soledad.

Hermione frunció el ceño.

—Nunca has estado solo, literalmente tienes un gemelo. ¡Y cinco hermanos!

—Y a la soledad, querida Hermione.

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de la joven.

Siempre se quejaba de que Fred era un dramático, pero en el fondo le gustaba. Siempre terminaba sorprendiéndola y al final significaba que era honesto con ella. Era una forma de demostrar que se preocupaba.

A su exagerada manera, por supuesto.

—Se te está pegando lo dramático de George —comentó ella sin prestarle atención —. Por supuesto que también te visitaré, tonto. Si te parece, claro. ¿Quién si no me haría regresar a la tierra cuando todo parece ser demasiado?

Esto pareció ser más que suficiente para Fred, quien sonrió como un niño pequeño. Sus ojos parecían brillar como fuegos artificiales, llenos de energía y color.

—¡Está decidido entonces! No puedo esperar a qué vengas —exclamó Fred con entusiasmo —. Ya conoces la Madriguera, pero igual hay miles de cosas que te podría mostrar. Hay un lago que está cerca de la casa y- Un momento, esto suena muy bueno para ser verdad, ¿tus padres no dirán nada?

Fred ya había intercambiado unas tantas cartas con los padres de Hermione en estos meses, era lo menos que podía hacer después de todo. Pero que ella decidiera visitarlos en el verano era algo completamente distinto, no quería meterse problemas.

No obstante, Hermione negó con la cabeza. No parecía en lo absoluto preocupada.

—Tranquilo, están ansiosos por conocerte como ''Dios manda'' en el expreso Hogwarts —dijo ella haciendo comillas con los dedos —. Así que más te vale dar una buena impresión. Pero de resto parecen felices con la idea de que esté haciendo cosas diferentes. Recuerda que Ron y Ginny también son mis amigos desde hace años, también los estaría visitando a ellos.

Hermione se tomó una leve pausa y luego sonrió levemente, más para ella que otra cosa:

—Por primera vez en mucho tiempo ya no están tan pendientes de todo lo que haga… —murmuró ella —. Parecen confiar en mí, me siento más libre.

—Que envidia —respondió Fred —, ¿no podemos intercambiar?

—No, gracias. No soportaría tener tantos hermanos.

—Bueno, supongo que es bueno saber que al menos una familia está tranquila y conforme.

Hermione no pudo evitar notar el tono amargo con el que hablaba Fred, cosa que no era usual en él.

—¿Todo bien?

—Nada fuera de lo habitual —dijo Fred mientras sacaba una carta de su bolsillo. Hermione no tenía que ver el sello para saber de quién era: la señora Weasley.

La joven tragó saliva, tenía el presentimiento de que la carta no significaba nada bueno.

—Una nueva carta para mí y como siempre: reclamos, quejas y críticas por parte de mamá —dijo Fred con amargura —. Aunque esta vez menciona algo positivo: a ti.

—¿A mí?

Fred asintió, al mismo tiempo que le entregaba la carta a Hermione para que la leyera.

—Mamá no puede creer que ya hayan pasado tantos meses y no te hayas cansado de mí —explicó él —. Incluso me preguntó si no te había hecho algo para que estés conmigo.

—¿Eso se supone que es un cumplido? —preguntó Hermione a medida que leía la carta.

—No lo sé, pregúntale a ella. Estoy segura de que estará feliz de que nos visites el verano. Ah, y también dice que al fin tomé una buena decisión y ojalá puedas hacer que algo de razón entre en mi cabeza —dijo Fred amargamente —. Seguro quiere que me hagas desistir con la idea de Sortilegios Weasley y blablablá.

Hermione frunció el ceño.

Después de tanto tiempo, esperaba que la señora Weasley hubiera cambiado siquiera un poco de opinión. Había estado más que feliz enviándole regalos a Hermione cuando se enteró de su relación hacía unos meses. Creía que aquello era una señal, pero ya veía que no.

Sin decir nada más, Hermione arrugó el papel y lo lanzó a la chimenea, dejando que se quemara lentamente. No tenía ganas de lidiar con eso ahora.

—Es una lástima. Ya es demasiado tarde —dijo Hermione —, no puedo ayudarla. He perdido toda la razón.

Fred pareció animarse un poco ante el gesto.

—Tan sólo basta con mirarte ahora, ¿no?

—Sip, completamente al borde del delirio… —comentó ella siguiéndole la corriente —. Soy un caso perdido si me preguntas.

Ambos se miraron, al mismo tiempo que se les dibujaba una mutua sonrisa en el rostro.

—Si mi madre supiera las cosas que has hecho por mí este año seguramente pegaría un grito al cielo —comentó Fred —. Diría que te corrompí.

—¿Y no fue así?

Por primera vez fue el turno de Fred de darle un codazo a ella.

—¡Hey! —exclamó Hermione.

—Quiero creer que lo que sea que estemos haciendo es mutuo. Estamos juntos en esto.

—Claaaro, por supuesto. Aunque eso no cambia que me corrompiste, ¿no?

Hermione.

Esta vez fue la joven quien se rió, aunque no dejaba de notar algo de seriedad en el rostro de Fred. Las palabras de su madre seguramente seguían afectándole, aunque tratara de aparentar que no.

Fred se quedó mirando la carta de su madre ardiendo en la chimenea por unos instantes, hasta que finalmente decidió romper el silencio.

—¿Sabes qué es lo peor? Creo que hacía tiempo que no me escribía una carta tan feliz…

Hermione se mordió el labio, sin saber muy bien qué decir.

—Y tú… ¿Estás feliz?

Fred se encogió de hombros.

—Lo mejor que podría estar. No tienes que preocuparte. Solo… Me molesta que me escriba solamente estas cosas. Pensé que después de tanto tiempo desistiría un poco, pero no.

Hermione soltó un suspiro.

No importa cuánto tiempo pasará, toda esta situación no dejaba de ser molesta. Sobre todo ahora que los gemelos estaban cada vez más cerca de alcanzar su meta.

—Ya sabes como es, nada que hagas será suficiente —dijo Hermione —. A veces no parece tener fin. Pero eso jamás será tu culpa, ¿lo sabes, verdad?

—Por supuesto que sí —respondió Fred —, aunque no deja de ser molesto. Ni siquiera cuando le dijimos que vendríamos el siguiente año se puso contenta.

—Estoy segura de que algún día se le pasará, al menos ya no está enviando más vociferadoras. Además... Espera un momento- ¿Dijiste qué regresaran para el siguiente año?

Fred le miró confundido.

—Por supuesto.

—¿De verdad? —preguntó ella, incrédula.

—Obvio.

—Pero… ¿Y la tienda?

—Pues los planes siguen en pie, como siempre. Aunque obviamente tendremos un buen retraso, ¿por qué preguntas?

—Porque… porque… ¿Esto no tiene nada que ver con lo de Ludo Batman, verdad? Porque de ser así pienso que podríamos buscar alguna alternativa, quizás un préstamo o-

—Claro que no —le interrumpió Fred cada vez más confundido —, siempre hemos pensado cursar el séptimo año, sin importar si recuperamos el dinero o no… Es la mejor forma de planificar el futuro de la tienda y hacer análisis de mercado.

—¿De verdad verdad?

—¿De verdad pensabas que no?

Hermione parpadeó varias veces, procesando lo que acababa de escuchar.

Por supuesto, que ellos regresaran siempre había sido lo más lógico y probable. Aun así, se había mentalizado con que existía la posibilidad de que tal vez eso no pasara. No quería intervenir en su decisión. Pensaba apoyarlos pasase lo que pasase, así que había decidido no hablar sobre el asunto.

Aunque eso era irrelevante ahora.

—¡No! Quiero decir- ¿Tal vez? Sé que lo de Ludo Bagman es un inconveniente pero se veían tan decididos en lograr su meta y de por sí sé que no quieren hacer un año de estudios extra así que pensé que tal vez- Bueno, tal vez fuera lo mejor o tal vez no, quiero decir-

—Hermione, creo que estás echando humo.

Ya no podía soportarlo más, sentía que iba a explotar.

—¡Si estarán aquí el siguiente año! ¡No lo puedo creer!

Y sin decir más, la joven se abalanzó sobre él y lo abrazó con todas sus fuerzas, al punto de casi perder el equilibrio.

Jamás había abrazado a alguien de esa forma, pero simplemente estaba demasiado feliz para que le importara.

Mientras tanto, Fred tuvo que mirar a su alrededor para comprender lo que estaba pasando; apenas y podía respirar.

—Auxilio, aire… Me voy.

Hermione enseguida se apartó.

—Ay, perdona —dijo ella acomodándole el cabello y chequeándolo de arriba a abajo —. ¿Estás bien?

—No tanto como tú, ¿no?

—Lo siento, es que- Ay ya para, no me mires así.

Fred le miraba con una sonrisa burlona en la cara.

—¿Qué sucede? Yo no estoy haciendo nada.

—Claro que sí, te estás riendo. ¡Justo ahora lo estás haciendo!

—No lo estoy haciendo —repuso él —. Sólo te estoy mirando alegremente. ¿Acaso no puedo sentirme alegre?

—¡Fred!

Fred soltó una risotada.

—Ya ya, perdona —dijo él retomando la compostura —. Es que me da risa que siquiera pensaras en eso. George y yo aún tenemos muchas cosas que hacer aquí. Además, sabes que no podría dejarte sola.

—¡Pero dijeron que estaban cansados de estudiar!

—Pero amamos Hogwarts. Todo lo que amamos está aquí. Jamás dejaríamos este lugar antes de tiempo, tengamos el dinero o no. Tenemos muchos planes por hacer y este es el mejor lugar para organizar todo.

—¿De verdad no lo haces por qué estás obligado? —preguntó Hermione —. Tu madre-

—Por favor. Mi madre jamás haría que me quedara en un lugar donde no quiero estar. Y aquí quiero estar.

Aquí, contigo...

Fred por poco dijo aquellas palabras, pero se contuvo. Sentía que si decía aquello probablemente explotaría y causaría un caos. Y la situación ya era bastante caótica de por sí.

—Perdón, fue mi error por asumir cosas —admitió Hermione —. ¡Pero oh Merlin eso significa que tendremos un año más juntos! No puedo creerlo, ¡hay tantas cosas que podremos hacer! ¿Te gustaría ir a patinar conmigo en las vacaciones de invierno? Sé que no sabes cómo, pero no importa yo te enseño. Por cierto, hablando de la tienda, también pienso que no estaría mal si empezamos a...

Dicho esto, Hermione empezó a hablar y hablar sobre las miles de cosas que podrían hacer. La joven tenía tanto entusiasmo que parecía un rayo de sol capaz de iluminar cualquier habitación.

Fred nunca antes la había visto de esta forma.

Lo único que pudo hacer fue quedársele viendo detenidamente. Por un segundo, un minuto, una eternidad… Ya no supo distinguir el tiempo.

El cabello rizado de la joven caía desastrosamente sobre su frente, sus manos se movían como locas mientras hablaba y sus ojos brillaban con una energía que no sabía descifrar. Cualquiera que la viera no la reconocería a simple vista, parecía alguien completamente diferente.

Fred ya no distinguía de que estaba hablando, pero sí podía notar algo: Hermione estaba feliz. Extremadamente feliz.

Yo… Creo que jamás la he visto tan feliz...

Realmente las personas brillaban más cuando estaban feliz, y ahora Hermione…

Viéndola así como estaba; tan feliz, tan sencilla y tan honesta, por poco las palabras ''te amo'' se le escaparon de los labios. Las palabras estaban ahí, podía sentirlo. Sería tan sencillo decirlo, pero pensó que no era el momento. Lo que menos quería hacer era interrumpirla cuando se veía tan pero tan feliz, prefería quedársele viendo.

Fred también se preguntó desde cuando era tan malditamente cursi, pero ese no era el punto.

Así que en su lugar, se acercó y le dio un suave beso, el cual la joven correspondió entre sorprendida y contenta.

—Ay, no me digas —dijo Hermione al apartarse, nerviosa —, ¿me puse a hablar demasiado otra vez?

Fred frunció el ceño, al mismo tiempo que le tocaba la frente con el dedo. A ver si así entraba en razón.

—¿Qué te dije sobre usar tu imaginación para crear escenarios catastróficos?

—Que mejor me pusiera a escribirlo en papel… —reconoció ella de mala gana.

—¿Y qué estás haciendo ahora?

—¿Hablar mucho hasta el punto de matarte del aburrimiento?

Fred le dio un leve codazo, aunque no pudo evitar reírse un poco del ingenio de Hermione.

—Eres de lo peor, ¿lo sabías?

—Sólo un poquito, y a veces.

Hermione.

—Vale, vale. Sólo… No puedo creerlo —respondió ella sin poder controlarse más. Parecía completamente abrumada, incluso su mano temblaba —. Realmente van a estar aquí. Las cosas han cambiado tanto este año que es una locura... Ni siquiera cuando tuve el gira-tiempo viví tantas cosas. No tiene sentido.

—No todo tiene que tener sentido.

—Pero me gusta que las cosas tengan sentido —recalcó ella —. Aunque honestamente desde que estoy contigo cada vez pasa menos…

—¿Debería disculparme?

Hermione negó con la cabeza.

—Para nada... Es una locura, todo parece salido de un sueño. Y lo que estás diciendo… Significa que muchas cosas van a pasar. Ustedes no paran de trabajar en ningún momento y yo aún sigo aquí, moviéndome mucho más lento que ustedes.

Enseguida él supo a lo que se refería.

Trabajar juntos requería muchas cosas, y a veces era difícil no compararse. Hermione siempre los estaba observando a ellos como un punto de admiración, esperando algún día poder alcanzarlos, llegar al mismo nivel y dejar de ser una simple soñadora.

A Fred no le gustaba esto, no era bueno para nadie estarse comparando. Especialmente cuando sabía lo mucho que ella se esforzaba.

—Solo espero no quedarme atrás… —murmuró Hermione en voz baja.

—Jamás podrías hacerlo, yo no lo permitiría.

—Habla el experto. No somos lo mismo. Comparada contigo sólo soy una amateur.

—Lo dices como si fuera algo malo —dijo Fred pasando su mano sobre el cabello de Hermione —. Amateur viene de la palabra Amare. Amor. Hacer algo porque simplemente amas hacerlo.

Al escuchar esto, Hermione posó su mirada en sus manos.

Aquellas manos con las que tantas veces había creado, trabajado y soñado. Antes solía mirarlas en busca de ideas, en busca de aquello que le faltaba.

Ahora sólo podía mirarlas con la esperanza de ser lo suficientemente buena.

Quería creer que sí.

Amor… —dijo Hermione después de un rato —. ¿Desde cuándo sabes tanto?

—Desde siempre —respondió él con orgullo —, pero tú jamás te diste cuenta por qué estabas ocupada arrugando papeles indefensos.

Hermione se sintió un poco mejor al escuchar esto.

Como siempre, Fred tenía razón. Poco a poco encontraría su camino. Mientras no se detuviera, todo estaría bien. Después de todo, no estaba sola. Jamás volvería a estarlo.

Su semblante parecía mucho más tranquilo ahora; aunque eso no era suficiente para Fred. Después de semejante cara triste, lo único que él quería era ver una cara feliz.

Una sonrisa de verdad.

—Vamos, cambia esa cara. No te sienta bien.

—¿Qué? —respondió Hermione —. ¿Acaso quieres verme sonreír?

Siempre quiero verte sonreír —dijo Fred, acercándose unos centímetros a ella. No había ninguna señal de duda en su rostro.

El rostro de Hermione pareció iluminarse al escuchar esto.

Estaban a unos pocos centímetros del otro, fácilmente podría robarle un beso; pero en su lugar se le quedó viendo con cariño. Así tan cerca, el universo parecía ser tan pero tan pequeño; solamente eran ellos dos en un abismo de estrellas.

Sí, era un universo muy pequeño; pero no dejaba de ser hermoso.

De hecho, tal vez era el más hermoso de todos.

—Eres tan extraño, ¿te lo he dicho antes? —comentó ella.

—Todos los días.

—¡Pero es que es verdad! No sabes establecer límites, eres desorganizado y organizado a la vez, rara vez tienes un plan ''B'' así que siempre termino yo ayudándote con todo a última hora…

La joven se apartó un poco, tomándose su tiempo para nombrar todas y cada una de las peculiaridades de Fred. Parecía bastante inspirada, como si estuviera leyendo una enciclopedia.

—Aun así, siempre estás pendiente de tu familia, especialmente tu madre. No dejas que las cosas a tu alrededor te afecten. Buscas que todos siempre se sientan incluidos…

Sin darse cuenta, su voz empezaba a sonar más pequeña a medida que hablaba. Ya no estaba hablando de simples cosas triviales, pero de aquellas cosas que en el fondo lo hacían especial.

Aquellas cosas que ella amaba de él.

—No te rindes a pesar de nada —su voz parecía ahora un susurro —. No te parezco molesta… De- De verdad me escuchas… Crees en mí, incluso cuando yo no lo hago…

Se detuvo por un instante, dejándose inundar por aquella sensación cálida que inundaba su pecho. Aquella sensación que desde hacía tiempo estaba ahí, pero no se había dado la oportunidad de reconocer.

Amaba a Fred...

No simplemente quería a Fred, lo amaba. Realmente lo amaba. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Después de tantos meses la sensación era ahora tan obvia y abrumadora que… que…

Y como si pudiera leer su mente, Fred aprovechó el momento para atrapar a Hermione en un abrazo. Un abrazo grande y fuerte, de aquellos que pueden sanar cualquier herida y detener el tiempo.

De verdad que Fred siempre sabía como hacerla sentir mejor.

—Tienes razón, soy totalmente extraño… —dijo Fred acariciando con delicadeza el cabello de la joven.

—Y terco —agregó ella, aun en medio del abrazo.

—Y dramático también, siempre lo andas mencionando.

—¡Es que lo eres!

Una leve risa se escapó de los labios de Fred.

Pocas veces se había reído así, de forma tan tranquila y libre. Fred siempre se caracterizaba por ser demasiado con sus gestos. Demasiado ruidoso, demasiado enérgico y demasiado espontáneo.

Todo eso era parte de él, pero ahora en la intimidad del abrazo, se sentía… Insignificante. Más delicado que nunca.

Esta vez, Fred decidió aprovechar el momento para depositar un suave beso en su frente.

—Y por eso me amas, ¿no?

Fred dijo esto en voz baja, casi como un susurro. Como si temiera que algo se pudiera romper. Amor. Aquella palabra sonaba tan delicada como poderosa en sus labios. Demasiado valiosa, demasiado importante; y a la vez tan real. Desde hacía tiempo era lo único que consideraba real y ya era momento de que lo dijera.

—Al menos… Espero que casi tanto como yo te amo a ti —terminó de decir él.

Tanto como yo te amo a ti…

De un segundo a otro, Hermione parecía ver el mundo de otra forma. Era como si hubiera pequeñas estrellas girando a su alrededor, iluminando todo y haciéndolo más bonito.

Amar a Fred era tan pero tan fácil; más fácil que respirar. Más fácil que cualquier cosa. Una parte de ella estaba al borde de las lágrimas.

—Mucho más que eso —fue lo único que pudo decir.

—Ah, ¿ahora es una competencia? —respondió Fred con una sonrisa.

—No lo arruines —respondió ella, acurrucándose más a su lado —. Yo… Yo también te amo, Fred.

Hermione murmuró esto en forma tan baja que Fred apenas pudo escucharlo, pero eso fue más que suficiente. La joven ni se apartó de sus brazos. Apenas y quería moverse, fácilmente podría quedarse ahí para siempre.

Al final, Fred sólo respondió dándole otro beso en la frente. Después no hubo otra cosa más que un silencio cómodo.

Todo estaría bien…

Después de un rato, Hermione se apartó de sus brazos durante un segundo. Quería ver todo lo que estaba a su alrededor. Quería asegurarse que todo lo que estaba viviendo era real.

Fue en ese momento en que su mirada se posó en la chimenea. Lo único que quedaba de la carta de la señora Weasley eran cenizas.

—Si tan sólo ella pudiera ver lo que yo veo… —murmuró ella con pesar —. No tiene sentido.

Fred sonrió levemente.

Ya no le importaba en lo absoluto aquellas molestas cartas. Era momento de dejar ir todo ese asunto. Ahora tenía algo mucho más importante y valioso al frente suyo, y no pensaba dejarlo ir.

Pasase lo que pasase.

—Está bien, no te preocupes —respondió Fred —. A veces con una persona es más que suficiente.


Una semana después…

Una semana después, el año escolar y el torneo de los tres magos terminó. Aunque no de la mejor manera.

Cedric Diggory había muerto, Voldemort había regresado y todo era básicamente un caos. ¿Cómo las cosas habían podido terminar tan mal? No tenía idea, aunque Hermione no quería pensar en eso ahora. Era simplemente demasiado, incluso para ella. Por primera vez en mucho tiempo, quería mantener la mente en blanco.

Después de unos días tan lúgubres tras la muerte de Cedric, era momento de regresar a casa.

Hermione se encontraba saliendo del Expreso Hogwarts, acomodando su equipaje mientras sujetaba a Crookshanks. Ya se había despedido de sus amigos y aún no lograba divisar a sus padres, pero estaba segura de que pronto aparecerían al igual que Fred. Después de todo, se suponía que hoy se conocerían oficialmente.

Mientras tanto, una parte de ella no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado en aquel año y como habían cambiado las cosas, no sólo para ella, sino para…

—¡Hermione! ¡Hermione!

La joven se volteó al ver que alguien llamaba a lo lejos su voz.

—¿Fred?

La pobre apenas y tuvo tiempo para reaccionar cuando Fred se le abalanzó encima y ambos cayeron estrepitosamente al suelo, con maletas y Crookshanks y todo.

¡Auch!

—Ay, perdón, lo siento —dijo Fred apenas se recuperó del dolor del golpe —. ¿Estás bien?

Hermione miró a su alrededor, se encontraba en el suelo, con todas sus cosas tiradas mientras Fred parecía haber corrido un maratón. Gracias al cielo sus padres aún no habían llegado.

—¡Eso debería preguntarte yo a ti! —respondió ella —. ¿¡Acaso quieres darme un infarto!? ¡De por si hay tanta gente y-

Pero Fred no la dejó terminar, lo único que hizo fue abalanzarse encima de ella y abrazarla con todas sus fuerzas.

—¡Lo logramos!

—¿Cómo que lo lograron?

Fred se apartó lo suficiente para mostrarle un pequeño saco de lo que parecía ser dinero.

—¿Adivina quienes tienen suficiente capital para ahora sí empezar a trabajar? ¡No más retrasos! Y antes de que preguntes: no, no lo robamos, ni timamos a alguien. Lo obtuvimos de forma totalmente legal, aunque luego te explicaré bien todo.

Hermione parpadeó varias veces, procesando lo que estaba antes sus ojos.

Aquella bolsa debía tener aproximadamente un millón de galeones, sino es que más. Lo suficiente para…

—Eso quiere decir…

—¡Abriremos la tienda sin ningún problema! —exclamó Fred acercándose aún más, si es que eso era posible —. Por supuesto, nos tomará un tiempo re-planificar todo, habíamos atrasado todos nuestros planes por el dinero que habíamos perdido. Conseguir un local, crear el inventario, y ni hablar de la logística. ¡Son tantas cosas! Pero ya no tendremos que comenzar de cero, así que podremos acelerar nuestros planes. Crear un servicio de entrega y… y…

Fred estaba tan emocionado que parecía fuera de sí, cualquiera que lo viera pensaría que estaba loco, pero Hermione sabía lo mucho que esto significaba para él. Estaba más que feliz.

Sin decir más, la joven se abalanzó encima de él y lo abrazó con fuerza.

—Es increíble, de verdad… —dijo ella en medio del abrazo.

—La mano aún me tiembla de la emoción —respondió Fred sin poder controlarse —, aún no puedo creerlo yo- ¡Ufff! Creo que voy a explotar. Ahora será posible de verdad...

Y vaya que sí, Hermione nunca había visto a Fred tan emocionado en su vida. Podía jurar que los ojos de Fred estaban al borde de las lágrimas, pero no podía culparlo. Después de tantos meses de estrés y esfuerzo, finalmente todo había valido la pena.

—Sabía que lo lograrías —dijo Hermione con honestidad —. Siempre creí en ti.

Fred sonrió nuevamente, no sin antes depositar un dulce beso en sus labios. Después de esto jamás volvería a dudar de sí mismo.

A veces lo único que se necesitaba era una oportunidad; una oportunidad para creer y cambiar las cosas.

Nunca había que dejar de creer.

—Lo sé —dijo Fred —. Muchas gracias por creer en mí.


Y finalmente, llegamos al final. No lo puedo creer :')

Si te encuentras aquí leyendo dejame decirte que muchas gracias, de verdad lo valoro muchisimo. Una parte de mí se siente triste porque esta historia es mi bebé y no quiero dejarlo, pero todo lo bueno llega a su fin y eso también hay que celebrarlo.

Ha pasado un año y medio desde que empecé este fanfic y puedo decir que estoy satisfecha. Sé que el final no es nada del otro mundo pero este siempre había sido el final que tenía en mente para esta historia. Un recap sobre el final del cáliz de fuego con Fred logrando cumplir su sueño y diciendocelo a Hermione, yey!

Pienso hacer un corto epilogo para mostrar lo que pasa con el sueño de Hermione y confirmarles que Fred no muere. Pero de todos modos, este es el final final.

¿Alguna opinión sobre el final? Después de todo, esta es la despedida :')

Muchas gracias por leer!