Desde que había salido de la guarida de Dédalo se empezó a sentir bastante nerviosa, algo estaba mal, el mapa de pronto había dejado de funcionar como si hubiera dejado el laberinto, pero lo peor era que podía jurar que en un par de ocasiones escucho a alguien hablar.
— Estoy segura que ya pase por este lugar — murmuró Hazel, estaba segura que llevaba un par de horas caminando sin rumbo, tenía que salir cuanto antes de aquel laberinto antes de que perdiera la poca cordura que le quedaba, incluso lo que más le aterraba era no saber cuánto tiempo había pasado. Tal vez incluso hasta Jason había logrado derrotar a los griegos mientras ella se la pasaba dando vueltas por el laberinto.
— Detente ahí — escuchó la voz de una chica, por un momento pensó que era otra de sus alucinaciones para su fortuna dos cazadoras se acercaron a ella, sin dejar de apuntar con su arco. — ¿Qué es lo que haces aquí? — preguntó la otra cazadora, Hazel se quedó por un tiempo en silencio tratando de analizar si lo que estaba viendo era una alucinación.
— Soy Hazel hija de Plutón — dijo Hazel aunque estaba bastante nerviosa, tal vez aquellas dos cazadoras la podían atacar simplemente por ser romana y su nerviosismo aumentó aún más al ver que ninguna de las dos chicas bajó su arco.
— ¿Eres real? — pidió una de ellas, Hazel se llegó a preguntar si tal vez ellas también estaban viendo cosas extrañas en aquel lugar.
— Hola niñas — las tres chicas de inmediato se dieron la vuelta encontrándose frente a una mujer, ella era alta, de cabello blanco e incluso Hazel llegó a pensar que su cabello era igual de blanco que la nieve, pero había algo en esos ojos que no les gustaba para nada a las chicas.
— ¿Quién eres? — exigió Phoebe sin mostrar en ningún momento miedo. La mujer sólo sonrió antes de chasquear los dedos desapareciendo las armas de las dos cazadoras.
— Estoy aquí para ayudarles queridas, no es necesario que mueran más semidioses — dijo la mujer pero en vez de calmar los nervios de las chicas, solo provocó que estas estuvieran aún más preocupadas.
— ¿A qué te refieres a que mueran más? — preguntó Hazel nerviosa, solo esperaba que el plan de Octavio hubiera funcionado, no se quería ni imaginar cuántos amigos pudieron haber muerto.
— En estos momentos ya ha empezado la batalla, aunque por el momento no ha muerto nadie solo es cuestión de horas para que ambos campamentos terminan por matarse — respondió con una sonrisa, como si la muerte de varios semidioses fuera algo divertido, — Pero ustedes niñas tienen la opción para detener todo esto, quieren que los planes de mi marido fracasen, dejen al hijo de Poseidón a su suerte. Solo así podrán evitar la muerte de muchos de ustedes.
Hazel se quedó por un momento en silencio, aunque era bastante tentadora la oferta, su instinto le pedía a gritos que no confiara en aquella mujer, — No voy a dejar que le hagas nada a mi hermano — rugió Phoebe molesta al igual que Atalanta intentaron atacar a la desconocida, pero ella solo levantó la mano provocando que ninguna de las tres se pudiera mover.
— Vamos queridas, si Percy Jackson sigue vivo, muchos van a morir, ¿tanto vale su vida? — preguntó la mujer, Hazel se quedó en silencio sin entender nada de lo que estaba pasando, ¿Qué era lo que tenía que ver el tal Percy con el hijo de Poseidón? — Han sido advertidas niñas regresen por donde han venido y podrán vivir, pero si deciden continuar se verán atormentadas por todos sus miedos — Las tres chicas se quedaron un buen tiempo en silencio observando el lugar donde había estado aquella misteriosa mujer.
— No importa lo que tenga que hacer, voy a ir — dijo Atalanta viendo fijamente a su compañera, la cual no dudo por ningún momento. — ¿Por cierto chica a donde te diriges?
Hazel dudó por un momento, pensando que era mejor mentir para alejarse de ellas, pero la advertencia de aquella mujer no la dejó muy tranquila y se sentía menos nerviosa andando con esas dos cazadoras que sola, — Voy para San Francisco, tengo que llegar al monte Tamalpais — respondió Hazel tomando el mapa del piso sin darse cuenta que ambas cazadoras estaban listas para atacarla. — El Dios Febo me envió en esta misión para ayudar al hijo de Poseidón a liberar a Diana y así poder detener la batalla.
Ambas cazadoras de inmediato bajaron sus armas, si Febo la había enviado, era por que confiaba en la chica, sabían muy bien que el Dios nunca actuaría contra Percy, — ¿Qué es eso que llevas? — preguntó Phoebe intrigada, parecía una especie de mapa.
— Es un mapa del laberinto, pero he intentado usarlo pero solo ha servido para perderme — respondió la chica. — Incluso pienso que ya he salido del laberinto.
— ¿Por qué lo dices? — preguntó Atalanta intrigada.
— El mapa me lo dio Dédalo, no creo que él me hubiera dado algo que no sirve — aquel hombre en verdad le había dado confianza, aunque también pudo ser que todo eso fuera una trampa.
— ¿Qué será eso de enfrentarnos a nuestros miedos? — preguntó Atalanta intentando mantener a raya sus nervios, pero ninguna de sus compañeras le contestó, aquel sitio había quedado completamente en silencio. — ¿Chicas?
Al girarse para ver a su compañera, se percató que ella no estaba ahí tampoco la hija de Plutón, se encontraba sola y podía jurar que aquel pasillo se hacía cada vez más largo. — ¿Phoebe, dónde estás? — grito en un intentó de que su amiga le respondiera, no le gustaba para nada quedarse sola en aquel sitio.
— ¡No! ¡Atalanta corre!
La cazadora se quedó inmóvil al escuchar ese grito, sentía como un escalofrío recorría su cuerpo, su nerviosismo solo aumento. Habían pasado miles de años desde aquel suceso, incluso muchos siglos desde que tuvo la última pesadilla. — Por favor, te lo ruego, no le hagas daño.
Atalanta se dejó caer en suelo, mientras llevaba sus manos a los oídos, intentando de esa forma callar aquellas voces, por un momento todo ese ruido se esfumó, dejándola nuevamente sola en aquel oscuro pasillo. — Eres alguien interesante Atalanta — escuchó una voz entre las sombras, de inmediato intentó buscar su arco o alguna de sus armas para defenderse pero se encontró con la sorpresa de que no tenía ninguna de sus armas.
— Sal de ahí, no seas cobarde — gritó la cazadora quien a pesar de estar desarmada, no dudo en ningún momento.
— ¿Estás segura que quieres enfrentarme? — La valentía que había tenido la chica se esfumó de pronto, a pesar de que ya había pasado tanto tiempo aquella voz era idéntica. — Vamos niña porque no te das vuelta y me enfrentas.
Aunque su cerebro le pedía a gritos que no lo hiciera, ella se dio vuelta encontrándose frente a un niño de no más de cuatro años, el cual no dejaba de sonreír maliciosamente, — ¿Por qué lo hiciste Ata? — dijo el niño con tristeza. Pero la cazadora se mantuvo en silencio, incluso dio un par de pasos para alejarse de aquella imagen, pero no se percató de una piedra que provocó que la chica cayera al suelo.
— ¿Qué pasa? ¿Ya no eres tan valiente? — dijo el niño, quien a pesar de su aspecto infantil y dulce, esa sonrisa que llevaba en el rostro la aterraba. — ¿Por qué lo hiciste Ata?
— No quería hacerlo Dion, fue un accidente — dijo la chica intentando acercarse al niño, pero este se alejó viendo con furia a la cazadora.
— Ahora las cosas serán diferentes, te quedarás sola. Nadie va a ayudarte — dijo Dion sin dejar de sonreír. Su cerebro le pedía a gritos que se echara a correr, que se alejara de aquel lugar, pero su cuerpo parecía no responder a ninguna de sus órdenes.
— Ahora verás tu verdadero miedo — dijo otra vez aquella voz antes de que todo el pasillo se viera iluminado por una luz gris provocando que Atalanta tuviera que cerrar los ojos para no verse afectada. Al abrirlos, no solamente se dio cuenta que llevaba la misma ropa, si no que tenía la misma edad de aquel día del accidente.
— ¿Cuándo regresa papá? — Cómo si un balde de agua fría le hubiera caído, es así como se sentía Atalanta, al ver aquella escena. Ahí estaban ella y su hermano a punto de empezar a cenar, justo unos minutos antes de que pasara su peor pesadilla.
— Ya te dije que mañana, ahora ponte a cenar o le diré a tu padre que no has hecho caso — respondió la mujer, Atalanta se llevó las manos a la cara, en un intento de no querer ver aquello.
— No querida, tú vas a ver todo — escuchó la misma voz que había oído en el laberinto, pero no tuvo mucho tiempo para averiguar dónde estaba ese sujeto ya que escuchó unos golpes en la puerta.
— ¡Sal de ahí Calisto! —escuchó gritar a un hombre sin dejar de golpear la puerta, la mujer de inmediato se puso de pie tomando del brazo a ambos niños abriendo una compuerta que tenía en el piso.
— Quedate callada y no salgas hasta que les diga — ordenó la mujer, metiendo a la fuerza a los niños. Los golpes en la puerta solo aumentaron, poniendo aún más nerviosa a la niña.
— ¿Qué pasa Ata? — preguntó el niño abrazando con fuerza a su hermana.
— Tranquilo Denes, mi marido no está — dijo la mujer abriendo la puerta para que pudieran entrar aquellos hombres.
— ¿Dónde está? El plazo ya acabó y si no quiere que las cosas acaben peor es mejor que salga — rugió Denes dando una patada a la mesa tirando esta al piso justo encima de la compuerta.
— Él regresará mañana Denes, por favor danos un día más — rogó la mujer intentando ganar más tiempo.
— Tranquilo Dion, no pasa nada — dijo la niña colocando su mano sobre la boca de su hermano intentando que este no hiciera ruido, pero no se pudo percatar que estaba ahogando al niño.
Atalanta solo pudo observar con impotencia cómo aquellos hombres golpeaban a la mujer hasta matarla, — Ahora estás sola querida y nadie te va a salvar en esta ocasión — dijo Deimos apareciendo frente a la cazadora, ella de inmediato se desplomó en el suelo llorando.
Salto de Línea
Hazel nuevamente echó un vistazo nuevamente al mapa, ahora más que nunca quería salir de ese lugar, pero por más que lo intentará no lograba ubicarse, no deja pensar en aquella idea de había abandonado el laberinto. — ¿Por qué Hazel?
Hazel, levantó la mirada, había jurado que escuchó la voz del legado de Febo pero se percató que estaba sola en aquel pasillo, ¿Acaso se había imaginado a aquellas chicas? Volteó a su alrededor en su intentó de encontrar a las dos cazadoras pero se confirmó que se encontraba sola.
— ¿Por qué tardaste tanto Hazel? — En esta ocasión la chica dejó caer el mapa que llevaba en las manos, la joven se dio la vuelta encontrando a Frank, sus ojos estaban llenos de lágrimas, su rostro estaba lleno de rasguños aunque lo más aterrador era la espada que tenía clavada sobre el estómago.
— ¡Frank! ¿Estás bien? — preguntó Hazel intentando acercarse a su amigo, pero este siempre se alejaba. — Espera Frank, déjame revisar tu herida — gritó desesperada echándose a correr intentando estar más cerca de su amigo, ya no le importaba el lugar donde se encontraba.
— ¿Por qué tardaste tanto? Gracias a eso Jason me ha torturado y terminó por matarme — gritó Frank viendo con odio a la hija de Plutón.
— Lo siento, traté de ir más rápido pero es difícil guiarse por este lugar — respondió Hazel intentando justificar sus acciones.
— Hazel la temida hija de Plutón — la chica de inmediato se dio la vuelta intentando encontrar a quien había hablado, ¿Qué tal si se había vuelto loca? — No te resistas niña.
En esta ocasión un hombre apareció frente a ella, algo que asustó aún más a la chica. Aquellos ojos rojos brillaban como si estuvieran en llamas pero lo que más le aterraba era aquella sonrisa, llena de dientes afilados. — No trates de ser valiente querida, puedo oler tu miedo, se que estas aterrada.
— ¿Qué es este lugar? — preguntó Hazel observando que ya no estaba en el laberinto.
— Creo que Dédalo no te advirtió de todos los peligros que hay en este sitio — dijo el Dios Menor sin dejar de sonreír. — Estas en nuestro palacio querida, hace mucho tiempo mi hermano y yo construimos este lugar dentro del laberinto, para poder atrapar y divertirnos con quien entrará al laberinto
— No va a servir conmigo, no le tengo miedo a nada, además solo eres un Dios Menor — respondió Hazel intentando sonar lo más segura posible.
— A mi no me puedes engañar querida puedo sentir tu miedo, te puedo asegurar que estas aterrada — dijo sin dejar de sonreír, — Y no deberías de subestimar a mi hermano y a mi, incluso hasta el poderoso Rey de los Dioses le teme a algo y tu no eres la excepción.
— ¿Por qué hacen esto? — preguntó Hazel tratando de encontrar alguna salida.
— El miedo es mi fuerza, entre más miedo sientan me hago más fuerte. Y justo en estos momentos hay cientos de semidioses temerosos pensando que pronto van a morir — el hombre sonrió antes de chasquear los dedos haciendo que todo el lugar se oscureciera. — No hay salida de aquí querida, es momento de que te enfrentes a tu peor miedo.
Hazel intentó sacar su daga para defenderse pero se llevó una sorpresa al ver que no la tenía, poco a poco el lugar se vio iluminado por una luz obligándola a cerrar los ojos, al abrirlos se dio cuenta que estaba de regreso en el campamento Mestizo pero lo que más le aterraba era las decenas de cuerpos de semidioses esparcidos por todo el lugar, pero sus ojos se fijaron sobre el chico que deambulaba con esfuerzo cerca de la playa. — ¿Frank qué fue lo que pasó? — pidió la chica, pero se llevó una enorme sorpresa al ver la enorme herida que tenía en el estómago.
— ¿Hazel? — preguntó Frank pensando que su mente le estaba jugando una mala broma, — ¿Por qué tardaste tanto?
— Lo.. Lo — Hazel se quedó en silencio sin saber que decirle, su amigo había confiado, pero ella lo defraudó tantas muertes que pudo evitar pero fue débil. Frank le echó una última mirada furiosa antes de morir bajo los brazos de Hazel.
Salto de Línea
"Pero si deciden continuar se verán atormentadas por todos sus miedos." Phoebe no dejaba de pensar en lo último que les había dicho aquella mujer aunque en un inicio no le tomó mucha importancia era claro que algo malo iba a pasar. — ¿Phoebe dónde estás? — grito su amiga detrás de ella Phoebe se dio la vuelta encontrándose que su amiga y la otra chica empezaban a gritar con desesperación, al observar a su alrededor se pudo percatar que ya no seguían en el laberinto, no sabía ni cómo pero habían llegado a una habitación bastante grande.
— Salgan de ahí cobardes — gritó Phoebe manteniendo su arco en la mano, lista para atacar en cualquier momento. Los gritos de sus compañeras aumentaron e incluso sonaban más desesperadas.
— Es un placer conocerte hermanita — dijo Deimos apareciendo frente a la cazadora, quien de inmediato atacó al Dios Menor. — Es fascinante lo que hace el miedo, ¿no es así? — dijo en esta ocasión Fobos mirando con felicidad como Hazel y Atalanta gritaban desesperadas.
— Es mejor que liberen a mis compañeras de una vez — amenazó Phoebe ganándose una sonora carcajada por parte de los dos Dioses.
— Tú no estás en condiciones de exigirnos nada querida — dijo Deimos dando un par de pasos para acercarse a la cazadora.
— Ustedes no tendrán éxito en mí, no le temo a nada — dijo Phoebe intentando mantener sus nervios.
— Te equivocas querida, todos le tememos a algo, es momento de que descubramos cual es el tuyo — dijo Fobos colocando sus manos sobre la cabeza de Phoebe.
Ella sonrió tranquilamente al ver que nada había pasado, pero de pronto todo se vio iluminado forzando a Phoebe a cerrar los ojos, — No abras los ojos, todo esto es una pesadilla — dijo Phoebe intentando darse ánimos y así poder vencer a ambos Dioses.
— ¡No lo hagas Phoebe! — escuchó el grito desesperado de Zoe y aunque su cerebro le pedía a gritos que no abriera los ojos su curiosidad pudo más, pero se arrepintió de haberlo hecho. El campamento se veía más destruido de la última vez que lo vio, pero lo que más le importaba era ver que estaba encima de un chico manteniendo su daga sobre de este, pero lo verdaderamente importante era que aquel chico era Percy.
— ¿Phoebe qué pasa? — preguntó Percy pero su voz estaba llena de miedo.
— No lo hagas Phoebe, se que tu no lo quieres hacer — gritó Atalanta esperando convencer a su amiga, que aún así se mantuvo firme con su daga sobre el cuello de su hermano.
— ¿Por qué? — murmuró Percy aunque su voz más tranquila, pudo ver en su mirada que el chico estaba aterrado.
— Te juro que no quería hacerlo, pero la vida de todas nosotras corre peligro, sé que tú lo entiendes — respondió Phoebe por un momento dudo si lo que hacía era lo correcto, Percy incluso en esos momentos confiaba en ella, — Espero que puedas perdonarme — murmuró la hija de Ares antes de clavar su daga en la garganta de Percy.
Salto de Línea
De inmediato las tres Moiras se inclinaron ante la desconocida que apareció frente a ellas, tanto Thalia como Nico se quedaron inmóviles bastante preocupados.
Bianca enseguida sacó su arma, pero la mujer sólo movió su mano dejando inmóvil a los tres jóvenes, — Ustedes ya se pueden ir, hablaré con ellos — Las Moiras sólo asintieron antes de desaparecer, dejando aquella mujer con los chicos.
— ¿Quién es usted? — preguntó Bianca intentando no sonar asustada, ¿pero cómo no estarlo? Aquella mujer solo había movido la mano para dejarlos inmóviles.
— Ustedes ya deben saber quien soy — fue lo único que dijo la desconocida.
— Eres Ananké — dijo Thalia, dando un par de pasos para alejarse de la Primordial.
— Por lo poco que he observado de ustedes tres, ninguno de ustedes duraría ni cinco minutos contra Cronos, el único que tiene posibilidades de ganarle es el hijo de Poseidón o tu querido hermano y aun así sus posibilidades serían mínimas — dijo Ananké sonriendo maliciosamente.
—¿Y por qué solo ellos? — preguntó Nico molesto, — Nosotros también somos hijos de dos de los Tres Grandes.
La Primordial sonrió tranquilamente mientras caminaba entre los chicos, — A diferencia de ustedes, Percy y Jason han sido entrenados — respondió Ananké con tranquilidad, — Pero para su suerte vengo aquí a ayudarlos.
— ¿Y tú qué vas a ganar? — preguntó Bianca desconfiando de la Primordial.
— Los planes que ha hecho Cronos atentan al destino, él debe entender que el Destino no se puede alterar — fue lo único que dijo algo que no ayudó a que los semidioses confiarán en ella.
— ¿Qué quieres? — preguntó Thalia, si había una forma de salir con vida, era mejor preguntar.
— Maten al hijo de Poseidón — dijo Ananké con una sonrisa al ver la cara de los hijos de Hades. — Con él muerto, los planes de mi marido fracasarán.
— ¿Y por qué mataríamos al único que podría vencer a Cronos? — preguntó Bianca sin entender nada de lo que hablaba la Primordial.
— Debes de entender Bianca, él es un peligro, su defecto fatal puede ser el responsable de la destrucción de todo — explicó Ananké caminando tranquilamente por la cueva.
— Pero tú has dicho que solo él o el hermano de Thalia pueden derrotar a Cronos, ¿no entiendo como nos beneficiaría matarlo? — cuestionó Nico.
— Bueno sin él los planes de mi marido fracasarán — respondió Ananké tranquilamente, — Deben de pensar que la vida vale más para ustedes, ¿un ser querido o alguien a quien ni conocen?
Dicho esto la Primordial se acercó a Thalia colocando su mano en la cabeza provocando que esta cayera al suelo, antes de hacer lo mismo con Nico.
Salto de Línea
Tan pronto como abrió los ojos, se pudo percatar que había vuelto al campamento Mestizo, aunque al parecer fue demasiado tarde, la destrucción por todo el lugar era evidente.
— Veo que por fin has despertado querida — Thalia se dio la vuelta viendo fijamente a Ananké que estaba frente a ella, a pesar de que no parecía una amenaza había aprendido a no confiar en nadie y menos en alguien que aparecía de repente.
— ¿Qué hiciste? — rugió Thalia intentando buscar su arco para intentar defenderse de la desconocida, para su frustración se dio cuenta que no llevaba ninguna de sus armas.
— He querido mostrarte lo que pasaría si el hijo de Poseidón sigue con vida — dijo la mujer viendo divertida la reacción de la chica.
— ¿Quieres saber dónde está tu hermano?— exclamó la Primordial, Thalia permaneció en silencio aunque en el interior se moría de ganas de saber que su hermano estaba a salvo.
— Tu padre creyó tontamente que podría vencer la Profecía, no quería que sus hermanos lo usarán en su contra, así que decidió romper su juramento y naciste tu — exclamo la Primordial, Thalia como el campamento había desaparecido en esta ocasión se encontraba en un enorme palacio. — Aunque cuando naciste tu, tu padre estaba furioso, él pensaba que una niña nunca sería lo suficientemente fuerte para ser la salvadora del Olimpo.
Thalia no pudo evitar apretar los puños, estaba furiosa por lo que escuchaba, — Después nació tu hermano, él era quien debía ser el salvador, aunque tu estorbabas y es por eso que tu padre decidió asesinarte — explicó Ananké sin dejar de sonreír. — Por eso decidí mantenerte con vida, así estarías a salvo de tu padre, ya después con la ayuda del Vellocino te podríamos traer de regreso.
— ¿Por eso quieren que asesine al hijo de Poseidón? ¿Cómo pago por revivirme? — exclamó molesta.
— Tu padre pensó que con los Romanos tu hermano sería lo suficientemente fuerte para ser el salvador, y ahora tu hermano está al mando del ejército que ataca al campamento mestizo.
Thalia sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, había estado tan cerca de su hermano. De nuevo la chica regreso al campamento Mestizo, aunque se pudo percatar que los romanos habían logrado entrar en el campamento, matando a varios semidioses.— A pesar de la resistencia de los griegos no lograron detener al ejército romano, pero sólo provocó la furia del hijo de Poseidón — explicó Ananké.
— ¿Zoe? ¿Phoebe? — Escuchó una voz llena de dolor y aunque tenía la curiosidad de voltear a ver quién hablaba prefirió mantener su vista fija en la Primordial.
— Has matado a mis hermanas — rugió furioso provocando un ligero temblor, — Te prometo que vas a morir dolorosamente — Thalia solo pudo observar impotente la lucha entre su hermano y el hijo de Poseidón, quien a pesar de que se veía bastante lastimado su hermano no podía igualar su fuerza.
—Lo que ocasionó que llegará la batalla, la pelea entre dos jóvenes tan opuestos, ambos niños entrenados para asumir la Profecía. Uno entrenado por los mejores Legionarios y algunos Dioses Menores para que así pudiera ser el de la Profecía y ganar sin importar si perdiera la vida. El otro entrenado por cazadoras y Olímpicos, entrenado para sobrevivir sin importar si el Olimpo era destruido — dijo Ananké con una sonrisa maliciosa, Thalia se dio la vuelta para encontrarse con el que supuso que era Percy. — Quieres salvar a tu hermano, entonces debes asesinar a Percy Jackson, pero si lo haces provocarás la muerte de todos los Dioses y semidioses.
— Pero es mi hermano, ¿Qué se supone que debo de hacer? — preguntó Thalia apartando la mirada de la batalla.
Pasó unos segundos en silencio antes de que la imagen de la batalla desapareciera, en esta ocasión nuevamente estaba en el campamento pero ahora había más destrucción que antes y lo peor era ver el número de cuerpos de semidioses que se encontraban esparcidos por todo el lugar, — Annie tenemos que irnos — Thalia se dio la vuelta viendo a su amiga abrazada al cuerpo de alguno de sus hermanos.
— No, él los ha matado, tengo que vengar a mis hermanos — dijo la rubia intentando levantarse pero fue detenida por la hija de Ares.
— No lo hagas Annie, hemos perdido, ni siquiera los Dioses pueden contra él — exclamó Clarisse intentando convencer a su amiga, pero ella se quedó en silencio antes de ponerse de pie.
— No quiero vivir escondida, pensando que cuándo será el día que nos encuentre. Es mejor terminar esto — dijo Annabeth echando un último vistazo a su medio hermano antes de unirse a los pocos semidioses que quedaban con vida. Thalia observó con horror como Cronos vencía a los Olímpicos y los semidioses que se atrevían a atacarlo.
— ¿Por qué lo tuviste que asesinar Thalia? — dijo Clarisse viendo el cuerpo sin vida de Percy.
— La elección está en tus manos, deja que tu hermano muera y Cronos será derrotado, pero si eliges asesinar a Percy, les darás un destino cruel a todos tus amigos — dijo Ananké antes de desaparecer. — Después de todo lo que te hizo tu padre, ¿sacrificarías a tu hermano para salvarlo?
Salto de Línea
— ¿Por qué ayudarlos Nico? —
El hijo de Hades se sorprendió al ver aquella mujer, llevaba una especie de toga blanca, algo que pensó que se asemejaba a una vestimenta que había visto en una exposición de la cultura griega, su pelo era blanco aunque lo que más le llamó su atención, era su piel, era completamente pálida como si nunca le hubiera dado el sol, — ¿Qué quieres? — murmuró el chico dando un par de pasos para alejarse de aquella mujer.
— Zeus los mandó asesinar, tu padre los encerró hasta que llegara el momento para que fueran los de la Profecía, ¿Por qué debes ayudarlos? — cuestionó la mujer sin dejar de sonreír, — Los han tratado igual que a los animales de ganado, solo esperando el día que ustedes los puedan salvar.
— Nada de lo que dices es verdad — respondió Bianca dando un par de pasos más para alejarse.
— Es verdad niño, pero he venido aquí para ofrecerte una salida, en la que tu hermana y tú puedan vivir — En esta ocasión Nico se detuvo, ¿si era cierto?
— ¿Qué quieres que haga? — preguntó Nico, aunque no le agradaba mucho la idea de ayudar aquella mujer, pero si haciendo eso Bianca no correría peligro era justo intentarlo.
— Asesina a Percy Jackson, con el muerto, ustedes podrán vivir — dijo la mujer con una sonrisa al ver el gesto que hizo el chico.
— ¿Por qué debemos matar a nuestra salvación? — preguntó molesto el chico, lo que solo provocó que la Primordial sonriera.
— Es cierto que el hijo de Poseidón es clave para derrotar a Cronos, ¿Pero por qué ayudar a los Dioses que tanto daño te han hecho? ¿Acaso la vida de tu hermana no es valiosa para ti? — preguntó Ananké.
— ¿Qué le harás a mi hermana? — preguntó Nico furioso.
— Yo no haré nada, el mantener con vida al hijo de Poseidón es una sentencia de muerte para tu hermana — dijo Ananké chasqueando los dedos, Nico observó a su alrededor, había vuelto al campamento pero todo el lugar estaba hecho un desastre, podía ver varios cuerpos de semidioses esparcidos por todo el lugar.
— La caída del campamento es inevitable, solo provocará que los dos semidioses más fuertes se enfrenten en una lucha a morir — explicó Ananké, atrás de ella podía observar como dos chicos se arrojaban ráfagas de agua y rayos.
— Con tu ayuda y la de Thalia podrían derrotar al hijo de Poseidón, si no lo haces él asesinaría a tu hermana.
En esta ocasión Nico se quedó en silencio, viendo como su hermana era atravesada por la espada del hijo de Poseidón, el chico se echó a correr intentando salvar a su hermana, pero todo fue demasiado tarde, su hermana ya estaba muerta.
— Piensa bien en tu decisión, la vida de tu hermana depende de eso — dijo la desconocida antes de desaparecer.
Salto de línea
— ¿Qué les has hecho? — preguntó Bianca intentando despertar a su hermano pero sin éxito, intentó igual despertar a Thalia pero la chica siguió inconsciente.
— Ellos deben de entender el peligro que hay si el hijo de Poseidón sigue con vida — exclamó Ananké, Bianca intentó atacar a la Primordial pero ella desapareció tan pronto se acercó.
— No se lo que planes pero no haremos lo que tu digas — exclamó con molestia la chica.
— Lo haré — dijo Thalia, Bianca se dio la vuelta sorprendida de que tanto ella como su hermano ya estuvieran despiertos.
— ¿Tienes que estar bromeando? — dijo Bianca, no le resultaba muy favorable matar al chico que podría salvar al Olimpo y con ello su hermano y ella estarían a salvo.
— Deben entender niños, la existencia de él solo les traerá problemas. No deben de ser tan leales a alguien que apenas conocen — dijo Ananké dando un par de pasos para acercarse a la hija de Zeus. — Si quieres que tu hermano siga con vida, debes asesinar al hijo de Poseidón.
Fue lo último que dijo antes de que la Primordial desapareciera. — Thalia creo que debemos de pensar mejor las cosas, si es cierto lo que dijo solo él o tu hermano pueden ser la clave para que el Olimpo se salve, no podemos arriesgarnos — dijo Bianca intentando quitarle la daga a la hija de Zeus.
— Thalia olvida eso, no puedes hacerlo incluso nosotros te ayudaremos a encontrar una forma de salvar a tu hermano. — dijo Bianca intentando quitarle la daga a la hija de Zeus.
— ¿Por qué les importa tanto? Ustedes ni siquiera lo conocen — respondió Thalia sin entender por qué ellos defendían al misterioso hijo de Poseidón.
— Debes hacerle caso niña — dijo Átropos apareciendo nuevamente frente a ellos. — Después de todo, tus amigos y tú habrían sido asesinados por los Cíclopes sin su ayuda.
Thalia se quedó en silencio recordando al chico que los había salvado ese día.
— ¿En verdad estarías dispuesta a todo? — cuestionó Átropos con una sonrisa haciendo que Thalia se pusiera un poco nerviosa. La falta de sus ojos tampoco la ayudaba — ¿Estarías dispuesta a matar a ellos? Si quieren detener la batalla entre campamentos tu hermano deberá morir. Los ojos de Thalia se agrandaron sin saber cómo responder a lo le había planteado Átropos.
— A ti te mostraron lo mismo que a mí, ¿no es cierto? — preguntó Thalia viendo fijamente al hijo de Hades, él solo se quedó en silencio observando rápidamente a su hermano, — Dime, vas a dejar que muera, me importa un carajo lo que le pueda pasar al Olimpo pero no voy a dejar que mi hermano muera.
— ¿Nico? — pidió Bianca al ver que su hermana le había devuelto la daga a Thalia.
— Lo siento Bianca, pero no tengo otra opción — murmuró Nico antes de salir de la cueva seguida de Thalia.
— Niña escucha bien — dijo Cloto apareciendo junto a sus hermanas.
— No importa lo que digan, no creo que sea conveniente asesinar al hijo de Poseidón — murmuró Bianca furiosa intentando alejarse, pero la Moira se lo impidió.
— Es eso lo que queremos que evites — exclamó Átropos, arrebatando el ojo de su hermana. — Cronos ha jugado con el tiempo para asegurarse ganar. Perseo Jackson es indispensable para frustrar los planes del Primordial.
— ¿Entonces por qué Ananké lo quiere muerto? — pidió Bianca, sin comprender nada. Si Ananké en verdad estaba de su lado, por qué razón querían matar al hijo de Poseidón. — ¿Por qué entonces Cronos no ha destruido a los Olímpicos?
— Hay algo que debes entender niña, Cronos no busca gobernar, sus planes van más allá de esta realidad y eso es lo que quiere evitar Ananké, pero con tu ayuda él puede vencer a Cronos y evitar su planes — dijo Cloto, — El hijo de Poseidón es el único que puede detenerlo.
— ¿Y por qué tiene que ser él? Él no es el único hijo de los tres grandes — pidió Bianca, estaba molesta de que nadie la viera a ella con las posibilidades de ganarle a Cronos.
— Tal vez tengas razón, tu hermano o tú pueden ser más fuertes, incluso la hija de Zeus. Pero Cronos se ha encargado de que sea Perseo, quien se enfrente a él — explicó Átropos.
— ¿Pero cómo podrá ganarle? — preguntó Bianca.
— No todo se gana con fuerza niña, incluso con todo el entrenamiento que tiene el niño, su fuerza no se compará con la del Primordial —respondió Átropos. — Cronos va a querer tentarlos, provocar que cambien el pasado, pero tú debes de evitar que eso pase.
— ¿De qué están hablando? — preguntó Bianca confundida.
Cielo, Mar e Inframundo deberán unir fuerzas para vencer al tiempo
Siete piezas deben recolectar para regresar a casa, pero deben evitar interferir o todo cambiará.
La maldición del mejor guerrero griego, será la única opción para vencer al Tiempo.
Siete veces caerán a través de la eternidad, para poder cumplir con su destino.
— ¿Esa es una Profecía? — preguntó Bianca confundida.
— Así es niña, por el momento no se lo digas a nadie — dijo Átropos.
— ¿Y cuándo será el momento? — preguntó Bianca.
— Cuando veas al enorme caballo de madera — respondió Átropos antes de empezar a caminar al interior de la cueva, — Solo recuerda, el Hijo de Poseidón debe de seguir vivo.
Dicho eso las tres Moiras desaparecieron, la hija de Hades se quedó un momento en aquel lugar antes de salir de la cueva donde Thalia y Nico la esperaban, — ¿Estás bien? — preguntó Nico.
— Si — fue lo único que dijo Bianca, aún pensando en la charla que había tenido con las Moiras.
