El único que merece saber
Ingrid comprobó que nadie la había visto y entró silenciosamente en el piso. Cerró la puerta sin hacer ruido y esperó a que sus ojos se acostumbraran a la penumbra. Lo único que escuchaba era el sonido que hacía su propio pecho, el corazón completamente acelerado o desesperado tras el susto que había acabado con sus estructuras. Sentía las piernas aún temblorosas y las canillas le dolían a causa de la carrera que se había dado hasta la casa del hermano. ¿Qué sería de ella ahora? Daniel la había visto y la buscaría si recordaba su rostro una vez pasada la borrachera. Pero, ¿qué diablos hacía él en Mary Way Village? Ingrid empezaba a creer que había sido una pésima idea haber vuelto. Si al menos hubiera sabido eso antes. Respiró hondo, anduvo hasta la ventana de la sala, se enredó en las cortinas para mirar hacia afuera. Veía desde ahí el embarcadero. Daniel había desaparecido, debe haberse marchado muy asustado tras su aparición. Ella volvió adentro, de repente la luz se encendió cogiéndola desprevenida.
‒ Necesitamos tener una conversación, Ingrid
El sonido de la voz invadió el silencio y la perturbación de Ingrid, pero se dio cuenta de quién hablaba con ella. David se había sentado en el sofá, vestido con el pijama y sujetando un vaso de agua, y miraba hacia ella.
‒ Hermano, puedo explicar‒ intentó decir seria, sin embargo su comportamiento hizo que el hermano desconfiara.
‒ ¿Qué ocurre contigo? ¿De dónde vienes?
Ella no quiso mentirle.
‒ Estaba con alguien, no querrás saber quién es.
‒ No necesito saber quién es para entender que te estaba pagando las bebidas.
Ingrid se tomó eso como un puñetazo en la cara, le costó mirar para el hermano.
‒ Y seguramente estás enfadado porque llevo haciéndolo días sin que te dieras cuenta‒ dijo ella, cruzando sus brazos por delante de su vestido oscuro.
‒ No soy un completo idiota, hermana. Mary me dijo que probablemente harías una copia de la llave de la puerta, no me sorprendió cuando supe que era verdad.
‒ ¿Y no has querido impedir que salga? ¿A dónde fue a parar tu instinto de hermano super protector, David?‒ soltó Ingrid, arrogante. Su susto había desaparecido.
‒ Me contuvo mi paciencia‒ se levantó ‒ Teníamos un trato, ¿recuerdas?
‒ Claro que sí‒ empinó la nariz
‒ ¿Y por qué no has tenido cuidado? A estas alturas, Emma ya debe saber que has regresado, debe incluso estar culpándome por haberme estado callado.
‒ Te garantizo que si Emma ha escuchado algo, enseguida aparecerá por aquí para charlar. Ya me la he encontrado, es decir, he estado cerca de ella, solo que no conversamos y ella no sabe que estoy en la ciudad.
David quedó dubitativo.
‒ ¿Has estado en nuestra casa?
‒ Sí. Estuve allí y no fue una buena experiencia, hermanito. Fui a ver a mi hija, a saber cómo estaba y si la casa estaba en buen estado.
‒ ¿Y?
‒ La casa está en perfectas condiciones‒ en ese momento pensó en contarle el absurdo que había visto aquella mañana, pero terminó diciéndolo con otras palabras ‒ Pero creo que Emma está de verdad enferma
David miró a la hermana
‒ ¿Por qué?‒ él la seguía con la mirada
‒ Creo que Emma se está relacionando con alguien‒ Ingrid caminó hacia el pasillo, no iba a seguir hablando de Emma
‒ Espera, Ingrid. ¿Emma está enferma porque se está relacionando con alguien? ¿Qué viste para sacar esa conclusión?
Ella paró, sintió unas náuseas repentinas al recordar a la hija y a la esposa de Daniel Colter besándose. Una escena demasiado grotesca.
‒ Creo que Emma se está relacionando con una persona muy peligrosa.
‒ ¿Quién?‒Ella se quedó callada‒ ¿Qué quieres decir con eso, Ingrid?
‒ ¿Por qué no se lo preguntas a ella?
Él movió la cabeza de un lado a otro y caminó hacia ella, haciéndola girar hacia él.
‒ No inventes cosas sobre Emma. Puede que no sea mi hija, pero la quiero como si lo fuera. He querido esperarte hoy para decirte algo muy importante. Mary y yo hemos hablado y hemos llegado a una conclusión sobre tu comportamiento. Lo siento mucho, pero tienes que irte de aquí.
Ingrid alzó el rostro hacia el hermano amenazando con romper en lágrimas.
‒ ¿Vais a tener el valor de echarme de aquí?
‒ No estamos expulsando a nadie, solo estamos de acuerdo en que quizás sea preciso que te busques un nuevo sitio para vivir. Y hay más, si no vas a hablar con Emma pronto, nosotros mismos iremos a decirle que has vuelto.
‒ ¡No puedo creer que tengas valor para hacerme esto!‒ dijo ella indignada.
‒ Es por tu bien. Si has vuelto tienes que ser consciente de que no puedes vivir con nosotros y seguir llegando a altas horas de la madrugada de tus salidas nocturnas.
Ingrid empujó al hermano y se apartó de él, echando a andar por el pasillo hasta el cuarto de huéspedes. Allí abrió los armarios y los cajones y sacó todo para meterlo en una maleta. Estaba decidida a marcharse después del agravio sentido tras las palabras del hermano.
‒ Si te molestan mis salidas nocturnas, me lo hubieras dicho en vez de castigarme‒ dijo ella, enfadada. Fue colocando todo de cualquier manera dentro de la maleta, ni sabía a dónde iría, solo estaba decidida a no quedarse más en el piso.
‒ No queremos que te marches ahora, Ingrid, tienes tiempo para buscar un sitio‒ decía él detrás de ella.
‒ No quiero tener tiempo para encontrar un lugar. Si hasta mi hermano está incómodo conmigo, lo voy a dejar en paz, a fin de cuentas, prefiere prestar oídos a la esposa que odia a la cuñada que a su propia hermana‒ cerró la maleta e intentó pasar por la puerta ‒ Sal de frente, hermanito
‒ Ingrid, escucha…
‒ No quiero escuchar nada, ya lo has dicho todo.
Ingrid lo empujó de nuevo, y salió, deteniéndose un momento en la puerta del cuarto de Mary para decirle una cosa.
‒ Listo, querida, ya has conseguido lo que querías. Pásalo bien‒ y salió tras haberse puesto de nuevo los tacones, y dando un portazo con todas sus fuerzas.
‒ Hotel Hopper, ¿en qué puedo ser útil?‒ Archie hablaba al teléfono cuando ella llegó, apurada, despeinada, el vestido desajustado. Él tuvo la terrible impresión de que la habían atacado en la calle.
Ingrid entró en el hotel con la única maleta y se detuvo en el mostrador, arreglándose los cabellos, intentando mantener la postura.
Archie terminó su conversación al teléfono y miró para ella muy sorprendido, más por su estado lastimable que por su aparición.
‒ Sí, señor. Estaré esperando, agradecido. Buenas noches‒ el hombre colgó el teléfono y salió de detrás del mostrador ‒ ¡Vaya por Dios! ¡Ingrid! ¿Qué ha pasado?‒ cogió la maleta mirándola, tenía que hacer algo por ella ‒ Ven, siéntate aquí, por favor. ¿De dónde vienes?
Hizo que se sentara en la sala de recepción y guardó su maleta, regresando poco después para consolarla. Ingrid tenía talento en fingir muy bien, así que no era difícil llorar con facilidad. Lo hizo. Apretó los ojos con la punta de los dedos y miró el suelo con semblante perdido.
‒ Del piso‒ intentó decir, pero la voz salía baja y ahogada.
‒ ¿De dónde? ¿Qué ha pasado? Parece que hayas sido atacada‒ él se sentó frente a ella. Tocó sus manos, y las frotó con las suyas para calentarlas ‒ Por favor, dime que no ha sido eso.
Ingrid estaba boquiabierta, diciendo cosas inaudibles. Todo forma parte de la interpretación.
‒ Mi hermano…Él…Sabe, me ha echado de casa‒ asintió varias veces seguidas.
A ojos de Archie, ella parecía nerviosa, pero aún así hermosa de una forma que lo dejaba embobado solo por ver su rostro. Intentaba calmar y calentar aquellas manos y dedos suaves, teniendo un vago recuerdo de la última vez en que estuvo tan cerca como ahora de su adorada Ingrid.
‒ ¿Por qué ha hecho eso?
‒ Su mujer lo ha convencido de que me eche, estoy segura de que ha sido idea de ella. Me odia, Archie‒ Ingrid fue enmarañando las palabras. Archie no entendió ni media docena.
‒ Estate tranquila‒ dio leves golpecitos en sus dedos y fue a buscar un poco de agua ‒ Toma un poco de esto.
Ingrid se la bebió toda de un solo trago. Fingía temblar sin aliento.
‒ Gracias a Dios encontré el hotel, en caso contrario me quedaría en la calle.
‒ De ninguna manera, jamás permitiría que pasaras una noche en la calle‒ dijo él muy preocupado. Se colocó bien las gafas y se quedó cerca, de frente ‒ He de suponer que no puedo decirle a Emma que estás aquí
‒ ¡No! Ella no sabe que he vuelto. Tengo que estar escondida un tiempo hasta reunir el valor para hablar con ella‒ esta vez fue ella quien buscó sus manos.
‒ A estas alturas tu hija ya debe saber que estás en la ciudad, Ingrid‒ comentó Archie
‒ Puede que lo sepa, pero siente una rabia muy profunda hacia mí por todo lo sucedido. Mira, necesito tu ayuda de nuevo, sé que ella trabaja aquí, es una buena chica.
‒ Una buena trabajadora, pero solo la contraté porque es tu hija. A veces es un poco torpe, pero nada que le impida trabajar bien el resto del tiempo.
‒ Genial, entonces puedes ayudarme una vez más‒ ella tragó en seco
‒ Claro, en lo que esté en mi mano‒ se prestó solícito.
‒ Hospédame aquí esta noche, solo esta noche, Archie. Mañana buscaré un apartamento, una casa, cualquier sitio donde pueda quedarme, lo juro‒ su pedido sonaba inocente, solo que en el fondo tenía otras intenciones.
‒ Pues claro que puedo instalarte aquí esta noche, y puedes quedarte el tiempo que necesites. No te preocupes.
Ella tocó su rostro con calma, le hizo una caricia y dejó un beso en su mejilla.
‒ Gracias, mi tan querido amigo. Te debo muchos favores. Creo que estoy abusando de tu buena voluntad‒ habló, suspirando.
‒ Una ayuda que te doy a ti es un favor que me hago a mí mismo. Yo te…‒ Archie dejó de hablar cuando se dio cuenta de que estaba yendo demasiado lejos por el impulso de la emoción. No diría ninguna novedad, pero sabía que diciendo lo que sentía se quedaría muy en evidencia ‒ Quédate cuántos días necesites, Ingrid. No voy a cobrarte.
‒ Oh, nunca conseguiré expresar mi gratitud.
‒ Lo haces cuando confías en mí. Ahora, sube, toma un baño, cambiate de ropa y duerme. Pareces cansada. Deja que con Emma yo me entiendo mañana para que no se entere de nada.
‒ Solo mientras no tenga valor para hablar con ella. Te sugiero que le dés unos días de vacaciones‒ Ingrid guiñó un ojo
‒ Claro, me gusta la idea.
Él la ayudó con la maleta y los dos subieron juntos. Escogió para Ingrid la habitación número 12, al final del pasillo de la tercera planta.
Ingrid lo conocía lo suficiente como para saber que él caería en su historia. aprovecharía la ocasión para ganar tiempo. Estuvo pensando en eso tras acostarse. Había sido una noche movidita: una cita que había salido mal, Daniel, después la expulsión de la casa del hermano, y que ella se tomó literalmente marchándose en el mismo momento por orgullo además de estar harta de Mary. La cuñada era un estorbo en su vida y por cómo David la defendía podía sentir olor a problemas acercándose mientras estuviera viviendo en el piso, aunque viera poco a la pareja. Ingrid durmió, pero el sueño no fue para nada tranquilo.
Emma recibió la llamada de Archie por la mañana, y le pareció extraño que le diera vacaciones justamente en la época del año en que el hotel estaba lleno. Colgó el teléfono de la casa mirándolo con extrañeza. Estaba lista para salir cuando cogió la llamada. No era que estuviera mal, iba a disfrutar de las vacaciones, que según el dueño del local, serían pagas, pero había algo sospechoso detrás que Emma no conseguía descifrar.
‒ ¿Algún problema?‒preguntó Regina desde la mesa.
‒ No. Archie me ha llamado para decirme que estoy oficialmente de vacaciones por tiempo indeterminado.
‒ ¿De verdad?
‒ Sí. No parecía estar mintiendo al otro lado de la línea‒ Emma se acercó a ella ‒ Bueno, de vacaciones, pero aún así sigo cobrando. Archie no es de hacer estas cosas.
Regina bebió un sorbo de chocolate caliente de una taza y la dejó sobre la mesa antes de girarse hacia Emma.
‒ ¿Estás pensando que ha tenido algún problema?
‒ Debe haberse vuelto loco. Una cosa es despedirme, y otra dejarme de vacaciones y pagarme ‒ Emma prendió los labios, su desconfianza salió a flote y reflexionó
‒ Sí, es extraño‒ dijo Regina
‒ Voy a ver qué ha pasado‒ Swan dio la vuelta para recoger la mochila.
‒ Mi amor, ¿por qué no miras eso mañana? Aprovecha el día de hoy para ayudarme, ¿qué te parece? Vamos a terminar este capítulo. Estoy tan cerca de terminar Íntimamente.
Emma se giró hacia ella y deshizo el camino, deteniéndose a su lado y colocándose unos mechones oscuros tras la oreja.
‒ Ayudaría si me dejaras leer, te quedas haciendo suspense, y solo me dejas ver las escenas picantes.
‒ No son tantas. Si te dejara leer todo, estropearía la sorpresa. Ahora siéntate ahí, ayúdame con algunas palabras, tengo que meter una nueva poseía en este capítulo‒ Regina se colocó de nuevo y comenzó a teclear.
‒ Estás empeñada en convertirme en poeta, ¿eh?‒ Emma se sentó en su regazo
‒ Poetisa‒ corrigió ‒ Sencillo, tienes talento‒sonrió y abrazó a su amante por la cintura.
De repente, escucharon un ruido de coche aparcando. Se miraron y Emma caminó hacia la ventana para ver quién era. David había acabado de aparcar la camioneta y cerrado la puerta de la misma.
‒ Ay, joder, es David
Regina se puso en pie y cogió sus cosas de la mesa.
‒ Voy a la cocina
Emma asintió, esperando que ella saliera de escena.
Antes de que el tío pudiera tocar el timbre, ella abrió la puerta cogiéndolo desprevenido.
‒ ¿Me viste llegar?‒ preguntó él
‒ Ah, sí, te vi aparcar‒ dijo ella, mostrándole el camino hacia la sala.
David entró. Antes de llegar tenía prisa, se sintió aliviado al ver a la joven.
‒ He venido corriendo antes de que salieras de casa. Por cierto, ¿no es la hora de ir al Hotel?
‒ Sí, sí. Debería estar de camino, pero Archie me ha dado vacaciones‒ explicó ella, echando un vistazo a la puerta de la cocina, desde allí no se veía a nadie. Regina debía estar bien escondida.
‒ Hum, menos mal, no estoy molestando. ¿Cómo estás?‒ le dio un abrazo, dejó un beso en su frente. Emma ya no era una niña, tenía que tratarla como a una mujer adulta.
‒ Estoy bien‒ Emma asintió con la cabeza muchas veces. Cruzó los brazos, se llevó el pelo hacia atrás y esperó por el tío
‒ Bien saberlo, hija mía‒ no perdía la manía de llamarla hija
‒ ¿Cómo está la tía? ¿Y Zelena? ¿Todo bien por la tienda?
‒ Todo muy bien, tu tía te manda un beso. He venido para ver si necesitabas algo, no he tenido una buena noche de sueño. Creo que no duermo mucho últimamente y por eso tengo muchas paranoias. Me desperté con la sensación de que tenía que verte.
Un brillo nada común en los ojos del tío la preocupó.
‒ Tío, ¿qué pasa? ¿Por qué estás así?‒ ella abrió los brazos ‒ ¿Quieres contarme algo?
David solo abrazó a la sobrina. Estuvo cinco minutos sin decir nada, y ese silencio incomodó a Emma.
‒ ¿Me lo vas a contar o no?
‒ No es nada. Necesitaba verte‒ David se apartó de Emma, y fue, poco a poco, dándose la vuelta ‒ Ah, Emma, sabes que te tengo como a una hija, ¿verdad?
La muchacha lo sabía y asintió
‒ Lo sé, tío‒ Emma notaba que algo no iba bien con David, lo agarró por la muñeca y sin querer notó su pulso acelerado ‒ ¿Hay algo que me quieras decir?
Él no supo exponer lo que quería. Pensó en Mary diciéndole que le contara lo de Ingrid. Después pensó en Ingrid gritando: "Creo que Emma se está relacionando con una persona muy peligrosa", y en la forma en cómo ella dejó la casa. También pensó en dónde estaría la hermana, y su amor por Emma no le permitió hacer lo que Mary le pidió que hiciera.
‒ No‒ dijo David ‒ No tengo nada que decir, hija
Le dijo que se cuidara y que lo buscara si tenía problemas, y entonces se fue con las mismas prisas con las que había llegado.
Emma hubiera jurado que su tío le iba a decir algo importante, aunque fueran comunes sus visitas repentinas de diez minutos solo para saber si ella estaba bien.
Regina lo escuchó todo, volvió a la sala cuando escuchó el coche alejándose de la casa.
‒ Creo que tu tío está preocupado por ti
‒ Eso no es novedad‒ Emma la vio, aún parada en la sala ‒ Pero hoy parecía diferente. Mi tío iba a decirme algo y no tuvo valor. ¿Qué anda escondiéndome la gente, Regina?
La escritora le sugirió una idea.
‒ Tal vez sea hora de hablar con él sobre nosotras.
Emma se agarró las manos y en un gesto inquieto se estalló cada dedo.
‒ La única persona que merece saber sobre nosotras dos es él. Mi tío sabe que he cambiado. Él merece saber lo que pretendo hacer en un futuro.
En la mesa del desayuno, Daniel no había tocado nada del banquete preparado por Belle. El periódico del día permanecía sin desplegar a su lado derecho, y el pintor solo tenía ojos para un agujero en el mantel de la mesa que él solía tapar con el platillo de su taza favorita. Belle se había acostumbrado al comportamiento zombi de su jefe y tenía órdenes de comenzar a recoger el desayuno cuando se acercaran las diez, sin embargo, antes de eso, Daniel la sorprendió levantándose de la mesa bruscamente, y derramando la leche que le gustaba beber en su taza.
‒ Señor, ¿no va a comer nada?‒ preguntó ella, mientras limpiaba lo manchado.
‒ En otro momento‒ dijo él
‒ Entonces voy a guardar lo que ha sobrado‒ ella comenzó a recoger toda la comida.
‒ Haga lo que quiera con las sobras. Y no me espere para el almuerzo, tengo que ir a un sitio‒ Daniel se detuvo en el hall de la mansión para ponerse el abrigo oscuro que colgaba de un perchero. Después del susto, estaba atemorizado. No tuvo un minuto de sosiego desde que quedó sobrio tras haberse tomado una dosis exagerada de café viejo que encontró de madrugada, por eso no había tocado nada del desayuno.
Belle vino corriendo tras él.
‒ Pero, señor, ¿qué digo si llaman?
‒ Diga que no regreso hasta que no haya resuelto un asunto importante. Sin previsión‒ salió, cerró la puerta tras él y dejó a la empleada desconcertada.
Sacó el coche del garaje y condujo hasta la playa. Si lo había soñado lo iba a averiguar ahora de cualquier manera. Por eso, se detuvo en el lugar exacto donde recordaba que había sucedido. Buscó por todos lados del embarcadero, cada centímetro, deseando tener unos prismáticos para ver el resto de la orilla, en busca de la mujer vestida de negro.
Era un día normal, como cualquier otro en la ciudad, especialmente en los comercios del paseo marítimo. Todo funcionaba en orden, las personas andaban por las aceras, las tiendas, por la orilla de la playa, pero nadie era ella. Daniel se apoyó en el embarcadero e intentó recordar cómo había sucedido todo. Había estado allí, borracho, exactamente en ese lugar, de pie, no veía nada, pero a la mujer estaba seguro de que la había visto con claridad. Si fue un sueño, era muy realista. No quería creerlo, sin embargo todo indicaba que la noche anterior había tenido una hermosa ilusión.
Contarle a alguien el sueño parecía una buena idea. Así que condujo hasta el despacho de Isaac Heller, con la esperanza de que el abogado comprendiera su frustración.
Fue recibido con las mismas palmaditas en el hombro que el hombre solía darles a los clientes o colegas. Se dio cuenta de que Daniel no había dormido bien, o que ni siquiera había dormido debido a la cara que presentaba.
‒ Siéntese ahí, Daniel. Déjeme adivinar, ¿ha pasado toda la noche pensando en el divorcio? Escuche, debo sugerirle que busque terapia. Conozco a una persona perfecta para ese servicio, si quiere su contacto…
‒ He venido porque ayer me ocurrió una cosa‒ soltó Daniel
Isaac se sentó tras la mesa y se ajustó la chaqueta, buscando una cómoda posición en la silla. Cuando Daniel habló, comprobó si Daniel estaba sobrio.
‒ ¿Qué ocurre, Daniel? Parece que haya visto a un fantasma‒ Isaac frunció el ceño
‒ Y fue lo que vi, un fantasma. Estoy seguro de que era un fantasma‒ comenzó a hablar sin pausa ‒ Cuando usted se marchó del bar, conduje hasta la playa. Era muy tarde, no había nadie por las calles, y al darme cuenta estaba en el embarcadero casi tirándome al agua. Cuando pensé en vomitar, alguien me tocó el hombro. Era ella, con toda certeza era ella.
‒ ¿Ella quién?
‒ Una mujer, Isaac. Una mujer muy parecida a otra‒ los ojos de Daniel estaban fijos en un punto
‒ ¡Joder, Daniel! ¿Qué es lo que estuvo bebiendo cuando yo me marché?
‒ Sé que no estoy siendo objetivo. Estoy confuso, no sé si fue un sueño o real, pero todo parecía tan verdadero‒ seguía con la mirada fija ‒ La vi, una mujer muy guapa, era rubia y estaba vestida con un vestido de fiesta oscuro. Intenté alcanzarla, pero ella corrió, se asustó cuando la toqué y le pregunté cómo podía parecerse tanto a…‒ se calló. Recordó que nadie aparte de él sabía el nombre de su pasado.
Isaac se llevó una mano al mentón y lo rascó. Le pidió a Daniel que le contara más sobre esa misteriosa mujer
‒ Rubia, ¿de qué color eran sus ojos?
‒ Azules. Son los ojos más azules que he visto‒ con el impulso de la emoción Daniel siguió ‒ Tiene nariz larga, sin embargo muy delicada. La boca es fina, bien dibujada, de color rosa muy claro como si nadie la hubiera besado antes. Y lo que más me gusta de ella son sus cabellos, rubios y perfumados. Ella solo me dejaba tocarlos cuando hacíamos el amor. Parece un ángel, Isaac, un ángel encarnado en un ser humano.
La expresión en el rostro de Isaac se podía definir entre impaciencia y curiosidad. Si no supiera que su cliente había bebido la noche anterior, lo llamaría loco.
‒ Entonces esa mujer fue muy importante para usted.
‒ Lo fue‒ Daniel concordó
‒ Lo que pasa es que yo conozco a una persona muy parecida a esa mujer del sueño, amigo mío, y realmente ella es un ángel encarnado. Se llama Beth, volvió hace unas semanas a la ciudad. ¿Qué tal una cita con ella? ¿Qué me dice?
‒ ¿Beth? ¿Cree que se puede tratar de la misma persona?
‒ Eso no lo sé, usted mismo no sabe si lo que vio fue un sueño o fue real. Bien, creo que precisa relajarse un poco. Una mujer hermosa haciéndole compañía puede ayudar. Beth adora ayudar a los hombres como usted si le paga unas copas. Voy a pedirle el contacto a Gold‒ Isaac se levantó de la mesa ‒ ¿Conoce a Gold, que trabaja en el ayuntamiento, verdad?
‒ ¿El de la tienda de coches?‒ Daniel lo siguió con la mirada.
‒ El mismo. Es el único que tiene el contacto de Beth.
Una ansiedad extraña se apoderó de Daniel.
‒ Isaac, no diga mi nombre cuando marque la cita con esa tal Beth.
El abogado se detuvo para cuestionar al cliente, pero poco interesado en saber el motivo, desistió.
‒ Como desee.
Se acercó al teléfono en una esquina del despacho y llamó al sr. Gold, pero el dueño de la tienda de coches antiguos no le garantizó que la cita con la tal Beth fuera inmediata.
A finales de semana, Regina se despertó a mitad de la tarde encontrándose con las sombras que tocaban el techo de la sala. Fue lo primero que vio al despertar de una larga siesta. Su cuerpo le dolía un poco debido a la posición en que Emma la había dejado echada en el sofá, y cuando se sentó, se sentía aún más cansada que antes de dormirse en el regazo de la muchacha. Hablando de muchacha, ella no estaba por ahí. Regina la llamó unas dos veces, pero todo lo que obtuvo como respuesta fue el eco de su propia voz.
La sra. Mills se levantó somnolienta, bostezando, y caminó hacia la ventana para abrir las cortinas que Emma había cerrado antes de salir, fue la conclusión de Regina. Ninguna señal de vida en la calle de la casa, ninguna señal de nada. Los vecinos de Emma eran raros, lo que sabía de ellos era que, en su mayoría, habían sido personas importantes de la ciudad, pero que ya no tanto, quizás por eso aquella calle parecía un desierto a determinadas horas del día. Regina no se preocupó mucho, en el fondo daba gracias por no tener a nadie fisgoneando en la casa de Emma.
¿Y adónde habría ido la joven sin avisar? Mills pensó en muchas cosas: el super, el hotel, la floristería. Los tres sitios más probables. Vio el móvil de Emma sobre el mueble. O se lo había olvidado o lo había dejado a propósito para no ser encontrada. Emma no dejó solo el móvil en la casa, había un papel de bloc debajo de él. Regina lo cogió y leyó
Voy a la floristería a conversar con mi tío.
Vuelvo a la noche. No te preocupes.
¡Te amo!
Tu Emma
Regina perdió el aire. El estómago se le reviró, tuvo un presentimiento. Supo lo que Emma había ido a hacer, estaba segura de que había decidido contarle al tío el romance entre ellas.
Mary preparó una hornada de galletas para Emma, lo había decidido al verla entrar en la tienda. Esperaban a que David llegara de hacer una entrega, pero la muchacha no tocó el café hecho por la tía, y Mary notó, en silencio, una tristeza en el rostro de Emma.
‒ Querida, ¿el café está malo?
Emma alzó los ojos hacia la tía
‒ No, de ninguna manera, tía. Solo que no me apetece. Gracias‒ devolvió la taza sobre el platillo en la mesita de centro.
Haciendo eso, y David entrando por la puerta, como siempre, apurado al saber de Emma. Zelena le había dicho que la sobrina lo esperaba en casa y encontró a la muchacha muy seria.
‒ Emma‒ él cerró la puerta y fue hasta ella, recibiendo un abrazo firme, nada demandante ‒ ¿Está todo bien? ¿Has venido a hablar conmigo?‒ acogió su rostro entre sus manos.
‒ He venido a hablar contigo, sí, tío, un asunto muy serio‒ dijo ella con voz diferente, un tono por encima de lo normal.
David comprendió que debía quedarse solo con la sobrina. Miró a la esposa sentada y meneó la cabeza haciéndole una señal para que se retirara.
Mary no se molestó. Recogió las tazas, dejando solo la de David y se recogió en el interior de la vivienda.
Se sentaron uno frente al otro y David esperó con toda la paciencia a que Emma comenzara. Le dio todo el espacio para que se sintiera cómoda. Imaginaba que Emma le iba a contar que ya sabía lo de la madre. Solo que Emma era una muchacha diferente, ¿o era mejor decir mujer? Por fuera, calmada, adulta, controlada.
Antes de hablar, prendió los labios e inhaló, entonces encontró la manera correcta de contarle su gran novedad. Consciente, claramente, cumpliendo una misión, Emma comenzó a hablar.
‒ Hace algunos meses conocí a una persona en Blue Hill. Esa persona vivía en la calle de mi casa, pero antes de eso se hospedó en el Hotel Hopper‒ Emma buscó los ojos de David‒ Sin querer, encontré un papel con cosas escritas, pertenecía a esa persona. Algunos días después, descubrí que lo que estaba escrito en el papel era sobre mí. La persona que había escrito sobre mí había estado cerca todo el tiempo, y me acerqué a ella.
David escuchaba la historia de la sobrina con cautela.
‒ La forma en que nos hicimos amigas es algo enredada, sin embargo todo se fue encauzando y descubrí que me estaba enamorando de todo lo que ella escribía. Esa persona y yo empezamos a vernos esporádicamente, hasta que yo abrí mi enorme boca y me declaré‒ Emma sonrió con aire soñador, era agradable recordar cómo había empezado todo ‒ Sentí vergüenza cuando le confesé mi amor y huí, desaparecí por días hasta que ella me encontró y sucedió algo lindo entre nosotras. Después, con miedo, ella huyó de mí, pero no por mucho tiempo, ¿sabes? Fue en una tarde de comienzo de invierno, hacía frío, pero también sol, cuando me entregué a ella, desde entonces estamos juntas y enamoradas. Estoy saliendo con una mujer, tío. Estoy enamorada de una mujer.
Emma dejó de hablar mirando a David, estático en el sofá. David no movía siquiera un músculo de la cara, y sus ojos azules miraban a Emma de una forma neutra.
La muchacha tuvo miedo, una impresión de haberlo decepcionado. Sabía que sería fácil. Ella bajó la mirada y sintió un gusto amargo en la boca. Pensó que no debía habérselo contado de esa manera. Estaba a punto de arrepentirse. Pero si no era así, no sería de otro modo.
Solo una frase venía a la mente de David: "Emma se está relacionando con una persona peligrosa" Entonces, Ingrid sabía más que él. Algo no tenía coherencia en la historia de Emma ni en la palabra que Ingrid había usado para referirse a la persona con quien Emma se relacionaba. David no quería que Emma saliera de la casa pensando que él la odiaba por amar a una mujer. Estaba confuso.
‒ ¿Eso es verdad, Emma?‒ preguntó
‒ Nunca he sido tan verdadera‒ respondió ella con certeza, no lo miraba.
David se puso en pie y abrió los brazos. La muchacha, sentada, miró hacia arriba, hacia el tío. Ella también se levantó. Emma vio que él estaba luchando bravamente para no echarse a llorar, por eso ella también sintió ganas de llorar. Cuando el nudo casi se le cerró en la garganta, Emma lo abrazó, sintiendo su emoción. Él permitió que las lágrimas resbalasen, mientras que Emma acariciaba su espalda en mitad del abrazo de una forma consoladora, y aquella fue una rara y primera ocasión en que eso sucedía.
