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Capítulo 8: Leyendas del Dragón Blanco (Cuarta Parte)
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"Zilant y la Diosa de los cabellos Dorados "
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Hyrule City 6 meses antes…
— ¡Mido se ha desmayado y me temo que ella le suceda lo mismo!, no lograra llegar a su casa antes de que caiga el crepúsculo.
La llamada había sido muy clara se despidió a través del párlate y emprendió carrera para poder buscar a Zelda.
Sus pasos sonaron de forma pesada al atravesar los tejados de la ciudad, con el alma en vilo corrió todo cuanto pudo hasta que una sombra apareció sobre su cabeza…
La pobre Zelda de repente se sentía muy mareada, las calles al frente le dieron vueltas y después se cayó al suelo sin poder evitarlo.
Cuando abrió los ojos la ciudad se había quedado a oscuras, parpadeó un par de veces antes de entender lo que ocurría y después se llenó de espanto, poco a poco comprendió que aquella sustancia blanquecina era un fuerte somnífero que había tardado algo de tiempo en hacer efecto.
Se levantó de manera cautelosa todavía sintiendo algo de mareos y después escuchó los sonidos de las creaturas de Tiwli que ya rondaban la cuidad como fieras hambrientas.
— ¡Por las diosas!— tenía miedo pero mantenía su semblante sereno, si se alarmaba podía llamar la atención de las creaturas que seguramente todavía no la habían visto.
Caminó con mucho cuidado tratando de llegar hasta su casa pero todavía estaba muy muy lejos, la aparición de los hombres encapuchados la había sacado de su ruta original y ahora estando en pleno corazón de la ciudad había pocas posibilidades de que llegara intacta hasta su destino.
Las personas que se aventuraban por las noches nunca volvían con vida, excepto tal vez la policía Goron que contaba con numerosas armas eléctricas y también… Zilant, que según se contaba rondaba la cuidad por la noches cazando a las creaturas de Tiwli; cosa que no sabía si era del todo cierta pues personalmente nunca había visto pruebas de ello.
Caminó y caminó, con mucha cautela, con el corazón latiéndole a todo lo que daba y con el miedo de pensar que las creaturas podrían escuchar esos latidos.
Un extraño sonido resonó tras sus espaldas y muchas carcajadas siniestras hicieron ecos desde los tejados, eran Twilight Bulblins, se habían dado cuenta de su presencia y ahora la miraban de forma burlona.
La sangre se le fue del cuerpo hasta que se quedó completamente pálida, nunca había visto a las creaturas tan cerca, eran horribles y grotescas, tenían un casco de piedra y andaban por ahí ¡completamente desnudas!
Los extraños seres bajaron de las azoteas dejándola atrapada en un círculo sin salida. Zelda tragó saliva, no sabía cómo combatir éste tipo de cosas y sintió terror al saber que solo estaban ahí para comérsela. Tembló de miedo al escuchar los estridentes chirridos y cerró los ojos pensando en Link, ¿Qué pasaría cuando él se enterara?, sería un golpe terrible volver a perder a una persona que amaba de la misma forma.
Entonces una sombra cruzó los cielos, las creaturas se alarmaron y Zelda abrió los ojos solo para ver como un rayo de Luna plateada caía desde el ennegrecido firmamento. Aterrizo de forma sonora y les dedicó una mirada asesina a las creaturas.
La gabardina blanca ondeó al compás del viento y las creaturas retrocedieron inmediatamente soltando chasquidos y sonidos inteligibles, él las miró con desprecio y después de chasquear los dedos un enorme remolino de fuego los envolvió a él y a Zelda creciendo hacia los lados y dejando a las creaturas envueltas en las llamas.
Zelda parpadeó con asombro y suspiró con gran alivio al ver que los monstruos habían desaparecido, su respiración también estaba entrecortada y tal vez fue por eso que en un primer momento no escuchó los pasos de Zilant acercándose.
El joven la miró preocupado y tras la máscara del Dragon le dedicó una sonrisa tierna al tiempo que le tendía los brazos de una forma un tanto amorosa.
Zelda al principio no supo reaccionar, sabía que era el dragón blanco, sabía que la había salvado y que ya no corría ningún peligro, pero de pronto aparecieron muchas dudas en su cabeza porque su corazón comenzó a latir como loco como cada vez que Link le robaba un beso y cada vez que éste le decía te amo. No tenía idea de porque sentía ese tipo de sensaciones ahora y de cierta forma comenzó a tener un poco de miedo porque su mente le clamaba que corriera y se alejara, pero al final su cuerpo terminó por desobedecerla y sin pensarlo corrió a refugiarse bajo la protección de sus brazos.
El dragón blanco la estrechó con mucho amor y cariño, las manos le temblaban y creyó que de un momento a otro se echaría llorar también ahí a su lado, había estado a punto de perderla para siempre y la idea le resultaba insoportable.
Cuando Zelda escondió su rostro en su pecho y gimió un poco a causa de los últimos sustos él también se retiró un poco la máscara y acurrucó su rostro contra los cabellos de ella. Por largos instantes se quedaron así abrazados hasta que la joven reaccionó y comenzó a moverse un poco.
Link finalmente suspiro de alivio y volvió colocarse la máscara antes de ella lo viera.
—Lo siento… gracias— clamó muy avergonzada y de manera extraña también muy tímida.
La imponente figura blanca de Zilant la había dejado un poco sin habla.
El dragón nuevamente le tedio la mano y sin decirle nada le indicó con gestos que la siguiera. Las creaturas de Tiwli se habían puesto revoltosas y bramaban al sentir que algunos de los suyos habían desaparecido.
Zelda instintivamente se aferró a la gabardina y él la rodeó amablemente con su brazo para evitar que sintiera miedo, la visión de los Twilight bublins todavía rondaba en su cabeza y cada vez que sonaban aquellos ruidos sentía escalofríos por todo el cuerpo sin poder evitarlo.
De manera inesperada parecieron muchos Twilight keeses y aunque Zilant les echó unas cuantas llamaradas había decenas de ellos y además salían en todas las direcciones, Zelda profirió un pequeño grito cuando el muchacho la cargó entre sus brazos y se puso acorrer a todo galope como caballo salvaje.
Nunca en su vida había visto correr así a alguien, lo sintió subir ágilmente a los tejados y saltar a través de ellos como si la gravedad no existiera, finalmente después de una pequeña corrediza los horribles keeses del crepúsculo quedaron rezagados y Zelda volvió a suspirar con alivio.
Zilant le dedicó una tierna mirada y por primera vez pudo ver sus bonitos y profundos ojos color zafiro, era un sensación muy extraña como si volara en el mismísimo cielo, cada vez que aterrizaba daba ágiles saltos como el chapulín más diestro de la historia, y después de varios minutos se convenció de que Zilant no debía ser humano y que si lo era definitivamente usaba una extraña especie magia, una de algún tipo que ella nunca había visto.
Se aferró a su cuello sintiendo cierta calidez y protección, y sonrió al ver la forma de sus orejas debajo de los mechones de su rubio cabello. Finalmente a lo lejos los keeses retomaron la marcha, pero para cuando los alcanzaron ya era demasiado tarde, el dragón blanco había llegado al distrito comercial y de la manera más rápida posible se internó en las inmediaciones de la gran fuente de Hylia para poder descansar un rato.
Los keeses chocaron contra la barrera y Zelda abrió como platos los ojos al ver cómo funcionaban las enormes piedras de D.C. que días antes había mencionado el Cuervo, la luz azul zafiro hizo que le resto de los Twilight keeses se retiraran pero aun así permanecieron cerca rondando a la espera de aquellos desprevenidos que habían decidido aventurarse en la noche.
Zilant se quedó ahí a su lado de forma protectora y durante largo tiempo Zelda se quedó contemplando las piedras. Finalmente cuando se despabiló sorprendió a su salvador dedicándole coquetas miradas a las que rehuyó virándose de inmediato sintiéndose bastante avergonzada.
— ¿Son tuyas?— preguntó de forma boba señalando a las piedras.
Él asintió con la cabeza sin volver a decir ni una sola palabra.
—Antes había visto algo así… pero fue hace tanto tiempo y pensé que había sido un sueño.
Habló con cierta cautela y de reojo vio como Zilant le prestaba hasta la atención más mínima, entonces la joven unió sus manos y con la técnica de invocación llamó al bate que llevaba unas cuantas horas guardado desde que se había encontrado con Saria y Mido casi al caer el crepúsculo. La chica se lo entregó con cuidado y después con el índice le señaló la pequeña brillante piedra que estaba incrustada en el lugar con el que normalmente se golpea.
Él parpadeó un par de veces pero no pareció sorprendido.
— ¿Es igual?— preguntó ella muy curiosa.
Él le sonrió con la mirada y asintió con la cabeza.
— ¡Cielos!, de haberlo sabido me hubiera defendido con esto… aunque esa piedra es muy pequeña, ¿Crees que después el bate hubiera explotado tal y como dijo Cuervo?
Entonces asintió efusivamente moviendo la cabeza de arriba a abajo de forma muy graciosa, Zelda se rio un poco y también irguió una ceja.
—Dime Zilant, ¿Por qué no me hablas?— dijo sintiendo como nacía en ella una atracción muy extraña hacia ese joven.
Era tal y como Saria se lo había descrito, muy, muy guapo, ese color de pelo y esos brillantes ojos no eran muy comunes en todas las personas, por unos instantes volvió a mirarlo directamente y su corazón volvió a latir como loco, estaba segura de que le recordaba a alguien aunque con la cabeza tan confundida de un momento a otro no supo descifrar exactamente a quien.
— ¿No quieres o no puedes?— volvió a insistir mientras daba un paso para acercársele.
El chico salto de manera graciosa como chapulín asustado y después ella soltó una pequeña risita, desde la distancia él hizo unos curiosos movimientos y después en el aire apareció una magia muy curiosa de bonito y cálido color violáceo en la que se escribieron unas cuantas palabras.
"No puedo"… "Perdóname"
— ¿Por qué no?— preguntó ella con una voz demasiado tierna, cuando se dio cuenta se avergonzó de ella misma y bajó un poco la mirada.
Nuevamente el movió su mano y las frases cambiaron para expresar nuevas ideas.
"Es más seguro para ti si no conoces el sonido de mi voz"…
Zelda ladeó un poco la cabeza como si no hubiera entendido el significado de aquello, se acercó a él con cautela y lo inspeccionó como si fuera una creatura extraña.
Bajo la máscara el pobre Link comenzaba aponerse un poco nervioso, tenía que controlar sus sentimientos o ella descubriría que le había estado mintiendo y por muchos años. No quería que Zelda se sintiera desilusionada de que lo que él era, de aquello que había decidido ser desde hace muchos años, desde que se había enamorado, desde que había conocido al Cuervo, desde que le había jurado lealtad al clan de los Mogmas.
Después de un rato ella se quedó quieta y un curioso chillido resonó por los aires. Zilant levantó la mirada y después de virar el rostro hacia el cielo se levantó un poco la máscara para poner sus dedos en su boca y chiflar estridentemente.
Zelda se quedó sin saber que pensar y cuando la gran sombra roja descendió desde los cielos se quedó completamente anonadada.
—Es… es.. es .. ¡Por las diosas!, es un Lowftwing— logró articular.
Entonces se viró hacia él y le dedicó una mirada inquisitiva.
— ¡Le has mentido a todo el mundo!— gruñó apartándose casi de un solo salto— dijiste que no eras un Pirata del Cielo, pero TODO el mundo sabe que solo ellos pueden manipular a éstas aves.
Link bajó la mirada, el tono que había utilizado ella le había dolido mucho, aun así trató de no derrumbarse y se mantuvo firme, lo suficiente como para negar con la cabeza y hacer funcionar su magia.
"No"
Escribió de manera firme.
"No soy un Pirata del cielo", "no te confundas, el que el Loftwing me haya elegido no significa que yo sea uno de ellos"
Llamó con la mano a Hiiro y el ave carmesí se acercó de forma juguetona, Zelda lo miró con un poco de miedo pero después se perdió curiosamente en sus bonitos ojos ambarinos, el Loftwing no era como el que tenía Cuervo, de hecho no se parecía en nada a Susurro Nocturno, no era enorme y aterrador, al contrario se veía incluso esponjoso y algo tierno.
Después de un rato la chica se disculpó con la mirada y él se acercó a ella para demostrarle que no estaba enojado. Durante un tiempo se quedaron así en silencio y después casi de la nada él la tomó por la cintura atrayéndola hacia su cuerpo.
Ya había sido suficiente, ya no quería seguir ocultándoselo, quería decirle que estaba ahí para ella, para cuidarla y protegerla, quería decirle que era Link, su Link el que durante tantos años la había amado con locura, y que si había hecho todo aquello no era por otra cosa que por el gran amor que le tenía.
Zelda se quedó paralizada si saber que hacer y de pronto cuando él acercó su rostro demasiado al de ella, ella terminó por darle una atronadora cachetada.
El pobre dragón se tambaleó hacia atrás por el impacto, no había medido sus acciones y de seguro que ahora ella si estaba verdaderamente enojada, pero lo que ocurrió después cambio muchas cosas en su vida, no tenía idea de que sus palabras crearían en él una nueva fuerza para seguir luchando todas las noches, para seguir con la esperanza de que algún día estarían verdaderamente juntos.
—No te confundas— clamó ella de forma muy seria, había bajado la mirada pero su voz sonaba muy atronadora— no sé qué clase de chica crees que soy, pero yo no puedo corresponderte.
Tomó mucho aire y después lo miró directamente a los ojos.
—Perdóname, no es que sea malagradecida ni nada por el estilo— se había puesto algo nerviosa pero aun así prosiguió con sus "reclamos"— tampoco es porque no me agrades o porque piense que no eres guapo, es decir… yo.. yo… cielos, a lo que me refiero es a que yo ya tengo un compañero, ¿entiendes?
Lo vio parpadear completamente atolondrado y se rio un poco ante sus reacciones.
—Yo, ya estoy enamorada de alguien, ya existe otro chico que llena por completo mi vida.
—"Otro chico"— pensó Link sintiendo que hervía de celos y de rabia, ¿acaso por eso ella nunca le había correspondido?, ¿Quién?, ¡quien rayos era el que ocupaba los pensamientos de su diosa!, por unos instantes pensó en arrancarse la máscara y pedirle explicaciones de forma abierta pero…
—Sé que es torpe y atolondrado, y que a pesar de todo es bastante debilucho, para lo único que realmente es bueno es para los videojuegos— dijo con una risita nerviosa— pero aun así él es la persona que más amo… no somos.. como decirlo, exactamente novios, es difícil de explicarlo, porque yo quisiera que fuéramos amigos para toda la vida, bueno tal vez más que amigos pero no con una de esas relaciones formales con las que se arrumaría todo. Aunque, quien sabe, es tan insistente que tal vez algún día termine cediendo sin más remedio. Después de todo no es como si no lo quisiera y además después de esos besos que me robo en la tarde…
Se puso completamente roja y después sacudió la cabeza ávidamente para sacarse los extraños pensamientos.
— ¡Diablos!, ¡No sé porque te digo esto apenas si te conozco!— clamó batiendo las manos como loca— ¡el punto es que yo no puedo corresponderte ¡ ¡No voy a traicionar a mi Link nunca!
Fue como si le hubieran dado un golpe en el pecho, era como sentir la felicidad desmedida en todas sus dimensiones, se viró un poco para que Zelda no lo viera y luchó por contener las lágrimas de la felicidad que sentía. Zelda lo amaba, lo amaba igual que él la amaba a ella. Todavía tenía ganas de quitarse la máscara, de terminar con la mentira, de correr a sus brazos y besarla con locura.
Pero no, debía mantenerse firme ahora más que nunca, debía de seguir luchando ahora más que nunca, más que nunca en toda su vida.
Se quedó ahí un buen rato tratando de recomponerse y después cuando asimiló los sentimientos volvió a mostrarse sereno frente a ella.
Zelda lo miraba todavía de forma nerviosa no sabía que decir después de aquello o si lo correcto era ya no decir nada.
Él caminó hacia el Loftwing y durante un tiempo se quedó pensando, ¿Cuándo seria la próxima vez que estuviera así con ella?, su mente dio vueltas y vueltas entre incesantes cavilaciones.
—"Nunca… tal vez nunca"— pensó, y de preferirlo realmente quería que nunca más tuviera que estar con ella mientras vistiera ese traje de Zilant, esa mascara de Dragón Blanco que lo único que representaba es que era una mentira, aun así…
La mentira tal y como la llamaba era la que lo había salvado durante mucho tiempo, tampoco podía odiarla ni reprocharle nada a su destino.
Llamó al Loftwing de forma tierna y después de que él se acercó a su amo Zilant le tendió la mano a Zelda, la chica se quedó perpleja por un buen de rato y él por su parte irguió una sonrisa traviesa bajo la máscara, quería que montaran juntos sobre el cielo, quería que por lo menos una vez Zelda pudiera experimentar lo que era volar por los aires con esa sensación de libertad que a él tanto le encantaba.
Durante unos momentos creyó que ella aceptaría pero para su sorpresa la chica retrocedió de forma seria.
—No, ¡ya te he dicho que no!
Ladeó la cabeza confundido y después cuando entendió por poco y le ganaba la risa tonta.
—Ni te atrevas a insistir— dijo ella apuntando inquisitivamente a la mano que todavía él le ofrecía— ya te dije que tengo un compañero y quiero que sea el único para toda mi vida— clamó con voz digna. — me quedare aquí hasta que amanezca puedes irte sin preocupaciones. Gracias.
Finalmente el dragón blanco bajó la mano y de forma ágil montó en su Loftwing, desplegó nuevamente su curiosa magia que en ésta ocasión tenia cierto tono de rosa.
"Entonces me voy"… "Gracias", "te has ganado un admirador para toda una vida"
Zelda se quedó perpleja y después cuando lo vio alzar el vuelo se preguntó a qué rayos se refería con eso, no lo entendería hasta mucho después cuando noche tras noche él volviera a dejarle constantemente bonitas flores sobre el balcón de su ventana.
Link por su parte, se apartó del sitio porque sentía que de un momento a otro ya no podría contenerse, le hizo creer que se alejaba montado en su Loftwing, pero después de unos metros bajo la protección de su magia saltó hasta uno de los tejados, observó a Zelda desde las alturas de las azoteas, hubiera querido llevarla a su casa pero a esas alturas sabía que no aceptaría y menos después de las ocurrencias que había hecho esa noche, además había muchas creaturas de Tiwli rondando y era preferible que esperara en la fuente a que se llevara unos cuantos sustos por el camino.
De manera fiel se quedó ahí escondido, observándola, cuidándola, hasta que llegó el sol del amanecer y las creaturas de Twili se esfumaron casi como por arte de magia.
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Continuara...
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Comentarios del Capitulo:
Y fue así como como el Dragón se enamoro de la Diosa... "otra vez" xD
Zelda ha puesto a prueba su fidelidad, por primera pero no por ultima vez, Zilant debería aprender a no coquetear con esta princesa cuyo corazón ya esta ocupado no obstante supongo que podemos perdonarlo dado que se trata de la misma persona de la cual ella esta enamorada.
y bueno, así nada más se ganó su buena cachetada, y ésta si fue bien atronadora, acá fue en donde Link se dio cuenta que los golpes de Zeldita eran amables con él pues jamas le había golpeado con verdadera fuerza jajajajaja.
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Y bueno antes de que se me pase. Sakura no recuerdo si alguna vez te sugerí que te crearas una cuenta al menos para responderte tus reviews. Y respecto a eso solo quiero decir que no esta mal, sino que esta TERRIBLE que hayas hecho ese Ship x"D y más a delante en la historia te vas a dar cuenta del porque jajajaja
