De acuerdo... sé que me merezco lo peor y que me quieren matar por haber tardado siglos en actualizar... pero ya saben, la vida a veces conspira en contra de los planes que uno tiene y la verdad es que me encontré este último tiempo con demasiadas cosas en la agenda... así que digamos que esta historia se va a extender más de lo previsto en cuanto a actualzaciones.

De cualquier manera, si a alguien le sigue interesando continuar leyendo esta historia, será un placer para mi seguir escribiendo aunque me tarde meses.
Sin más... les dejo un cap largo en compensación por mi demora.
¡Buena lectura!


22 años, horas antes de la actualidad

Si pensaba cambiar mi vida tan rotundamente, sabía que tenía que empezar de a poco. Mi interior estaba repleto de demasiados sentimientos que se agolpaban al mismo tiempo: miedo, ansiedad, estrés, adrenalina, amor… Había muchas cosas de las que tenía que encargarme ese día y ya había perdido demasiado tiempo llorando dentro de mi propia burbuja de desgracia. Y la verdad era que mis amigas tenían razón. Era hora de dejar mi egoísmo de lado, de dejar de pensar en "por qué a mí" y hacer lo que realmente sentía en mi interior. Era el momento de pensar en otro futuro y no sabía cómo, pero estaba segura de que estaba haciendo lo correcto.

En ese momento tenía dos opciones. Intentar hacer las cosas bien y hablarlas como adulta que era para llegar a buen puerto con todo el mundo, o luchar contra viento y marea hasta conseguir lo que quería. Y si era necesario, juro que lo iba a hacer y no había nada que pudiera detenerme.

Eran las seis de la tarde cuando llegué al primer lugar. Tomoyo me había prestado ropa (de suerte que siempre tiene algo preparado para mi) y pude recuperar mi decencia inicialmente perdida esa mañana. Los había citado a los dos en el bosque lindero al parque pingüino, justo debajo de un frondoso árbol, dónde estaríamos lo suficientemente tranquilos para hablar.

No era para nada sorprendente que allí debajo del árbol, la figura de Yukito estuviera esperándome.

—Buen día, Sakura —me saludó con esa amable sonrisa característica de él. Intenté devolversela, pero algo oprimía mi pecho de manera dolorosa— ¿Estás bien?

—¡Yukito! Si, todo está muy bien —la sonrisa falsa de mi rostro no llegaba a reflejarse en mis ojos, lo sabía. Sin embargo, Yukito no me dijo nada.

—Hay alguien que está preocupado por tí. Te lo pasaré.

Frente a mis ojos, de la espalda de Yukito salieron dos grandes alas que lo envolvieron para luego dejar a la vista la figura de Yue, mi guardián. El cabello plateado omdeó con el viento mientras su mirada gris evaluaba mi figura.

—Estuviste llorando.

No era una pregunta, lo sabía. Me encogí de hombros intentando restarle importancia al asunto aunque volví a sentir mi garganta arder.

—¿Sakurita? —Kero apareció volando desde alguna de las ramas del árbol y me miraba con preocupación.

—¿Qué sucede? —preguntó Yue yendo directo al grano, como siempre.

—Hay algo que les tengo que decir.

No iba a ser una consulta. No iba a buscar consejos ni a pedir consuelo. Iba a modo informativo, porque la realidad era que yo ya había tomado mi decisión. Les conté lo que había sucedido desde la mañana y de las conversaciones que había tenido con Shaoran y mis amigas. Mis guardianes me escucharon con atención, sin interrumpir mi relato en ningún momento. Solo cuando callé y bajé mi mirada al suelo tratando de mantener la compostura, Kero me llamó.

—¿Sabes? En otro momento te hubiera dicho que perdiste la cabeza. Que no puedes tomar una decisión como esa e ir corriendo en medio de una guerrera solo porque sí.

—Es que… no es porque sí…

—Lo sé. El mocoso es tu destino.

—Mi… ¿destino? —miré a Kero confusa. En su momento él creía que era algo de niños, que se nos pasaría. Luego, con él correr de los años entendió que realmente amaba a Shaoran, pero jamás me había dicho que él era mi destino.

—Sea como sea, o por quien sea, la vida los vuelve a cruzar constantemente —Kero me sonrió de manera algo melancólica—. El amor es algo que a seres como nosotros nos cuesta entender. Fuimos creados para proteger y defender al dueño de las cartas y a las cartas. Y tú, Sakura, nos has enseñado que hay muchas maneras de amar y que así como tú amas a Shaoran, nosotros te amamos a tí como nuestra protegida y como nuestra familia.

Llevé mi mano al pecho, agradecida por las palabras de Kero. Yue, por su lado, miraba hacia un costado, evitando establecer contacto visual conmigo.

—Te seguiremos hasta el fin del mundo, aunque tomes la decisión de arrojarte a un pozo sin fondo.

—Kero… gracias.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez de emoción.

—¿Cuándo partimos? —Yue preguntó sin mirarme.

Fue en ese momento donde mis piernas empezaron a flaquear y tuve que tomar aire varias veces para decir lo que tenía que decir.

—Yue… has pasado gran parte de estos últimos años como Yukito— él arqueó una ceja y posó sus ojos en mi—. Tienes una vida más allá de protegerme a mí. Quiero decir, Yukito no dejas de ser tú.

—Yukito es solo una forma de resguardar mi identidad. No tiene nada que ver con mi persona —rebatió mis palabras cruzando sus brazos sobre el pecho.

—Yue… quiero que sigas viviendo esta vida como Yukito y con mi hermano.

Yue frunció el ceño y supe que mis palabras lo habían molestado. Aunque ya había previsto esa reacción.

—¿Qué estás diciendo?

Tome aire antes de decir las palabras que harían que se enojara de verdad.

—Quiero decir… que quiero que te quedes aquí.

—¿Qué? —Kero me miró con sorpresa y luego miró a Yue previendo lo que yo.

—¡De ninguna manera! —gruñó con enfado—. ¡Soy tu guardián y es mi deber mantener tu seguridad! ¡No pienso quedarme aquí a vivir una estúpida vida mundana mientras tú vas en medio de una guerrera a poner tu vida en riesgo!

—¡Yue! Escúchame.

—¡Dije que no! ¡No lo voy a permitir!

—¿Recuerdas la última carta que cree en aquél tiempo en que estaba Akiho? —pregunté intentando mantener la calma. Era crucial mantenerme estable con Yue para que pudiera entenderme.

—Si, teleportation. ¿Qué hay con eso? —me miró desconcertado por mi súbito cambio de tema.

—Esa carta, hasta lo que pude hacer, me permitió crear un tiempo muerto entre diferentes dimensiones. Pude romper el tiempo y el espacio y crear una especie de limbo interdimensional. Estuve pensando mucho al respecto y creo que puedo romper ese tiempo y espacio unidireccionalmente.

—¿Quieres crear una especie de portal?

—Exacto.

—Sakura —Kero, teniendo también el ceño fruncido, negó con la cabeza—. Esa carta de por sí es muy peligrosa. En su momento casi te deja atrapada entre las dimensiones junto al mocoso. Ni hablar que requiere de casi toda tu energía. Dormiste días enteros luego de ese día. E intentar canalizar su poder para convertirlo en un portal… lograr que se genere una abertura en el tiempo exacto y la misma dimensión… es muy peligroso y complicado. Es magia muy avanzada y ni siquiera estoy seguro de que Clow pudiera hacer algo así.

—Yo no soy Clow —murmuré con un dejo de ofensa. Hacía años que me comparaban con Clow estuviera dónde estuviera por tan solo ser la heredera de sus cartas.

—No lo eres y sigues siendo inmadura —no pude evitar hacer un mohin ante tal acusación—. Kerberos tiene razón. Eres poderosa, superas con creces a muchos magos que he conocido. Pero estás hablando de realizar magia demasiado avanzada hasta para tí.

—Sé que puedo hacerlo. Estuve entrenando para ser mejor.

—Y lo eres, Sakura, pero esto es demasiado peligroso. ¿Para qué quieres manipular el poder de la carta de todas formas? —preguntó Kero manteniendo su expresión seria.

—Sé que puedo hacerlo. ¿Bien? Y si no lo intento… ¿Cómo puedo saber si soy capaz de lograrlo o no?

—¿Cuál es el objetivo?

Tomé una gran bocanada de aire antes de poder contestar. Kero y Yue eran los guardianes de las cartas y yo su dueña. Pero, había algo en mi interior que me decía que no era justo. Ellos siempre habían estado ahí para mí. Siempre a mi lado, siempre cuidándome desde niña… no me parecía justo que ellos no pudieran elegir su propia vida y se vieran obligados a seguir cuidándome.

—Es que… no es justo que me tengan que seguir y pensé que… utilizando la carta de esta manera podría…

—No funcionaría —me interrumpió Yue. Aunque había crecido mucho, él me seguía superando por al menos una cabeza y su mirada era más intimidante cuando miraba directo a mis ojos—. Necesitarías usar gran parte de tu magia para lograr algo así. Y no puedes desmayarte en medio de una pelea. Irás al centro de una guerra entre clanes que no diferencian entre lo que está bien o está mal como tú. Ellos son capaces de eliminar lo que sea que se interponga en su camino y no diferenciarán entre buenas personas o malas, o entre adultos y niños.

—Yue tiene razón, Sakura. Y más allá de si es o no una obligación para nosotros, te seguimos porque queremos hacerlo.

—Además, tu hermano no me perdonaría si te dejara ir sola.

Solté un suspiro cargado de frustración. Sabía que tenían razón en lo que me decían, aunque en verdad creía que podía moldear el poder de la carta teleportation. Y se los iba a demostrar en el momento apropiado.

—Lo siento —dije luego de un momento con la mirada clavada en la tierra bajo mis pies—. Lamento que tengan que seguirme y cambiar su vida por un capricho mío.

—Sakura —Kero se acercó a mí y levantó mi mentón con una de sus manitos— El amor es la forma mágica más antigua y poderosa que existe en el universo. El amor te ha salvado infinidad de veces cuando te sentías consumida por la tristeza y la desesperación…

—Ya… pero…

—Hemos pasado muchas cosas juntos contigo y también con Li. Él incluso ha sido brevemente nuestro dueño y somos testigos de lo que él te quiere y de lo que tú lo quieres. No es un capricho tuyo. Igual sigue siendo un mocoso...

—Basta decir que el hecho de que tú quieras ir allí, ya nos es motivo suficiente para seguirte a dónde vayas —añadió Yue desde su lugar—. No importa si es por Li o por lo que sea.

—Pero mi hermano…

—Tu hermano estaría de acuerdo y no permitiría que te dejara ir sola. Si es necesario, Yukito tendrá que desaparecer un tiempo.

Apreté los labios con frustración. Bajo ningún punto quería que Yukito desapareciera y tampoco quería sacarle a mi hermano a su persona más querida, no me parecía justo desde ningún lugar.

—Aunque pudieras utilizar la carta teleportation como te gustaría… tampoco permitiría que vayas sola.

—Pero…

—No hay mucho más para discutir, Sakurita —Kero acarició mi cabeza en un gesto tierno—. Sabemos que es una decisión abrupta y difícil. Pero, es lo que quieres y por ende lo correcto. Nosotros estaremos a tu lado para apoyarte. Sin falta.

No pude impedir que varias lágrimas volvieran a escaparse de mis ojos. Me encontraba en una gran encrucijada. Si bien dentro de mi corazón estaba segura que ir detrás de Shaoran era lo que quería, ponerme a pensar en todo y todos los que dejaba atrás y en aquellos que tendrían que cambiar su vida por culpa de mis decisiones y o caprichos, me hacía dudar de estar haciendo las cosas bien. ¿Debía seguir los deseos de mi corazón o pensar en todos mis seres queridos y en lo que mi elección iba a causar en ellos? Por eso agradecía con el alma el apoyo de mis guardianes.


Llegué a mi casa casi por inercia, sin ser muy consciente de mis pasos ni del camino. No podía dejar de pensar en cómo de un momento a otro nuestras vidas cambiaban como si de una partida de ajedrez se tratara, dónde si movía mal una pieza o tomaba una mala decisión, lo perdería todo.

La luz proveniente de la ventana de mi casa era un indicio para saber que mi papá estaba en mi casa y que yo debía darle alguna explicación sobre mi abrupta decisión. Mis piernas temblaban al pensarlo siquiera y no respondían a mi orden mental de avanzar. Mi corazón latía con más velocidad de la esperada y no podía dejar de pensar en mil y una formas de decirle a mi papá: "¿Sabes? Me voy con Shaoran a vivir a Hong Kong, en medio de una guerra de clanes… pero no te preocupes, no hay nada por lo que preocuparse".

Eran casi las nueve de la noche cuando tomé valor para atravesar la puerta de mi casa. Saludé a mi papá como si nada, porque desde ya que me faltaba valentía para enfrentarlo ni bien lo vi preparando la cena para los dos, y me marché a mi habitación evitando preguntas que develaran mis miedos.

Kero aún no había vuelto a casa, por lo que no me había esperado quedarme estática viendo mi habitación desde el umbral de la puerta.

Si me marchaba con Shaoran, ¿qué debía llevar? ¿Qué era prudente? Mi vida estaba ahí… entera, encerrada entre las cuatro paredes que era mi habitación. De pronto, me pareció un cuarto enorme cargado de muchas cosas, de historias de vida y de recuerdos importantes. ¿Cómo podría envolverlo todo para llevarlo conmigo?

—Sakura —mi padre llamó desde lo alto de la escalera. Tenía una expresión preocupada en su rostro—. La cena está lista. Te estaba llamando pero veo que andas algo distraída.

—¿Ah? ¿Si? —respondí de manera casi automática, como si no fuera capaz de poder concentrarme para articular palabras.

—¿Te sucede algo, hija? —preguntó acercándose a mí. Se colocó a mi lado y miró también el interior de mi habitación—. Ha cambiado mucho desde que eras una niña y a la vez, casi nada ha cambiado.

Pensé un segundo en las palabras de mi papá y concluí rápidamente que tenía razón. La cama, la cómoda y todos los muebles seguían siendo los mismos que cuando era niña. La diferencia estaba en que ya no parecía una habitación de una niña. Mi escritorio estaba lleno de libros de la universidad; había colgado un cuadro con fotos de mis amigos y tenía otro con fotos mías y de Shaoran. Mis peluches se habían reducido al osito que Shaoran me había regalado de niños y la muñeca que era muy parecida a mi. Había también un espacio para mi maquillaje (aunque no usaba mucho), mis cremas y perfumes. En definitiva… todo había cambiado y todo cambiaría aún más.

—Papá, hay algo que te tengo que decir —dije con cierto temblor en la voz.

Una vez sentados en mi cama, mi papá me escuchó con toda la atención posible. Desde luego, no entré en detalles. Había cosas que no podía explicarle y solo le conté lo esencial. Siempre pensé que mi papá era alguien de un gran corazón y alguien que hacía las preguntas justas sin inmiscuirse por demás. Entendía hasta lo que yo no le contaba, así que solo me aferré a lo básico y a lo seguro, que la madre de Shaoran no se encontraba muy bien, que él tenía que ir urgente a Hong Kong y que no sabría cuándo podría volver… y por ello, yo había tomado la decisión de seguirlo aunque él no quisiera.

Una vez que terminé de contarle todo, él me sonrió y me pidió que aguardara un instante. Al poco tiempo, regresó con dos valijas grandes que utilizaba para sus viajes largos. Lo miré con sorpresa.

—Intuyo que necesitas un poco de ayuda para decidir qué llevar. ¿Verdad?

En todo el tiempo en que le había hablado del problema que había surgido y que yo me iría, aguanté las lágrimas como la mejor… pero verlo ahí, parado, con una sonrisa genuina en su rostro, con su mirada repleta de cariño y con las valijas en mano, me quebró en dos. Sin poderlo evitar, me lancé a abrazarlo con el rostro surcado en lágrimas.

—¡Papá! —lloriqueé abrazándolo con fuerza.

Él me devolvió el abrazo y aguardó a que parara con mi llanto antes de hablar.

—Sakura, hija… en todo este tiempo me has permitido acompañarte en el camino de tu vida, con amor, con cariño y con mucha alegría. Y estoy muy agradecido por ello. Has crecido y te has convertido en una gran mujer de la que estoy plenamente orgulloso y estoy seguro de que Nadeshiko también está orgullosa de ti. Por eso creo que llegó el momento que hagas camino al andar, que elijas y pruebes… que veas qué es lo mejor para ti y que sigas a tu corazón como siempre lo has hecho.

Limpié nuevas lágrimas de mis mejillas y lo volví a abrazar, hundiendo mi cabeza en su pecho. A pesar de haber crecido, mi padre aún era mucho más alto que yo, pero seguía oliendo tan bien como siempre, con ese dejo amaderado de su perfume.

—Y si… ¿sale mal?

—Si algo sale mal… puedes siempre recordar que tienes un lugar al que volver. Siempre estaré aquí para ti, hija.

En verdad tenía el mejor papá del mundo, no podía pedir más.


Actualidad

Tomé una de las valijas grandes que guardaba en lo alto de los armarios y me dispuse a guardar nada más que lo esencial, lo urgente. Algo de ropa, artículos personales, documentación. Ya había acordado con mis hermanas que la mudanza se llevaría a cabo ese mismo fin de semana, el domingo para ser más preciso. Me encargaría solo de mis pertenencias y de las cosas valiosas, el resto lo haría una empresa de mudanza de plena confianza de mi familia.

Si había algo que detestaba hacer, era justamente la valija para mudarme. Siempre, pero siempre olvidaba algo y luego tenía que pedir que me lo enviaran por correo. Sobre todo, estaba odiando hacer mi valija solo. Esperaba que el plan que había desarrollado con Meilin diera sus frutos y escuchar las llaves de la puerta en cualquier momento. Mientras empacaba, no podía dejar de levantar la cabeza ante cualquier mínimo ruido, esperando que fueran las llaves que tanto conocía. Desde temprano mi mañana había sido en extremo intensa. La reunión que había llevado a cabo esa misma mañana, para nada había salido como yo lo imaginaba y aunque yo esperaba sorprender a mi invitado, el sorprendido había sido yo.

No fue hasta pasado el mediodía que el sonido del timbre me sacó de mis tareas. No estaba esperando que el timbre sonara, por lo que me llevé una gran sorpresa cuando al abrir la puerta me encontré a mi novia con dos grandes valijas, parada en la puerta y con cara de pocos amigos.

—¿Sakura? —fruncí los labios en un intento de evitar la sonrisa que se asomaba por mi rostro— ¿Qué es esto?

—¿Cómo que qué es? —ofendida me propinó un empujón hacia el interior de mi casa y metió las valijas con gran esfuerzo, parecían pesar más de lo permitido, cerró la puerta de un golpe y me miró furiosa— Pedazo de… de… ¡tonto! ¿Creíste que te iba a dejar ir así nomás?

Me mordí el labio inferior para evitar una carcajada, quería dejar que ella sacara todo el enojo que tenía guardado conmigo por mis decisiones y tomarla por sorpresa. Sakura me apuntó con un dedo acusador, como si de un arma se tratara, tenía las mejillas coloradas y sus ojos estaban vidriosos como si estuviera a punto de volver a llorar.

—¿Qué fue toda esa basura de ayer? —acusó golpeando mi pecho con su dedo— ¡Ni procesarlo me dejaste! ¡Y no! ¡No te voy a permitir tomar decisiones por mí! —. Tomó una gran bocanada de aire para continuares su verborragia que iba aumentando en volumen— ¡Te guste o no soy adulta y las decisiones las tomo yo! ¡No me importa lo que pienses, grandísimo…. tonto!

—Sakura… —dije su nombre con la intención de que moderara un poco el tono de su voz, pero ella parecía no escucharme. Al menos, ya tenía una confirmación anticipada de la información que había recibido esa mañana.

—¡Sakura, nada! ¿Te piensas que te puedes ir así como así de mi vida? ¿De un día para otro? ¿Dejándome con una tonta promesa sin saber si la puedes cumplir y cuándo? —unas lágrimas escaparon de su rostro y me vi tentado a borrarlas, pero ella me evitó empujando mis manos— ¡No! ¡No quiero tu consuelo y tus promesas vacías! ¡Quiero que escuches claramente lo que voy a decir porque no pienso volver a repetirlo!

—Te escuchó —la miré directo a esos ojos verdes chispeantes que no dejaban de soltar lágrimas.

—¡No me importa lo que pienses! ¡Voy a ir contigo! ¿Escuchaste? ¡Y no podrás detenerme! ¡Tus peleas son mis peleas y no me importa dónde sea, no voy a dejar que nos separemos nunca más! A menos que no me ames más… ¡pero yo sé que no es así! ¡Somos un equipo y no te voy a dejar ir solo a morir! Porque yo… yo… si no se de ti…

—De acuerdo —la interrumpí sonriendo de lado. Ya había escuchado suficiente y no quería que siguiera sufriendo porque sabía lo que me diría, sabía lo que sentía… porque yo me sentía igual.

—¡Te dije que no me…! —chilló casi hablando sobre mí, pero cuando su cerebro llegó a procesar mis palabras se interrumpió de manera abrupta mostrándose confundida— ¿Qué?

Intenté mantenerme lo más serio posible por el bien de mi vida.

—Que está bien, acepto que vengas conmigo.

Sakura frunció el ceño con confusión. Estudió mis facciones por un largo minuto, como intentando discernir si estaba o no mintiendo.

—¿De verdad? ¿Así, sin más? No se suponía que fuera tan… fácil… no… ¿quién eres tú y qué hiciste con mi novio?

Me reí sin poder evitarlo y entendiendo que ya me encontraba en terreno amigo, tomé sus manos y la llevé a sentarse al sillón conmigo. El corazón me latía con velocidad. En realidad todavía no estaba muy seguro de todo aquello y me molestaba estar llevando a Sakura a un infierno cuando en realidad yo tenía que preparar el camino para llevarla a un paraíso. Lamentablemente esa no era nuestra realidad y los dos manteníamos sentimientos muy fuertes el uno por el otro, por lo que, en estos momentos, la separación no era una opción viable.

—Tienes razón… —admití—, sigue sin gustarme la idea de llevarte al frente de una guerra, pero tienes razón. No tuve en cuenta tus deseos y somos un equipo, como bien dijiste. Así que lo acepto, dejaré que tomes tu propia decisión.

Aún desconcertada me miró con desconfianza, como queriendo leer la letra chica del contrato en busca de una trampa.

—¿Lo aceptas y ya? ¿nada más?

—De acuerdo… no, no es así sin más —dejé de sonreír y tomé aire repetidas veces, intentando tomar el valor que me hacía falta para hacer eso que tenía que hacer, obligatoriamente.

—Sabía que no podía ser tan fácil.

—Hay condiciones —dije bajo su mirada escudriñadora.

—Ya dilas, Shaoran… ¿qué tanto suspenso? No pienso cambiar de opinión.

La contemplé durante unos segundos. Sakura parecía segura de sí misma y se había venido lista para viajar. Llevaba puestas unas calzas y un buzo que en su momento era mío, por lo que le quedaba largo. Me pregunté qué habría empacado… ¿había decidido tan rápido qué llevar? ¿habría podido empacar todo lo que quería? ¿Lo había hecho todo a conciencia o solo por un impulso?

—En primera medida, debes entender que venir conmigo tiene muchas implicaciones… y por tanto debes aprender algunas cosas.

—Shaoran… ¿puedes ir al grano?

—De acuerdo. Puedes venir, pero estudiarás Chino y entrenarás con mi madre.

—¿Con tu madre? Me imaginé lo de aprender el idioma… pero, ¿por qué entrenar con tu madre?

—Quiere que aprendas a controlar tu aura mágica para pasar desapercibida. Es decir, que aprendas a ocultar tu magia. Además, continuarás con tu entrenamiento de artes marciales con Meilin —mi castaña novia apretó los labios con algo de disgusto ante mis pedidos—. ¿Estás segura de que quieres seguirme hasta allá?

—¡Claro que sí! ¡Haré lo que sea necesario!

—Saku… estás dejando atrás a tu familia, tus amigos, tus estudios, todo por… algo que es peor… ¿por qué?

—¿Acaso no dejaste todo lo mismo para venir aquí por mi? Shao —Sakura tomó mis manos entre las suyas—, sé que no es lo ideal… sé que es una situación complicada, pero tú también has venido por mi en situaciones complicadas y has arriesgado tu vida por mi incontables veces… Además, tú también estás dejando lo mismo que yo atrás. Ahora es mi turno. Y esto no es para siempre, ya verás.

Me revolví el pelo con algo de frustración. Para mi no era lo mismo que ella dejara todo lo que era su vida a esta edad que cuando yo lo hice. En su momento, si bien yo había cambiado muchas cosas de mi vida, todavía estaba en plena formación. Ahora… era diferente y si bien yo estaba dejando también mis estudios, a mis amigos y a parte de mi corazón en Tomoeda, en realidad estaba volviendo a mi familia, a esa que había dejado atrás hacía tantos años.

—Hay una cosa más.

—¿Qué?

Empecé a mover mi pierna de arriba abajo con un tick nervioso. Ese era el momento crucial de explicarle la condición más importante y no era algo sencillo.

—No sé… cómo decirlo.

—Solo dilo.

Chasqueé la lengua, suspiré y la miré directo a esas esmeraldas verdes que aún reflejaban el dolor que todo el cambio significaba para los dos.

—La única manera de que puedas entrar al clan Li… de que puedas estar bajo nuestra protección… de que yo pueda protegerte —tragué con cierta dificultad—. Dios… jamás imaginé tener que pedirtelo de esta manera.

Sakura me miró confusa. Tenía el ceño fruncido, la cabeza torcida y colocó una mano en mi pierna para frenar mi tick nervioso.

—¿Pedirme qué?

Con el corazón latiendo a mil, metí la mano en uno de los bolsillos de mi pantalón y saqué la caja ornamentada en dorado que parecía brillar aún más en ese momento. Sakura la miró con atención. Me sentía consternado por hacerlo de esa manera. No es que no quisiera o nunca lo hubiera imaginado… de hecho, sabía que quería pasar toda mi vida con ella, el problema era que jamás hubiera imaginado que tenía que pedirselo por una condición como esta. Una gran parte de mi tenía miedo de ser rechazado por ese motivo.

—Perdóname por hacerlo de esta manera —me anticipé desviando la mirada al suelo—. Pero… la única manera de que pueda estar a tu lado y el concejo te acepte… es si vas como mi… —, apreté la mandíbula molesto conmigo mismo.

—¿Prometida? —susurró con cautela, uniendo las piezas del rompecabezas.

Asentí con la cabeza sin atreverme a mirarla.

—Lo más probable es que el concejo tenga prevista una unión de clanes por conveniencia, por lo que… estaríamos desafiandolos diréctamente. Entiendo si tu no…

—Shao —tomó mi rostro entre sus manos, obligándome a mirarla a los ojos—. Lo haré.

La sorpresa atravesó mi cuerpo y mi corazón parecía querer escaparse de mi boca, huir y marcharse para siempre.

—¿En… serio?

—Claro que sí. Jamás podría permitir que ese tonto concejo te comprometa con alguien más. De ninguna manera —frunció los labios con disgusto—. Y menos por conveniencia.

—Sakura… perdóname —tomé sus manos y las sujeté con fuerza—. En verdad, perdóname por todo esto. No es así como alguna vez imaginé pedirte que te casaras conmigo… no es así como imaginé nuestro futuro…

—¿Ya lo habías pensado?

—Bueno… —sentí mis mejillas calentarse y la hermosa sonrisa de mi novia apareció ante mí. Todo valía la pena si podía verla sonreír—, no niego ni afirmo alguna vez haber fantaseado con ello.

—Entonces prométeme algo.

—¿Qué cosa?

—Algún día, tendrás que proponérmelo como te habría gustado hacerlo.

Sonreí.

—Te lo prometo.

De la caja ornamentada que aún tenía sujeta, saqué un elaborado anillo de oro blanco con un zafiro azul que resaltaba en todo su esplendor. Mi madre me había enviado el anillo de compromiso de la familia Li que había atravesado generaciones. Mi madre, mi abuela, mi bisabuela… todas ellas lo habían utilizado y ahora era el turno de Sakura. Con ese anillo me había presentado esa misma mañana frente a Fujitaka y Touya Kinomoto, dispuesto a pedirles la mano de Sakura en matrimonio. Y si bien no les había podido explicar la verdadera situación ambos sabían ya que yo tenía que volverme a mi país natal de manera urgente y que Sakura tenía intenciones de seguirme. Para mi sorpresa, Fujitaka aceptó mi petición sin hacer mayores preguntas y Touya (aprovechando un momento en que nos quedamos solos) me amenazó de muerte si no cuidaba bien de su hermana. Me fui esa mañana con la promesa de proteger a Sakura con mi vida y dar todo de mi por ella. Y es que no había mentido, mi vida le pertenecía por entero y yo la había entregado para vivir por y para ella. Sakura era lo más importante para mí y haría lo que fuera necesario para cuidarla.

—El concejo… ¿me aceptará? —preguntó ella con la mirada clavada en el anillo.

—No pretendo darles opciones… Mi condición para poder dirigir el clan, es que te acepten como parte de y como mi prometida. Tú eres mi prioridad y el concejo ya está advertido de ello por mi madre.

—¿Y sabe el concejo que yo tengo las cartas?

Negué con la cabeza. La realidad era que el concejo aceptaría de buenas a primera si se enteraban que Sakura era la heredera de las cartas Clow y que era poseedora de un gran poder mágico. El problema estaba en que yo no quería entregarles ese conocimiento (y mi madre estaba de acuerdo conmigo) porque no tenía ninguna duda de que harían hasta lo imposible por utilizar su poder y manipularla, así como habían hecho conmigo.

—Eso es algo que mantendremos en secreto el máximo tiempo posible, por eso quiero que aprendas con mi madre a ocultar tu poder.

—De acuerdo. Entonces… ¿pondrás el anillo en mi dedo o tendré que hacerlo yo?