Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.


Capítulo 10. Los Tres Milo.


El silencio reinó entre los tres después de que se sentaran en un pequeño círculo; el Milo peliazul estaba recargado contra uno de los árboles, con la vista fija al frente, mientras que los otros dos Milo estaban mirándolo, ambos tenían muchas cosas que hablar entre ellos, pero también tenían cosas que hablar con él, y aprovecharían su aparente oportunidad para hacerlo.

El Milo rubio tomó la iniciativa, con una expresión seria miró al peliazul frente a él, poniendo ambas manos en sus rodillas. Había pensado en no iniciar con un tema tan escabroso, pero considerando que el peliazul no parecía muy cooperativo, decidió iniciar con lo más llamativo para él, así también sabría si su igual sabía algo.

—Esos sueños… —dijo, llamando la atención de sus pares, aunque el peliazul no se movió para reconocerlo— He soñado que soy un niño que se oculta en pasillos, he visto a mi padre hacer cosas que no haría…

—Yo no he soñado nada —interrumpió la pelirroja, frunciendo el entrecejo—. Pero has estado usando mi cuerpo y eso no me gusta, es como invasión a la privacidad, ni siquiera sé cuándo lo vas a hacer.

Desde que Milo había recuperado su memoria eliminada sobre su viaje y su encuentro con su otro yo, masculino, había comenzado a percibir que algo no marchaba bien en cuanto a su comportamiento. Existieron días enteros que perdió sin saber cómo, ella se iba a la cama pensando que era un viernes, por ejemplo, y cuando recuperaba la conciencia resultaba que era martes o miércoles de la siguiente semana. Y durante el tiempo en que ella se creía dormida, o desmayada, sus amigos le contaban de cierto comportamiento poco común en ella. Le hablaron de lo sería que parecía, emanando un aire de misterio y peligro. Enterarse que su cuerpo era "secuestrado" por otra versión de ella fue agotador, en especial considerando que su otra versión ni siquiera se había tomado la molestia de presentarse o al menos avisar con antelación.

—Eres un reubicador, por eso tienes un reloj, ¿cierto? —terminó de preguntar.

El peliazul hizo una mueca, mostrando su incomodidad al estar ahí, rodeado de sus otros yo. Ya le habían advertido que tendría que quedarse y hablar con los otros Milo, para asegurarse de que ambos cooperarían por completo; ella comenzaba a resistirse y si continuaba así él tendría problemas para sumergirse en el cuerpo de ella.

—Eso no te importa.

Tanto el Milo rubio como la pelirroja se inclinaron hacia adelante, ambos por un momento habían creído que el peliazul no hablaría. Ella de inmediato cruzó los brazos y comenzó a quejarse:

—Claro que me importa, carajo, somos la misma persona.

—No, no lo somos —contraargumento él—. Somos dos personas completamente diferentes, es obvio incluso con mirarnos.

—Él tiene un punto —susurró el rubio, presionando con suavidad el hombro de su igual femenina—. Tal vez somos personas diferentes, tenemos formas de pensar y vidas diferentes, ni siquiera nosotros dos nos parecemos… tanto —continuó en voz alta, señalando al peliazul y a él—, pero somos esencialmente lo mismo, vamos, lo sabes, Milo.

—Es lo que estoy intentando decirle, tonto.

—No te lo decía a ti, Mi-Antares.

El rubio negó, la conversación entre ellos no funcionaría de esa forma.

—Esto no funcionará, no podemos hablar así, tú eres Milo, él es Milo y yo soy Milo… —señaló— Nos llamaremos de diferentes formas: Milo, tú serás Antares, tú serás Reubicador y yo seré Milo, ¿de acuerdo?

—¿Por qué tú eres Milo? —Antares lo miró molesta.

—Porque yo dí la idea, Antares, ahora, regresando a la conversación, Reubicador, sobre esos sueños… Sólo son sueños, ¿verdad?

El peliazul entrecerró los ojos, había olvidado que su personalidad dominante era esa, tan imperativo, tomando siempre la iniciativa, tan relajado y optimista. Él, en lo personal, estaba agotado; desde que le habían dicho de la reunión sabía que habría problemas, verse con sus iguales y encontrarse con los gemelos que lo odiaban era terrible. Hubiera preferido mantenerse al margen, pero sabía que lo necesitaban, o a su reloj en realidad.

A pesar de todo, admitió para sí que era divertido ver la expresión de expectativa en el rubio y la confusión en ella, casi lo tentaban a dejar la incógnita en el aire y no volver a hablar con sus iguales hasta que fuera hora de irse, pero él quería saber qué era lo que había visto el rubio.

—Siendo la misma "esencia", cuando se comparte el mismo cuerpo a veces las mentes se superponen, algunos recuerdos se filtran entre ambos, en especial cuando se expone por un tiempo prolongado, entre más tiempo sea, las mentes más se cruzarán.

—¿Re-recuerdos?

El rubio bajó la mirada y tembló. Recordó a sus sueños, su padre, el eco de los huesos romperse a manos del hombre y cómo había sentido el hambre que albergaba el infantil cuerpo en el que estaba según su sueño. El flequillo azul y el cabello del hombre frente a él, sus recuerdos, memorias de otra vida, probablemente recuerdos que no quería tener.

—Intercambiamos memorias, creamos una conexión, cada vez más fuerte.

—¿Ustedes? —Antares miró de uno al otro— ¿Por qué yo no tengo esos sueños?

—Te resistes, es más difícil crear una conexión contigo.

—Bueno, no tendría problemas en hacerlo si al menos me avisaras con antelación cuando vas a invadir mi cuerpo.

—Eres desesperante.

El Reubicador endureció sus facciones. Eso era lo que más le molestaba de sus otros yo, por eso evitaba el contacto con ellos lo más que podía.

—Te lo dije, el Reubicador es como Camus, tienes que saber cuándo fastidiarlo y cuando dejarlo en paz, o intentará asesinarte —dijo Milo, sin poder quitar el dedo del renglón, continúo—. Entonces, los sueños… papá…

—Él no era tu padre, ni el mío.

—Esencialmente lo es…

—Pero aún así, no.

El silencio volvió a reinar entre los tres, cada uno perdido en sus pensamientos, hasta que el peliazul sintió una leve punzada en la cabeza; sabiendo que él no estaba físicamente ahí y que era imposible sentir algo de dolor físico, supuso que era provocado, posiblemente Shaka estaba presionando para que fuera cooperativo y terminara con esa reunión de una vez.

—Escuchen —dijo, manteniendo su expresión seria y un tono indiferente—. Necesito que sean cooperativos, para que el plan sea exitoso y puedan intercambiarse a través de mi reloj es necesario e importante que hagan todo lo que les digan y dejen que use su cuerpo.

—¡¿Así?! ¡¿Sin más?! —preguntó Antares, sorprendida y molesta.

—Ese es el plan, si no escuchaste no es mi problema.

—¿Siempre eres tan amable y comprensivo?

—¿Y tú siempre eres tan problemática?

—Solo con los imbéciles que tienen antecedentes delictivos.

El comentario de Antares hizo que el rostro del peliazul se ensombreciera. Milo, notando ese intercambio, volteó a ver de inmediato a su igual femenino, quien estaba concentrada mirando al peliazul, molesta, a punto de iniciar otro ataque.

—¿De qué estás hablando? —preguntó por lo bajo, confundido.

—Nada —le respondieron ambos, sin voltear a verlo.

—Oh, vaya, ¿ahora a quién estan dejando fuera?

—Nadie se está quedando afuera. —El antiguo Reubicador se levantó de su lugar y comenzó a alejarse de ellos.— Hagan lo que les dije, no me importan sus protestas o preguntas.

—¡Oye! —Antares también se levantó y comenzó a seguirlo— ¡Aún no hemos terminado! Sabes que tenemos cosas que atender, tomas prestado mi cuerpo y ni siquiera te conozco, estás aquí y tienes ese asunto con los gemelos…

Desde la distancia, el rubio se levantó de su lugar mientras ella hablaba y le reclamaba al peliazul que le daba la espalda, al menos hasta que ella mencionó a los gemelos. Milo se alertó en cuanto vió que el ex-reubicador darse la vuelta rápidamente y levantar las manos, como si fuera a ahorcar a la pelirroja que dió un par de pasos atrás, también alertada. El peliazul no logró acercarse, como si una barrera estuviera entre ellos y evitara que intentara lastimarla, así que optó por poner la mejor expresión de seriedad que tenía y la golpeó con el dedo índice de la mano derecha en la frente, alejándola aún más.

—No me importa que sepas o creas saber, no quiero escucharte hablar sobre eso de nuevo, ¿de acuerdo? O ya no vas a ser necesario hacer un intercambio.

—¿Me estás amenazando? —A pesar de haber retrocedido, Antares frunció el ceño y se enderezó, aún sabiendo que no era tan alta como él.

—Yo no hago amenazas.

—De acuerdo, de acuerdo, esto no es necesario —Milo se acercó a ellos y los alejó lentamente sosteniendolos por los hombros y mirando de un lado al otro—. No tenemos por qué ser agresivos, no lo olviden, somos la misma persona, ¿saben lo mal que nos vemos? La gente creerá que estamos locos porque peleamos entre nosotros, cuando deberíamos apoyarnos.

Antares bufó por lo bajo, sin decir nada más cruzó los brazos y les dió la espalda a ambos, molesta. Sin embargo, aclaró, fuerte y claro:

—Incluso si fuera el caso, tomarías mi cuerpo sin mi autorización, así que haz lo que quieras, al menos no tengo que saber de ti mientras eso sucede.

El Milo peliazul asintió ante la confirmación, todo lo que necesitaba escuchar. Al obtener todo lo que quería, sólo dió media vuelta y comenzó a caminar, lejos de ellos. A pesar de haber viajado a través de miles de mundos y después de ver cientos y cientos de versiones diferentes a él, algunas más iguales y otras con personalidades completamente diferentes, esa sin duda fue la experiencia más espeluznante para él. Verse a sí mismo, hombre o mujer, hablar y convivir por cierto periodo de tiempo con dos personas que eran iguales a él, era irreal; aún podía sentir la punta del dedo hormiguearle después de golpear a la pelirroja en la frente y el calor abrasivo en su hombro izquierdo, dónde el rubio lo sostuvo para separarlo de su versión femenina, y cómo ambas sensaciones comenzaba a extenderse por todo su cuerpo.

Sabía que a diferencia del dolor de cabeza, eso no era algo que provocara su anfitrión, era superior, un contacto no permitido ni siquiera en un ambiente controlado, o en la cabeza de alguien en realidad. Era tan incorrecto, que por primera vez en su vida, algo lo hizo sentir vivo, la idea de creer que existía algo por lo que valía la pena continuar existiendo.

Ambos Milo vieron cuando desapareció en el horizonte, al igual que todos los demás. Ella rápidamente se dió la vuelta, la presencia del peliazul le había crispado los nervios, sin saber por qué, una parte de ella lo rechazaba y no estaba dispuesta a perdonarlo, como si saber sus pecados la convirtiera en la conciencia que estaba segura él ya no tenía. Tal vez era igual que la aversión que sentía por Kanon, algo que superaba su entendimiento.

—No confío en él —declaró, intentando justificar su comportamiento.

—No confías… en ti misma —dijo el rubio, que intentó poner algo de burla en su comentario, pero le pareció que al final sonó sarcástico.

—Él tiene razón, no es como nosotros. Es uno de nosotros, pero no es como nosotros. Era un reubicador, no como los demás, es diferente, lo entrenaron de forma distinta.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Kanon me lo dijo…

—¿Kanon? Creí que lo odiabas. —Esta vez, su comentario burlón dió resultado, puesto que ella rodó los ojos y golpeó con algo de fuerza su brazo, en un gesto amistoso.

—Todavía lo odio, pero las circunstancias hacen que tenga que hablarle, ¿quieres escuchar la historia o no?

Milo borró su sonrisa burlona y miró al suave pasto bajo sus pies. Una tenue melancolía comenzó a inundarlo, como cuando de repente se recuerda una canción escuchada en la radio, sin motivo o razón, y esto se liga a una memoria que se cree olvidada, algo que no se quiere recordar pero que es inevitable hacerlo al pensar en la melodía. Recordar sus sueños se le comenzaba a dificultar, pero podía revivir con aplastante exactitud las emociones, el dolor, el desamparo y al final, apenas presente, algo parecido a la seriedad, la falta de emociones. El vacío absoluto.

—Era un reubicador —señaló, pensando en esas primeras charlas con su otro yo, para eliminar la falta de color que comenzaba a albergarlo.

—Es un muerto en vida, ¿lo viste a los ojos? No hay nada ahí, como un cascarón… Sé que es el dueño de nuestro reloj, pero fuera de eso no tiene razones para estar aquí, bien podría sólo haber enviado el reloj con alguien y los demás nos encargaríamos del resto.

—Tal vez le importamos más de lo que él, o tú, están dispuestos a aceptar.

—Tal vez sólo le importa salvar su trasero.

—Bueno, su trasero es nuestro trasero, así que estamos en sintonía.

Milo miró a su contraparte con una sonrisa y sin poder evitarlo la acercó a él pasando su brazo por sus hombros, en un gesto fraternal que siempre tenía con Lyfia o alguna de sus compañeras de trabajo con las que se llevaba bien. Ella rápidamente convirtió el gesto en un abrazo completo, igual a la primera vez que se encontraron en ese lugar, fuerte y electrizante.

—El abuelo te recuerda —dijo ella, separándose un poco para mirarlo—. Esmeralda dice que todos lo hacen, pero él lo manifiesta más porque probablemente en alguna de las dimensiones que se eliminaron tenía demencia, y el reacomodo hizo algo raro con su mente. ¿O tú lo conociste así? ¿Es un efecto original?

—Pues sabíamos que estaba loco pero ningún experto nos creía… —comentó él con tono distraído— Siempre ha sido el más cuerdo de todos… Mis… tus padres están bien, son algo entrometidos, pero supongo que es el efecto de tener una hija viviendo lejos de ellos.

—¿Y los demás? —preguntó ella algo avergonzada, sintió que sus mejillas se sonrojaban, sabiendo que él disfrutaba molestarla en temas relacionados al romance— ¿Shura?

—… Creo que está enamorado de mí pero no quiere reconocerlo —Milo sonrió orgulloso, eligiendo omitir la parte en la que Shura tenía una nueva pareja—. Dijo que sueña contigo, así que puedes gritar de emoción…

Al final, ambos terminaron por separarse y comenzaron a caminar sólo tomados de la mano. Ella le contó de sus entrenamientos, de lo difícil que fue sacar a Aioria y Camus de su negación, del ligero temor que le tenía a la dulce y algo entrometida Shunrei, de lo mucho que le agradaba Lyfia y lo complicado que era su trabajo. Él le habló de la escuela, sus alumnos, lo mucho que odiaba a Marín, cómo intentaba juntar a Aioria con Lithos, sus visitas con Io y todo lo que había ocurrido después de despertar en el hospital, recordando a la perfección todo lo que había sucedido en su dimensión.

—A veces creo que de verdad perdí la cabeza y todo esto es producto de mi imaginación —le confío a la pelirroja, pensando en lo real que se sentía tomarle de la mano.

—A veces siento que la culpa va a enloquecerme —murmuró ella—. Todo esto es mi culpa, incluso en cosas que parecen no tener relación... —dijo, pensando en el atentado contra todas las versiones de Julián Solo.

—Milo, escucha —Él se detuvo y la sostuvo de los hombros. Habían estado caminando en línea recta por lo que se sintieron minutos, pero estaban justo frente a los árboles, como si hubieran caminado en círculos—. Esto no es tu culpa, ¿cómo ibas a saber que tienes algún clase de poder que es mal visto en una aparente estructura multidimensional? Suena demasiado irreal.

—Te arrastre a esto…

—Tú estás en esto. Y yo soy tú y tú eres yo. Ambos estamos en esto. Mientras tú lo estés yo lo estaré… y él, él también está con nosotros.

Antares suspiró por lo bajo y asintió. Era verdad, no era el momento de lamentarse, tenía una misión importante y por ese momento, su tiempo con él se había acabado.

—Nos volveremos a ver —dijo, sosteniendo la mano derecha de él sobre su hombro—. Y voy a arreglar esto, te lo prometo, Milo.

—Lo arreglaremos —corrigió él—. Dos Milo piensan mejor que uno, y un tercero es una ayuda extra que no se rechaza.

Él guiñó un ojo, manteniendo una sonrisa optimista. Ella no pudo contestar, poco a poco, ambos comenzaron a ver muy brillante, como si a metros de sus rostros estuviera el Sol. Milo cerró los ojos por instinto y cuando volvió a abrirlos estaba de nuevo en esa habitación blanca, con un gran engranaje a sus espaldas y Aioria y Shura desmayados frente a él.

Milo miró de un lado al otro, desconcertado. Rápidamente se dió la vuelta y vió a Io mirando con atención el reloj que Shaka tenía puesto en la muñeca.

—Sin duda es un magnífico trabajo, elegante, eficiente, discreto…

—Hecho por ti.

—Sólo Escila es capaz de crear algo tan… perfecto.

—Oigan —interrumpió Milo—. ¿Qué fue…?

—La reunión, ¿no te lo dije? —dijo Io con tono obvio, mientras se acercaba el reloj, y por lo tanto la mano, más al rostro para examinarlo de mejor forma. Pocas veces estaba tan cerca de uno de los trabajos de otras versiones suyas.

—¿Eso de verdad ocurrió?

—Naturalmente —Shaka se dió media vuelta para verlo por completo, ya que tenía los ojos abiertos, y con la mano libre señaló a Milo, serio—. Sé que no pusiste atención, así que escucha bien, Milo, no voy a repetirme.

«Existen tres relojes conectados contigo, tú tienes uno y ellos tienen otro. Sólo uno de ellos es originalmente tuyo, el puente, el reloj centro que conectará los otros dos. Los relojeros trabajarán para sincronizarlos, debido a la separación entre dimensiones y el enorme desorden que hay alrededor de está, El Mosaico modificó el espacio tiempo, para que todo se mueva en diferente orden y pueda volver a acomodarse; una vez que los relojes se sincronicen, conectados al reloj centro y a ti, el intercambio podrá ser factible sin tener que hacer que de nuevo ambos convivan en una misma dimensión.

«Mientras se trabaja en eso, tú aquí y ella allá deberán viajar al centro de la dimensión, el lugar donde el tiempo no existe.

—¿Y eso es…?

Preguntó Milo en un susurro, intentando no distraerse al mirar los ojos del rubio. En la reunión tenía una venda cubriendolos, lo que llenaba su cabeza de cientos de dudas con respecto al tema. Casi se arrepentía de no haberle preguntado al niño pelirrojo que había declarado ser cercano al hombre frente a él. Y ahí, sus ojos eran de un azul claro, como un cielo despejado, o un lago impertubable que invitaba a zambullirse en él.

—Donde nace un relojero —dijo Io, soltando la mano de Shaka—. El lugar en el que estaba cuando Julián me eligió.

—No se puede viajar ahí de la forma en la que nos movemos, dibujando sellos, abriendo puertas o saltando de edificios. Se llega de forma convencional, inicialmente.

—Y entre más nos acerquemos más desubicados nos sentiremos —murmuró el relojero.

—¿Entiendes el plan?

Milo asintió energético, lo entendía todo, o eso creia.

—¿Y cuándo nos vamos? —cuestionó, sin saber si lo que sentía era emoción, incertidumbre, expectativa o una mezcla de todo eso.

—Necesitas que tu cuerpo y mente estén preparados para eso, no es divertido viajar a ese sitio, créeme. Mientras tanto, yo me preocuparía más por lo que tienes pendiente —Shaka se despidió de Io con un movimiento sutil de cabeza y comenzó a caminar hacia la salida, sin detenerse cuando pasó a un lado de Shura y Aioria, a pesar de volver a hablar—. Adiós, Aioria.

—Sí, te veré después…

Aioria se levantó con una mano en la cabeza. Todo a su alrededor brillaba y daba vueltas, así que sólo se sentó en su lugar, esperando a que el efecto pasase. Le tomó un par de segundos girar la cabeza hacia donde se había ido la persona que se despidió de él, seguro de que no lo conocía a pesar de sentir cierta familiaridad en ese tono de voz. Sentía que había pasado por un maratón de intoxicación bajo el lema "hasta que el cuerpo aguante"; sensación que desapareció en el momento en que movió la cabeza hacia al otro lado y vió a un rubio frente a él, de cabello alborotado, ojos azules y sonrisa tensa.

Milo. Su amigo, su amiga.

Ya lo recordaba. Todo.

O a ella en realidad.

La recordaba a ella.

—Carajo… —murmuró, sin saber qué más decir.


Comentarios:

¡Gracias por leer!

Mientras siga siendo enero nunca es tarde para desearle a todos los lectores un maravilloso año nuevo; feliz año y futuros proyectos realizados. Nunca es tarde para cumplir nuestras metas, sin importar el tiempo que sea.