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Capítulo 7: Leyendas del Dragón Blanco (Tercera Parte)

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"Zilant y la Diosa de los cabellos Dorados 1"

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El amanecer estaba a unas cuantas horas, Link le dio un beso en la cabeza intuyendo que estaba dormida, pero Zelda llevaba cierto tiempo despierta, los gruñidos de los Stalwolfs la ponían nerviosa a pesar de que sabía que no podían atravesar la barrera, nuevamente recordó al dragón blanco, y se preguntó qué pensaría Link se enteraba que el héroe nocturno le coqueteaba a veces durante las noches.

Esa noche…

Y durante varias noches, en las que solía dejarle bonitas flores junto a su ventana, no podía explicarse por qué de entre tantas y tantas mujeres Zilant se había tenido que encaprichar con ella a pasar de lo que le había dicho en aquella ocasión hacia casi medio año.

La Torre, las afueras de Hyrule City 6 meses antes…

El teléfono sonó en su bolsillo y el joven hylian contestó a pesar de que no debería de haberlo hecho.

—Link, ven a jugar conmigo un rato.

—Ah. Zelda, amor mío, me encantaría pero estoy ocupado— clamó con mucha tristeza, quería ir pero había algo que necesitaba a hacer primero.

—¿Qué!?, ¿Tienes fiebre o que te pasa? Solo si estas enfermo es porque no quieres verme.

—Eso quisiera mi amor, pero estoy un poco lejos de ti haciendo unos encargos, ya sabes que mi jefe es algo exigente.

—Link es sábado, ¿¡por qué estás haciendo trabajos!?

—Perdóname, es que ya se me viene la renta. — le mintió sintiéndose pésimo.

—Bien— dijo sin ocultar su tristeza.

—Bien— dijo él esperando a que colgara, pero ella no colgó y al final él lo hizo a pesar de que no quería. —"Maldita torre, ¡por qué tuve que poner esa antena capta señales!"—gruñó de manera ahogada pero recordó que hace medio año casi dejaba a Zelda plantada por estar tan lejos en aquel sitio incivilizado.

Un fuerte chillido lo sacó de sus cavilaciones. Suspiró y sintió deseos de dejarlo todo para correr a los brazos de su amada.

—Zelda— susurró, pero el chillido volvió a sonar con un toque ansioso. —Bien, vamos a ver que sale— clamó finamente.

—Jefe, ¿está seguro de esto?— preguntó Jerry.

—Seguro. Firme y Seguro— dijo al tiempo que daba un buen salto hasta el lomo del Loftwing Rojo.

El ave se movió un poco de forma nerviosa pero Link le jaló las riendas de manera firme como si fuera un caballo, durante esos días había construido una buena montura que se acoplaba a las complexiones de su nuevo compañero.

—¡Hea!, ¡Vuela!— gritó en voz sonora y el ave se tiró desde lo más alto de la Torre que se ubicaba en las tierras del presidio.

Al inicio pensó que ambos se estrellarían pero después el Loftwing abrió las alas y planeó de manera suave y armoniza.

—Vamos a ver, Epona gira si le jalo la rienda izquierda— dijo de manera burlona jalando esa rienda.

El Loftwing ladeó la cabeza pero no cambió su rumbo.

—Ok, la cabeza no es la que los dirige… cielos, después de todo son aves, supongo que su morfología es bastante diferente… ¿Cómo se maneja ésta cosa?

—Con el alma.

—Con el alma— repitió en un susurro— ¡Ah que haces aquí!— gritó espantado cuando vio al Cuervo volando a su lado.

El extraño Hylian se echó a reír de buena manera.

—Es un Loftwing, ¿por qué no me pediste ayuda?— acentuó con cierta gracia.

—Es un Loftwing ¿por qué siempre me los mandas a mí para cuidarlos?... – clamo él de la misma manera. Después suspiró. — ¿No estás enojado?

El extraño hylian irguió una ceja.

—No soy un Pirata del Cielo…—aclaró Link desviando la mirada— estoy rompiendo un tabú impuesto por la Diosa Hylia, ¿No has venido a castigarme?

—No, y no puedes romper un tabú impuesto por una Diosa. El Loftwing es quien elige, y el carmesí te ha elegido a ti sin dudas, si ahora estas sobre su lomo es porque la diosa así lo quiere.

—Porque la diosa quiere— susurró— ¿También la espada?

—También la espada. Es parte de tú destino.

Entonces Link suspiró de forma ahogada.

—Si no le pones nombre entonces no funciona— dijo finalmente, después le dio una palmadita a Susurro Nocturno y sin necesidad alguna de órdenes salió volando.

—Un nombre…

Se inclinó hacia adelante y le quitó la rienda, el Loftwing lo miró de manera curiosa y divertida como si aquello se tratase de un juego.

.~*}{…..}{*~.

Esa tarde se ganó una buena bofetada.

—Link no me estés toqueteando.

—Cielos… creí que querías verme, ¿sabes que corrí como loco?

Ella le dio la espalda pero al mismo tiempo irguió una sonrisa traviesa, aunque después desapareció por completo cuando lo escuchó suspirar ávidamente.

— ¿Qué tienes, Link?

—Es grande, rojo y testarudo… ¿Cómo le pondrías?

— ¿Es una adivinanza?

—No…. Es, un compañero.

— ¡Es una mascota virtual!, ¡Genial déjame ver!— clamó muy entusiasmada.

A Link le escurrió una gotita de sudor frio por la cabeza, ¿de dónde había sacado Zelda semejante analogía?, tal vez vivía demasiado tiempo en su gracioso mundo de video juego.

—Hiiro

— ¿Hiro?

—Hiiro

— ¿Escarlata?

—Rojo y testarudo— dijo ella con una risita.

—Hiiro— repitió él con una sonrisa, la abrazó con mucha ternura y de forma atrevida le plantó un beso en el cuello.

— ¡Link!, ven aquí voy a matarte— gruñó de forma divertida.

— Si me alcanzas— clamo de la misma manera.

— ¿¡A dónde vas!?— le preguntó mientras lo veía marcharse.

—Mañana te digo. Y te traigo un regalo, ¡Lo prometo!

Zelda se viró tristemente.

—"¿A dónde te vas?…estas tan ocupado, pero te extraño"— pensó mientras cerraba los ojos y se abrazaba a sí misma.

Nuevamente le plantaron un beso robado y se giró de forma inesperada tambaleándose sobre su propio eje, aunque no se cayó porque su fiel enamorado la colocó correctamente de nuevo.

—Perdón se me olvido algo— clamó Link con una sonrisita traviesa al ver que había conseguido poner a Zelda toda ruborizada

— ¿Algo?

—Decirte… Te Amo— susurró mientras le daba un beso en la frente.

—Pero ya me lo dijiste. —le dijo sin evitar sonar algo tímida.

—Quiero que nunca se te olvide. Te veo mañana, y ve directo a tu casa.

—Pero es temprano.

—Mi sexto sentido se ha puesto un poco loco. Ve a casa— dijo de manera firme, y ésta vez sí emprendió el viaje perdiéndose entre las callecitas.

Zelda lo despidió con una mano y después se viró para soltar otro suspiro.

—También te amo— susurró de manera queda mientras lentamente emprendía el camino a su casa.

—Que lastima que nunca volverás a ver a tu noviecito.

La grotesca voz la hizo virarse de forma brusca, dos extraños encapuchados la acorralaron de manera amenazante.

— ¿Es la nieta de Gustaf?

—En efecto.

Se dijeron el uno al otro.

—"¿Gustaf…? ¡Qué pretenden con el abuelo!"— pensó dando pasos hacia atrás mientras juntaba su mano izquierda con la derecha.

—Cuidado, esas raras habilidades Hylian. — advirtió uno.

—Vaya truquito de invocación. ¿Qué vas a sacar, una muñequita?

—Sí, — dijo Zelda en tono desafiante, el bate apareció en sus manos y de forma ágil le rompió la cara a uno antes de echarse a correr por las calles.

.~*}{…..}{*~.

Mientras se acercaba a los límites de Hyrule City algo en su interior lo molestaba de sobremanera, tenía que entrenar a Hiiro pero de un momento a otro no podía sacarse a Zelda de la cabeza.

El chillido del Loftwing lo sacó de sus cavilaciones y después puso una severa cara de enfado.

— ¡Tú!— gruñó de forma poco amistosa— Estamos casi en la ciudad, no puedes volar por aquí sin mi permiso. — lo regañó.

Pero esos curiosos ojos ambarinos simplemente brillaron con gracia, el Loftwing le dio un empujoncito y lo invitó a que se subiera a su espalda, durante la mayor parte de su vida nunca había volado con un jinete pero las dos veces que lo había hecho le había parecido divertido y extremadamente excitante.

—Vaya bicho— refunfuñó Link con alegría.

El teléfono sonó en su bolsillo justo antes de que montara y eso lo sacó un poco de desconcierto.

—Sí. — contestó al ver el número.

Frunció el ceño y empuñó las manos con rabia.

—Voy enseguida— gruñó con voz seca. Sus ojos se habían vuelto fríos y aterradores.

.~*}{…..}{*~.

— ¡Mocosa condenada!— gruñeron los hombres mientras la perseguían por las atiborradas calles de la antigua ciudadela.

La multitud gruñó con severo enfado al ser empujada por una chica loca y dos sujetos que parecían aún más locos. Zelda corrió de buena manera, no podía creer que la hubieran seguido incluso hasta ese lugar público, por unos instantes pensó en que sería bueno detenerse y gritar a los cuatro vientos que dos tipos raros la andaban acosando y quizás tal vez alguien se dignaría e iría a ayudarla.

Sin embargo, por otro lado eso hubiera provocado cierto escándalo y a esa hora en las calles no había muchos hombres que digamos, la antigua ciudadela estaba repleta de muchas mujeres artesanas que poco o nada podrían hacer por ella.

Siguió corriendo con muchas energías, se viró un poco y les sacó la lengua a modo de reto. Lo hombres gruñeron con enfado.

—Maldita mocosa— dijo uno de ellos jadeante.

Al frente Zelda se reía al ver la pésima condición que tenían sus captores, dio un par de vueltas por unas callecitas y cuando se perdió de la vista de ellos sonrió maliciosamente.

—Éstos tipos— susurró— que buena corrediza pero creo que ya es hora de que les dé un par de lecciones.

Por linda y dulce que pareciera ella en realidad era una de las chicas más rudas de Hyrule City así que no se iba a dejar intimidar por un par de zopencos que de seguro querían dinero fácil.

Los hombres echaron blasfemia al salir de los callejones. En la desolada calle no había nadie, los anexos de la ciudadela generalmente eran utilizados por los comerciantes como almacenes de sus mercancías, así que había un sin fin de cajas y un montón de pirámides formadas por barriles que de seguro contenían alguna clase de despensa.

—Separémonos, ve por allá y búscala— gruñó uno.

El otro asintió y entonces se separaron.

Desde su escondite Zelda rio de forma traviesa.

—Yujuuu— le dijo burlonamente al que se había quedado de ese lado de la calle.

El tipo volteó hacia todos lados pero no encontró a la chica.

—Estoy aquí arriba, idiota— dijo de manera traviesa.

El sujeto volteó y Zelda quien estaba sobre la pirámide de barriles irguió un sonrisita a la que le siguió un extraño movimiento, el sujeto exclamó blasfemias al ver que la chica pateaba uno de los barriles provocando que toda la montaña de estos se le fueran encima.

— ¡Por el amor de … ¡Ah!...— y ahí quedó completamente aplastado, los barriles rodaron y rodaron y le dieron una buena sacudida. Al final quedó tirado inconsciente en plena calle.

Zelda que había saltado justo a tiempo ahora se acercaba sin la menor cautela.

—Toma esto, feo— dijo dándole un gracioso puntapié en la barriga.

El otro profirió un gruñido desde su inconsciente pero estaba tan mareado que poco o nada pudo hacer para evitar que aquello pasara.

— ¿A dónde se fue el otro?— se preguntó Zelda. Y después de dar varios vistazos concluyó en que se había perdido— en fin— dijo con desgana y como si nada hubiera pasado reemprendió el camino hacia su casa.

Salió tranquilamente de las callejuelas y después se dio un buen sobresalto cuando escuchó el sonido de la bala crujiendo contra el piso justo a unos centímetros de ella.

Corrió de manera espantada antes de que el tipo se le fuera encima, pero ella era más lista y con una voltereta aprovechó el peso de su enemigo y lo puso en su contra, el tipo cayó al suelo de forma pesada pero logró tirar otra bala que dejo a Zelda en el desconsiento, después se incorporó de manera lenta

—Ya me canse de jugar mocosa— gruñó de mala manera el encapuchado que había salido casi de la nada justo a sus espaldas— Vas a venir conmigo ahora.

— ¿A, si?

— ¿Quieres terminar como coladera?

—"Diablos no pensé que tuviera un arma, seguro creyó que sería fácil y por eso no la había sacado antes".

Pensó retrocediendo unos cuantos pasos.

— ¿Que es precisamente lo que quieres?, unas cuantas rupias te costaran toda una vida de cárcel ¿sabías?, porque no te vas y nos zafamos de éste asunto. — le dijo tratando de mantener la compostura.

—Creo que no entiendes querida, a mí ya me pagaron.

—Entonces eres el achichincle de otro perro más grande, ¿cierto?

—Eres valiente para ser una chiquilla, debo admitirlo— clamó escupiendo de manera agresiva al piso.

Zelda lo miró con cierto desdén en la mirada.

—Crees que esto es nuevo, ¿crees que eres el primero?— clamó reprimiendo una amarga sonrisa— siempre es lo mismo— susurró de la misma forma, tomó con firmeza el bate y calculó que tanto podría correr sin sufrir ningún tipo de daño, ya había comprobado que el sujeto era torpe y lento.

Nuevamente dio un paso a sus espaldas y después abrió los ojos de forma sorpresiva, un extraño palito Deku había salido de la nada y le había dado justo entre los ojos al tipo, Zelda parpado un par de veces cuando lo vio tirar el arma de forma atolondrada, pero tuvo que reprimir su sorpresa para aprovechar la oportunidad que se le había presentado.

Cuando el tipo recuperó la vista lo siguiente que vio fue el bate de la doncella, profirió un grito ahogado y después cayó como res al piso cuando Zelda le propinó un buen golpe.

— ¡Zelda!— escuchó que le gritaban y se viró para saludar a su pequeño salvador.

—Mido… muchas gracias— respondió jadeante.

El pequeño kokiri irguió una sonrisa.

—De nada pero no fui yo, bueno, era mi palito Deku pero quien lo lanzó fue Saria— dijo al tiempo que recogía su palito y apuntaba a sus espaldas.

La joven de cabello verde se acercaba de cautelosa y lentamente, y desde la distancia le hizo señales con la mano para saludarla. Zelda le devolvió el gesto de alegre manera.

—Qué suerte— dijo suspirando de forma pesada y algo cansada.

— ¿Estas bien?— preguntó Mido.

—Aaah, si— dijo con desgana— otro día, otro loco que me secuestra.

—Que difícil debe ser, ser la nieta de Gustaf.

—Y que lo digas— clamó de forma divertida.

El sujeto en el suelo se irguió un poco sin que ellos se dieran cuenta metió una mano a su bolsillo y saco un objeto esférico al cual apachurró con mucha fuerza, de pronto se escuchó un tronido como si hubieran aplastado una bolsa con aire. Zelda y Mido se sobresaltaron y cuando menos lo imaginaron ya estaban cubiertos por una nube de gas y polvillo blanquecino.

— ¡Qué demonios!— gruñó el kokiri, y batió las manos para tratar de despejar aquellas neblinas.

El encapuchado soltó una risa burlona y después volvió a desmayarse para no volver a despertar en un buen rato.

—Que pesado— rechistó Zelda quitándose el polvillo de la cabeza.

— ¿Para qué era eso?

—Seguro para confundir a sus presas, aunque supongo que solo funciona si vas corriendo. Tranquilo creo que solo quiso vengarse haciéndonos enfadar.

— ¡A, si!, ¡Pues toma esto, viejo!— dijo de forma enojada mientras lo picoteaba con el palito Deku pero el encapuchado ya no podía sentir nada y eso solo hizo que Mido gruñera.

Saria se acercó corriendo al ver lo que había pasado.

—Estamos bien— dijo Zelda con una sonrisa.

—Menos mal.

—Oye Saria Gracias, hey no habíamos podido vernos, ¿Qué tal te fue la otra noche? ¿De verdad conocieron a Zilant?

—Si— clamó con una risita.

Saria y Mido también iban en la misma universidad que Zelda, aunque podría decirse que solo Saria estudiaba ahí y Mido, bueno... Mido era como su fiel acompañante. La joven kokiri que en apariencia era una niña ya tenía más de treinta años y terminaba su doctorado en ciencias de la salud y medicina. En ocasiones le tocaba compartir clases de tronco común con Link y Zelda, y también se habían vuelto buenas amigas aunque a Saria le daba un poco de miedo estar con ella cuando Midna estaba cerca y por eso mismo no se había acercado mucho en los últimos meses.

— ¿Y cómo es él?— preguntó Zelda con un dejo de curiosidad en los ojos.

—Bueno no es lo que todos piensan, sabes Zelda, él no es un sicario cualquiera como todos creen en Hyrule City, él es un héroe.

— ¿De veras?

—Más o menos— dijo Mido.

Zelda lo vio con cara dubitativa y Saria se rio nerviosamente.

—No le hagas caso ésta celoso desde que le dije que Zilant era muy guapo. Es algo que puede verse incluso cuando carga su máscara de dragón a todas partes.

Mido refunfuñó de mala manera y las dos chicas se rieron con aire socarrón. En las calles comenzaron sonar varios pre-toques de queda, de las tiendas cercanas y de las plazas en las que abundaba mucha gente.

—Bueno ya te darás cuanta cuando lo veas de cerca— le dijo guiñándole un ojo.

— ¿Qué te hace pensar que lo veré de cerca?— dijo Zelda cruzándose de brazos.

—Es un presentimiento amiga, cielos es mejor que nos movamos.

—Sí, quiero llegar a casa antes del crepúsculo.

—Al menos ya vi que si le tienes miedo al algo, ¡Que loca!, mira que hacerles frente a esos tipos— le dijo regañándola suavemente.

Zelda se rio de manera nerviosa y después se quedó un poco pensativa.

—Tal vez— susurró— pero en realidad no quiero morir tan joven, tengo que cuidar a alguien— finalizó con una sonrisa.

—Que suertudo es Link— dijo la kokiri con una sonrisita traviesa.

Zelda se ruborizo por completo y después se despidió de ellos. Los kokiris se quedaron un rato platicando mientras la veían alejarse.

— ¿Crees que deberíamos decirle?— profirió Mido con cierta cautela.

—Tal vez…— meneó la cabeza como para sacarse las dudas— si debemos decirle, si algo malo le pasa se pondrá muy triste, las cosas que hace terminarían por perder sentido y si la ciudad se queda sin Zilant podría volver a venirse una época con más caos.

—Entonces llámalo creo.. que..no ..ésta. .de…más— y entonces cayó al suelo completamente inconsciente.

— ¡MIDO!— profirió asustada cuando lo vio caer de forma pesada la suelo. Le revisó el pulso y todos los signos vitales y suspiró al ver que solo había sido un desmayo. — esto está mal— dijo con preocupación al entender lo que ocurría.

Saco el teléfono de su bolsa y tecleó de manera rápida.

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Continuara:

Escarlata: *Un color caprichoso xD, 緋色

*Tela teñida de escarlata utilizada antiguamente en prendas de vestir de nobles, jefes militares, reyes y dignatarios eclesiásticos como símbolo de poder y autoridad.

Siempre pensé que el Loftwing de Link era realmente imponente.


Comentarios del Capitulo:

Oh no !, ¿y ahora que ha pasado?, quizás algo terrible está por suceder. ¿Que clase de llamada misteriosa recibió Link?, bueno pronto lo descubriremos.

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Zelda le puso nombre al loftwing de Link creyendo que era un tamagochi x"D, algún día cuando se entere seguro le da el patatus jajajaja